domingo, 29 de julio de 2012

CHAD Y ORIN


 


Cuentan que cuando se escuchan los aullidos de los búhos  es que asoman peligros en el bosque, así lo creía Isbeth, quien tenía muchos años viviendo en su pequeña cabaña. Ella se conocía el nombre de cada árbol, matorral, hierba y hojarasca, y como muchos pensaba que los animales más diminutos hasta los más salvajes eran parte del círculo de la vida, y debían respetarse.
Isbeth era una mujer solitaria, y había aprendido con los años que el hombre no es de fiar ya que irrespeta a la naturaleza, y se comporta cruel con ella, así perdió a su amada Kiara, una bella perra galesa, oscura como el azabache y dócil como la paz que hay en el bosque cuando llega el amanecer.

Fue ese hombre, que provino de ese lejano reinado, en dónde se encuentran construidos altos castillos, y los hombres celebran la guerra, estableciendo grandes batallas en esas guerras que no son tan santas.
Recuerda ese día tenebroso, en que venían tras las pobres liebres del bosque, los demás hombres lo llamaban Peter, era alto, y rubio, se le veía la crueldad en su alma. No se conformo con cazar  a las liebres, sino también a los ciervos que se cruzaban en el camino.
Kiara era una perra muy dócil, pero ese día tenía mucha hambre, y se encontraba persiguiendo una liebre. Los hombres al verla se burlaron de ella, y el pobre animal saco sus dientes para defender a su presa cuando este saco inesperadamente su flecha y se la clavo en el corazón matándola en el acto.
Isbeth escucho atentamente los aullidos del animal, pero llegó tarde, ya la pobre Kiara estaba muerta.
La pobre Isbeth estaba bañada en lágrimas. No podía creer que Kiara había muerto.
Los hombres se reían de su tristeza, llevándose las liebres en su bolso.
-¡tu familia y tus descendientes no van a entran jamás a este hermoso bosque! Será prohibido para Uds., y aquel que ose entrar sentirá la fuerza de Orín.
No la escucharon, solo el último escuchó parte de sus palabras y se fue con los hombres con cierta preocupación.

Pasaron los años después de aquel incidente y no había ocurrido nada que alterara la paz del bosque  Limuth.
Lo cierto es que Isbeth era además una druida, y conocía no solamente pociones, sino también la existencia de animales fantásticos. Otir era uno de ellos. Era un dragón  verde como el follaje de los arboles, y poseía luna melena color escarlata, y decían los otros druidas que este percibía el alma de los humanos, pero pocos  habían tenido la dicha de conocerlo.

Peter fue un rey muy cruel, no fue nunca justo en su reinado. Pocos lo querían y lo estimaban. De su matrimonio con Ardrid nacieron dos hijos, Bella y Chad. Bella era dulce como su madre, y era generosa con los hijos pequeños de los pueblerinos. Chad era un aventurero, y quería en el fondo del corazón conocer los misterios del bosque Limuth
-No vayas nunca a ese bosque. Es un bosque prohibido. Tiene una maldición – le aconsejaba su madre.
- Dicen que habitan animales muy feroces- le dijo uno de sus primos.
Pero Chad, a diferencia de sus primos y su padre, era un muchacho de buen corazón. Adoraba los animales, y no podía ver ninguno enjaulado. Su madre cuenta que durante su infancia, a su padre le habían regalado un ruiseñor, su canto era entrar al cielo, pero Chad sentía su pena, así que un día en la madrugada abrió su jaula y este se fue volando hacia el bosque de Limuth. Su padre entro en furia, pero nunca descubrió quien había sido.

Su madre había guardado el secreto por años, sabia de los buenos sentimientos de su hijo, por eso siempre lo protegió de la crueldad de su padre enviándolo después durante su adolescencia a vivir con su tío Ismer.
Cuando llego de vuelta se había convertido en un excelente guerrero, gentil con las damas, y justo con los pueblerinos. Peter ya estaba muy viejo, así que no decidió molestarlo.
Chad  era un muchacho aventurero y curioso por conocer lo desconocido. Un buen día,  decidió aventurarse a ir al bosque Limuth. Cuando sus primos se enteraron, se negaron acompañarlo, en esa aventura se embarcaría él solo.
-Iré solo. Son unos cobardes- le dijo a sus primos
-Encontraras la muerte si vas para allá- le dijo Bella.
-No te preocupes hermanita. Sabré cuidarme.
 Lo cierto es que  nadie pudo convencerlo de lo contrario, así que al día siguiente salió temprano al amanecer, fueron tres días a caballo. Y allí estaba, era bellísimo. La entrada al bosque era un conglomerado de un paisaje de pinos y sauces. Los sonidos de los pájaros, y el chasquido de las ardillas en los arboles era una música para sus oídos.
Había pasado muchas horas y días, estaba muy cansado, y se avecinaba lluvia. A la lejanía vio una pequeña cabaña. Cerca de los arboles vio una señora de 50 años.
La mujer lo vio con desprecio.
¿Quién eres? ¿Qué haces en mi amado bosque?
-Me llamo Chad, y vengo de muy lejos
-Conozco muy bien tu mundo- le dijo con rabia
En las manos de la mujer tenía una lechuza mal herida. Se había caído de una rama alta
¿Por qué Orín no se ha despertado? Se preguntaba Isbeth-
-Son sus alas, y tiene miedo a volar, lo he visto en otros pájaros.- le dijo el muchacho.
- ¿Qué sabes tú del dolor de los animales?-
-Mi tío me enseñó todo acerca de ellos, y cómo cuidarlos en sus enfermedades y dolencias.
Isbeth lo miro extrañada, ese si era un muchacho inusual.

Sin embargo, Orín ya había sentido su presencia, y se levantó, y se encontró frente al muchacho.
¿Qué es eso?
-Se llama Orín, y ahora serás su comidilla-
Sin embargo el animal no hizo ningún movimiento, y el muchacho tampoco. Se encontraban unos metros uno al otro.
Y de repente; ante la sorpresa de Isbeth, el animal emitió algunas palabras.
-Escucha mi voz, que habla con furia, tus ancestros han hecho mucho daño, no acabo contigo porque percibo tu alma, y sé que amas a los animales-
Chad estaba sorprendido. Su presencia era impactante, se sentó gentilmente sobre una piedra, mientras su corazón dejaba de latir fuertemente del susto.
-Pocos pueden escuchar la voz de Orín. Te perdonaremos la vida- le dijo la mujer.
Solo quiero que me cures a mi búho.
Chad lo vio detenidamente, el pobre animal estaba muy asustado, lo toco gentilmente, y dijo unas palabras sin sentido.
Saco un poco de resina de su morral y se lo paso por sus alas. Chad se quedo unos días con Isbeth. Ella poco a poco se fue ganando su confianza, y Orín al tercer día se alejó, pero antes, le comunicó que debía quedarse en el bosque por un año cuidando a los animales ya que sus ancestros le habían hecho mucho daño con su crueldad.
Chad aceptó, y no sólo cuido a los animales, vigilaba la entrada del bosque para que no entrase nadie.
-Has aprendido bien, puedes irte cuando quieras, lamentamos haberte aprisionado- le dijo la mujer.
- No hay nada que lamentar, lo disfrute muchísimo-
En realidad Chad no se quería ir, pero tenía que ver a su familia.
Su madre y su familia lo recibieron con los brazos abiertos, pensaban que había muerto.
-Gracias al buen Dios estas vivo. 
-Ese bosque esta maldito, no sé como sobreviviste- le dijo su padre.
-En ningún momento estuvo maldito, fue tu crueldad la que hizo despertar el horror del bosque.
-Existe una extraña criatura que protege al bosque, y nadie debe entrar en el, salvo mi persona-
Sus primos asintieron, y no lo molestaron más.

Un buen día una familia tenía una camada de perros galeses, uno era canela y negro como el azabache.
Chad decidió llevárselo a Isbeth, para que tuviese compañía.
Entró al bosque y al llegar a la cabaña la encontró sentada en su vieja mecedora.
-Te traje un regalo, no  podrá reemplazarte jamás a Kiara, pero será buena compañía.
La pobre mujer quedo enternecida. Era un animal mitad azabache, y mitad canela.
-Muchas gracias, me has ensenado que todavía se puede confiar en los hombres, puedes venir cuando quieras, y traer a tu familia- le dijo gentilmente
-Gracias, ha sido un placer conocerte, y sobre todo al fabuloso Orín, no te defraudaré- le dijo Chad.
- ¿Vendrás de vez en cuando?
-si- le dijo con una sonrisa.
Todos los meses venia Chad a visitarla, y se quedaba un buen tiempo con ella, esta le enseñó todos los secretos del bosque hasta que le llego el tiempo de Isbeth de partir.
Chad decidió quedarse en el bosque, pero no le gustaba la soledad, en unas de sus tantas aventuras conoció a la hija de un leñadero, se casaron, y como ella era también amante de los animales se fueron a vivir al bosque Libuth, y colorín colorado esta historia ha terminado.



sábado, 14 de julio de 2012

Azabache





En las montañas húmedas de China habitaban las comunidades de Osos Panda. No muy lejos del Tíbet,  había llegado a una familia un pequeño, su familia lo llamo Azabache por sus grandes manchas oscuras en armonía con el tono blanquecino del resto de su pelaje.

Azabache desde su más tierna niñez  permanecía en las ramas mas altas de los árboles alimentándose de los tallos de bambú, y ocasionalmente con algunos insectos. No era como los demás osos panda, no quería saber cómo era allá abajo.

-¡Azabache! baja, vamos hacia aquellos árboles. Hay unas ricas ramas de Eucaliptos- le decían sus amigos.
Sin embargo, él se sentía muy cómodo en su árbol, y tenia todo lo que necesitaba para subsistir desde donde se encontraba.

Todos los días lo invitaban a un sitio diferente, pero él se negaba siempre. Generalmente en su comunidad siempre llovía, y después salía el sol, situación que era perfecta para la vida de todos los animalitos.

Pero un día todo cambio. Ninguno de los osos de la comunidad sabia porque, pero estaba haciendo un verano inclemente. Tenía semanas sin llover. Los Árboles se estaban secando, y en consecuencia  había cada menos ramas de Eucaliptos, y los pobres osos no tenían nada  que comer.

-tenemos que irnos de aquí- decían los jefes de familia.
- Mis pequeños morirán, ya no queda ni una rama de Eucalipto- dijo una osa preocupada por sus oseznos.
-No nos podemos mover de aquí. Azabache le tiene miedo al suelo, y no lo podemos abandonar- dijo Marfil
-Pero nos vamos a morir de hambre por su causa, si él quiere morirse, ese es su problema- respondió un oso malhumorado.
Marfil los miro con tristeza, pero era verdad, no podían quedarse allí.

Azabache se dio cuenta de que era muy imprudente quedarse, y que debían buscar otro sitio mas fresco en donde hubiese comida para sobrevivir.

Una noche Azabache no podía dormir  por el calor. Daba vueltas de un lado y vueltas del otro. Se acomodaba estirando las patas, pero nada le servia. Anteriormente se comía un pequeña hojita de Bambú y se quedaba dormido placidamente, ya esta situación lo tenia de mal humor. Así que decidió bajar al mundo desconocido para el. El mundo de abajo.
 Había oído que merodeaban fieras salvajes en las noches, jaguares y serpientes. Sin embargo, el ya era un oso grande, de mayor tamaño que los demás. Así que venció todos sus miedos y decidió bajar.

Todo esta falta de comida lo  había puesto de mal humor, bajo sigilosamente con cuidado para que los demás no se despertasen, se resbalo un par de veces, pero es que no tenia practica, siempre había permanecido en la parte alta de los árboles.

Estuvo caminando un buen rato hasta que escucho el sonido de un riachuelo. Era muy tarde, pero tenía tanta sed.
El agua estaba deliciosa, nunca había saboreado nada igual. Vio unos pescados que se deslizaban por el agua, dio un buen zarpazo a uno de ellos, y se llevo la carne a la boca. Esto era mejor que los Eucaliptos. A pesar de que escuchaba el sonido de otros animales se escondió en un árbol frondoso y se quedo profundamente dormido.

A la mañana siguiente se quedo sorprendido. No era un riachuelo, era un inmenso lago, y había muchos árboles frutales y de Eucaliptos. Azabache penso inmediatamente en sus amigos. Tenia que traerlos para allá.
Lamentablemente como había caminado toda la noche no conocía el camino de regreso.
Vio un túnel de Árboles, y decidió recordar los olores que había percibido el día anterior. Estuvo más de dos horas caminando, y llego a los árboles en donde se encontraba su familia.
- ¿Dónde estabas? Menudo susto nos has  dado- le reclamaron sus padres
- Bajaste de tu guarida- dijo Marfil sorprendido.
- Ya nos vamos. Prepárate- le dijo el líder de la comunidad.
- ¡ Espera! Descubrí anoche un sitio excepcional- comento Azabache
Sus padres lo miraron con incredulidad, el nunca se había atrevido a bajar de los árboles de Bambú.
- Por lo menos síganme- les dijo Azabache.
- Vamos a darle un voto de confianza- dijo Marfil
Así que se dejaron convencer y siguieron a Azabache. Estuvieron caminando por más de dos horas ya que venían familias con pequeños oseznos.
Después de pasar el túnel de árboles de Eucaliptos, todos estaban sorprendidos del paisaje. Nunca habían visto un lago tan majestuoso. Al llegar todos se metieron en el agua para refrescarse. Nunca habían probado el pescado, pero decidieron alimentarse de algunos.
- ¡Que lugar tan bello! ¿Dónde lo encontraste? – Pregunto Marfil
-Fueron cosas del destino- le respondió.
- Te das cuenta Azabache, has descubierto un bello mundo aquí abajo, y no solo eso nos  has salvado a todos- le dijo su madre.
- Es verdad madre, estaba muy alejado de todo. Ahora será todo diferente-
Azabache se dio cuenta entonces lo importante que es caminar y conocer otros espacios, porque uno  nunca sabe lo que le espera a uno allá afuera. Y colorín colorado esta historia ha terminado.