sábado, 29 de octubre de 2011

El cumpleaños de Naibu



Naibu vivía en un lugar muy lejano llamado África. Allí viven muchos animales salvajes. Tigres, leones, serpientes y otros animales muy feroces. Es que además Naibu vive en la selva. Allá no viven en casas como nosotros, ellos viven en pequeñas casas y tienen apenas para vivir y alimentarse. Los niños no tienen videojuegos, ni celulares y menos televisión en sus casas.

Sin embargo, Naibu es un niño muy feliz. Se levanta muy temprano, ayudar  a su mamá con la siembra, y está muy emocionado porque su papá le va a enseñar a cazar con una lanza. Pronto seria el cumpleaños de Naibu, y él sabia que en los cumpleaños  se celebraban con una rica torta, pero hace algunos días los tigres habían azotado a la población, y una plaga había azotado el sembrado perdiéndose todas las legumbres, y un león había matado las vacas.

Su mamá le dijo que no podría celebrar su cumpleaños, ni invitar a sus amigos a su casa, es que no tenían dinero para hacerle la torta que tanto anhelaba. El estaba muy triste, porque sería que su familia sería tan pobre, sabía que otros niños podían tener los juguetes que quisiesen.

Sin embargo, un día pasó cerca de su poblado un misionero y venia con unos niños de la ciudad. Ellos si tenían juguetes. Uno de ellos se llamaba Pablito. Naibu se hizo  muy buen amigo de Pablito, él era hijo de los misioneros, este era muy generoso con él, compartía sus juguetes, y Naibu en cambio le enseño como evitar el peligro de encontrar serpientes peligrosas, y otros animales feroces. A Pablito le dio mucha tristeza que Naibu y los otros niños fueran tan pobres, así que  decidió darle una sorpresa a Naibu. Le propuso que trajera a los otros niños en donde vivía. Y cuando llego, cuál fue su sorpresa le hicieron una rica torta de chocolate, nunca se lo hubiese imaginado. Sus otros amigos estaban también muy felices. Por eso es muy importante compartir con todos porque no tenemos la suerte de tener juguetes, y otras cosas importantes para vivir.

sábado, 15 de octubre de 2011

Estrellita y la Hiena




Cuentan que en lo más profundo de la selva vivían una manada de elefantes. El líder de la manada era muy respetado porque se había enfrentado a salvajes leones, y había salido airoso en muchos enfrentamientos. Sin embargo el más chiquitín de todos, a quién llamaban cariñosamente Estrellita era tan distraída, tan distraída que se perdía siempre de la manada. En una ocasión se perdió en un río haciendo amistad con un grupo de hipopótamos, que veían muy extrañados que este no estuviese con su manada.
Sin embargo su madre siempre lo encontraba. Ese día estaba muy enfadada con la pobre de Estrellita y le dio vario trompetazos en su oreja diciéndole:
-Tienes que tener más cuidado. Cerca de los Hipopotamos siempre hay leones.
-¡Ay, eso me dolió!
-¡Vámonos! Le dijo su madre con enfado.

Así que la pobre de Estrellita se fue sin rechistar con su madre, y a pesar de que le dolían sus pobres orejas no se quejaba mucho porque sabía que su malhumorada madre le podría dar otras más si no se comportaba.

Un buen día, Furia convocó a todos los elefantes. 
-Tenemos que irnos de aquí, ya el pasto se esta acabando, además ya el otro día vi unas cuantas hienas cerca. Y esos animales no son confiables. Atraen demasiado a los zamuros.


Así que el día siguiente se marcharon a un río que se encontraba detrás de las colinas.
Sin embargo Estrellita se entretuvo con unos conejitos, y no se dio cuenta de que la manada se había largado hace horas.
Al rato se le acerco una hiena.
-¿Que haces por aquí tan solito? Le preguntó la hiena.
-Me entretuve con estos lindos conejos. Pero veo que mi familia y mis amigos ya no están cerca.
-¿No te da miedo? Le pregunto la Hiena con malicia.
Sin embargo, la hiena ya estaba pensando en que hacer con la elefantita. Pensó que podía llevarla a donde se encontraban unos zamuros, y de repente le daban un poco de carne de las que ellos siempre tenían en sus asquerosos picos.
Por cierto, ¿Cómo te llamas? Le preguntó Estrellita
- Rayitas. Por estas grandes rayas que tengo en el lomo. Las otras hienas son de color marrón, pero yo tengo estas rayas negras horribles.
-¡Que original! Mira, tenemos cosas en común, yo tengo una Estrellita detrás de mi oreja derecha. Enseñándosela a la hiena.
La Hiena estaba tan entretenida conversando con Estrellita que no se percató que un Tigre estaba merodeando por allí cerca.
Sin embargo Estrellita si detectó el peligro.
-¡vamos a escondernos detrás de este árbol, mira ese tigre, y tiene unos colmillos muy afilados!
Rayitas y Estrellita se escondieron rápidamente y pudieron eludir al Tigre, que se veía que tenía un hambre.
Rayitas como todas las hienas son medio traicioneras, y le gusta tender trampas a los animales de la selva, sin embargo simpatizo mucho con Estrellita, e hicieron una linda amistad.
-Gracias Estrellita. Casi que somos bocado de ese tigre.
-Yo soy muy distraída, pero cuando vi ese tigre tan cerca pensé en lo peor. Así tenía que hacer algo para eludir a ese animalote.
- Lo malo es que me perdí. Mi familia y los otros elefantes se desaparecieron. Y no se que hacer dijo tristemente Estrellita.
-Yo vi unos Elefantes caminando hacia aquella colina. Si quieres, yo te puedo indicar le dijo la Hiena.
Y fue así que Rayitas y Estrellita se fueron en la aventura de ir hacia la colina. Descubrieron al poco tiempo las huellas de los Elefantes. Y al final los vieron bañándose muy plácidamente en un río.
Furia al ver a Estrellita emitió un ruido tan fuerte con su trompa que casi tumba a la pobre Hiena y a la pobre elefantita.
-¡Apareciste! Tu madre casi desfallece del dolor porque te perdiste. ¿Y quién es esa Hiena? Le dijo el jefe de la manada.
-Es mi amigo.
-Los Elefantes no son amigos de las hienas.
-Pues él me indico en donde estaban ustedes. Así que si le vas hacer daño, tendrás que enfrentarte conmigo, amenazándolo con su trompa
Furia se quedo mirando a Estrellita. Le gusto mucho el valor que tenía el pequeño animal, y sobre todo le causo mucha gracia. Tan pequeñita, y que agallas tenía. Pero sobretodo lo que más le produjo satisfacción fue la solidaridad que tenía con los otros animales de la selva. Aunque desconfiaba de la hiena un poco.
-Puede quedarse con nosotros mientras no atraiga a las otras Hienas.
Y así fue que Rayitas fue la primera hiena que vivió con una manada de Elefantes. Y bueno Estrellita estaba también muy feliz con la compañía de su nuevo amigo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Los gigantes de las Galapagos




En las bellas tierras de las Galápagos habitaban las gigantes tortugas. Pero no solo habitan las tortugas, en esta singular isla del Ecuador  también viven bellísimos y singulares pájaros, iguanas  tan grandes, tan grandes que se asoman en la playa a tomar un rico baño de sol, y en ocasiones cuando llega el atardecer se pueden ver las garzas coloradas caminando cerca de la playa.

Pero no todo es paz para estas magnificas y antiguas tortugas. En ocasiones cuando nadie se da cuenta vienen esos seres en sus grandes barcos para cazarlas o llevarse en el peor de los casos a sus huevos, que serían en el futuro el nacimiento de nuevas tortugas. Pero son tan astutos, que vienen tarde en el anochecer para que nadie los descubra aprovechando la poca vigilancia que hay en las playas, y así hacer de las suyas.

Y así paso mes, y otro mes, y ya la situación de escasez de huevos ya llegaba al aňo. Los cuidadores de las tortugas no se explicaban que realmente estaba pasando.

Sin embargo, Pedrito, el hijo del guardián de la isla sospechaba de algo. El estaba siempre pendiente de sus amadas tortugas. Así que una buena noche sin notificarle a su  padre se escondió detrás de la maleza y espero en la noche.

Cerca de la madrugada los pudo oír. Era sonido de motores de grandes barcos que traían grandes redes. Y vio como se bajaban poco a poco de la playa, y no solo tenían interés de llevarse los huevos, sino también sus amadas tortugas gigantes.

Pero, que podía hacer él. Un niño tan pequeño ante una multitud de adultos. Pero se acordó de la fragata real, así lo llamaba su padre, que era un pájaro singular de esta isla, que cuando se enfadaba en grandes proporciones se hinchaba su pecho de su peculiar color escarlata, y emitía unos sonidos ensordecedores.

Así que salio de su escondió, y se dirigió donde había un nido de estos animales. No quería lastimarlos pero le tiro unas cuantas piedrecillas. Y como era de esperarse el padre de la familia se enfado tanto, porque a nadie le gusta que le perturbe su sueňo, y empezó chillar. El ruido la oyeron las águilas en las montaňas y las focas que estaban en las playas. Y cuando se dieron cuenta había toda una algarabía en la playa.

Los hombres no sabían que hacer pero no le dieron importancia. Total pensaban: “ son solo animales”, pero el detalle fue que los oyeron los guardianes de la isla en la noche, y salieron rápidamente sorprendidos por el ruido alborotado de los animales.  Salieron con sus rifles de sus casas para rescatar a sus grandes tortugas. Los  cazadores no se dieron cuenta que había pasado. Cuando se dieron cuenta estaban todos esposados y acusados de cacería ilegal. Y fue así  como gracias al ingenio de Pedrito y con la ayuda de todos los animales que habitaban en las Galápagos ya ningún cazador osa visitar a esta isla para dañar a estos gigantes animales. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Lucesita y la virgen de Caacupe




Lucesita era como muchos mestizos de Paraguay hija de un guaraní y una blanca. Vivía en la parte alejada de la aldea porque los indígenas eran muy celosos de su raza. Pero a los que más temía eran a esa raza de Mbayíes que eran raza muy agresiva y dominante. Eran tiempos muy difíciles. Las luchas entre las etnías sucedían a casi diario,  le pedía a su queridísima virgen de Caacupé que la protegiera siempre. Le habían relatado que hace años había protegido a un Guaraní de ser muerto por un mbayí en una persecución encadernicida. Desde ese entonces casi todo su pueblo se había vuelto devoto de esa maravillosa dama.
                                                                                                          

Lucecita vivía con su madre en una casa elaborada con troncos de madera con apenas dos hamacas en su interior. Apenas tenían para comer. Los Mbayíes habían azotado la aldea llevándose gran parte de la comida de la aldea.
Eran una tribu muy sanguinaria y pocos tenían la tenían temeridad de enfrentárseles. Así que sobrevivían de la leche de las vacas, los sembradíos de zanahoria, lechuga y otras hortalizas, y alguna pesca. Llego el invierno y con ello muchas enfermedades. Muchos guaraníes sufrieron de diarreas, y gripes virales características de esta época. La madre de Lucecita desde hace tiempo se sentía muy mal. Tenía una gripe mal curada, y en los últimos días tenía una tos que no se le quitaba. Lucecita no sabía que hacer. Le había hecho te de hierbas, y otros remedios que le aconsejaban las viejas de la aldea para que esta se curase. Pero Lucecita no le había visto mejoría. 

                
Un buen día Lucecita le comunico a su madre que iba a ir a la gran ciudad para buscar unos remedios y buscar un médico. Sabía que existía un médico que hacía milagros con muchas enfermedades. Sin embargo su madre le aconsejaba.

 – hija, no vayas. Es peligroso. Los Mbayíes te pueden encontrar-
 Pero el amor de su hija era mucho más grande y ella era muy valiente.
 – No te preocupes mamá, la divina providencia me protege y la virgen de Caacupé me protegerá en el camino- le contesto Lucecita.

 La madre de Lucecita no entendía esa fe tan grande que le tenía a esa dama. Para ella, todo era una conjetura, y si fuera cierto porque no había ayudado a proteger a su aldea de los azotes de los Mbayíes. Sin embargo no la detuvo.
Al día siguiente se fue llevo como comida un poco de leche y un rico cereal hecho por su madre. Tenía mucho miedo porque sabía que los Mbayíes le podían rondar los talones. Camino durante dos horas, y ya los pies lo tenían rojos de cansancio. Pero tenía que llegar a la gran ciudad. Sin percatarse a pocos metros había un grupo de Mbayíes. Estaba aterrorizada. Se acordó de su virgencita de caacupé y le pidió que la protegiera. Los indios la miraron con desprecio, y ese instante le pareció que le iban a hace daño. Muchos relámpagos aparecieron de repente en la claridad del día. Como los indios eran muy supersticiosos la dejaron sola creyendo que algunos de estos podrían caer encima y quemarlos vivos. Lo cual podría ser cierto ya que un relámpago que cae cerca de un árbol puede producir un gran incendio, y quemar y carbonizar a todo aquel que se encuentre cerca.
Después de una gran jornada llego a la gran ciudad. Pregunto incansablemente por el médico pidiendo a Dios encontrarlo y que la atendiera. Los pobladores de la ciudad cayeron en gracia de lucecita, y le aconsejaron que fuera a la medicatura y allí la atendería. Lucecita se moría de hambre y cansancio. Pero no desfalleció. Con mucha paciencia espero que el médico la atendiera. El médico muy amable le pregunto: 

- Que necesitas hija, te ves muy cansada-
Ella le respondió: Mi madre esta muy enferma. Tiene una tos horrible y no la he podido curar con ninguna hierba de la aldea. Le respondió con lagrimas en los ojos. Como el médico era de buen corazón, le entrego unos medicamentos. Dale esto 3 veces al día, y al poco debe curarse. No debe levantarse de la cama ya que a mi juicio creo que tiene una enfermedad llamada bronquitis y si no es cuidada puede ser mortal. Si ves que no hay mejoría tendrás que traerla a la ciudad. Lucecita le pidió a su virgencita que no tuviese necesidad porque era una larga jornada para su madre. Le dio gracias al buen médico. Este no le pidió dinero ya que sabía todas las tribulaciones que estaban pasando los guaraníes. Descanso un rato, y emprendió la jornada de regreso. Había mucha lluvia por la tupida selva, al oír las cascadas sabía que ya estaba cerca. Llego a su humilde hogar, y una de las viejas de la aldea le dijo que su madre estaba más convaleciente. Sin embargo Lucecita tenía mucha fe, y le dio los medicamentos como le indico el médico. A la semana ya su madre estaba restablecida y con más color en las mejillas. Lucecita sabía en el fondo de su corazón que la virgencita de Caacupé la había ayudado con su gran amor, y fue ella la que la había conducido a ese maravilloso médico que con su gran corazón le había proporcionado los adecuados medicamentos para curar a su madre.













miércoles, 7 de septiembre de 2011

Felicidades a todos



He recibido este lindo regalito de mi queridisima amiga Nicole, por lo que lo he querido compartir con todos ustedes, yo soy gran lectora   de sus blogs. Entre los blogs  que siempre me gusta  visitar se encuentra los siguientes. Es un bello detallito por lo que me gustaria compartirlo con uds, y a su vez lo comparton con otros bloggers.


http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com
http://theclubofcompulsivereaders.blogspot.com
http://laescribientemariposa.blogspot.com
http://deseosderebecca.blogspot.com
http://mujerdiosa.blogspot.com
http://beni-es-argos.blogspot.com
http://eljardinerodelasnubes.blogspot.com
http://quejascontralasociedad.blogspot.com
http://elespaciochiquito.blogspot.com
http://moisesfisher.blogspot.com
http://losmanuscritosdelcaos.blogspot.com
http://recetasparamishijos.blogspot.com


sábado, 3 de septiembre de 2011

Pablo y el pequeño Cachalote



En los indómitos mares de la Patagonia habitan las bellísimas ballenas. Dicen los más viejos habitantes de Argentina que estos bellísimos seres de la creación comunican sus tristezas a través de los profundos sonidos que emiten al pasar con sus respectivas familias, y se puede percibir su tristeza cuando pasan a distancias visibles de las orillas del mar.

Pablo vivía cerca de Bariloche, y había visto muchas ballenas. Incluso en algunas noches de invierno había tenido la dicha de visualizar la aurora boreal. Le encantaba ver semejante espectáculo. A pesar del frío inminente que hacía en esa época del año, él lo disfrutaba muchísimo. Él, como muchos argentinos de la Patagonia amaba a sus queridas ballenas, y por eso detestaba esos marinos que las cazaban solo por un gramo de aceite. Hasta hace algunos años atrás las Ballenas venían en gran número hacía la orilla de la playa, produciéndose la muerte instantáneamente. Es como si supieran en su interior lo que les esperaba.
Al muchacho le indignaba todo esto. Como era posible que estos bellísimos mamíferos se suicidaran de esa manera. Tenía que hacerlo algo. Aunque no había pensado nada en ese momento.

Sin embargo Pablo tenía sus sueños y sus más altas esperanzas, y si él ponía su granito de arena para salvar a estos gigantes, tal vez él podría marcar la diferencia. 

El muchacho era un joven de apenas 16 años, y como todos en esas edades tenía sus propias metas y sueños. Su familia no lo sabía, pero él quería ser un biólogo marino. Pero, él era muy pobre, provenía de una familia de pescadores. Sin embargo él pensaba que nada era imposible, lo importante era proponérselo y luchar por cumplirlo.

Un buen día, al finalizar de ayudar a su padre, en limpiar el pescado, y organizarlo para llevarlo posteriormente al mercado temprano en la madrugada fue a dar su caminata por los bordes del acantilado. Y entonces allí lo vio: Era un pequeño cachalote. Menos mal que no había llegado a la playa, pero se podía distinguir desde los acantilados. Era de un color gris plateado con una singular estrella cerca de la mandíbula. Estaba sorprendido. Nunca había visto nada parecido. Se acercó sigilosamente. El pequeño cachalote pensó en huir y alejarse rápidamente al detectar la presencia de un humano. Pero no lo hizo. Dicen que algunas ballenas detectan el alma de los seres humanos, sobre todo cuando muy jóvenes. El simpático Cachalote lo saludo echándole con sus aletas una buena dosis de agua. Pablo no se molesto para nada. Estaba emocionado de tener esos gigantes tan de cerca.
-Amiguito, ¿dónde esta tu familia?
Este le respondía zambulléndose dentro del agua y volviendo aparecer instantáneamente. Pablo se dio cuenta que podría hacer una linda amistad con el. Sin embargo, a pesar de que había transcurrido algunas horas con él, al poco tiempo se fue desapareciéndose por el mar.
Pablo llego a su casa empapado. Sus padres extrañados le preguntaron.
-¿Dónde estabas metido?
- Por allí. Compartiendo con los muchachos. Uds. saben como son
Sus padres no se preocuparon para nada, así que lo dejaron tranquilo sugiriéndole que se cambiara y cenara, porque pronto era la hora de comer.
Secretamente Pablo iba todos los días al acantilado para ver si veía a su amigo otra vez. Pero no aparecía. Así que pensó. Es lo mejor, así esta con las otras ballenas, y estará seguro de esos despiadados marinos.

Una tarde escuchó unos chillidos. Era su amigo. Unos marineros intentaban atraparlo con una red.
-¡Ya casi lo tenemos!- decían
Pablo al darse cuenta empujó salvajemente a los marineros. Los tumbo al piso, y con un pequeño puñal, rompió gran parte de la red. Como buen pescador, él conocía las bases de la red, y que partes eran las más frágiles.
- ¡Te volviste loco! Ese animal podía ser un buen señuelo para atrapar a las otras ballenas, ahora se va escapar.
- Eso espero-
El Cachalote aprovecho la oportunidad para zafarse e escaparse nadando a grandes velocidades hacia mar adentro.
Los hombres se retiraron refunfuñando profiriendo insultos al pobre Pablo. Pero, este lo ignoro.
Hubo una temporada en que no se conseguían peces por ninguna parte. Era como si hubiesen desaparecido. Los hombres del pueblo decían:
-Tendremos que cazar las ballenas, y así ganarlos algo para comprarnos alimento.
Pablo no le hizo gracia. Les pidió que lo reconsideraran. Daba mala suerte hacer tanto daño a los animales.

Una tarde, Pablo decidió buscar peces, así que se fue en su lancha a alta mar. Trataría de encontrar algunos así los hombres se olvidarían de esa terrible idea de hacer daño a las pobres ballenas

No había visto un miserable pez. Frustrado con rabia, y malhumorado decidió devolverse a su pueblo. Pero en ese momento apareció su amigo. Y no solo estaba él sino también otras ballenas. Que emocionado estaba.

El cachalote le echo agua otra vez con las aletas indicándole en su lenguaje que lo siguiera. Pablo lo comprendió. El cachalote en conjunto con las otras ballenas lo llevaron a un arrecife. Estaba lleno de peces. Grandes y pequeños. Había grandes atunes, sardinas y cantidad de peces para elegir.
Pablo no perdió tiempo. Lanzo la red, y con gran destreza logro pescar una cantidad de peces. 
-Gracias amigo. Te lo agradezco. Mi gente no se morirá de hambre.

Entonces Pablo fue testigo de algo increíble. Las ballenas cantaban. Que bella melodía. No era como esos lamentos tristes que había escuchado Pablo en la playa. Y entendió, era una forma de agradecerle lo que había hecho por el pequeño cachalote. 
Pablo no volvió a ver a las ballenas en alta mar. Al principio se entristeció mucho, pero entendió que era lo mejor para ellos. Fue de regreso a su aldea y les enseño todo lo que había pescado. Estaban atónitos.
-Muchacho, ¿Donde conseguiste tantos peces? Le preguntaban
-Cerca de un arrecife. Yo los puedo guiar.
Y así fue que un amable cachalote salvo a toda una aldea de un gran azote de hambre. Pero Pablo no lo dijo nunca. Ese era su secreto. El estaba ferviente seguro de que el mar tiene muchos secretos, y tal vez algún día los desvelemos cuando la humanidad vuelva totalmente en cada ser viviente.

Con el tiempo, y con mucho sacrificio, Pablo entró en la universidad y ahora es un excelente Biólogo marino. Y lleva en ocasiones a sus estudiantes, y amigos a que presencien a las ballenas, y algunas veces, no muy frecuentemente se acerca una ballena a la embarcación y le llena a toda la tripulación de agua.

Entonces Pablo lo reconoce. Es su querido amigo. Es una grandísima ballena, y como no distinguirla. Sigue con su pequeña identidad. La estrella al lado de la mandíbula.
Pablo ríe de felicidad. Los estudiantes más jóvenes emocionados también se ríen y disfrutan el momento. Y así fue como un muchacho pudo marcar la diferencia. Hoy en día, en muchas partes de la Patagonia hay más ballenas que hace algunos años. Por eso se dicen que nosotros podemos marcar la diferencia poniendo siempre nuestro granito de arena


viernes, 2 de septiembre de 2011

El sueño de Carlitos




Carlitos era un niño común como todos los de su edad. Le gusta jugar con sus videos juegos, jugar con pelota con sus amigos e ir al cine a ver las películas mas recientes. Pero lo que más le emocionaba y más lo satisfacía era ver las estrellas de noche. Pasaba horas observándolas con el fin de descubrir una estrella fugaz. Soñaba hace tiempo con ese telescopio que vendían en esa tienda tan cara. Pero su mamá le decía:
No sueñes tanto Carlitos, no podemos costear un Telescopio, apena sobrevivimos para comer

Sin embargo Carlitos no se desanimaba. Un buen día sus amigos lo invitaron a participar en un juego de metras. Pedrito, quién era su mejor amigo le animo:
-Oye, Carlitos, vamos a retar a esos niños a un partido, pero eso sí vamos a apostar a ganar- le  dijo su amigo.
A Carlitos no le pareció mala la idea, pensando en ese telescopio que tanto deseaba. Llegó el día, y entonces decidieron jugar por pareja. La apuesta era por cien mil bolívares. Carlitos se preguntaba de donde sacaría esos niños tanta plata, pero no le importo. Pedrito y Carlitos iban a jugar por parejas. Ya habían dado una vuelta y no habían ganado ni una metra. Pero Carlitos tenía mucha confianza en sí mismo. Cuando visitaba a sus abuelos, en el pueblo se le consideraba el mejor jugador de metras. Ya en la segunda vuelta Pedrito había ganado la mitad de las metras y Carlitos la otra mitad. Solo faltaba una vuelta. Ya eran las cinco de la tarde. Carlitos estaba sudando de la emoción y ansiedad. Le quedaba una última metra. Era una metra de color azul celeste. La soplo con ansiedad y derrumbo las metras que faltaban. Había ganado. Los niños del otro bando estaban decepcionados. No imaginaban como un niño de apenas 8 años hubiera ganado un partido. Al principio no le quisieron dar la plata, pero realmente se lo había ganado limpiamente. --Felicitaciones pequeñín, te lo has ganado, pero cuéntanos, ¿Qué vas hacer con ese dinero? le preguntaron.
- Me voy a comprar un telescopio-Le contesto Carlitos.
_-Pero, con eso no vas a llegar a Roma, es muy poquito, un buen telescopio cuesta quinientos mil bolívares- Le dijeron los muchachos.
 – Tienes razón -le respondió.
-   ¿Sabes qué? mi abuelo necesita ayuda en la tienda de helados, y de repente si lo ayudas te puedes ganar un poco para completar lo que necesitas- le dijo su amigo.
Pedrito le presentó su abuelo a su amigo, y este acepto inmediatamente. Realmente fueron 6 meses de arduo trabajo. Salía de la escuela, hacía rápidamente sus tareas, y ayudaba al abuelo de su amigo. Su mamá no sabía nada, pero se sospechaba algo. Un buen día Carlitos llegó con el Telescopio a su casa.
-¿De dónde lo sacaste? ¿Se lo quitaste a alguno de tus amigos?- le preguntó preocupada.
-No. Mamá lo compré con los reales que me gané trabajando en la heladería del señor González. La mamá de Carlitos respiró profundo, y le dijo que se sentía muy orgullosa porque había aprendido que no basta soñar hay que luchar por ello, y la mejor es por el valor del trabajo.

Esa noche Carlitos y Pedrito estrenaron el telescopio en la ventana de su casa. No se habían percatado lo linda que podía ser las estrellas y la cantidad que había en el firmamento. Una noche Carlitos pudo ver con el telescopio una bellísima estrella fugaz. Quedo impresionado de la belleza de este astro. Con el tiempo Carlitos fue creciendo y se hizo hombre. Estudio muchísimo para conocer más de las estrellas y del universo. Se ganó una beca para estudiar en la NASA, y ahora es uno de los astrónomos más reconocidos de este centro de estudios espaciales. Pero nunca olvidó la adquisición de su primer telescopio, y cómo le costo conseguirlo. Indudablemente el telescopio y su amor al universo marcaron su vida y trabajo. Y todavía sueña con volar en el espacio, pero esa es otra historia.