domingo, 17 de abril de 2011

Motitas




Motitas no era un Unicornio como los demás, mientras que los demás Unicornios eran blancos de color leche, él era de un color muy peculiar. Era de color canela con manchas rojas por todo el cuerpo. Cuando nació su madre lo vio y pensó que había nacido enfermo, pero espero pacientemente a que cambiase su color pero nada que ver. Seguía con ese extraño color canela. Pero lo peor era que tenía unas extrañas manchas color rojo escarlata. Los demás Unicornios lo rechazaban manteniendo grandes distancias del pobre Motitas, y los duendes de la comunidad aprovechaban cualquier circunstancia para burlarse de él.


Pero lo que no sabían era que Motitas era un Unicornio mágico. Se podía poner invisible a su voluntad y desplazarse a grandes distancias sin que nadie lo notara. Cuando los duendes empezaban a fastidiarlo, este se desaparecía y se aventuraba a conocer los lugares más emocionantes y desconocidos. Siempre volvía al anochecer a su hogar. Sus padres siempre le preguntaban: ¿Dónde estabas Motitas? Te estábamos buscando. El siempre les respondía: me fui a dar una vueltita y tenía un hambre increíble y encontré una fruta tan rica, tan rica que no pude perder la tentación de comérmela. Además no se encuentra por estos lares. Estaba dulcita, después me hice amigo de una ardillita y jugué con ella hasta el atardecer. Los padres de Motitas creían que este inventaba todo por que veían que en el valle era muy solitario y no compartía con los otros Unicornios así que no le recriminaron más sus salidas misteriosas de las tardes.

Con el tiempo Motitas se hizo mayor y se convirtió en un Unicornio de un bellísimo color canela con sus peculiares manchas rojas, que a pesar de la edad seguían con él. En el Valle había una linda Unicornio color crema, y este se había prendado de ella. Cada vez que la veía suspiraba por el gran amor que le tenía y extrañamente en las noches aparecían una multitud de estrellas fugaces.

Los duendes que eran unos seres muy envidiosos empezaron a sospechar de Motitas. Sabían que Motitas no era igual a los demás, y decidieron vigilarlo más de cerca. Un buen día Motitas se aventuro acercarse a la linda Unicornio, y le trajo una rica manzana. Ante su sorpresa la Unicornio le encanto y no lo desprecio. Y cómo estaba tan emocionado apareció en el cielo un bello arco iris. La Unicornio estaba también muy ilusionada con Motitas porque no solo le gustaba su compañía sino lo pasaba requete bien por todas las situaciones peculiares que ocurrían cuando estaban juntos.

Pero para la mala suerte de Motitas los duendes descubrieron sus poderes mágicos. Y lo acusaron de que él les había robado su magia ya que para la comunidad los únicos que tenían derecho a usarla eran los duendes. Y cómo los otros Unicornios no le tenían simpatía desterraron al pobre Motitas de la comunidad.

La linda Unicornio entristeció hasta morir. Había perdido un amigo, y no solo eso tenía que aguanter a los aburridos de los otros Unicornios. Pero Motitas era un Unicornio muy valiente y no se dio por vencido. Claro que se fue del valle, pero no iba a volver con las manos vacías. En el trayecto conoció a un centauro. Se hizo muy amigo del Centauro, y este le enseñaba a Motitas los secretos del bosque, y le mostró cómo ocultarse en el bosque de las criaturas oscuras que salían en las noches y en gratitud nuestro amigo el Unicornio le regalaba siempre unas manzanas riquísimas, que eran la pasión del centauro y sus amigos. Lo que más les extrañaba a los centauros era de donde provenían las manzanas porque no sabían a estas frutas sino a parchita con una mezcla de sabor a mango. Pero no preguntaban ni trataron de indagar mucho porque en el fondo sabían que existían algunos Unicornios que eran de naturaleza mágica y no querían perder la amistad con Motitas. Y Motitas tampoco les dijo nada acerca de su naturaleza mágica porque eso es un secreto de los Unicornios, sobre todo aquellos que son de una naturaleza bondadosa como la de Motitas. Los Centauros en gratitud le dieron una mascota. Pero no era cualquier mascota, era un pequeño dragón. Era un ser muy amigable. Y a Motitas se le ocurrió la genial idea de volver al valle. Con el tiempo el dragón fue creciendo poco a poco. Y cuando llegaron al valle el dragón ya era del tamaño de los árboles.

Motitas entro de lo más campante al valle como si no hubiese ocurrido nada. Estaba feliz como una lombriz, y se sentía respaldado con su nuevo amigo. Los duendes al ver el dragón se quedaron boquiabiertos No solo tenían que luchar con la magia de Motitas sino con ese temible dragón. Pero como eran unos cobardes, ni siquiera se acercaron porque sabían que si lo retaban lo podían carbonizar.

La amiga de Motitas se puso muy contenta cuando lo vio. Pero observo el dragón con recelo. Motitas le enseño que era de confiar. Y poco a poco los otros Unicornios fueron agarrando confianza y se arrepintieron de lo injustos que habían sido con Motitas. Pero a Motitas no le importaba. Se sentía muy contento, no solo porque volvía a reunirse otra vez con su amiga sino también porque tenía un nuevo amigo que era el aprecio de todos. Y si un visitante ve a la distancia un gran arco iris en el cielo sin rastro de lluvia es porque ese es el valle en dónde vive Motitas con su amigo el dragón.

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