sábado, 30 de abril de 2011

La Leyenda de Kukenan



Cuenta una Antigua leyenda de los indios Pémones de la gran Sabana, que cerca del Kukenan residia la antigua población de los Makunaima Este majestuoso Tepui se le designaba también Malawi-Tepuy, que significa “si lo subes mueres”, así que nadie osaba subirlo y ni siquiera acercársele. En el camino a Kukeman existen una gran cantidad de árboles petrificados y afirmaban los más viejos de la aldea que este bosque estaba poblado de animales fantásticos que emitían ruidos terroríficos en el anochecer. Los indios de la aldea creían firmemente que la cima de la montaña estaba habitado por criaturas invisibles que custodiaban esta gran formación rocosa. Sin embargo, Meriwarek, el más viejo de todos los Makunaima aseguraba también que la montaña estaba rodeada de piedras transparentes que podían realizar fuertes curaciones frente a grandes enfermedades endémicas

Un buen día, Makunaima-piá, el más joven de los Makunaima enfermó gravemente. Su madre creía firmemente que había adquirido esta peste gracias a esas extrañas excursiones que realizaba cerca del Kukeman. Los más viejos de la aldea se lo habían advertido que los dioses se iban a enfadar por su osadía. Pero, Makunaima-Piá era un niño muy temerario y aventurero. Le encantaba hacer largas excursiones y ya a los diez años había traído a su aldea una colección de guacamayas de bellísimos colores que se encontraban cerca del bosque petrificado.

Makunaima-Piá había cumplido ya sus doce años de vida y decidió trepar al Gran Tepui esa mañana. Sus abuelos le advirtieron:
-No subas, que mochimá te puede raptar en su vuelo y llevarte a la cumbre de Kukeman, donde tiene su nido y serás comidilla de sus pichones que están siempre hambrientos.
Pero, Makunaima-Piá no hizo caso, y se fue temprano en la mañana. Durante el transcurso del día cayo un gran tormenta, y estuvo lloviendo por cantaros. Y esa noche le dio una fiebre altísima, en su delirio febril le pareció ver bajar de la gran montaña unos seres parcialmente visibles que le dieron un brebaje en base a hierbas aromáticas.

Al día siguiente Makunaima-Piá sintió que le había bajado la fiebre. Pero lo más extraño de todo es que se encontraba en otro sitio, cerca de su aldea. Estaba minado de picaduras de puri-puri. Esos pequeños zancudos le había erupcionado toda la piel. Sabía por experiencia que era alérgico a sus picaduras y que sufriría las consecuencias. Cerró los ojos y decidió descansar un rato.

Mientras tanto, el mayor de la aldea, se encontraba realizando su caminata diaria y fue entonces, cuando vio a Makinuaima-Piá tendido en unos arbustos. Inmediatamente fue a pedir ayuda a los hombres de la tribu, Iwaká, el jefe de los Makunauma lo vio con preocupación;
-Llévenlo rápidamente al hogar común, y lo tendieron con delicadeza en su hamaca- dijo con preocupación
-Es esa enfermedad que le da Makinauma-Pia cuando le pican los Piru-Piru-Lloraba su madre con desesperación.
-Tranquila mujer, ya encontraremos una solución- dijo su esposo tratando de calmar a su mujer.
Merivarek, el mayor de la tribu, afirmo:
-No existe manera de curar el mal de Makinauma-Pia, con mis hierbas medicinales pero se que cerca de la cima del Kukenan existen unos cristales transparentes que pueden curar grandes enfermedades-

Ese dia, Merivarek se reunió con los hombres de su tribu.
-La única manera que salvemos a Makinauma-Pia es que subamos a Kukenan
afirmo Merivarek.
-Mochimá nos puede devorar, y he oído decir que sus pichones comen con gran ferocidad la carne humana- dijeron todos los hombres de la aldea.

Merok se mantenía en silencio, este era muy ágil con su arco y flecha y dicen los mas viejos de la tribu que en una ocasión trajo a su familia tal cantidad de lapas que salvo a su familia de una gran hambruna, y había matado a un fiero tigre que acosaba la aldea, y por esta razón ningún cunaguaro osaba acercarse a la aldea por temor a las flechas de Merok.

Merok, a pesar del gran temor que le inspiraba el gran Tepui, decidió aventurarse a subirlo.
-Yo subiré al gran Kukenan y buscare los cristales- exclamo Merok con firmeza.
-Tendras que irte solo, llévate las provisiones necesarias y ojala tengas suerte- le respondió Iwaká

A las pocas horas salio Merok hacia el gran Kukenan, atravesó el bosque petrificado y empezó a subir el inmenso Tepui. Su corazón latía con mucha fuerza ya que se encontraba a gran altura. Decidió descansar unas horas y se recostó debajo de un majestuoso árbol. Y fue allí donde vio cerca de una gran cueva unos bellos cristales. Estos deben ser los cristales milagrosos de los cuales habla tanto Meriwarek Pensó para si mismo. Los tomo con mucha delicadeza y los metió en su morral, y en ocasiones a medida que bajaba el gran Tepuy sentía la sensación que alguien lo observaba, pero no se detuvo a pensar en ello. Corriendo con gran agilidad y apuro se dirigió a su aldea, se los entrego a Meriwarek y con sus hierbas milagrosas y el uso del cristal curó al muchacho. Y fue así como Merok fue conocido en la gran sabana como el único hombre que se atrevió a desafiar al kukenan convirtiéndose con el tiempo en el guerrero más noble y valiente de todo su pueblo.

sábado, 23 de abril de 2011

La Paradura de los Nevados






Cuentan que en los Nevados del Estado Mérida se realizaban las más bellas paraduras del niño. Todo el mundo lo sabía. Desde los pobladores de Muchuchíes hasta la ciudad de Mérida.

Sin embargo a pesar de que muchos se morían de ganas por asistir a algunas de sus celebraciones, el acceso a los Nevados era totalmente imposible. Los Nevados se encontraban en lo más alto de una Montaña sin ningún tipo de comunicación con la capital. Para llegar allá se necesitaba ir por lo menos 4 horas en burro guiado por alguien de la localidad hasta llegar a algunas de sus pequeñas casas que además no contaban con luz eléctrica. Los pobladores usaban una planta eléctrica para alumbrarse, y el único medio informativo era un radio de gran alcance. Y sin mencionar el tremendo frío que hacia en los tiempos decembrinos. Así era la vida de los Nevados, lenta pero muy acogedora.

Luis pertenecía al centro de excursionismo de la Universidad de los Andes, y su familia vivía en Ejido, y sabía de esas encantadores fiestas. Así que decidió ir con un grupo de amigos después de las fiestas navideñas a estas fiestas del mes de Febrero.
Sus padres estaban preocupados por esa aventura, pero confiaban en su hijo ya que además él en sus tiempos libres guiaba a los turistas a conocer los páramos de la localidad.

Así que de lo más emocionado se puso en contacto con Javier y Carlos, quienes eran sus más fieles amigos en todas las excursiones. Nunca lo había dejado defraudado. Fueron a la capital, y compraron todo lo que necesitaron.

Javier estaba muy contento y le comentó a Luis:
-Después de pasar el año nuevo con mi hermana, esta es la mejor noticia que he recibido.
-No te arrepentirás le respondió Luis
.
Así que al día siguiente salieron muy temprano hacia los Nevados. Podían tomar un jeep desde el Pico Bolívar, pero ellos querían disfrutar de las bellezas naturales. El frailejón era muy bello en esta época, y era todo un espectáculo.

Después de una jornada de 3 días de caminata, ya cansados decidieron acampar y descansar media tarde. Era pasado el mediodía y el sol empezaba a ocultarse.
-Me parece que va a lloviznar. Mejor montamos la Carpa dijo Carlos.
-Y parece que viene también mucha brisa. Les aconsejo que se pongan sus abrigos dijo Luis
Así que se abrigaron bien y decidieron descansar hasta el día siguiente. Y entonces empezó a llover. Las gotas de agua chocaban contra la carpa, y en varias ocasiones pensaron que se iba a derribar por la fuerza del viento.
-Mejor nos salimos de aquí

Y menos mal que lo hicieron ya que la carpa voló por los aires.
- Por lo menos conservamos nuestro abrigo, y las mantas comentó Luis
Sus otros amigos estaban preocupados, apenas habían llegado al Pico Bolívar, y todavía había que caminar.
-Mira, ha dejado de llover.

-Menos mal. Tremendo susto nos llevamos.

Pero no era el fin de sus problemas. La Montaña estaba resbalosa así que tuvieron que hacer malabarismos para llegar a la cúspide de la colina.
-Mira Carlos, una llama dijo Luis
-A lo mejor estamos cerca.
-Si es así estamos salvados.
Siguieron a la llama, y se encontraron con dos jóvenes y un viejo de aproximadamente de 75 Años
-Tienen cara de estar perdidos dijo uno de los muchachos.
-Porque no lo llevas al pueblo. Pobrecitos, y además así disfrutan de nuestras fiestas comentó el viejo
-Solo hay dos burros, a menos que se aventuré a montar a Hermelinda.
-Pobrecita. Ese pobre animal no es de carga comentó Carlos, quien sentía una especial sensibilidad por los animales.
- No te preocupes. Carlos y yo nos turnaremos dijo Luis
Y así pasaron 8 horas. A todos ellos les pareció eterno hasta que llegaron al encantador pueblo de los Nevados.
Era un pueblito que apenas pasaba de 20 casas. La vía todavía tenía muchas piedras en el camino por las últimas lluvias.
-Esta noche montamos la Paradura dijo uno los muchachos.
- Y me han dicho que son deslumbrantes dijo Luis
- Después de que encuentran al niño siempre hacemos una pequeña parrandita
- Por cierto, ¿cómo te llamas? Preguntó Luis
-Pedro.
- Estamos compartiendo con ustedes y ni siquiera sabemos tu nombre.
- No se preocupen. Generalmente los que vienen de la Capital no quieren ni siquiera saber de nosotros.
-A mi me parece muy triste.
- Bueno animo. Dentro de poco empieza la paradura.

Y entonces Luis quedo sorprendido. Nunca había visto algo así. Después de las seis de la tarde un grupo de familias iban en busca del niño con faroles construidas con botellas de refresco y una vela para alumbrar. Que original. Nada que ver con las paraduras de los otros pueblos de Mérida. Tocaban de puerta en puerta y siempre les tenían algo a los visitantes. Al final apareció el niño en la última casa.
- Pero no se queden allí. Vamos a la parranda. dijo Pedro.
Y los tres muchachos fueron de lo más entusiasmados también a disfrutar de la parrandita. Todo el mundo tenía algo que festejar. El cuatro no paraba de sonar, y estuvieron brindando hasta la madrugada.
Y así fue que Luis y sus amigos no solo conocieron la paradura del encantador pueblo de los Nevados, sino también se llevaron la experiencia de sus vidas.

jueves, 21 de abril de 2011

El Corocoro de las alas doradas




En las tierras lejanas del estado falcón habitan los bellísimos Corocoro vestidos con sus grandes galas de color rojo escarlata. Estas aves habitan en grandes ciénagas de nuestro querido país. Conviven en grandes grupos cuidándose unos a los otros ante los grandes peligros de la Ciénaga. Pero existía un Corocoro en particular. Tenía alas rosadas de color pastel con franjas doradas. Era el más solitario de la ciénaga. Los demás Corocoro le decían:
-No te alejes tanto de nosotros, las babas al atardecer te pueden comer, pero él ignoraba totalmente sus consejos.

Estos singulares animales se alimentaban de los crustáceos de la ciénaga. Y en la época de lluvia nunca les faltaba comida. Y nuestro amigo, el Corocoro dorado nunca le faltaba comida a pesar de que se mantenía cerca de los manglares. Sus compañeros nunca lo abandonaban. Sentían pesar y preocupación por el, porque en momentos de peligro tendrían que emigrar en grandes bandadas hacia otros territorios.

En una época hubo una gran sequía, y las aguas habían bajado notoriamente de su cauce. Ya no había cangrejos y pequeños insectos de que alimentarse. Las babas, y grandes caimanes empezaron a tener mucha hambre, y cuando llegaba la noche se disponían a cazar para saciar su necesidad de alimento. Un buen día la más grande de las babas le comento a su manada:
-Ese Corocoro de alas doradas sería un buen alimento,siempre esta solo durante la noche bajo la sombra de los manglares dijo relamiendose.



-Tenemos que irnos antes del atardecer. Cerca de la costa de Chichiriviche hay una bellísisima Ciénaga. No nos faltara alimento. Uno de Uds. tiene que convencer a nuestro amigo para emigrar con nosotros. Su terquedad será su propio destrucción- dijo el Corocoro mas viejo de la ciénaga.
-No te preocupes, yo me quedaré hasta que vuele el último de Uds_dijo el más joven de ellos.
La garza le dijo al Corocoro dorado que iban a emigrar ese día, y que lo acompañaría.
-Yo, quiero quedarme en estos manglares. Ya estoy un poco viejo para volar- respondió.
Casi al final de la tarde, la bandada de Corocoro empezó a extender su vuelo.
-Vente con nosotros, si te quedas vas a buscar la muerte- le dijo la joven ave.

Ya las babas empezaron a impacientarse, y estaban dispuestos a tener un buen banquete con las dos aves. Cuando el Corocoro dorado vio que el ultima ave emprendió el vuelo se dijo a si mismo. No puedo dejar que la imprudencia acabe con mi vida. Así que, emprendió con grandes esfuerzos escoltado por su amigo. Atravesaron grandes montañas hasta llegar cerca de la costa de Chichiriviche, y allí lo vieron. Una bella ciénaga rodeada de grandes manglares.
En la distancia venía el Corocoro dorado con la solidaria ave que se empeño en esperarlo. Al llegar a la Ciénaga con un cansancio sin límites se comió dos grandes cangrejos que compartió con su joven amigo. Fue en ese momento que se dio cuenta que es importante compartir en grupo porque de esta manera funcionan las mejores sociedades. Y, así fue que dejo de ser una Corocoro solitario ya que habia aprendido de su joven amigo que el espiritu solidario ayuda a combatir grandes dificultades.

miércoles, 20 de abril de 2011

Luis y Peluso



Cuentan en los llanos centrales de Venezuela existen muchos poblados , que viven aterrorizados por la presencia de babas y fieros caimanes, y cuando ya llegaba el atardecer se daban sus banquetes con animales que ingenuamente pasaban por sus territorios. Se decía que cuando se oían a lo lejos a las guacharacas era porque estos se habían comido a un rabipelado u otro pequeño animal. Y por ello, muy pocos de los pobladores que vivían cerca de allí osaban acercarse a estos ríos.

Luis vivía en un pequeño poblado no muy lejos de Barinas. Se levantaba muy de madrugada a ordeñar a su vaca cantándole tonadas porque de esta manera, Margarita, cómo la llamaba cariñosamente le brindaba su mejor leche. Después se lo llevaba a su mamá, quién hacía una rica mantequilla con la leche recién ordeñada, y en ocasiones su abuela lo consentía elaborándole una rica cuajada para que se la comiera con sus arepas recién hechas en el budare.

La familia de Luís eran muy humilde y el poblado donde vivían no tenían siempre energía eléctrica, así que contaban con un transformador que le brindaba la electricidad para sobrevivir con lo necesario. Luís no sabía lo que era una computadora, y video juegos, se había criado con la cultura de la radio, y le gustaba escuchar siempre todas las tardes su programa favorito “Martín Valiente”, y soñaba que cabalgaba con Martín Valiente y Frijolito en sus aventuras por el llano y el resto de Venezuela. Sin embargo, a pesar de su mundo de fantasía siempre estaba atento a los peligros del llano, sobre todo aquellos que provenían de los ríos, en donde habitaban las mapanares, caimanes y babas.

Un día después de salir de la escuela, Luis se encuentro un pequeño gato montés, apenas era un cachorro todavía, y lo vió desvalido, hambriento y abandonado, que decidió llevárselo a casa. Sus padres y abuelos cuando lo vieron le dijeron:
-Luís, ese animal va a crecer, y se va volver salvaje y peligroso-
Luís le respondió:- No te preocupes papá, yo le voy a construir una casita y lo alimentaré, y si el pide irse otra vez por los llanos, yo mismo lo llevare-
Sus padres no estaban muy convencidos porque esos animales al crecer podían ser tan fieros como los juagares. Y sin embargo, le dieron la oportunidad a Luis de que se ocupara del pequeño gato Montés.

Así que el pequeño Gato Montés fue creciendo recibiendo los cuidados y el cariño de Luis. Le enseño a no acercarse mucho a las vacas, sobre todo a su querida Margarita, a quién quería mucho. Cuando ordeñaba a Margarita, peluso , así lo llamaba estaba durmiendo hasta que llegaban los primeros rayos del sol. Pero ya Luis había ordeñado y su mamá estaba ya preparando el desayuno

Peluso fue creciendo y ya era un fiero gato montés , pero era un gatito muy dócil cuando Luis estaba cerca y jugaba con el . Un buen día , al salir de la escuela, Luis fue a buscar a Peluso y no estaba. No estaba en su casita, ni debajo de los árboles. Luis temió lo peor. Se había ido al río. Y allí corría peligro. Arriesgándose sin avisar nada a sus padres, fue a buscar a Peluso. Luis no se había percatado que ya era del tamaño de un jaguar, un pequeño extraño para un gato montés, quienes son más pequeños.
– Peluso, Peluso- lo llamaba a grandes gritos. Se lo van a comer esos caimanes si se acerca mucho al río. Pero Luis no se percató de que el que estaba en peligro era él, y de repente cerca de unos matorrales salió el caimán más grande que había visto en su vida. Me va despedazar, pensaba Luis. Sin embargo, todo ocurrió muy rápido, Peluso salio de unos matorrales y dio un gran rugido tan fuerte sacando al mismo tiempo las garras en sus patas delanteras y traseras. El caimán sorprendido, porque nunca había oído un rugido tan alto, decidió deslizarse otra vez al río. Fue un gran milagro, y fue entonces cuando Luis se dio cuenta de que Peluso no era un gato Montés era un gran Jaguar.

Entonces se dio cuenta de su gran error, si no fuera por Peluso estaría muerto. Ahora comprendía las grandes escapadas de Peluso en las noches, y porque faltaban a veces gallinas en los poblados cercanos. Y porque las guacharacas apenas se sentían, era que Peluso se había hecho dueño de los ríos y los llanos. Y fue entonces que Luis decidió llevar a Peluso a los llanos y soltarlo para que el viviera libremente, porque los jaguares no pueden vivir con los humanos. Fue muy triste la despedida, pero Luis sabía que era lo mejor. Con el tiempo, se oía a veces rugido de una familia de jaguares, y entonces Luis ya sabía que su querido peluso había formado una familia, y estaba felizmente con los suyos. Y colorin colorado este cuento ha terminado.

domingo, 17 de abril de 2011

Motitas




Motitas no era un Unicornio como los demás, mientras que los demás Unicornios eran blancos de color leche, él era de un color muy peculiar. Era de color canela con manchas rojas por todo el cuerpo. Cuando nació su madre lo vio y pensó que había nacido enfermo, pero espero pacientemente a que cambiase su color pero nada que ver. Seguía con ese extraño color canela. Pero lo peor era que tenía unas extrañas manchas color rojo escarlata. Los demás Unicornios lo rechazaban manteniendo grandes distancias del pobre Motitas, y los duendes de la comunidad aprovechaban cualquier circunstancia para burlarse de él.


Pero lo que no sabían era que Motitas era un Unicornio mágico. Se podía poner invisible a su voluntad y desplazarse a grandes distancias sin que nadie lo notara. Cuando los duendes empezaban a fastidiarlo, este se desaparecía y se aventuraba a conocer los lugares más emocionantes y desconocidos. Siempre volvía al anochecer a su hogar. Sus padres siempre le preguntaban: ¿Dónde estabas Motitas? Te estábamos buscando. El siempre les respondía: me fui a dar una vueltita y tenía un hambre increíble y encontré una fruta tan rica, tan rica que no pude perder la tentación de comérmela. Además no se encuentra por estos lares. Estaba dulcita, después me hice amigo de una ardillita y jugué con ella hasta el atardecer. Los padres de Motitas creían que este inventaba todo por que veían que en el valle era muy solitario y no compartía con los otros Unicornios así que no le recriminaron más sus salidas misteriosas de las tardes.

Con el tiempo Motitas se hizo mayor y se convirtió en un Unicornio de un bellísimo color canela con sus peculiares manchas rojas, que a pesar de la edad seguían con él. En el Valle había una linda Unicornio color crema, y este se había prendado de ella. Cada vez que la veía suspiraba por el gran amor que le tenía y extrañamente en las noches aparecían una multitud de estrellas fugaces.

Los duendes que eran unos seres muy envidiosos empezaron a sospechar de Motitas. Sabían que Motitas no era igual a los demás, y decidieron vigilarlo más de cerca. Un buen día Motitas se aventuro acercarse a la linda Unicornio, y le trajo una rica manzana. Ante su sorpresa la Unicornio le encanto y no lo desprecio. Y cómo estaba tan emocionado apareció en el cielo un bello arco iris. La Unicornio estaba también muy ilusionada con Motitas porque no solo le gustaba su compañía sino lo pasaba requete bien por todas las situaciones peculiares que ocurrían cuando estaban juntos.

Pero para la mala suerte de Motitas los duendes descubrieron sus poderes mágicos. Y lo acusaron de que él les había robado su magia ya que para la comunidad los únicos que tenían derecho a usarla eran los duendes. Y cómo los otros Unicornios no le tenían simpatía desterraron al pobre Motitas de la comunidad.

La linda Unicornio entristeció hasta morir. Había perdido un amigo, y no solo eso tenía que aguanter a los aburridos de los otros Unicornios. Pero Motitas era un Unicornio muy valiente y no se dio por vencido. Claro que se fue del valle, pero no iba a volver con las manos vacías. En el trayecto conoció a un centauro. Se hizo muy amigo del Centauro, y este le enseñaba a Motitas los secretos del bosque, y le mostró cómo ocultarse en el bosque de las criaturas oscuras que salían en las noches y en gratitud nuestro amigo el Unicornio le regalaba siempre unas manzanas riquísimas, que eran la pasión del centauro y sus amigos. Lo que más les extrañaba a los centauros era de donde provenían las manzanas porque no sabían a estas frutas sino a parchita con una mezcla de sabor a mango. Pero no preguntaban ni trataron de indagar mucho porque en el fondo sabían que existían algunos Unicornios que eran de naturaleza mágica y no querían perder la amistad con Motitas. Y Motitas tampoco les dijo nada acerca de su naturaleza mágica porque eso es un secreto de los Unicornios, sobre todo aquellos que son de una naturaleza bondadosa como la de Motitas. Los Centauros en gratitud le dieron una mascota. Pero no era cualquier mascota, era un pequeño dragón. Era un ser muy amigable. Y a Motitas se le ocurrió la genial idea de volver al valle. Con el tiempo el dragón fue creciendo poco a poco. Y cuando llegaron al valle el dragón ya era del tamaño de los árboles.

Motitas entro de lo más campante al valle como si no hubiese ocurrido nada. Estaba feliz como una lombriz, y se sentía respaldado con su nuevo amigo. Los duendes al ver el dragón se quedaron boquiabiertos No solo tenían que luchar con la magia de Motitas sino con ese temible dragón. Pero como eran unos cobardes, ni siquiera se acercaron porque sabían que si lo retaban lo podían carbonizar.

La amiga de Motitas se puso muy contenta cuando lo vio. Pero observo el dragón con recelo. Motitas le enseño que era de confiar. Y poco a poco los otros Unicornios fueron agarrando confianza y se arrepintieron de lo injustos que habían sido con Motitas. Pero a Motitas no le importaba. Se sentía muy contento, no solo porque volvía a reunirse otra vez con su amiga sino también porque tenía un nuevo amigo que era el aprecio de todos. Y si un visitante ve a la distancia un gran arco iris en el cielo sin rastro de lluvia es porque ese es el valle en dónde vive Motitas con su amigo el dragón.

sábado, 9 de abril de 2011

Un Dragón de buen corazón


Cuentan que en la lejana Inglaterra, en lo más profundo del bosque cerca de un poderoso reino habitaba un fiero dragón. Pero no era un dragón cualquiera. Era un dragón de buen corazón. Tenía sentimientos tan nobles como de cualquier ser humano, era solidario, y afectuoso como ninguno. Pero por su tamaño y fiereza aparente nadie osaba acercársele. Hasta los animales mas pequeños le tenían miedo, y ninguno se acercaba a su cueva hacerle compañía. Sin nombrar a los pobladores que Vivian cerca del reino, que inventaban historias de que el pobre animal venía todas las noches a comerse a sus gallinas y a todos sus ovejas. Lo mas cumbre era que la pobre bestia era vegetariana, y no salía muy lejos de su cueva. Pero lo que más le indignaba y lo hacía perder la razón eran esos extraños seres que venían al bosque en sus grandes caballos vestidos con una vestimenta de acero y con armas afiladas. Venían al bosque a cazar animales y, a veces se enorgullecían de la cantidad que cazaban, no para comerlos, sino para exhibirlos en las paredes de sus castillos y hogares. Y si se acercaban mucho a sus territorios e intentaban molestarlo, les escupía todo el fuego que le permitía todo su ser. Y esto hizo que los caballeros armados no se acercaran mucho a la cueva ni al bosque por un tiempo.

Sin embargo nuestro amigo el dragón se sentía muy solo. Así que decidió salir de su territorio y volar hacia otros rumbos. Atravesó todo el gran bosque oscuro hasta llegar a un riachuelo de gran caudal. Nunca había comido carne, pero tenia mucha hambre, y vio de repente en el río algo que se deslizaba. Se zambullo, y de un bocado agarro varios peces. Le parecieron tan ricos, que cambio su dieta alimenticia. No muy lejos sintió voces. Era un pequeño poblado en donde habitaban muchas familias.
Seguro me querrán hacer daño, porque todos esos seres no son de fiar. Pensaba para si mismo. Un día vio uno de esos seres de menor tamaño. No iba armado, es mas jugaba con algo que rodaba. Venia todas las tardes. Un día se aventuro a salir de su escondite. Y el niño lo vio con sorpresa y con más miedo que susto. Pero el pequeño apenas contaba 6 años. Y en esas edades no tienen mucha malicia. Así que inocentemente le tiro la pelota al dragón, y así poco a poco se hicieron buenos amigos. Este le hablaba en un extraño lenguaje, pero poco a poco fue entendiéndolo y aprendió esa extraña manera de hablar de los humanos. Aunque no lo crean, los dragones son muy inteligentes, y en tiempos antiguos se decía que el divino creador de los dragones le dio la facultad de comunicarse, pero estas pobres bestias sufrían mucho del desprecio de los otros seres así que no se dignaban a comunicarse con nadie.

Entonces todos los días Pedro iba a jugar con su amigo, y conversaba con él y le hablaba acerca de su aldea. Y así la vida de nuestro amigo se hizo más feliz. Pero un día el niño no volvió más. Cuando se hizo de noche fue averiguar que había pasado. Y era que el niño estaba muy enfermo. Lo había picado una serpiente y el veneno era mortal. Y era cuestión de días. El pobre dragón casi se muere de la tristeza. Sabía que existían unas raíces en lo más alto de la colina. Pero lo difícil no era encontrarlas, sino dárselas a los familiares de Pedrito. Pero Pedrito era su amigo y haría lo imposible por el. Así que una buena tarde le llevo las raíces. Los aldeanos corrían por todos lados y fueron a buscar fuego para espantarlo. Sin embargo el estaba decidido. Sabía donde vivía pedrito, y le dejo las raíces en la puerta de la casa de sus padres. Los padres del niño vieron al dragón y casi se mueren del susto. Fue entonces cuando les dijo:
- No me importa lo que hagan conmigo, pero con estas raíces pueden curar a su hijo. El es mi amigo y yo lo quiero mucho. El niño en su convolescencia decía:
- Ese es mi amigo el dragón. Los padres estaban asustados, un dragón que habla y además es amigo de mi hijo. Así que le hicieron caso. Molieron las raíces, y frotaron al niño las heridas, y al día siguiente el niño vomitó todo el veneno, y volvió a ser un niño saludable otra vez. Sin embargo los aldeanos estaban enfurecidos. No querían un dragón cerca de su aldea. Temían por su seguridad y de sus caballos. Sin embargo, Pedrito les dijo:
- No podemos ser tan desagradecidos, él me salvo la vida. Y podría ser muy útil. Nos protegería en las noches de los tigres que en ocasiones se pasean cerca de la aldea-. Y así fue que los aldeanos recapacitaron, y más nunca sintieron ningún tigre por la aldea. Sus gallinas, caballos y ovejas seguían todavía. No se habían desaparecido. Así que no había manera de culpar al pobre dragón. Porque este dragón era único y diferente. Se alimentaba nada más de los peces de los ríos. Con el tiempo lo bautizaron Amica, que significaba en el lenguaje de estos aldeanos, el dragón amigable, fiero y protector. Y colorin colorado este cuento ha terminado