viernes, 19 de mayo de 2017

La voz del Universo




Carlos era un niño como cualquier otro. Le encantaba jugar con su tableta, disfrutaba de jugar con los video juegos, y practicar  futbol todos los domingos en la tarde con sus amigos. Sin embargo, él tenía un gran secreto. Sentía una gran pasión por la Astronomía, y tenía un gran interés por conocer todos los secretos del Universo, y sus misterios.

Sus padres vivían en otro mundo ocupándose de su rutina diaria, y cumpliendo sus responsabilidades laborales. Se encontraban tan concentrados en su vida de día a día que no se percataron nunca del interés de su hijo por la Astronomía y el Cosmos. El sueño del niño era adquirir un Telescopio para poder visualizar el firmamento más de cerca en las noches, pero ¿Cómo haría? Sabía que eran muy caros, y estaban fuera del presupuesto de sus padres, y él no tenía tampoco dinero para un gasto tan grande así que se conformó con visualizar los documentales en la televisión.

Sin embargo, inesperadamente se le presento una gran oportunidad. En la escuela se trabajaba mucho con las comunidades, y se había planificado la exposición de representantes que trabajaban en diferentes roles, y entre ellos asistieron investigadores en Ciencias como un Astrónomo que provenía del Observatorio Nacional  Kitt Peak. Eso contento mucho a Carlos, y escucho con ávido interés toda la exposición del investigador. El observatorio se encontraba muy equipado. No solo poseían inmensos Telescopios bien equipados sino había registrado los sonidos de los planetas cercanos a la tierra mediante ondas de Plasmas. Este descubrimiento intrigo mucho a Carlos. El Investigador insistía con seguridad que el universo tiene su propia voz, y si escuchamos con detenimiento podemos detectar un coro musical en cada uno de los astros, planetas y estrellas.
La profesora María además les tenía una sorpresa a sus alumnos que los muchachos no esperaban.
-Muchachos, él es el profesor Smith. Él trabaja en el Observatorio Astronómico de Kitt Peak, y les tiene una propuesta a todos ustedes. Escúchenlo con atención. Sé que les encantara- dijo la profesora sonriendo.
-Hola muchachos. Para mí es muy grato ponerme en contacto con gente joven. Sé que todos ustedes tienen muchas preguntas, y que la pasión de observar el firmamento en las noches es de muchos. Por ello les tengo una propuesta. Necesitamos unos pasantes para verano que nos ayuden a mis colegas, y que estén por supuesto a aprender, pero  para ello necesito que los interesados me hagan un pequeño escrito acerca del porque los apasiona la Astronomía, y que les gustaría aprender con nosotros.
Carlos tenía tantas preguntas, y no sabía cómo empezar.
-¿Por cuánto sería la pasantía? ¿Dónde viviríamos? ¿Cómo pagaríamos la comida?- pregunto Carlos curioso y entusiasmado.
- La pasantía seria por tres meses. En el centro hay suficiente espacio para dormir, y la comida la pondremos  nosotros. Realmente necesitamos gente joven que nos ofrezca nuevos puntos de vista en nuestras investigaciones. Por los momentos tienen que concentrarse en elaborar el ensayo. – respondió el profesor.
-Pero ¿Cómo se manejaría el permiso con nuestros padres?- pregunto el muchacho.
-Llegaremos a eso después más adelante cuando los pasantes hayan sido seleccionados.
Carlos no era el único que sentía esa pasión. Gran parte de sus compañeros también sentían esa curiosidad por la Astronomía. Lograr la pasantía no sería fácil, pero eso no desmayo sus ideas de luchar por su sueño.

El corazón de Carlos latía fuertemente. Estaba tan emocionado, y contento. Nunca pensó que se le iba a presentar una oportunidad de ese género.
-Bueno, muchachos les dejo esa tarea. Espero que todos se entusiasmen- dijo el profesor despidiéndose de la clase.
La profesora también estaba muy contenta. Involucrarse en este tipo de actividades en un gran estímulo y reto para sus alumnos. Realmente no cabía de gozo.
-¿Alguna pregunta del trabajo que les asigno el profesor Smith? Recuerden que tiene que ser excelente para optar a la pasantía. Recibiré los trabajos en un mes, así que esmérense -dijo la profesora.
Durante el receso todos los muchachos hablaban del trabajo.
-Eso va ser pan comido- dijo Luis, quien tenía una vasta biblioteca de astronomía en su casa.
-No cantes victoria. Tienes competencia- dijo Luisa señalando a Carlos.
-Él ni siquiera un Telescopio, además sus padres no se lo permitirían- respondió despectivamente.
-Eso lo veremos. Podría darte una sorpresa- respondió Carlos
Los demás ignoraron los comentarios de Luis, sabía que podía ser muy antipático. Sabían que Carlos podía ser un fiero competidor contra Luis. Lo conocían bien, era de las pocas personas que cuando querían lograr algo no descansaba hasta conseguirlo.
El muchacho llego a su casa muy emocionado. Por los momentos no quería decirles nada a sus padres. Se fue directamente a su habitación, y saco su libreta.
¿De qué escribiré? Definirla es muy fácil, pero tiene tantas implicaciones. El Universo es tan grande y abarca un sin número de fenómenos celestes, es lo que más me llama la atención,  pero lo que más me intrigó fueron las palabras del Astrónomo: “El Lenguaje del Universo”. Debe ser muy interesante oír grabaciones de otros planetas e incluso del mismo sol. Leí en una revista que se podía hacer, y que sin ir muy lejos la misma Tierra late como si tuviera un corazón propio, pero es solo una teoría, y con todos esos pensamientos Carlos se puso manos a la obra.
Sin embargo, el muchacho no solo se esmeró en realizar la composición. Después de que elaboro su borrador ya contento con lo que había escrito, tomo un cuaderno y lo decoro con un paisaje del Cosmos tomando como referencia unas fotografías tomadas del telescopio Hubble. Carlos quedo muy contento con su trabajo, estaba muy convencido de que tenía una gran oportunidad de ganar la pasantía.

La fecha de entrega de los cuadernos llego pronto. Todos los muchachos del salón se habían involucrado, y algunas niñas. Fue una gran experiencia para el grupo.
-Veo que han trabajado muy bien. Muchos cuadernos están impecables. Me comunicaré con el Director para enviárselo al profesor lo más pronto posible- dijo la profesora.
Todo el grupo estaba muy emocionado. Se preguntaban ¿Quién ganaría? Todos habían trabajado muy duro. Solo había un cupo de cinco pasantes.

El material llego pronto al Astrónomo, y al revisar los trabajos quedo muy satisfecho. Todos estaban muy buenos, pero había algunos que se habían destacado más. Le gusto el de Carlos, una niña llamada Luisa, Pedro, y Luis que no le convencía mucho porque se notaba que lo habían ayudado muchos sus padres.

Antes de llegar las vacaciones escolares, el Astrónomo llego a la escuela, y les dio las buenas nuevas a los alumnos. Les entrego a los ganadores una perisología para ser entregada a sus padres ya que la pasantía se iba desarrollar en tres meses.
-Los ganadores tienen que hablar rápidamente con sus padres ya que de ello depende que puedan ejercer la pasantía. No creo que haya problema. Estoy deseoso de tenerlos en el Observatorio-
Carlos permanecía cabizbajo. No sabía cómo comunicarse con sus padres. Ellos ni tenían idea de su pasión por la astronomía.
El profesor observo directamente al muchacho.
-¿Te pasa algo? Tu trabajo es uno de los mejores, y me encantaría tenerte allá- dijo el investigador.
-Mis padres no saben nada, y ni siquiera saben de mi interés por la Astronomía. No sé si me lo permitirán.- respondió con tristeza.
-Le voy a dejar mi teléfono a tu profesora en caso de cualquiera dificultad- le dijo amablemente.
A la salida de la escuela, Carlos llego muy emocionado a su casa. Sus padres estaban esperándolos para comer, y entonces fue cuando el muchacho les comunico todo.
Su madre se puso muy contenta. No se imaginaba que su hijo iba a llegar tan lejos.
-Te felicito hijo, haremos todo lo posible para que vayas- le dijo su madre cariñosamente.
En cambio su padre estaba muy dudoso. No le gustaba tener el muchacho lejos, era muy desconfiado, no sabía qué clase de personas eran
-Yo creía que solo te interesaba el deporte. Eso son palabras  mayores. Sabes que no te podemos costear el pasaje y la estadía- dijo su padre severamente
-Eso lo paga el observatorio-dijo el muchacho.
-Veremos, tengo muchas dudas- dijo el padre del Carlos no muy convencido.
El muchacho se sintió tan mal que perdió el apetito, y pidió permiso para irse a su cuarto sin antes manifestarle que siempre había sonado una oportunidad como esa. Había trabajado muy duro para ganar la pasantía.
-Luis deja que el muchacho vaya. Son solo tres meses, y a lo mejor es bueno para él, y su futuro- dijo la madre de Carlos.
-No estoy seguro. Además si ese investigador enamora a Carlos con la carrera, ¿Cómo podremos pagárselo?-
-Realmente no sabemos que va pasar. Son solo tres meses-
-Lo pensaré- dijo su padre firmemente en su decisión.
Carlos pasó los siguientes días muy deprimido. Apenas ponía atención a las clases. La profesora se dio cuenta, hablo con él.
-Estas muy distraído últimamente ¿Qué te pasa? Deberías estar muy contento por la idea al observatorio-dijo su profesora
-No me van a dar permiso, mi padre está muy renuente. No le gusta tenerme lejos, y además no le interesan las Ciencias- dijo el muchacho tristemente.
-Me comunicaré con el Observatorio. No puedes perder esa oportunidad. Eres un estudiante muy inteligente, y no voy a dejar que te desanimes por ese contratiempo- dijo la profesora dándole un abrazo.
-Gracias profesora- dijo Carlos casi con lágrimas en los ojos.
La profesora no perdió tiempo. Sabía que el padre de Carlos era difícil, pero era una excelente oportunidad para el muchacho. El investigador se dio cuenta del problema, y fue muy comprensivo.
-Entiendo, sería una lástima, ese muchacho tiene un gran potencial. Deme su dirección que voy a ir a la casa de sus padres. Sé cómo manejarlo- dijo el investigador por el teléfono.
-Te tengo buenas noticias. El profesor va hablar con tus padres el fin de semana- dijo la profesora.
Eso no se lo esperaba. Carlos estaba muy deseoso de ver la cara de su padre.
El fin de semana llego rápido, y una noche tocaron a la puerta.
-¿Quién será? Ya vamos a cenar- dijo gruñendo.
-Voy abrir- dijo la madre rápidamente.
Era nada más ni nada menos que el Astrónomo. Ahora, ¿Qué pasaría?
-Soy el profesor Smith. Trabajo en el observatorio Kitt Peak, y su hijo gano una pasantía por tres meses. El muchacho me dijo que no lo van a dejar ir. Es una tristeza, tiene un gran potencial. Yo diría que su trabajo fue el mejor-
-Es mucho tiempo dijo su padre. Además, si hay gastos de comida no podemos pagárselo-
-¿Carlos no les comunico nada? Todo eso va por cuenta nuestra, el pasaje, estadía y comida, inclusive si quieren asistir un fin de semana les enseñaríamos los alrededores- dijo el investigador animando a los padres.
- No ves que el muchacho se muere por ir. Además, esta oportunidad no se presenta todos los días. Deberías estar orgulloso de tener un hijo tan inteligente- dijo la madre
El padre de Carlos dudo bastante hasta que accedió.
-Eso sí, el primer fin de semana queremos ver como esta nuestro hijo-
-Aquí le dejo mi teléfono. Espero que no haya ningún problema- dijo el Astrónomo.
Carlos estaba tan contento que abrazo a su padre. Se sentía tan feliz.
-¿Por qué no me dijiste nunca nada? No sabía nada de tus intereses-
-No sabía cómo, siempre estabas ocupado- dijo el muchacho.
-Bueno, el próximo fin de semana nos vamos. Es un largo viaje. Mandare a mis colegas con el transporte para buscarlos a todos- dijo el profesor
Carlos acompaño al investigador hasta la puerta hasta donde se despidió con cariño del muchacho.
-Lo importante es ahora organizarse. Hijo, tienes que contarnos todo aquello que te motiva. Siempre estaremos para apoyarte aunque no lo entendamos- dijo su padre.
-Ahora, ve a descansar- dijo su madre
Llegaron pronto las vacaciones, y el bus recogió a los muchachos para llevarlos al observatorio. Todos estaban emocionados. Luis solo hablaba de como había trabajado en su cuaderno, y del Telescopio que tenía en casa. Tenía a los demás fastidiados. Carlos lo ignoro, se encontraba muy contento, y el insoportable de Luis no le iba arruinar su alegría.
La pasantía fue una gran experiencia para todos. Carlos aprendió a usar el Telescopio. Era tan emocionante ver las estrellas todas las noches, y decidió llevar un diario de sus observaciones. Ya se había familiarizado con todas las constelaciones, y el conocimiento de todos los fenómenos celestes. Permanecía despierto hasta tarde para disfrutar más de la experiencia.
Carlos le pidió al Astrónomo que le gustaría escuchar el sonido de los astros en las grabaciones registradas por el Hubble.
-Por supuesto. Vamos hacerlo juntos, y quiero escuchar todas tus opiniones-
Carlos escuchaba con atención las grabaciones. Para él era fascinante. Nunca se hubiese imaginado que el universo tuviese tantos sonidos.
-He leído que la Tierra también manifiesta sonidos por sus ondas electromagnéticas- dijo el muchacho.
-Es cierto. El Universo tiene su propia voz. Unos tan diferentes de otros. Incluso el mismo sol. Por ahora solo conocemos algunos ya que dependemos de los registros del Hubble- dijo el Astrónomo viendo la curiosidad del muchacho.
El profesor les exigió a todos llevar un diario, y se los revisaba semanalmente. Todos estaban muy buenos, pero el de Carlos era el  mejor.  El muchacho registro todo con diagramas muy detallados sus observaciones, y descripciones bien precisas acerca de las grabaciones del Hubble. Realmente era un placer percibir  en como disfrutaba aprender cada vez más  de las estrellas. Le recordaba como era de niño. El muchacho tenía mucho potencial.  Le gustaría trabajar  con él en el futuro. La pasantía llego a su fin. El investigador los felicito a todos, y los animo a todos a seguir trabajando en sus casas. Sabía que la mayoría tenían Telescopios personales.
-Fue muy divertido. He aprendido mucho- dijo Carlos con entusiasmo-
-Puedes seguir trabajando en casa- dijo amablemente
-No tengo un Telescopio- dijo el muchacho tristemente.
-Tus anotaciones son una de las mejores. Es una lástima- dijo el profesor.
Llego el día, y regresaron a sus respectivos hogares. Carlos no se cansaba de contarles a sus padres todo lo que había aprendido y disfrutado en la pasantía.
Un buen día  cuando llego Carlos de regreso de la escuela sus padres lo detuvieron.
-Siéntate, te tenemos una sorpresa- dijo el muchacho
-Recibimos un paquete del observatorio con esta tarjeta- dijo su madre
-¡Ábrelo! Estamos esperando- dijo su padre también nervioso.
Carlos abrió el paquete rápidamente. Era un Telescopio, y de los últimos que habían salido del mercado.
-El profesor quedo fascinado contigo, me dejo dicho que si sigues manteniendo interés en la Astronomía le gustaría trabajar contigo facilitándote al final de tu bachillerato una beca-dijo su madre muy emocionada.
Carlos no podía estar más contento. Había aprendido tanto en el Observatorio, y lo había disfrutado muchísimo. Era su sueño  hecho realidad. Por ello tenemos que luchar por lograr nuestros sueños en realidad a pesar de que las circunstancias no ayuden en el camino.

“Todo se logra con perseverancia, amor y dedicación porque es la única manera de abrir muchas puertas maravillosas en nuestro camino de vida”.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La llamada del mar




Carlos recordaba desde su más tierna infancia  la sensación de una paz infinita al navegar por el mar. Disfrutaba del olor del aire marino, la presencia de los delfines y la llegada de los peces voladores bien temprano en la mañana. Le gustaba sentir con sus pies descalzos la textura de la arena, el saludo de los pequeños cangrejos que aparecían al salir de las madrigueras a media mañana. Aunque conocía bien el mar siempre lo respeto. Sabía que cuando las aguas estaban turbulentas aparecían las medusas que quemaban como el fuego mismo como aquellas extrañas algas que aparecían desde lo más profundo del mar.
El joven vivía en las costas de Grecia, eran unas playas paradisiacas. Eran cristalinas como el agua de los ríos de la montaña salvo que tenía muchas piedras por lo que había que tener mucho cuidado al anclar su navío, Sin embargo algo en las playas estaba cambiando. Todo ocurrió después de una tormenta marina. Fueron dos días de lluvias torrenciales, y el mar había arrastrado muchas algas hacia la orilla. Carlos percibió que estas no eran nada ordinarias. Estas eran de diversos colores, y no como aquellas verde esmeralda que tanto conocía, y el olor fétido que provenía de las aguas tampoco le gusto.
Carlos a pesar de que era un muchacho tímido e introvertido era muy querido por todos aquellos que hacían vida en el puerto. Sentían que aquel muchacho tenía en su personalidad el mismo misterio que provenía del mar, y era respetado por todos. Desde pequeño se aventuraba en su pequeño peñero con su padre a pescar en la noche, y madrugadas trayendo la mejor pesca de atunes, y sardinas. El muchacho no decía nada, pero sentia el dolor de los atunes al ser atrapado en las redes. Sabía que tenían que comer, y por ello no expresaba libremente sus ideas.
Era un excelente nadador, y se sumergía en las profundidades del mar recogiendo perlas marinas en donde nadie podía alcanzarlas. Llego a ser tan diestro en ello por lo que saco buen aprovecho ya que se lo ofrecía a buen precio a los comerciantes del puerto, y con ello vivía su familia.
El muchacho no sabía de donde provenía ese olor fétido de las aguas. ¿Sería un barco que derramo alguna sustancia tóxica? Muchos peces habían muertos contaminados por lo que la economía de los comerciantes se contrajo notoriamente. Algunos niños murieron intoxicados ya que sus padres no previeron  de  la enfermedad de los peces.
Los habitantes del puerto se reunieron, y decidieron hablar con Carlos. El sabría qué hacer. Ese día se encontraba limpiando su navío y percibió la llegada de una multitud
-Hola Carlos. Necesitamos tu ayuda. No hay pescados en alta mar. Muchos se encuentran muertos, y ya nuestras familias apenas tienen para comer ¿Podrías ayudarnos?- dijo un hombre ya de edad
-¿Será un barco que ha contaminado las aguas?- dijo una mujer.
-Realmente no he visto barcos desconocidos en el mar. Es muy extraño, pero los ayudaré.- respondió Carlos con preocupación
-Sabemos que conoces estas playas como la palma de tu mano. No tenemos a quién acudir- dijo   un hombre aproximadamente de 30 años.
-Entiendo su preocupación. Iré mañana temprano hacia el alta mar- dijo el muchacho.
La multitud se sintió aliviada, sabían que solo él podría ayudarlos.
Carlos se levantó muy temprano y se despidió de sus padres esa madrugada. Realmente no sabía que encontraría durante su travesía. Su madre percibió la preocupación de su hijo.
-Ten cuidado hijo. No corras riesgos innecesarios- dijo su madre con lágrimas en los ojos.
-Aléjate de los tiburones- dijo su padre preocupado dándole un abrazo de despedida.
-No se preocupen. Vendré pronto. Cualquiera diría que no me van a ver más-respondió el muchacho.
Ambos hicieron silencio. Su hijo todavía para ellos era un gran enigma. Tenían temor que el mar lo llamase. Carlos era una criatura parecida a aquellas que habitan en el mar. Nunca entendieron su afán por permanecer cerca del océano. Se despidieron de él con un gran abrazo sospechando en sus adentros que tal vez no lo volverían a ver otra vez.
Los temores  de sus padres no estaban muy lejos de la realidad. Carlos desconocía con que se podía encontrar en el viaje.
El muchacho soltó las amarras del puerto de su navío, y se embarcó en alta mar. El olor fétido de las aguas le daba nauseas, y el sonido del viento al navegar hacia alta mar era ya para él desconocido. A medida que se fue adentrando en el mar las aguas habían adquirido otro color. Eran más transparentes, y el gentil olor marino llenaba agradablemente sus pulmones. ¿Qué raro? ¿Por qué la diferencia en las aguas?
Ya era casi el anochecer, y sus ojos se estaban cerrando cuando sintió un chapoteo en las aguas. Abrió los ojos despertándose súbitamente  ¿Qué es eso? No parece un delfín Tampoco es un pescado. Ante su sorpresa pudo percibir un ser mítico. Sus padres le habían hablado de ellas. Era una sirena. Tenía el cabello verde esmeralda, y una cola de pescado. Nunca había visto nada así. Sus padres le habían advertido acerca de ellas. Decían que hipnotizan a los marineros haciéndolos perder el rumbo de sus navíos. Carlos no creía en ello. Ningún ser marino era dañino. Éramos nosotros que a veces pescábamos a los peces por diversión. Conocía esos hombres que venían de la ciudad. Pescaban grandes atunes, y peces espada solo para exponerlos un trofeo.
La sirena siguió nadando cerca de la nave de Carlos. No estaba sola. Se encontraba acompañada de delfines que jugaban alegremente con ella. El muchacho le sonrió saludándola con su mano pensando que tal vez podría ser amigable. Tal vez ella sabría por qué la contaminación de las aguas.
La sirena se le quedo mirando fijamente como si hubiese adivinado el  pensamiento de Carlos, y ante la sorpresa del muchacho hablo. Carlos no le entendía muy bien. Su voz era muy aguda, pero puso atención, y pudo comprender sus palabras.
-¿Vienes de muy lejos? ¿No te da temor el mar? Estas aguas pueden ser muy peligrosas- dijo la sirena.
-Provengo de aquel puerto. No se puede divisar bien. Sin embargo allá las aguas están contaminadas. Es muy extraño ya que aquí las aguas son limpias y transparentes. Tampoco he visto ningún navío que haya podido contaminar las aguas- dijo el muchacho sorprendido.
-El mar ha hablado. Ha enfermado. Por eso despide esas aguas. Tu pueblo no ha respetado mucho el mar. Pescan los peces sin misericordia, y ellos sienten el dolor al ser pescados- respondió la sirena.
-Es su único medio de alimentación, pero reconozco que de la ciudad llegan esos turistas, y a veces contaminan las aguas del mar- respondió tristemente.
-Ese es el llamado del mar. Quiere que escuche su lamento. No podemos hacer nada ni siquiera las ballenas y delfines quienes son los mensajeros del mar- dijo la sirena.
-Es cierto. Los delfines que jugaban en mi niñez tanto conmigo no los he visto más- dijo tristemente.
-Ellos también sienten el dolor de los mares-
-¿Qué puedo hacer? No quiero que sigan muriendo los peces, y más niños-
-Nosotros no podemos hacer nada-dijo tristemente
-¿Quiénes? ¿De qué hablas? ¿Existen otros como tú que se pueden comunicar con los humanos? - preguntó el muchacho.
-No lo hacemos con todos. Lo he hecho contigo porque me di cuenta de tu  arraigo con el mar-dijo la sirena.
Carlos la miro sorprendido. Ahora entendía, pero ¿Qué podría hacer él? Pocos sentían la voz del mar ¿Cómo podría ayudar?
El navío se desplazaba rápidamente, y Carlos sentia la calidez del viento, y la brisa marina al desplazarse el barco por las aguas. Pudo percibir algo a la lejanía que se acercaba rápidamente. No podía ser. Era una ballena gris azulada que hacía juego con el color de los mares.
El cetáceo se acercó dejando una distancia al navío de Carlos. Tenía miedo. No sabía si ese humano era dañino. Sabía que muchos de ellos cazaban su especie, pero pudo percibir que Diamantina conversaba con el muchacho. ¿Cómo la entendía? Los humanos no entendían a los seres marinos.
La ballena se dirigió al muchacho y también le dijo unas palabras.
-¿Cómo te llamas? ¿Qué haces tan lejos de tu casa? No es bueno que te encuentres solo-
-Estoy explorando y averiguando por qué nuestras aguas están contaminadas-
-Diamantina ya te explico-
-Si. Reamente lo siento mucho. No sabía que el mar también se podía enfermar-respondió el muchacho.
-¿Qué piensas hacer? Nosotros también necesitamos que estas aguas estén limpias. Ahora están sanas, pero podría infectarse también si los humanos no son consciente de la vida que se encuentra a su alrededor. Uds. creen que están separados, y que son los amos de todo. Somos también su familia con la diferencia de que percibimos el dolor del mar.
El muchacho no sabía que responderles. Tenían razón. Hemos sido muy inconscientes. Tendría que pensar en algo.
-Ya pensaré en algo.  No voy a permitir que se siga enfermando el mar, aunque no va ser fácil- respondió el muchacho.
-Te dejaremos para que decidas- dijo la ballena alejándose rápidamente.
Diamantina se le acerco. Pudo percibir que el muchacho era de buen corazón, y valoraba la vida del mar.
-Te voy a regalar algo. Tal vez te sirva. Es un medallón mágico. Al ponértelo y al ponerlo en contacto con el sol proyecta la vida de los mares. Tal vez te servirá de ayuda.-
-Muchas gracias- respondió el muchacho amablemente tomando el medallón en sus manos.
-Espero que puedas hacer algo. Dependemos también de ti, inclusive los tiburones más fieros que habitan en alta mar disfrutan de la vida en los océanos. Son seres incomprendidos. La agresión de los humanos hacia su vida es lo que los pone violentos.
La sirena se alejó con los delfines. Estos chapoteaban alegremente en el mar.
Carlos de despidió de ellos con melancolía. Le gustaba su compañía. Que pocos conocemos el enigma del mar y sus diversos animales y vida marina. Realmente debería hacer algo, y con ese pensamiento en su mente tomo una decisión  No descansaría hasta que en el pueblo comprendieran el valor de la vida marina.
Decidió tomar tomar el regreso al puerto. Respiro fuertemente el aire marino para después poder tolerar ese olor repugnante que había en las playas cercanas a su hogar. A medida que se acercaba se dio cuenta que nada había cambiado. Las orillas de la playa tenía el mismo semblante. Turbulentas, y sucias cubiertas de algas y líquenes.
Al llegar lo recibieron los pescaderos del puerto. ¿Qué noticias traería? ¿Podría Carlos ayudarlos?
Carlos los miro con impaciencia, y tristeza.
-Lamento decirles que no hay ninguna fuente de contaminación. No encontré ningún barco o embarcación que contaminara las aguas- dio con paciencia
-¿Qué haremos? Es como si el mar se hubiese enfurecido contra nosotros- dijo una mujer mayor
-En eso tienes razón. Las aguas del mar están dolidas. Ellas sienten el desprecio que le hemos hecho. El atropello que hemos hecho hacia la vida marina-
-Pero, Tenemos que alimentarnos- dijo un joven de veinte años un poco molesto.
-Pero, tampoco podemos abusar del mar. La pesca deportiva es un crimen grave como el cautiverio de animales marinos- dijo seriamente Carlos.
Dentro del grupo de personas se encontraba el abuelo de Carlos. Conocía el corazón del muchacho  muy bien. Tenía razón. Las jóvenes generaciones habían ofendido al Dios de los mares, y estaba pasando factura.
-Entonces, todo está perdido- dijo una comerciante.
-No necesariamente. Dependerá de Uds., y como nos organizamos. Por lo menos en nuestro puerto- dijo gravemente.
-¿Qué sugieres?-dijo un pescador ya cansado de las trivialidades de Carlos
-Educar a los más niños para respetar al mar. Evitar que esos citadinos vengan a nuestras playas, y hagan pesca deportiva, y evitar botar los desechos al  mar. Hay otras formas. Se puede hacer reciclaje para abonar las plantas- dijo Carlos.
-Solo tenemos una escuela, y se encuentra lejos del pueblo ¿Quién podrá enseňarlo a nuestros hijos tus ideas?-
-Yo puedo ayudar- dijo Carlos ofreciéndose.
-Entonces todo es cuestión de tener fe y esperanza, y e involucrarnos en el rescate del mar- dijo el abuelo de Carlos.
Carlos estaba muy decidido e iba todos los días a la escuela hablar con los más pequeños bajo consentimiento de la profesora. Le relataba historias que fascinaba a los chicos, y el medallón les ilustraba en cómo era realmente la vida de los océanos , y como podían hacer para cuidarla. El medallón era fascinante. Incluso el mismo Carlos nunca había visto tanta vida marina. “Que equivocados estábamos” Tenía razón la ballena, éramos una gran familia, y teníamos que cuidarnos unos a otros.
Por otro lado el resto del pueblo no permitió más la pesca deportiva ni el cautiverio de peces. Carlos tenía razón. Ellos merecían ser libres. El mar era su hogar. Con el tiempo las aguas volvieron a limpiarse. Por los menos en las playas del puerto, y en las costas cercanas.

Sería maravilloso que nosotros como familia humana incorporáramos el respeto, y cuidado de todos los seres vivos. Inclusive la marina. La calidad de vida mejoraría, y no habría tragedias en el medio ambiental. Me parece que es el sueño de todos. Vivimos en un lindo planeta, aunque suene paradójicamente la vida del mar es parte de  nuestra gran familia humana ya que convivimos todos en nuestro querido planeta azul.

sábado, 6 de mayo de 2017

El mensaje de Luz Plateada




Nuestra bella Tierra es un ser vivo presente en el cosmos como todos los demás planetas, galaxias y constelaciones existentes en el universo. Ella siente la alegría de las aves, la libertad de los delfines, el valor de las fieras y el amor desinteresado de todas las pequeñas criaturas del reino animal. Escucha atentamente las plegarias de los grandes cedros gigantes, el clamor de las flores y pone atención al susurro de los ríos, y al reclamo de los océanos y mares.

Ella sabe que el camino de la vida es la paz pero tampoco comprende ¿Por qué los humanos olvidaron convivir en paz? ¿Por qué se separaron de su verdadera esencia? ¿Por qué se dividieron? ¿Por qué se generó tanto miedo, y odio en la humanidad si su entorno recibe tantas bendiciones? ¿Cuál es la necesidad de competir y ser unos mejores que otros? ¿Por qué se olvidaron de escucharse ellos mismos?

Ella le ha brindado tantos regalos a la humanidad, y ya está cansada. Tanto ruido, y odio le duele por eso vibran sus entrañas, los volcanes erupcionan, los terremotos y maremotos surgen y los diluvios aparecen. Sin embargo le está dando una nueva oportunidad a la humanidad. Ella les está hablando. Les está comunicando su dolor. La humanidad tiene que cambiar.

Todos son sus hijos. Nunca se ha olvidado de bendecir a ninguno, pero el hombre se olvidó de escuchar a su corazón y descubrir su paz interior para ayudar a otros. Y todo ello le ha hecho tanto daño porque la humanidad es parte de su esencia.
Ahora es diferente. Tienen que escuchar como late su corazón. ¿Tendrán la capacidad de escucharla? O ¿Serán algunos pocos? La humanidad hace tanto ruido que  no escucha la voz del universo, el lenguaje del viento, los sonidos luminosos como la aparición de un bello Arcoíris, y el misterio significado de los eclipses. Solo los niños son sensibles a ellos, pero lamentablemente lo olvidan a medida crecen.

Todo esto lo pensaba nuestro querido planeta azul. La amable Luna no sabía cómo consolarla, y el catire que le brindaba su luz no sabía qué hacer.
-Dales una oportunidad a tus hijos. Los humanos no comprenden todavía, pero entenderán- le decía Catire
-Es cierto. Desde que me colonizaron, y me visitaron buscan más allá de las fronteras- dijo Blanquita
-Escuche que quieren conquistar a Marte- dijo tristemente el Catire.
-Es absurdo. Como van a conquistar otro planeta si ni siquiera quieren el suyo, y tampoco  se aman a ellos mismos- dijo Blanquita más severa.
-Habrá que brindarles unas señales- dijo el Catire pensativo.
-Más señales. Ya me he comunicado mucho con ellos, y me escuchan – dijo tristemente.
-Podríamos hablar con Luz Plateada- dijo El Catire
-Ese cometa es muy temperamental- dijo Blanquita.
-Hay que ayudarlos- dijo el catire quien amaba profundamente a su querido planeta azul
Luz Plateada se encontraba de viaje, paseando por la cercanía de otros planetas, y escucho el susurro de Blanquita y Catire, y decidió visitarlos y pasar cerca de ellos.
Luz Plateaba estaba más guapa  que nunca. Se había vestido con un traje luz escarchado formado con la luz de varias estrellas, y estaba deseosa de mostrarse cerca del planeta azul.
Pasaron meses hasta que Catire la diviso.
-Mira quien viene a visitarnos- dijo gentilmente Catire.
-Es Luz Plateada, y esta bellísima. ¿Qué dirán los humanos cuando la vean?- dijo Catire un poco celoso.
-Algunos se asustaran, otros admiraran su belleza- dijo Blanquita.
-Pasaré cerca del Mar Atlántico- dijo Luz Planteada
-Te deseamos suerte- dijo Blanquita muy dudosa de que surgiera algún cambio en la humanidad.

Cuando las grandes naciones se percataron de la cercanía del cometa se organizaron todos los países para grabar su presencia en el firmamento. No contaban con algo esencial. Su presencia iba dañar todo el sistema electrónico construido por el hombre, y poco podrían hacer porque no tenían tecnología avanzada para sobrevivir a la energía luminosa del cometa.

Luz Plateada cambio de planes. Les dejaría un mensaje. Dio una vuelta por el planeta Azul y se despidió como vino.  Durante su trayecto se derrumbó todo el sistema electrónico, y las redes tecnológicas.  La electricidad desapareció incluyendo todas las redes telefónicas y de Internet. Ahora recapacitarían. Por lo menos eso pensaba Luz Plateada.

Fueron días oscuros para nuestro planeta. La humanidad no sabía qué hacer. Habían dependido tanto de la tecnología y habían perdido  la conexión con los demás, pero después de las dificultades surgió la esperanza porque eso si tiene la humanidad es luchadora y capaz de realizar grandes cambios en las adversidades. Comprendieron con el tiempo que estaban muy equivocados, y tendrían que ayudarse unos a otros. Gradualmente aprendieron a sembrar, y compartir la cosecha. Al principio fue muy duro porque el egoísmo estaba presente en muchos corazones, pero el tiempo es una bendición. Y el hombre aprende a través de las circunstancias adversas.

Nuestro querido planeta azul se dio cuenta que venían tiempos difíciles para la humanidad así que los bendijo con lluvia, y tierra fértil, y en todos aquellos lugares cubiertos de desiertos, surgió vegetación.  Esas tierras se cubrieron de lagos, y valles  propicia para ser sembrada porque así era nuestra Madre, amorosa, y nunca olvidaba a sus hijos.


Se eliminaron las naciones y el planeta funciono como una unidad, y aprendieron a respetar las diferencias y a convivir en paz porque el camino a la paz es la convivencia, y en ocasiones las grandes tribulaciones son las que contribuyen a surgir nuestra verdadera esencia y humanidad.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Lenguajes Interdimensionales





Desde tiempos inmemorables nos comunicábamos con nuestros amigos de las estrellas comprendiendo que su lenguaje era tan distinto al nuestro. Ellos se comunicaban con nosotros en aquellos tiempos con otras frecuencias, y en ese entonces los escuchábamos, y establecíamos contacto con ellos ya que nuestros amigos sabían de nuestras intenciones auténticas desinteresadas de amistad. En esos tiempos escuchamos el lenguaje secreto de los ríos, el susurro del viento, y podíamos percibir por horas con gran regocijo un bello amanecer como atardecer brindando gratitud  a tantas bendiciones,  y es allí cuando aparecían nuestros amigos de otras dimensiones.

Los Indios Americanos comprendían ese lenguaje ya que agradecían al “Gran Espíritu” de la tierra todas las bendiciones. Lo mismo ocurría con los Celtas, y fue en la Edad Media cuando apareció la Magia, y escritura de leyendas  tales como las de Merlín y el Rey Arturo. Todo estaba conectado, ya que la sencillez hacia acto de presencia en la vida diaria.

Sin embargo en el hombre apareció la sed de conquista y de adueñarse de territorios ajenos, y así fue que se formaron gradualmente los países y se fue olvidando gradualmente el concepto de unidad, y nos fuimos separando unos de otros. Llego la era Industrial, y después la época Tecnológica, y nos olvidamos de bendecir a la Naturaleza, y nuestro querido planeta fue sufriendo gradualmente hasta llorar de melancolía. Nuestros amigos de las estrellas desaparecieron asustados de tantas aberraciones ya que el hombre se olvidó de la gratitud, generosidad y de escuchar a  su corazón.  Sin embargo, siempre nos vigilaban porque pensaban que debíamos ser rescatados aunque no lo merecíamos. Sin embargo no todo está perdido. Hay un gran número de movimientos ambientales, y muchos docentes como familias que enseñan todavía con gran esfuerzo a sus hijos valores que pueden contribuir a cambiar al mundo.

Con el surgimiento de la Tecnología todo se ha vuelto más difícil. Somos más dependiente de los móviles, tabletas y computadores, y nos olvidamos de contactarnos más entre nosotros mismos, pero ¿Cómo podríamos ayudarnos a construir un mundo más amable si no nos conectamos unos con otros? ¿Por qué no somos amables con los animales, agredimos, y perdimos la gratitud a las bendiciones de la Naturaleza? ¿Qué nos ocurrió?
Ya el tiempo se agota. La tierra nos está pasando factura. Los terremotos y diluvios son un reflejo de la agresión que ha recibido la naturaleza. ¿Cuánto aguantara nuestra amable Tierra?
Sin embargo nuestros amigos de otras  dimensiones nos siguen observando, y han vuelto aparecer. Pero, ¿Quiénes los ve? Muy pocos. Hay tanta especulación de seres estelares, pero realmente pocos los han visto. Solo aquellos que conviven con la naturaleza, y la aman sinceramente porque realmente las plantas sienten. Escuchan nuestra voz, y disfrutan de nuestras caricias.

Luis vivía en una pequeña aldea del Amazonas presente en Brasil. Veía con tristeza como destruían gradualmente sus árboles, así los llamaba con cariño: “Sus queridos Gigantes”. Después de ayudar a su familia en los quehaceres del hogar disfrutaba de la compañía de las Guacamayas. Eran tan bellas vestidas de tan vistosos colores. Un día se adentró profundamente en la selva. No tenía miedo. Desde pequeño conocía cada planta, y animal cercana a la comunidad. Había aprendido alejarse de los jaguares, y era muy amigo de los pequeños monos ya que siempre les traía regalos como semillas a sus queridos pájaros.

Un buen día llovió intensamente, y se refugió debajo de un gran Cedro Gigante, era su favorito. Al aminorar la lluvia sintió el olor del rocio de la lluvia, y ya sabía que el sol pronto haría acto de paciencia. De repente escucho un ruido. Era extraño. Nunca lo había escuchado antes. Era suave como un susurro, y casi agudo como la radio de su padre cuando intentaba escuchar las noticias que provenían del medio exterior. Lo escucho más detenidamente, y pudo percibir algo muy extraño cerca del árbol, y muy cerca de las Guacamayas. Se acercó sigilosamente, y pudo percibir una figura casi humanoide.
-¿Quién eres? Nunca te había visto- dijo Luis temeroso.
Escucho detenidamente, y se percató que aquel ser emitía ciertas vocalizaciones agudas.
-¿Me puedes ver, y escuchar?- pregunto extrañado. Pocos me pueden ver, y menos me escuchan
-¿De dónde vienes? Eres casi invisible- pregunto restregándose los ojos.
-Me llamo Pix- dijo tocando al niño.
Luis sintió un pequeño cosquilleo en sus manos, sonrió gustoso.
Pix decidió aparecer con más claridad ante los ojos de Luis. Le parecía un muchacho indefenso. Podía percibir su buen corazón y conexión con el medio natural.
-¡Diantres! Nunca había visto algo sí. Eres casi transparente, si no te molesta que te lo diga- dijo el muchacho.
-Nadie me había dicho nada algo parecido. ¿Qué son esas frutas?- dijo sonriendo
-Mangos. Son muy ricas, y dulces. ¿Quieres una? Soy bueno escalando arboles-
-¿Subir hasta las ramas? ¿Para qué?  ¿No puedes volar hasta allá? – pregunto curioso.
-No conoces muchos humanos. Nosotros no volamos. ¿Tu vuelas?- pregunto un poco  ofendido.
-Te voy a revelar un secreto. Si lo deseas fuertemente, y lo pides con tu corazón, puedes llegar hasta allá-
- Me puedo caer- dijo con temor.
-no temas. El miedo es tu mayor enemigo-
Luis recordó haber leído una historia en donde un niño volaba también. Le habían enseñado a leer hace poco. Era muy divertida la historia aunque muy fantástica.
-Como Peter Pan-
-¿Quién es Peter Pan?- dijo curioso
-Es la historia de un niño que volaba con polvo de hadas cada vez que tenía un pensamiento feliz-
-Allí está el secreto. Tienes que tener pensamientos felices. -
Luis le pareció todo tan divertido así que cerró los ojos, y voló hacia la rama en donde se encontraban los Mangos. Se veían suculentos. El niño estaba extasiado. Voló hacia todas las ramas. Pudo ver los nidos de las Paraulatas, y cotorras. Decidió volar de regreso hasta donde se encontraba su amigo.
-Tienes un lindo Planeta. Me encantan esos inmensos árboles, y la variedad de animales. En donde yo habito no hay tanta belleza. Son muy afortunados-
-Gracias. ¿Quieres probar?- pregunto el niño a su amigo.
-Me hare más visible para probar los alimentos humanos.           
Pix se fue haciendo gradualmente más visibles ante los ojos de Luis. El muchacho lo miro sorprendido. Era un humanoide de gran altura. Sus facciones eran de color trasparente escarchado. Luis estaba muy impresionado.
Luis cortó con su navaja un pedazo de Mango, y se lo entrego a Pix.
-Es delicioso ¿Tienen también otras frutas como estas?- pregunto curioso.
-Tenemos cambures, lechosas y muchas más, Mi mamá cultiva verduras para comer. A mí me gusta mucho la yuca.- dijo entusiasmado.
-¿De qué planeta vienes?- pregunto curioso el muchacho
-De ninguno. Vengo de otra dimensión. Estamos muy preocupados por ustedes- dijo Pix
-¿Por qué?- pregunto curioso
-Los terrestres perdieron el rumbo. En esta dimensión se encuentran muy atrasados a diferencias de aquellos que viven en zonas protegidas por la selva-
-Te refieres a los humanos de la ciudad. Es cierto. Se están apoderando de todo- dijo tristemente.
-¿Por qué lo hacen?-
-No sé. Pienso que quieren construir más casas y muebles, pero están acabando con los árboles y los pájaros que habitan en ella- dijo tristemente.
-Son difíciles de entender. La vida debe respetarse. A nosotros nos enseñan eso-
-¿Tienen que ir a la escuela?- pregunto extrañado.
-¿Escuela? ¿Qué eso?-
-Es un lugar donde te enseñan a leer, y matemáticas. Yo me aburro mucho, y a veces me escapo- dijo sonriendo.
-Nosotros aprendemos jugando, y viajando por el Universo como a otras dimensiones-
-Suena divertido- respondió el muchacho.
- ¿Cómo llegaste a nuestro planeta? ¿Tienes otros amigos como tú?- pregunto curioso.
-Si. Muchos son como yo. Convivimos con la ayuda de los arboles-
-¡Los Arboles! ¿Cómo los pueden ayudar?- siguió preguntando.
-Esos seres que Uds. llaman arboles tienen tanta bondad y energía. Nos transmiten su alegría, y cariño Solo hay que escucharlos. Por eso nos gusta estar tan cerca de ellos-
Luis lo escucho detenidamente. Realmente era sorprendente. Siempre había considerado a sus “Queridos Gigantes” sus amigos ya que tenían tanta vida en ellos. Le gustaba ver las Paraulatas, Guacamayas, y los monos traviesos que pasaban de rama en rama.
-Veo que piensas lo mismo- dijo Pix
-¿Lees la mente? Eso es privado- dijo ofendido el muchacho.
-Solo cuando los pensamientos son agradables como los tuyos. Los desagradables nos espantan- dijo tristemente.
-¿Por qué no nos ayudan a nosotros para que la gente entienda que la naturaleza hay que cuidarla? Yo solo soy un niño. No puedo hacer mucho- dijo el muchacho.
-No podemos intervenir. El planeta es de ustedes, y tienen que aprender a cuidarlo. Además su hermoso planeta está muy afligido. Le duele todo. Siente dolor en las aguas de los ríos y mares como el viento. Se encuentra muy enferma. Los volcanes están despertando como protesta a la desconsideración de los humanos. Por eso hay tantos terremotos e inundaciones.
-En mi comunidad si comprendemos el valor de la tierra. Oramos y le damos gracias por sus bendiciones en las cosechas, pero ahora puede ser todo diferente con esa tala indiscriminada de mis bellos árboles. Mis abuelos relatan bellas historias y leyendas como la forma en que surgió nuestro querido planeta- dijo Luis.
-¿Todos la conocen?- suspiro de alegría Prix.
-No se ha escrito. Solo son relatos orales, pero yo me las se todas de memoria-
-Es una lástima. Sería tan importante que todo el mundo las conociera-
-Yo ayudaría, pero me cuesta tanto escribir esas letras, pero me encantaría ayudar a rescatar mis queridos animales incluyendo los jaguares que habitan en la selva- respondió el muchacho.
-¿Cómo ayudan a los animales cuando se enferman?-
-A veces viene un veterinario de la ciudad, pero generalmente el curandero los ayuda porque la ciudad se encuentra muy lejos-
-Deberías aprender un poco de ellos, así ayudarías a los animales. Tal vez los viejos de tu comunidad conozcan muchos secretos-
Luis lo escucho detenidamente. Siempre había querido ayudar a los animales incluso los salvajes. No le gustaba la idea de ir a la ciudad. Había oído que eran muy agresivos, y siempre estaban molestos.
-Tienes razón. Puedo ayudar, pero ahora solo quiero divertirme. Después cuando crezca lo hare-
-¿Cómo te diviertes?- pregunto curioso el humanoide.
- El escondite; ¿Quién cruza primero el rio? Mi favorito es el escondite.  Mis amigos nunca me encuentran ya conozco casi todos los árboles, y otros posibles escondites cercanos a la comunidad.
-Debe ser muy divertido- respondió Pix riendo.
-Vamos a jugar el escondite, y como ya se volar será más divertido, pero tienes que contar hasta 10 antes de buscarme-
Pix no entendió muy bien eso de contar en secuencia numérica así que Luis le explico. Cerró los ojos, y empezó a contar hasta diez. Cuando abrió los ojos ya su amigo había desaparecido. Eso no se lo habían ensenado nunca. Ni en su escuela tenían estos juegos. El humanoide tenía los sentidos bien desarrollados, así que podía diferenciar los olores de los animales, y los humanos. Pudo percibir rápidamente a Luis. Se encontraba en una rama de un árbol acariciando unas cotorras. Decidió esperar un tiempo para que el niño no se decepcionara que lo había encontrado rápidamente.
Pix también podía hacerse invisible y no ser percibido por los humanos, pero el muchacho le había caído muy bien, y le gustaba compartir con él. Se apareció al lado de su amigo, y lo toco levemente los hombros. Luis sintió un cosquilleo. No lo había visto. El muchacho seguía acariciando el ave entregándole unas semillas. Como lo disfrutaba. Otra vez sintió el cosquilleo, y entonces se dio cuenta que lo había descubierto.
-¿Te gusto el juego? – pregunto el muchacho.
-Si es divertido elevándose encima de la rama. Lo pondré en práctica en mi hogar- dijo riéndose.
-Allí hay unos mamones. Vamos a buscar unos. Son divinos- dijo el muchacho
Ambos fueron volando.  Luis había aprendido a volar. Le gustaba la sensación de levitar en el aire. Llegaron hasta las ramas del árbol, y tomo una racimo de mamones. Agarro bastantes, y bajo hasta el suelo.
-Tengo mucha hambre ¡Prueba!- entregándole unos mamones. Se comen así. No te comas la pepa. Solo chúpalo-
Pix acondiciono su cuerpo para alimentarse, y probo la fruta.
-Realmente son muy ricas. Tienen alimentos muy sabrosos en tu planeta. Nosotros solo nos alimentamos de la energía proveniente de las estrellas- dijo Pix
-¡Qué triste! A mí me encantan las frutas- dijo Luis a su nuevo amigo.
Pix probó un trozo de cada fruta. Eran exquisitas. Nunca había probado nada igual. Realmente el planeta de su amigo tenía muchas bendiciones.
Luis estaba encantado con su nuevo amigo. Le gustaba compartir con él. A pesar de que apenas se le entendía en ocasiones disfrutaba mucho de su compañía.
-¿Cuánto tiempo piensas quedarte en nuestro planeta antes de volver a tu casa?- pregunto con curiosidad Luis.
-Nos quedaremos un tiempo vigilando, y observando si es posible rescatar la humanidad-
-¡Rescatarla! ¿Nos va pasar algo? – pregunto alarmado.
-Ahora no, pero si no cuidan a su amable planeta podría ser desastroso en el futuro. Aunque eso dependerá de ti, y muchos otros-
El muchacho se quedó pensando. No iba a permitir que su planeta se siguiera destruyendo. Sabía que los hombres de la ciudad eran muy poderosos, pero pondría su granito de arena. Estudiaría, y se formaría para  proteger los seres vivos ya sea las plantas como los animales.
-Esa es buena idea- le respondió su amigo.
A Luis no le importo que leyese su mente. A lo mejor en un futuro se comunicarían con la mente, pero sería rarísimo.
-Tengo que irme. Tengo que ayudar a mi padre a recoger la siembra de yuca-dijo el muchacho abrazando pix sin esperarlo.
-Hasta luego amigo. Espero verte otra vez- dijo Pix desapareciendo.
Realmente puede existir esperanza en estos humanos. Estos pequeños seres realizarán los grandes cambios que contribuirán en el cambio y la salvación de este bello planeta dijo acariciando al frondoso árbol.

Esa noche Luis pensó en todo lo que había conversado con su amigo así que decidió tomar en serio sus estudios. Escuchaba con atención los relatos de sus abuelos de las curas a enfermedades con hierbas medicinales incluso afirmaban que eran más poderosos que aquellos remedios llamados antibióticos, los cuales eran más dañinos ya que producían dolores estomacales. Se convirtió con el tiempo no solo en el mejor veterinario de la región sino en un excelente botánico como un gran ambientalista, pero él no actuaba solo ya que necesitaba el apoyo de otros así que bajo su supervisión les ensenaba a los niños y jóvenes todo aquello que sabía. Quería ver cambios beneficiosos para su amable tierra. Tal vez no lo iba a ver, pero sus hijos y nietos si lo verían. Tenía una gran fe en estos niños. Muchos irían a la ciudad y transmitirían su legado.
En ocasiones se acordaba de su amigo Pix ¿Qué habrá sido de el? ¿Se habrá ido a su casa? ¿vivira todavía con los gigantes? De niňo, le encantaban sus juegos, y aprendio tanto de sus conversaciones. Recordaba que no le entendia mucho su lenguaje, pero para el era mágico. Indudablemente hay tantos seres diversos en el universo.
Una noche mientras dormia plácidamente junto a su esposa sintió un cosquilleo en la mano, y era su amigo Pix. No había cambiado, y tenía las mismas facciones. En cambio el había cambiado con los aňos.
El  humanoide fue apareciendo gradualmente hasta que Luis lo pudo percibir, pero le entendía muy poco.
-Todos nosotros estamos contentos- dijo Pix muy emocionado.
Luis presto más atención, y pudo entender lo que decía. Había que centrarse bastante.
-¿Todos? ¿Son bastantes?-
-Has iniciado un gran cambio a tu planeta. Me parece que con el tiempo ella te lo agradecerá ya que tu iniciaste la labor- dijo Pix.
-¿De qué hablas?  ¿Nuestro planeta siente?- pregunto abrumado
-Por supuesto. Como las galaxias, y todo el Universo, pero no te preocupes si no lo entiendes-
-Me alegra mucho. Tengo tanto que agradecerte. Gracias a ti pude encaminar mi vida en beneficio de mi entorno-dijo Luis.
-Ahora nos podemos ir en paz, y dar tan buenas nuevas a las otras dimensiones- dijo Pix acariciando a su amigo en las sienes.
Luis sonrió. Realmente,  el sentía que había cumplido parte de su rol en la vida.
-¿Te volveré a ver?- pregunto Luis con nostalgia
-¡Tal vez! Siempre recuerdo a mis buenos amigos- dijo abrazando a su amigo en una bella despedida desapareciendo gradualmente hasta que Luis no lo pudo percibir más.
Luis sintió una gran nostalgia al despedirse de su amigo. Sabía que tenía años que no lo veía, pero Pix había dejado una gran huella en su corazón. Tal vez en el futuro podamos comunicarnos con otras dimensiones, y establecer lazos en un nuevo lenguaje universal. Tenía fe en ello.




miércoles, 12 de abril de 2017

El mundo magico del Padre Azul




Cuando el creador formo un sinfín de Universos en el infinito también creo la magia. Una magia infinita y maravillosa en la cual todos sus hijos tendrían acceso a ella. Es tan fantástica, y tan increíble que al descubrirla se descubren maravillas. Los seres humanos de este siglo apenas la están descubriendo otra vez a pesar de la trampa existente en la Tecnología de hoy, y las señales las da la  naturaleza ya que la energía presente en ella nos brinda un amor infinito con todas sus bendiciones.

Los Celtas la conocían ya que tenían la capacidad de infinita de conectarse sabiamente con la naturaleza,  escuchaban la música que emitían los árboles en el bosque, el susurro del viento, la  belleza presente en un hermoso arcoíris como la luz y misterio infinito de la luna y las estrellas.
Sin embargo la magia infinita, y esencial provenía de los niños ya que son pequeños sabios que provienen de las estrellas a enseñarnos como practicar la magia del amor, pero a medida que crecemos  nos olvidamos de sentir como ellos.

Todo ello ocurría en la familia de Lucecita. Desde pequeña fue una niña muy precoz, y sentía esa conexión maravillosa con la naturaleza  e incluso hablaba mucho de sus amigos invisibles, situación que desconcertaba mucho a su madre.
-"Esa niña es rarisima". No es como los otros niños. No le interesan los video juegos. De vez en cuando ve Televisión. Me preocupa mucho- decía su madre a su esposo.
-Eso no le hace daño a nadie. Gracias a ella tenemos un jardín precioso en casa. ¿Para qué quejarse?- le replico su esposo.
-Tienes razón. Ya prácticamente estamos en mayo, y todos los niños van hacer su primera comunión, pero ella no quiere- dijo su madre
-¿Por qué?- dijo su padre extrañado.
-El otro día me dijo que “Dios es magia”- dijo su madre alarmada.
-¿De dónde sacara esas ideas? Yo no me preocuparía. No todo el mundo tiene que pensar igual. Déjala tranquila. Ya veremos cómo lo manejamos- dijo su esposo tranquilamente.
La madre de Lucecita se fue malhumorada. No entendía a su hija. Uno de sus recuerdos más bellos de la infancia fue participar en su primera comunión. Se aprendió todas las historias del evangelio, su madre le hizo un vestido blanco como el color de la nieve. Lo recordaba con tanta ilusión. ¿Por qué Lucecita tenía que ser tan diferente?

Mientras tanto Lucecita ignoraba todas las preocupaciones de su madre. Ella solo le interesaba ser feliz, y como se divertía. Nunca les dijo nada a sus padres, pero cuando se encontraba cerca de sus plantas, y acariciaba sus hojas sentía la presencia de sus amigos invisibles. Eran pequeñas formas de colores que aparecían cerca de ella. A veces pasaba horas conversando con ellos mentalmente. Ella pensaba en el fondo de su corazón que eran mágicos, y que solamente ellos conocían su corazón.
Lucecita no tenía interés en ir a la iglesia. Le fastidiaba los sermones del sacerdote. No le gustaba ese cura. A veces asustaba a las personas si no aceptaba los preceptos de la iglesia, pero respetaba mucho la religiosidad de su madre. En cambio su padre la entendía más.  Él era agricultor y también tenía ese amor por las plantas. Tanto era así que siempre tenía una buena cosecha en sus cultivos.

La afinidad que había entre ambos fue ventajoso para la niña ya que este la defendía para que no participase en las creencias de su esposa.
Lucecita siempre creyo desde que era mas chica que “Dios es magia” ¿Por qué no lo entendían los adultos? ¿Por qué no se daban cuenta de las maravillas que existen en otras dimensiones, y en la nuestra? ¿Por qué no entendían que la naturaleza tiene tantos secretos, y  que ella está deseosa de mostrarlo? Es tan fácil de verlo. Ella había conocido a sus amigos mágicos gracias al lenguaje que emitían sus plantas, y sus flores. Ellos no hablaban como nosotros, pero podía escuchar su susurro y su música. Era un deleite poder percibirlo. Sabía que tampoco debía guardárselo para ella estas experiencias. Todos debían descubrirlo. ¿Cómo podría ayudar? Si se los dice abiertamente a sus  amigos del colegio la tildarían de loca, y eso la entristecería mucho. Las última vez que invito a dos niñas del colegio se aburrieron tanto ya que no tenía  Internet ni Video Juegos, y menos esas muñecas tontas tipo Barbie. Entonces se le ocurrió una idea.

En el colegio había  asignado inventar una canción la cual participaría en un concurso organizado por el departamento de Artes y Lenguas del Estado. El ganador ganaría una colección de libros de una de las mejores librerías de la capital así que puso todo su empeño en crear una muy linda. Tal vez tendría una oportunidad. Agarro un lápiz y un papel, y se puso a garabatear. ¿De qué la escribiré? ¿De mis amigos invisibles? ¿De las historias que ellos me narran? ¿De mis queridas plantas?
Lucecita paso días escribiendo la canción hasta que la termino. Sus amigos invisibles la habían inspirado. Tenía magia, fantasía, y gran creatividad, y eso era lo que buscaba su profesora y los miembros del jurado. La niña la leyó varias veces hasta que quedo convencida, y la guardo en un sobre.
Además la niña era muy talentosa, y creativa. Tenía una voz sin igual, y a sus plantas les encantaba.
El día del concurso la competencia fue muy dura. Había muy buenos cantantes, y la letra era excelente, pero eso no desanimo a Lucecita.
Cuando el piano empezó a emitir sus primeros sonidos, el corazón de Lucecita latía rápidamente. Nunca había cantado sus canciones en público, y menos delante de tanta gente. Su voz resonaba por todo el salón. Parecía que la magia la acompañaba. Era tan clara y transmitía tantas emociones. Los jueces estaban impresionados. Nunca había escuchado nada igual, pero la letra era lo que más les inspiraba.
Al terminar, los felicitaron todos con cariño. Todavía sorprendidos del talento de la niña.
Los jueces se le acercaron
-¿De dónde sacaste la letra de la canción? ¿Alguien te ayudo?- pregunto uno de los jueces intrigado
-No. Unos amigos me ayudaron- sin decir toda la verdad
-¿Quiénes? Pregunto por curiosidad pensando que era uno de los niños de la escuela.
-Mis amigas las plantas- sin decir toda la historia.
-Realmente eres muy creativa. Te has ganado una colección de  veinte libros ¿Qué temas te gustarían?-
-Quiero aprender acerca de los Celtas. Tienen tantas leyendas que me apasionan- le dijo en un susurro.
La juez estaba sorprendida. Creía que la niña iba a pedir uno de los clásicos de cuentos de hadas de Andersen como la sirenita, aventuras o de Julio Verne.
-Seguro que encontraremos algo. Te lo enviaremos a tu casa- dijo la señora.
Todo el mundo estaba contenta con el éxito de Lucecita, y la madre de ella se encontraba más orgullosa de ella. No conocía sus talentos ¿Cómo no se había dado cuenta? No la molestaría más. Ella tenía sus creencias. Si ella creía que las bendiciones que recibía eran magia, se lo respetaría.
Lucecita le dio gracias a sus amigos invisibles por su ayuda. Ellos la habían inspirado. Realmente existe un mundo maravilloso que no es percibido por nuestros ojos. Solo por nuestro corazón. Y allí es donde se encuentra la magia de nuestro querido Padre Azul.