viernes, 28 de mayo de 2010

Nuestra vida en nuestra tribu




Capítulo II



Sin embargo no se notaba en estos lobos ni fiereza ni instinto de ataque. Águila Negra conocía estos animales. Estos eran impredecibles. Los lobos se mantuvieron a la distancia, entonces el grupo de indios decidió seguirlos manteniendo una distancia prudencial de ellos. Águila Negra sabia en el fondo de su corazón que el espíritu de los lobos debía respetarse. El hecho fue, que misteriosamente los lobos los guiaron hasta cruzar la montana y llegar a su hogar. Sus familias los recibieron con gran alegría, felices de que llegaran sanos y salvos. Y así fue que Águila Negra y sus bravos salvaron a su tribu del hambre y de grandes enfermedades. Al escuchar la historia de nuevo de nuestros ancianos sabía que esta era totalmente cierta. Había visto lobos grises en el valle, y en muchas ocasiones me habían guiado a mi hogar. Pienso en el fondo que su espíritu nos protegía.

Nuestro jefe de la tribu se llama Halcón Gris. Su gran poder de determinación y fuerza me recordaba las águilas que viven en nuestras montañas. Halcón Gris era nuestro guía, y gran parte de las decisiones en beneficio de nuestra tribu eran sabias. Su compañera se llamaba Luna Sonriente. Tenía una sonrisa encantadora. Su carácter jovial y gran calma ayudaba a Halcón Gris a mantener serenidad en los momentos más difíciles. Sus hijos jugaban con los míos, y con los niños restantes de la tribu, y todos ellos eran entrenados en el arte de la caza con el arco y la flecha bajo la instrucción de pequeño halcón. Pequeño Halcón consciente del respeto y amor que le debemos dar hacia nuestra madre tierra, les transmitía estas enseñanzas a nuestros pequeños porque consideraba que cada animal y ser viviente nos honraba con su vida. Cada animal tenía para nosotros un gran significado. El águila nos ilustraba su valentía y fuerza, el pequeño ratón la concentración y los castores del río la perseverancia. Nuestra madre naturaleza era nuestra eterna compañera y debíamos honrarla porque el gran espíritu estaba presente en ella.

Mi compañera se llamaba águila blanca. Poseía una gran fortaleza y un gran espíritu de solidaridad con todos nuestros hermanos. Tenía el corazón y el valor de las águilas que volaban en el cielo y en las grandes montañas. Decía que en la maravillosa red de la vida todos estábamos unidos. Cualquier acción que hagamos a nuestros hermanos, ya sea buena o mala perjudicaría o beneficiaría a nuestra relación con el cosmos. Afirmaba que todos estamos conectados en una gran red. Todas las hebras son importantes, si una hebra se soltaba, las restantes se destruían.
Un buen día, los jefes de las tribus de las planicies se reunieron en nuestra tribu. Discutían con mucha preocupación la existencia de un hombre de otra raza. Esa raza no respetaba a la madre naturaleza y desconocía sus leyes. Tenía un gran afán de conquista y desconocía las señales de los animales salvajes y silvestres. Viajaban en casas rodantes arrastrados por caballos. Cazaban los animales con armas que escupían fuego, y en un instante los dejaban sin vida. No sentían el dolor de los animales, y éstos se mostraban temerosos al sentir su presencia en las montañas. Puma Rugiente, el jefe de los Sioux no toleraba su presencia. Estos eran una tribu guerrera, pero muy agradecida ante la existencia de la vida. Estaba furioso, afirmaba que esta raza era desagradecida y violenta, y estaba seguro que el hombre blanco ocuparía gradualmente nuestras tierras, y destruiría todo ser viviente tanto los animales como los seres humanos. Los otros jefes de las planicies lo escucharon, conocían a Puma Rugiente, esta situación traería malas consecuencias.

Continuará………………….

sábado, 22 de mayo de 2010

La Leyenda de Lobo Solitario



Capitulo I




Cuentan nuestros más viejos abuelos que en las profundas montañas de Canada existieron muchas tribus indígenas. Gran parte de ellas eran pacíficas. Conocían el lenguaje secreto de las estrellas, el sonido del viento y la lluvia, y las señales que dejaban los animales salvajes. Nuestros abuelos nos enseñaban el secreto de las plantas y la sabiduría que provenía de ellas. Estos enseñaban a nuestras mujeres sus propiedades medicinales y como emplear sus hojas y raíces hacia los hombres y niños de la tribu.

Mi nombre es Lobo Solitario y pertenezco a la tribu de los Pies Negros. Aprendí desde pequeño a reconocer la voz secreta de la lluvia, el viento y el gemido de la manada de lobos. Sabía escuchar y comprendía el lenguaje de los pájaros y su significado. Y cuando era el momento propicio para la caza de los Búfalos que llegaban en período de verano. Nuestras tiendas (tipis) eran construidas con piel de Búfalo, las cuales nos protegían del clima inclemente de invierno. Desde pequeños se nos adiestraba en las labores de la caza y la pesca. Aprendíamos desde muy niños a manejar el arco y flecha, y a cazar en silencio los antílopes, y cervatillos para nuestro diario subsistir. Respetábamos a nuestros abuelos ya que eran mayores, y tenían muchas enseñanzas que ofrecernos debido a su largo tiempo de vida. Los niños y jóvenes les fascinaban sus relatos acerca de las leyendas mágicas de los lobos grises, y de cómo corrían en el viento a través del valle. Nuestros abuelos aseguraban que éstos animales tenían poderes mágicos, y eran capaces de orientar, y ayudar a un indio alejado de su tribu. Decían nuestros abuelos, que hace muchas lunas, antes de que las tribus del valle se unieran e hicieran pacto de paz, existió un indio muy temerario perteneciente a la tribu de los Sioux. Su nombre era Águila Negra, y era un excelente cazador. Manejaba con gran destreza el arco y flecha, y cuando era el período de cacería de los majestuosos búfalos, y éstos llegaban al gran valle, este se distinguía de sus hermanos, porque traía las pieles más gruesas, y por esta razón nunca faltaba alimento a su familia.

En cierto tiempo, en la tribu de los Sioux, estos estaban atravesando un largo invierno. La comida era escasa y, todas las hojas de los árboles se habían desprendido. Existía una gran desolación. Águila Negra y sus hermanos decidieron ir en busca de alimento para la tribu. Temían por ellos porque los niños, ancianos y mujeres estaban muy débiles. Atravesaron todas las grandes planicies, lagos y montañas cercanas a su tribu hasta que llegaron a una gran colina. Águila Negra reconoció el sonido de los búfalos. Era una gran manada. Pensó, si cazaba con sus hermanos los búfalos sus familias sobrevivirían al invierno. Cuando paso el último búfalo por el pequeño valle, Águila Negra y sus hermanos galoparon hacia ellos, Fue una gran cacería. Tenían para el abrigo de invierno y construir sus tipis, y la carne de búfalo era suficiente para abastecer a toda la tribu. Pero, entonces!!,
Empezó una gran tormenta, el viento soplaba con toda su crudeza y la nieve no cesaba de caer. En ese momento Águila Negra se percato de que se habían perdido, y ya creían que era su fin. Esperaron que amainara la tormenta y agarraron fuerzas para salir de ese valle desconocido. Al llegar todos los rayos de sol, el valle estaba cubierto de nieve. Las pieles de búfalo los habían ayudado y los caballos habían perdido toda su fuerza, y algunos habían muerto. Y de repente, apareció una manada de lobos grises. Se veían muy fieros. Águila Negra y sus hermanos sacaron inmediatamente sus arcos y flechas. Ahora, le pareció que todo estaba perdido y se decía a sí mismo: “ahora vamos a ser comida de lobos “.

Continuará

viernes, 21 de mayo de 2010

La mofeta miedosa




En un pequeño jardín vivían un morrocoy, una pequeña ardilla, una iguana e impresionantemente una pequeña mofeta. Pero Coqueta, así la llamaban sus amigos, era muy asustadiza, se asustaba de todos los animales que vivían en el jardín desde la hormiguita más pequeña hasta el perro que se encontraba al jardín. Pero lo peor de todo es que cada vez que se asustaba soltaba ese olor natural de su especie y mataba a las pobres rosas y geranios del jardín, situación que era muy problemática porque las mariposas no tenían flores que visitar, y las abejas se quedaban sin producir su magnífica miel.

Un buen día María la Iguana se reunió con los demás animales.
-Vamos a tener que irnos de aquí. Esa mofeta está destruyendo el encanto del jardín, y ya las hojas del Apamate se están secando por ese olor que tiene esa estúpida Mofeta. Además, mi querido Apamate no ha vuelto a florecer. Extraño tanto sus flores de color lila.- dijo María
-Tienes razón. Vamos a mudarnos de aquí mañana mismo- dijeron unas hormigas ya fastidiadas de Coqueta.
-Además las pobres mariposas, y las abejas ya están muy inquietas. Casi todas las flores del Jardín no han vuelto a retoñar. Pero ¿cómo?, con ese olor que despide cada vez que se asusta- protesto un pequeño gusanito.
Pero, luisa pensaba todo lo contrario. Pensaba que tenía que existir una manera de quitarle el temor a Coqueta.
-No sean injustos. Ese es el camino más fácil. La pobre se siente muy mal, sabe que está perdiendo a sus amigos, pero no puede controlar su miedo. Deberíamos ayudarla- dijo la ardilla
- Ah, si ¿cómo? Ya estamos cansados. Por lo menos yo me voy con mi música para otra parte. Cruzando la calle hay un jardín con un bello hormiguero, yo me voy a mudar allí con mis amigos- dijo un bachaco muy mal encarado.
- Y además hay unas lindas flores. Allí estaremos felices- dijo una de las abejas.
-Tengan cuidado por allí vi un oso hormiguero el otro día.- exclamo la ardillita
-Yo no he visto ningún oso hormiguero. Te lo estas imaginando. Ellos viven en el bosque respondió una pequeña hormiga.
-Después no se quejen- le contestó la ardillita

El día siguiente se fueron al otro jardín las hormigas, las mariposas, y la simpática Iguana.
Coqueta notó la diferencia. Se preguntaba dónde se habían ido todos. Solo percibió la presencia de la pequeña ardilla.
-¿Que pasó con los demás? Pregunto Coqueta
- Se fueron al otro Jardín- le respondió la ardillita sin explicarle nada para no herirle sus sentimientos.
-Allí hay un perro horrible, y por allí cerca vi a un oso hormiguero. Va acabar con todas las hormiguitas -respondió Coqueta.
-Tendremos que hacer algo- le dijo la ardilla bostezando.
- Tu no puedes, tú eres muy chiquita – le respondió
Al llegar al otro jardín los animales se encontraron con la desagradable sorpresa con la presencia de un perro muy malhumorado.
-No dijeron nada acerca de este animal- Me va agarrar mi pobre cola – dijo María desplazándose con dificultad. No voy a poder a llegar al árbol.
-No te podemos ayudar. Nosotros somos muy pequeños- dijeron las hormigas. Allí hay un hormiguero
Pero cuando se iban a meter en el hormiguero, salieron unas hormigas muy mal encaradas y no los dejaron entrar.
-Aquí estamos llenos. No cabe un insecto más- contesto un bachaco malhumorado.
Ya los pobres animalitos pensaron lo peor, y con gran sorpresa vieron a Coqueta, atravesó la calle rápidamente y se acercó al perro.
-Nadie se mete con mis amigos- le dijo a regañadientes al pobre perro.
Cuando el pobre animal siente el olor de la mofeta corrió desesperado sin mirar atrás.
Los animales estaban sorprendidos como Coqueta se había atrevido a enfrentar al perro
-¿y no te dio miedo ese perro? Le preguntó extrañada la Iguana.
-Claro que sí, pero no quería perder su amistad, y los extrañe tanto cuando se fueron que decidí hacer algo- le respondió la pequeña mofeta

Los animales estaban avergonzados. Se habían alejado de la pobre Coqueta sin pensar que ella los podía ayudar en una situación de peligro.
Los animales volvieron a su jardín. Y bueno Coqueta, ya no se asusta tanto, solo en pequeñas ocasiones. Pero ya no les importa. Las flores volvieron a florecer y el lindo Apamate floreció sus hermosas hojas de color lila en el mes de Mayo y Junio. Y bueno, los otros animales entendieron que todos tenemos miedo alguna vez, y el verdadero valor es enfrentar nuestros miedos internos. Y colorín colorado esta historia ha terminado.

viernes, 14 de mayo de 2010

La Rosa Presumida




En un bellísimo jardín vivían Luisa y Margarita. Margarita era un hermoso girasol que disfrutaba del sol de las mañanas y Luisa era un bellísimo lirio de color lila que le daba mucha vida al jardín. Margarita y Luisa eran muy amigas, y disfrutaban la visita de las mariposas bien temprano en la mañana.

Sin embargo Candelita era totalmente diferente. Candelita era una rosa purpura con pétalos con franjas doradas y muy presumida. No le gustaba compartir su fragancia con nadie, espantaba a las pobres mariposas y algunas abejas que se querían acercar temprano en la mañana.
-Mira Luisa, allí está la presumida y odiosa de Candelita- dijo Margarita con fastidio
-Si, no saluda a ninguna flor del jardín. Debe creerse única solo porque tiene esas franjas doradas- le respondió Margarita
-Ya las oí. Deben morirse de la envidia porque no tienen este bellísimo color purpura les dijo antipáticamente- la Rosa.
-Eso no nos importa. De todos modos a nadie les gusta las flores presumidas como tú- le contestó Margarita levantando sus pétalos y ignorándola
-Te vas a quedar sola en el jardín, y nadie va querer compartir contigo le dijo Luisa.
-No me importa- respondió de malos modos volteando sus pétalos hacia otro lado.
No muy lejos se acercaron a la rosa dos bachacos con no muy buenas intensiones
-Mira, que Rosa tan apetitosa, sus hojas deben ser muy ricas dijo uno de ellas
- Tienes razón Colorado, vamos hacernos un festín. Yo conozco un atajo para evadir esas espinas dijo el otro.
Y en menos de tres segundos los bachacos ya estaban subiendo por el tallo de la flor.
-Auxilio, auxilio me van a maltratar mis hermosas hojas- gritaba Candelita.
-¿y esos gritos? pregunto Margarita.
-Son de la odiosa de Candelita, veo que unos bachacos se van a comer sus hojas. Se lo tiene merecido por presumida y antipática.
-Pobrecita. No va a quedar nada de ella dijo Luisa.
- ¿Y, te da lástima? con lo antipática que ha sido con nosotros
-No seas rencorosa. Vamos a decirle a nuestro amigo, el oso hormiguero que los espante.

Y las buenas amigas llamaron al oso hormiguero, y espantó rápidamente a los bachacos, no sin comerse uno de ellos. Y bueno la pobre de Candelita se le cayeron todos los pétalos del susto. Estaba muy triste pero aprendió su lección.
Candelita pidió perdón a las flores y se dio cuenta lo importante que compartir con todos y ser amable y cortés, porque uno nunca sabe cuándo puede necesitar a los demás. Y colorín colorado, esta historia ha acabado.

viernes, 7 de mayo de 2010

La Travesía




Capitulo XIII

La Travesía

Desde la costa se veía humaradas que provenían del centro de nuestra querida Atlántida, pero teníamos que zarpar rápidamente e irnos hasta llegar a una de las islas, que serian nuestra salvación.

A medida que nos alejábamos veíamos con tristeza como los templos se derrumbaban, las construcciones sucumbían, y todo lo que con tanto esfuerzo se había construido se derrumbaba producido por un gran cataclismo.

Muchos lloraban por sus familias, y yo estaba enfermo de tristeza por la pérdida de mi amigo, con quien había vivido muchas aventuras. Pero no todo había terminado, todavía nos faltaba enfrentarnos al ancho mar.

Después de navegar durante 3 días, el cielo se oscureció. Se avecinaban grandes tempestades. Llovía sin cesar, y por un momento creí que no nos salvaríamos.

Después de la lluvia vino una espesa neblina, no podía ver nada, y realmente estaba muerto de miedo, pero no quería transmitirlo a los tripulantes del navío. La situación estaba muy delicada.

En medio de la espesa neblina oí unos pájaros, y mi medallón se encendió con una luz incandescente indicándome el camino. Seguí el ruido de las aves hasta que nos alejamos de la espesa neblina.

Al día siguiente todo estaba mas claro. Pero indudablemente estábamos en el medio de nada. No se veía nada en el horizonte.

De repente oí unos chillidos, y allí estaban, mis amigos los delfines, saltando y asomándose entre las aguas.

-Otra vez en problemas- me dijo uno de ellos. Ya se te esta volviendo un hábito.

Los niños al ver los delfines perdieron el miedo, y brincaban por la fragata a medida que se asomaban los delfines.

-Síguenos- me dijo otro.

Yo obedecí, y lo seguí con lo que quedaba de nuestro barco. El mástil estaba muy débil, pero nos ingeniamos para llegar a una isla que se asomaba a la distancia.

Después de dos horas llegamos y tocamos tierra firme. Estábamos todos cansados, agotados, y desmoralizados.

Y esta es mi historia de cómo una avanzada civilización se destruyó por la codicia y el odio. Me dedique a que los sobrevivientes no perdiesen su identidad. Éramos Atlantes y debíamos recordarlo siempre.

Fin