sábado, 29 de enero de 2011

Copo de Nieve y Manchitas



En el monte Fujimori del Japón habitaba un monstruo gigantesco de color crema. Tenía dos grandes ojos de un color azul marino, y unas grandes garras en todas sus patas, y para asustar más todavía tenía además  una gigantesca cola abundante de  pelo blanquecino.
Sin embargo,  en el fondo él no era malo, el pobre era de lo más indefenso, pero desgraciadamente por su tamaño tenía asustado a todos los lugareños.
El pobre se sentía muy  solo. Nadie quería ser su amigo. Sin embargo no todos le tenían miedo. Había un caballito que pastaba cerca de sus tierras que le intrigaba en gran medida esa bestia tan grande. Y un buen día se le acercó.
-¡Hola amigo! Le dijo el caballito
-¡Es conmigo!
-¡Que crees! Tú eres el único por aquí cerca.
- Oye, cuéntame ¿donde vives?
-En esa cueva.
-¿Me invitas? Dentro de un rato me tengo que ir al pueblo, tengo que ir a divertir a los niños.
¡Que fastidio! Solo pasaba por aquí, y me gusto verte.
-¡No te da miedo!
-Pues un poquito, has agarrado mala fama con los lugareños, pero no tienes cara de maloso
-Por cierto, ¿Cómo te llamas?
- No tengo nombre- respondiéndole con tristeza
El caballito que le había agarrado simpatía le dijo:
-Bueno, si no tienes yo te pongo uno, Te llamaré Copo de Nieve.
-¡Es muy lindo- llorando de emoción.
-Entonces te llamaré así porque tienes el color de las nieve de esta gran montaña
-Y tú. ¿Cómo te llamas?
-Manchitas. Por estas manchas negras que tengo en mi lomo. No me gustan mucho, pero nací así.
-Bueno, pero por lo menos no tienes este aspecto dijo la pobre bestia.
-Pero eres totalmente diferente, no eres nada común. Eso te hace especial.
-¡Tu crees!
-Bueno déjame entrar a tu cueva que ya esta haciendo mucho frío.
La increíble bestia invitó al caballito a su casa. Y este quedó impresionado de lo linda que lo tenía.
-¡Oye ¿que es eso?!
-Esa es una colección de rocas, me gustan  mucho las piedras, las tengo de todas las formas y colores.
-¡Que lindas! Los  humanos se morirían por una de esas.
-¡No le digas nada!
-¡Como se te ocurre! Ellos de solo pensar en acercarse a esta cueva sabiendo que tú vives aquí se horrorizarían.
-¡Menos mal!
-Bueno me tengo que ir. Tengo deberes que cumplir. Me esperan los niños del pueblo. Por pasearlos me dan unas ricas zanahorias y un terroncitos de azúcar. Pero no te preocupes, te vendré a visitar otra vez.
El monstruo sonrió, y al reírse, situación que espanto mucho a Manchitas porque tenía también unos grandes colmillos.
-Bueno, ¡nos vemos!

Manchitas y Copo de Nieve siempre se veían en las tardes, y lo pasaban de lo mejor. A veces se iban a los riachuelos cercanos, y manchitas disfrutaba trotar y chapotearse en los ríos rociando a Copo de nieve con el agua helada, pero un buen día Manchitas no apareció,  Copo de Nieve se preguntaba, que le había pasado a su amigo, así que decidió bajar de la montaña. Y allí vio a su pobre amigo. Lo habían amarrado a un árbol. Un hombre de facciones muy hostiles le decía al pobre caballo.
-Ahora te quedas allí, y espero que pases mucho frío esta noche. Eso te pasa por comerte mis manzanas.
Copo de nieve no le gusto la actitud de ese hombre, aunque estaba muerto de miedo, se acercó al hombre y abrió su gran bocota enseñando todos sus colmillos.
-¡Suéltalo! Le decía.
-¡Un monstruo! Y que horrible es. Seguro que me va a matar. Y se fue corriendo velozmente por la montaña.
-Siempre con lo mismo, estos humanos si son monotemáticos. No tienen otra conversación.
-Y tu que estas esperando ¡Desátame!
-Tienes razón. Y nuestro amigo desató gentilmente con sus garras las ataduras que tenía el pobre animal.
-Eso es lo que odio de los humanos. Creen que a uno no le da hambre. Me tienen trabajandotodo el día. llevando la leña en mi pobre lomo, y solo por que me comí una pobre manzana hicieron  ese escándalo. Y además tengo mucho frío
-¡Sabes! El otro día descubrí unas piedras que brindan calor. Las tengo en mi cueva. Brillan en la oscuridad. Si quieres, agarras calor hasta que te sientas mejor.
Manchitas estaba muy intrigado. Ahora si podría descansar.
El Caballito entró a la cueva de Copo de Nieve, y allí estaban. Eran unas piedras de color rojo escarlata, y gracias a su brillo se mantenía caliente la cueva.
-¡Que agradable se siente! Le dijo Manchitas.
El pobre Manchitas estaba tan agotado que se quedo profundamente dormido. Al día siguiente al despertarse vio una gran cantidad de zanahorias.
-Buenos días, feliz durmiente.
¡Se ven riquísimas! Y sin pensarlo dos veces se comió dos de ellas engulléndola rápidamente.
¡Gracias por ayudarme! Me hubiese muerto de frío si no apareces.
Copo de nieve a pesar de que era una bestia acostumbrada a la soledad le propusó:
-Si quieres te vienes a vivir conmigo. Y no tendrás que estar cerca de esos horribles humanos.
¡No todos son malos! Pero algunos son terriblemente crueles.
-Me parece maravilloso. Me encanta tu cueva, y además aquí nunca pasaría frío.
Y fue así que Copo de Nieve hizo un lindo amigo en su solitaria montaña. A veces Manchitas se escapa a galopar por zonas más cálidas, pero siempre vuelve a su hogar, y duerme plácidamente en compañía de su amigo. Manchitas piensa siempre que no cambiaría la compañía de Copo de Nieve por nada del mundo,aunque, los demás lo vean como un monstruo ya que un corazón como el de su querido amigo es difícil de encontrar.




viernes, 21 de enero de 2011

La Aventura de Luisa




Luisa era una bellísima Guacharaca que vivía en una mata de Mango con todas sus aves amigas y familia. Cuando amanecía temprano en la mañana, ella y sus amigas saludaban la llegada del nuevo día con su canto. Y salían en bandadas a recorrer otros horizontes para buscar comida. Pero ya al final de la tarde volvían a su misma mata de mango ya que este era su hogar.

Luisa no era una Guacharaca común y corriente. Sus plumas eran de un color gris azuladas y tenía además unas largas pestañas que las distinguían de las otras aves. Por esta razón era muy popular. Además era muy coqueta, y simpática lo cual la hacía más tratable, y por ello tenía muchos amigos.

Ya Luisa era una guacharaca adulto, y como todas las aves ya en esta etapa de su vida tenían que buscar un compañero para formar una familia. Pero Luisa no tenía ningún interés. Se aburría de la misma rutina. Ese viaje de ir y venir al mismo sitio la tenía totalmente fastidiada. Quería conocer otros lugares, y además Luisa tenía un espíritu de aventura sin igual. No la asustaban los territorios no conocidos. Un día se acercó un turpial a su hogar. Nunca había una ave tan bella. Era de preciosas plumas de color amarillo con franjas negras. Entonces sin pensarlo dos veces lo saludo cariñosamente y le dijo:
-Hola amigo-
El turpial no le contesto. Luisa pensó que el turpial era medio sordo así que dijo más alto.
-¡hola!-

El pobre turpial se volteó inmediatamente estremecido con el tono de voz de Luisa.
-¡ah! Yo creía que eras sordo- le replicó Luisa
-¡Que va! Es que estoy un poco asustado. Vengo escapándome de un halcón. Casi que me atrapa. Además no sé que hace por aquí. Sus tierras son las montañas- le dijo asustado
-¡Las montañas!- dijo Luisa muy emocionada-. Dime ¿Cómo son?
-¡Es que tu nunca has estado en las montañas de los Andes Venezolanos!- Allí hay muchas aguilas. Le dijo el Turpial.
-¡Me podrías llevar! Ya estoy aburrida de esta mata de Mango- dijo esperanzada Luisa
El turpial se quedo pensativo.
-Sabes, es muy peligroso. Es muy lejos de aquí, y hace mucho frío, y no solo eso, la colina de esas montañas esta rodeada de cóndores.
- ¡Pero a mi gustaría ir!- Le dijo suplicante Luisa
- Como veo que estas un poco cansado, quédate conmigo un par de días. En mi nido tengo bastantes lombrices, que puedo compartir contigo.
-Caramba, gracias por tu gentileza. A cambio, te llevaré a la montaña. Pero no vamos a ir nosotros solos. El viaje es muy largo, y tendremos que pararnos para recuperarnos. Tengo un par de amigas cotorras que nos pueden acompañar. Sin embargo, cerca de la montaña vive un águila de gran edad. Aunque no lo creas ella protege a los animales más pequeños, sobre todo a las aves- comentó el Turpial
- ¡Que bueno!- dijo Luisa emocionada
-¿Cuando nos vamos?
- ¿No vas a convidar a tus amigas? Preguntó el la pequeña avecilla.
-¡Tienes razón!- le dijo.


Entonces Luisa sin perder tiempo llamo a todas sus amigas. Les dijo muy emocionada de su amistad con el turpial, y de la invitación de este a conocer las montañas.
-¡Quién se anota en el viaje! Dijo Luisa con mucho entusiasmo
Todas las demás guacharacas se le quedaron mirando de reojo y con desconfianza
-¡Es que estás loca! Como nos vas arrastrar a una aventura como esa. Aquí estamos muy bien. Este es nuestro hogar. Tenemos las lombrices para alimentarnos, y cuando hay mango en nuestro querido hogar, tenemos alimento para varios meses- dijo el más viejo de las guacharacas.
Las otras guacharacas asintieron.
-¡Esa Luisa como que le falta una pluma! Con razón no ha formado una familia. Quién se va a fijar en una guacharaca con esas ideas tan absurdas- comentaron otras guacharacas que se encontraban en otra rama.

A pesar de que a Luisa le entristeció los comentarios, no le importó, y dándoles la espalda le dijo al turpial.
-¡Que tontas!, entonces nos vamos mañana.
-Por supuesto, lo prometido es deuda
- Por cierto amigo, ¿Cómo te llamas?
- Me llamo Solecito. Mi madre me bautizo con ese nombre porque cuando nací mis plumas eran del color del sol. Claro, cuando fui creciendo me salieron estas horribles franjas negras- le dijo el turpial
-Pero, si eres muy guapo. Por aquí no hay muchos turpiales. Yo estoy muy contento de conocerte.
El pobre turpial se sonrojo tanto, tanto que sus plumas se pusieron de color del tomate.
-Oye Luisa, vamos a buscar a las cotorras. Ya estoy oyendo su canto en aquel Samán.
Luisa y Solecito se fueron volando y se reunieron con las cotorras. Solecito les habló del viaje, y la gran mayoría se emociono con la idea. Así que al poco tiempo se fueron volando acompañados de las cotorras. Para la extrañeza de Luisa, las cotorras no eran todas verdes, algunas eran de plumaje verde con franjas amarillas y rojas. Ella estaba de un feliz, y muy contenta por los nuevos amigos que estaba haciendo en el viaje.

Ya tenían media jornada de viaje, y ya estaban cansadas. Fueron a descansar en una mata de Mamón. Allí conocieron a unas guacamayas. Y estas se emocionaron en ir también a las montañas. Y cuando se dio cuenta Luisa, en el viaje iban las cotorras, las guacamayas, Solecito y ella.
De repente sintieron un intenso frío. Eso significaba que estaban cerca. Luisa se acurrucó con sus plumas para darse calor. Y entonces a lo lejos vieron una gran montaña.
-Esa es la montaña del Águila. Dicen que arriba en la parte de alta hay muchos cóndores, y algunas águilas, así que vamos a permanecer en la parte baja de la montaña- dijo Solecito
Las aves encontraron unos matorrales y se escondieron.
Luisa estaba impresionada. Nunca había visto nada igual. Arriba había unas matas extrañísimas.
- ¡Esos son frailejones! Solo se encuentran en las montañas. En oportunidades vienen unos seres súper gigantes y se los llevan. La pobre montaña se esta quedando sin frailejones. Supuestamente su flor es buena para unas enfermedades. Le dijo una de las cotorras.

-¡Que lastima! Son tan lindos dijo Luisa.
Sin embargo, Luisa quiso asomarse un poco más para ver más de cerca a los frailejones. Olían riquísimo. Pero no se dio cuenta de que un águila la había descubierto. Las otras aves se dieron cuenta y se escondieron a tiempo.
La Pobre Guacharaca no sabía que hacer. Y se le ocurrió algo totalmente inusual. Empezó a chillar como lo hacen las guacharacas. Sus tonos eran agudísimos. Y el ruido ensordecedor. El águila estaba desorientada. Luisa aprovecho para volar rápidamente y esconderse en unos arbustos muy tupidos. Cerca de ella había una iguana grandísima. Era de un tono verde esmeralda
-¡Te das cuenta! Nosotros los pequeñitos tenemos que cuidarnos. Casi que te come esa águila le dijo la Iguana.

Las demás aves estaban aturdidas. Todo había ocurrido muy rápido. Nunca habían oído un ruido parecido. La pobre águila debe haber quedado sorda.
Luisa entendió entonces porque las aves siempre volaban en bandadas y no se separaban. Así evitaban los peligros. Pero, estaba encantada. Que bella montaña, tenía tantos frailejones, y tenían un olor sin igual. Y además en la parte superior de la colina había un manto blanco. Le pareció tan extraño.
La iguana como la vio tan sorprendida le explico:
-¡Eso es nieve! Solo se encuentra en esta montaña- Personalmente yo prefiero el calorcito.
- Que lástima que no lo puedo tocar. Pero bueno, me conformo con verlo.
-¡Tremendo susto me hiciste pasar!-dijo Solecito
Gracias por traerme, es una belleza. Ya tendré algo que contarles a esas guacharacas tontas- dijo Luisa con entusiasmo.

Luisa no solo estaba feliz porque se había divertido en ese lindo viaje. Había conocido otros lugares, y además lo más importante para ella es que había hecho nuevos amigos. Y eso fue lo que más le encanto de su singular aventura. Y por ello se dice que debemos aventurarnos a conocer otros paisajes y vivir multitud de experiencias porque de esta manera nos damos cuenta de lo bello que es nuestro planeta, y el porque debemos amarlo y cuidarlo entre todos.

sábado, 15 de enero de 2011

Pedrito y su amigo interplanetario


Cuentan que más allá de estrellas existen muchos universos, algunos tan imperceptibles, desconocidos e imaginados por la mente del hombre de hoy. Por lo menos así lo creía Pedrito, quién pasaba muchas horas en las noches viendo las estrellas con su querido telescopio. Pero, él tenía la teoría de que no había necesidad de trasladarse en naves espaciales para llegar a otros planetas. Pero, es que Pedrito tenía un secreto que no sabía nadie. Él tenía un amigo interplanetario.

Todo ocurrió inesperadamente. Una noche en que Pedrito realizaba sus observaciones con su telescopio para después anotar en su propia carta estelar sintió de repente una voz que le decía:
-“¡hola………..amigo!”. Pedrito se volteo rápidamente, pero no vio a nadie. La voz se repetía:
-¡Es que estas sordo, y ciego! ¡Estoy aquí………..!
Ya era eso suficiente. Pedrito fue buscando la voz, y allí lo vio. Estaba espantado. Era un niño. Pero de color rojo escarlata, y además tenía un cabello verde esmeralda.
-¡¿Quién eres?!- Le preguntó Pedro con mucho temor. El niño espacial perdiendo la paciencia le contestó: ¡No soy tu hada madrina! Así que deja de balbucear. Pedrito poco a poco recobró la calma. Claro, eso no se veía todos los días. Al rato le pregunto otra vez: ¡¿Quién eres?!
-Me llamo Ónix. Y vengo del planeta Orión. Oye Pedrito, así es como te llamas: “Dime porque los terrícolas creen que uno se traslada para viajar entre planetas con naves espaciales, eso es del siglo pasado, mis ancestros ya habían resuelto ese problema hace tiempo. Ahora nos trasladamos con ondas electromagnéticas.”. A Pedrito le parecía todo increíble, pero al mismo tiempo divertido.
Sabes, que hice un salto cuántico, e iba de paso a otro planeta, y me tope con este. Es muy bonito, pero las personas que me han visto se han asustado tanto que opte por volverme invisible. Pero vi que tenías un gran telescopio en tu casa, así que me imagine que podría acercarme a ti. Oye ¿que tienes allí anotado? A pesar de que Ónix era medio atolondrado, a Pedrito le causo mucha gracia y se hicieron buenos amigos.
Pedrito le explico: “Nadie lo sabe”. Pero a través de esta constelación se llega a otro universo distinto al nuestro.
¡No esta mal! Pero te equivocaste de camino. No es a través de esa constelación, es a través de la constelación Andrómeda que llegas a un pasaje que te lleva al Universo de plagiz.
-¡Sabes! Me caes muy bien. Vamos hacer un trato, tú me enseñas tu planeta y nos vamos al universo de Plagiz. Pero tienes que comerte una goma de mascar electrónica para aguantar las turbulencias que se generan en las ondas espaciales que te llevan a los otros universos. Yo tengo muchas guardadas en mi traje espacial.
Pedrito estaba súper emocionado. Le encanto la idea. Te puedes quedar aquí, pero no hagas mucho ruido porque mi madre no le gusta los extraños. Al día siguiente, Ónix pego un grito súper agudo, y se volvió invisible.
-¿Un monstruo con cuatro patas, y súper peludo? Gritaba Ónix
Pero si es solo un perro, ellos no hacen nada, además son muy amigables. Tócalo para que veas. Ónix decidió volverse visible, y miró al pobre animal de reojo, le acarició las orejas, y este movía la cola con gran alegría.
Esa cosa es muy extraña, y mira como mueve esa parte de su cuerpo. Y tú de que te ríes. Nosotros no tenemos esos seres monstruosos en mi planeta.
Pedrito con mucha paciencia le explicó que esos animales se llamaban perros, y eran muy amigables, algunos incluso rescataban a las personas en incendios y tragedias naturales. Lo he visto por la televisión.
-¡La televisión! Preguntó con extrañeza Ónix. ¡Ah si! La caja parlante.

Ónix estaba tan impaciente por conocer la Tierra como Pedrito por conocer los otros universos. Así que cuando su mamá fue a visitar a su abuela, se llevo a su amigo espacial a la playa. Solo le quedaba en media hora en Bicicleta. El único inconveniente es que Ónix nunca había visto una bicicleta y no sabia como manejarla, así que tuvo que enseñarle.
-¡Esto es muy divertido! Le decía ónix a su nuevo amigo.
Vamos hacer una carrera hasta llegar a la p laya. 0nix pedaleo con dificultad. Cuando se asustaba se desaparecía, Pedrito temía que se cayera. Pero se dio cuenta que su invisibilidad no impedía que manejara la bicicleta.
Cuando llegaron a la Playa, Ónix estaba impresionado. ¡Que cantidad de agua! Ya veo porque a tu planeta le llaman el planeta azul.
Menos mal que es muy de mañana, y nadie nos puede molestar. Vamos a bañarnos.
-¡En esa agua! Le dijo Ónix con desconfianza.
Mira, es divertido. Y podemos jugar con la pelota. Al final de la tarde, Pedrito convidó a Ónix a pescar cerca de un acantilado. Todo esto le pareció increíble para el chico espacial.
-¡Pero pobrecitos, se van a morir! Al parecer no aguantan estar fuera del agua.
Podemos almorzar unos cuantos pescados. Ónix no estaba muy convencido, así que en un descuido, los empujó lanzándole un rayo de color rojo, y sorprendentemente…los peces estaban otra vez en el mar. Pedrito miró de reojo, y pensó total podremos comer otra cosa, así que se comieron una buena ración de ostras con patatas que vendían en un kiosquito cerca de la Playa. Ónix estaba fascinado. En su planeta no había tantos alimentos de seres vivos. Su comida era básicamente vegetariana, cultivada en invernaderos ya que el planeta no disponía de vida animal. Para él era una exquisitez.
Al final de la tarde Pedrito ya estaba muy cansado. Sin embargo Ónix estaba súper…despierto.
Vámonos de paseo. Toma el chicle para que vengas al universo de Plagiz.
-Pero, yo estoy súper…cansado. Necesito dormir un poco. Ónix se dio cuenta que los humanos necesitaban recuperar su energía a través del sueño.

Pedrito no tenemos mucho tiempo. Toma este caramelo, te sentirás como recién despertado en la mañana. Pedrito probó el caramelo azul. Y tenía razón. Ya no tenía sueño. Se sentía con mucha energía.

Ahora comete la goma de mascar contra las turbulencias eléctricas. Pedrito sintió una oscuridad absoluto, luces y centellas iluminaban el camino.
- No te asustes. Es parte del viaje. Le decía su amigo.
Y llegaron a un sitio totalmente frío. No había vegetación. Era totalmente árido.
-Hace mucho frio, decía Pedrito.
Toma esta chaqueta. Yo estoy acostumbrado. Y de repente vio otros seres parecidos a Ónix. Solo que algunos eran como de 3 metros de altura. Los había de todos colores. Rojos, amarillos, violetas.
Bueno, pensó Pedrito, por lo menos tienen brazos y piernas.

Los nativos del planeta de Ónix eran muy amables. Al principio estaban tan extrañados como Pedrito. Sin embargo Ónix les habló en un extraño lenguaje y estos se calmaron. Ellos vivían en unas cuevas, y en el interior de la misma tenían una especie de calefacción que provenía de las rocas. Convidaron a Pedrito a comer algas. Pedrito no le gusto mucho la idea pero lo acepto por educación.
Después de comer Ónix convido a Pedrito a montarse en unos hipocampos. Eran como unos caballos marinos, pero que habitaban en la tierra. Pedrito los vio con mucho temor.No te preocupes son también pacíficos como aquellos seres que Uds. llaman perros.Pedrito se rio de su ocurrencia. Pero era verdad. A veces lo que no se conoce, también se teme.Pedrito nunca se había divertido tanto. Cabalgaron en los hipocampos por todo el valle rocoso. Llegaron a un charco de hielo.¡Que tal si patinamos con los zapatos! Le convido Pedrito a su amigo
¿Qué es eso? Le miro extrañado Ónix.
Entonces Pedrito le enseño. Mira, ¡Que divertido!
Ónix se animo, y aprendió a patinar, y gracias a su amigo impuso un nuevo deporte en su planeta. Los demás los miraban extrañados, no solo por la presencia de Pedrito, sino por lo que hacían. Pero se animaron hacer lo mismo. Y cuando se dieron cuenta tenían un montón de Orionenses patinando en el gran charco de hielo.
Debe haber transcurrido mucho tiempo, mi madre debe estar preocupada. Comento Pedrito.
-¡No te preocupes! El tiempo es muy lento en mi planeta, y además gracias a los viajes estelares, el tiempo varía mucho de tu planeta al mío.
Indudablemente tenía que aprender mucho de su amigo Ónix y su planeta. Sin embargo Ónix se dio cuenta que Pedrito se estaba cansando. Ya la pastilla energizante se le estaba acabando el efecto. Ya era hora devolverlo a su planeta. Pedrito se despidió de sus nuevos amigos. Y Ónix volvió con Pedrito a la tierra.
Al llegar a la tierra Ónix estaba hirviendo. Estaba más rojo que nunca.
-¿Que te pasa amigo?
-No puedo permanecer más tiempo en la tierra. El viaje me agoto. Tengo que devolverme. Me queda nada más una goma de mascar para los viajes estelares. Y si me quedo mucho tiempo aquí me enfermaré.
-¿Te volveré a ver?- Le pregunto Pedrito.
¡Claro! Cuando la luz de Venus se encuentra más cerca de tu planeta podré volver a visitarte- le contesto Onix.
Esto consoló a Pedrito. Se despidieron como dos grandes amigos que se conocían de siempre. Y Ónix le dijo antes despedirse con una gran sonrisa. ¡Hasta la próxima!
Todo esto demuestra que las amistades no tienen fronteras, y se pueden dar en cualquier sitio si nos damos el permiso para abrir nuestro corazón.

domingo, 9 de enero de 2011

El Delfin Escarlata






Cuenta una antigua leyenda marina que en un cierto tiempo existió un delfín de color escarlata. Sus amigos lo llamaban Candelita porque cada vez que venían las ballenas al arrecife, estas se burlaban de él y como no tenia sentido del humor se volvía cada vez más....más escarlata. Pero, lo que más le dolía a Candelita era que los demás delfines no lo aceptaban por su peculiar color rojo-escarlata, y eran tan odiosos cuando pasaban cerca del arrecife ya que ni siquiera se molestaban en saludarlo.

Sin embargo, Candelita contaba con el cariño y amistad de los otros peces del arrecife.
_No te preocupes Candelita, nosotros te queremos tal como eres. Además nos encanta tu color rojo-escarlata. Es diferente y bastante original. Le decían con cariño sus amigos.
Pero, Candelita a pesar de la amistad y cariño de sus amigos quería la aprobación de los otros delfines ya que había oído decir que con ellos podría viajar a grandes distancias y conocer lugares nunca imaginados.

El caballito de mar que habitaba en el arrecife lo comprendía muy bien y un buen día le dijo:
_ Mira, Candelita, sé que la sirena Hermelinda sabe de grandes hechizos y te puede ayudar, pero ten cuidado ella vive muy lejos de aquí y tú no conoces los peligros que puedes encontrar en el océano.
Sin embargo, Candelita deseaba tanto ser un delfín igual como los demás que decidió buscar a Hermelinda sin importar los peligros que encontrase en el camino.

Después de nadar grandes distancias, se encontró con un extraño pez de color púrpura con franjas anaranjadas.
_Tu no eres de por aquí, nunca te he visto, y que curioso eres, yo nunca había visto un delfín escarlata exclamó el extraño pez.
-Si, más de uno me lo ha dicho ya molesto con el mismo comentario comento el delfín
- Me llamo Púrpura. ¿Y tú? Pregunto el otro.
_Yo me llamo Candelita, por casualidad ¿tu sabes donde vive Hermelinda? Preguntó el delfín.
-Ella vive después de las 4 corrientes, pero ten cuidado en ella viven peces muy feroces Le advirtió Púrpura

¡Que corriente tan fría! Debo estar cerca de las cuatro corrientes, y que peces tan extraños. Indudablemente en el ancho de mar hay todo tipo de peces. Pensaba Candelita.
-¿De donde vienes amigo delfín? Le preguntaron a coro todos los peces.
_ Vengo de muy lejos y estoy en busca de la sirena Hermelinda. Le respondió Candelita.
_ iTen cuidado! Esas son aguas de tiburones. Le respondieron los demás peces.
_ por nadar por esas aguas, un tiburón martillo se ensaño conmigo y al tratar de escapar caí en un coral fuego, y mis pobres espinas se quemaron. Menos mal que mis amigos del arrecife me curaron con unas algas y así sanaron mis lindas espinas dijo un pez globo
_Tendré mucho cuidado amigo, muchas gracias le dijo Candelita despidiéndose.

De repente apareció un enorme tiburón, y ignorando totalmente a Candelita se dirigió a gran velocidad en dirección a un pececito escondido detrás de un coral fuego
-¿ Quién es ese delfín escarlata? y que hace por mis aguas? Tu sabes que no me gustan los intrusos Le dijo con antipatía el tiburón al pobre pececito que estaba muy asustado.

Ante la gran sorpresa de los otros peces, Candelita, que además era un delfín muy valiente, se dirigió rápidamente al tiburón y le dijo:
_ No te da vergüenza, que molestar así a un pequeño pececito
-¿Y quién eres tú para reclamarme? Le replico el tiburón a nuestro amigo.

En ese momento apareció una pequeña medusa y dirigiéndose hacia el tiburón le reclamo.
_Gruñón no seas tan detestable, acuérdate que hicimos un pacto con los delfines. Ellos salvaron a tus hermanos de caer en manos de unas gigantescas ballenas.
-otro Tiburón! y no se ve muy amigable. Mejor me escondo detrás de estas alguitas. Comentó Candelita
_Ni se les ocurra acercarse al delfín, ellos protegen además a las sirenas y Hermelinda se enojaría mucho si le pasase algo a alguna de ellas dijo la medusa a los tiburones.
_ No nos importa, ese delfín proviene del gran arrecife y nuestro hermano el tiburón martillo dice que allí habitan peces muy suculentos. Respondieron ambos tiburones. La medusa sin pensarlo dos veces le toco levemente con sus tentáculos a ambos tiburones y estos gritando de dolor se fueron nadando rápidamente.
_ Mis pobres aletas, mis pobres aletas se quejaban mientras se alejaban.
_ Mejor nos vamos de aquí antes de que esa medusa nos termine de quemar, pero esto nos se va a quedar así, ya sabrán de nosotros dijeron los dos tiburones furiosos.

Mientras tanto Candelita había hecho amistad con una pequeña sirenita.
_ ¿No me digas que tú eres Hermelinda? Preguntaba Candelita.
_ No, riéndose ante la ocurrencia, ella es la reina del arrecife. Allí queda nuestro reino Le dijo la sirenita.
_Hola pequeña, y quién es tu nuevo amiguito? Le pregunto una bella sirena a la sirenita.
_ Se llama Candelita, por cierto ha venido de muy lejos y quiere hablar contigo, HermelindaLe dijo la sirenita.

iY de repente! aparecieron dos grandes tiburones.
_ Les dijimos a ustedes que volveríamos Le dijeron los tiburones.
Candelita que ya estaba ya cansado de esos tiburones se dirigieron directamente a ellos y exclamo:
_ iDejen en paz a estas sirenas que ellas no les han hecho nada! y para sorpresa de este, se volvió cada vez más de un color rojo- escarlata
_Un momento amigos, ese es un delfín escarlata, la última vez que supe de uno de esos, supe que mi amigo, el pez piedra, se enfermó con graves manchas por todo su cuerpo al estar cerca de uno esos delfines. Así que yo me largo dijo un pez gris de largas antenas.
_ Mira, amigo, tienes manchas rojas por todo tu cuerpo_ exclamó uno de los tiburones.
_ Y tu estas de color verde, y me duelen mucho mis aletas, vámonos de aquí, ese delfín es peligroso dijo el otro.

Y fue así como Candelita se dio cuenta que su color rojo-escarlata tenía ciertas ventajas. Hermelinda en agradecimiento por haberla salvado de los tiburones, invitó a Candelita a que se quedase viviendo con ellos. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

viernes, 7 de enero de 2011

El Regreso


Capitulo XIII
El Regreso


Carlos lo dejo descansando hasta que se cicatrizaron sus heridas. La batalla ya había terminado. Eran muchas las bajas, y hasta unos de los dragones había sido mal herido.
- Ya me sintió mejor muchacho. Detrás de aquel árbol se encuentra mi caballo, si no es mucho pedir, ¿me podrías llevar hasta allá?- dijo el padre de Lucecita
- Ud no se encuentra en condiciones de cabalgar. Yo mismo lo llevaré a su hogar- le respondió Carlos.
Carlos lo acompañó y lo monto suavemente en el caballo, y con mucho cuidado fue alejándose del funesto campo de batalla. El muchacho le fue cambiando las vendas para mantenerle limpia la herida hasta que llegase a casa.

Les tomo 3 días llegar hasta el castillo. Sus súbditos lo recibieron con los brazos abiertos, aunque ya sabían todo lo que había pasado. Los centauros no habían vuelto, y solo había retornado el dragón escarlata.
Lucecita al verlo mal herido en los brazos de Carlos casi se rompe a llorar.
- No te preocupes lucecita. Solo necesita un poco de reposo-
El padre de Lucecita se recobró rápidamente, pero ya no era el mismo. Daba paseos por el jardín, y perdió el gusto por las armas. Carlos y Lucecita sabían que estaba muy arrepentido de sus acciones, y de cómo había arrastrado a sus Centauros a esa batalla. Lucecita nunca le reclamó nada porque sabía su sentir.
Un día Carlos le comunicó a Lucecita que tenía que volver a su hogar. Sus abuelos dependían mucho de él, y ya se había ausentado mucho de su hogar.
- Te voy extrañar mucho- dijo Lucecita sonrojándose.
Carlos la rodeo con sus brazos y le dijo:
- El destino es impredecible. Nunca se sabe cuales caminos se encontraran en nuestra vida-

Antes de emprender su regreso a su hogar, el rey le regalo una bella espada con una empuñadura azul celeste.
- Sé que esto no corrige el mal trato que te dí, pero es mi forma de dar las gracias. Eres bienvenido de venir cuando quieras- le dijo el Rey afectuosamente.
Carlos se despidió afectuosamente de sus amigos dejando a Lucecita en un mar de melancolía. Sabía en el fondo de su corazón que no era el fin de esta historia ya que al correr de los años se iniciaría otra, y su amiguita se encontraría en su vida. Lucecita también lo comprendió y, se dieron un bello abrazo de despendida.

FIN