miércoles, 20 de abril de 2011

Luis y Peluso



Cuentan en los llanos centrales de Venezuela existen muchos poblados , que viven aterrorizados por la presencia de babas y fieros caimanes, y cuando ya llegaba el atardecer se daban sus banquetes con animales que ingenuamente pasaban por sus territorios. Se decía que cuando se oían a lo lejos a las guacharacas era porque estos se habían comido a un rabipelado u otro pequeño animal. Y por ello, muy pocos de los pobladores que vivían cerca de allí osaban acercarse a estos ríos.

Luis vivía en un pequeño poblado no muy lejos de Barinas. Se levantaba muy de madrugada a ordeñar a su vaca cantándole tonadas porque de esta manera, Margarita, cómo la llamaba cariñosamente le brindaba su mejor leche. Después se lo llevaba a su mamá, quién hacía una rica mantequilla con la leche recién ordeñada, y en ocasiones su abuela lo consentía elaborándole una rica cuajada para que se la comiera con sus arepas recién hechas en el budare.

La familia de Luís eran muy humilde y el poblado donde vivían no tenían siempre energía eléctrica, así que contaban con un transformador que le brindaba la electricidad para sobrevivir con lo necesario. Luís no sabía lo que era una computadora, y video juegos, se había criado con la cultura de la radio, y le gustaba escuchar siempre todas las tardes su programa favorito “Martín Valiente”, y soñaba que cabalgaba con Martín Valiente y Frijolito en sus aventuras por el llano y el resto de Venezuela. Sin embargo, a pesar de su mundo de fantasía siempre estaba atento a los peligros del llano, sobre todo aquellos que provenían de los ríos, en donde habitaban las mapanares, caimanes y babas.

Un día después de salir de la escuela, Luis se encuentro un pequeño gato montés, apenas era un cachorro todavía, y lo vió desvalido, hambriento y abandonado, que decidió llevárselo a casa. Sus padres y abuelos cuando lo vieron le dijeron:
-Luís, ese animal va a crecer, y se va volver salvaje y peligroso-
Luís le respondió:- No te preocupes papá, yo le voy a construir una casita y lo alimentaré, y si el pide irse otra vez por los llanos, yo mismo lo llevare-
Sus padres no estaban muy convencidos porque esos animales al crecer podían ser tan fieros como los juagares. Y sin embargo, le dieron la oportunidad a Luis de que se ocupara del pequeño gato Montés.

Así que el pequeño Gato Montés fue creciendo recibiendo los cuidados y el cariño de Luis. Le enseño a no acercarse mucho a las vacas, sobre todo a su querida Margarita, a quién quería mucho. Cuando ordeñaba a Margarita, peluso , así lo llamaba estaba durmiendo hasta que llegaban los primeros rayos del sol. Pero ya Luis había ordeñado y su mamá estaba ya preparando el desayuno

Peluso fue creciendo y ya era un fiero gato montés , pero era un gatito muy dócil cuando Luis estaba cerca y jugaba con el . Un buen día , al salir de la escuela, Luis fue a buscar a Peluso y no estaba. No estaba en su casita, ni debajo de los árboles. Luis temió lo peor. Se había ido al río. Y allí corría peligro. Arriesgándose sin avisar nada a sus padres, fue a buscar a Peluso. Luis no se había percatado que ya era del tamaño de un jaguar, un pequeño extraño para un gato montés, quienes son más pequeños.
– Peluso, Peluso- lo llamaba a grandes gritos. Se lo van a comer esos caimanes si se acerca mucho al río. Pero Luis no se percató de que el que estaba en peligro era él, y de repente cerca de unos matorrales salió el caimán más grande que había visto en su vida. Me va despedazar, pensaba Luis. Sin embargo, todo ocurrió muy rápido, Peluso salio de unos matorrales y dio un gran rugido tan fuerte sacando al mismo tiempo las garras en sus patas delanteras y traseras. El caimán sorprendido, porque nunca había oído un rugido tan alto, decidió deslizarse otra vez al río. Fue un gran milagro, y fue entonces cuando Luis se dio cuenta de que Peluso no era un gato Montés era un gran Jaguar.

Entonces se dio cuenta de su gran error, si no fuera por Peluso estaría muerto. Ahora comprendía las grandes escapadas de Peluso en las noches, y porque faltaban a veces gallinas en los poblados cercanos. Y porque las guacharacas apenas se sentían, era que Peluso se había hecho dueño de los ríos y los llanos. Y fue entonces que Luis decidió llevar a Peluso a los llanos y soltarlo para que el viviera libremente, porque los jaguares no pueden vivir con los humanos. Fue muy triste la despedida, pero Luis sabía que era lo mejor. Con el tiempo, se oía a veces rugido de una familia de jaguares, y entonces Luis ya sabía que su querido peluso había formado una familia, y estaba felizmente con los suyos. Y colorin colorado este cuento ha terminado.

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