domingo, 25 de diciembre de 2011

Mi abuela y el dragon escarlata




Cuentan las antiguas historias chinas que el Dragón es un personaje emblemático que representa un gran espiritualidad en el cosmos, como la irradiación de una gran fortaleza, sabiduría y nobleza.

Yo me crie con mi abuela en Zhouzhuang, y me encantaba escuchar sus viejas historias de dragones. El pueblo se encontraba ubicado situada al sur del río Azul (Yangtsé o Changjiang), y, se encuentra construida entre lagos, varios ríos surcan sus calles, por lo que sus edificios se alinean siguiendo los cursos de agua, creando un entorno residencial de increíble belleza y armonía con la naturaleza. Mi abuela Maotsi, siempre me relataba estas historias antes de dormir, y de cómo la bondad de los dragones habían salvado con su sabiduría mas de una vez a china de grandes tragedias.

En realidad, me consideraba muy afortunado, porque no solo me relataba en las noches estas historias, sino también las contaba a mis amigos, y vecinos en el pueblo, Estas narraciones eran acompañadas de instrumentos de cuerda de seda por músicos de mi pueblo. La ejecución de estas narraciones son muy agradables al oído con modulación de tonos. Este arte de la narración ya posee una historia de 200 años. Se originó en Zhouzhuang y se divulgó más tarde a Jinxi, Luzhi, Tongli, Qingpu y otros lugares, y siempre contó con el respeto de sus vecinos.

En mi doceavo cumpleaños mi abuela me regalo un brazalete con el logotipo de un dragón escarlata chino, mi abuela me decía que me traería suerte en mi vida, y si mis elecciones eran buena, mi existencia estaría llena de prosperidad.

Cuando cumplí 13 años mi tío Leotze me regalo una barca preciosa de madera, solo me faltaba decorarla, la decore con un dragón escarlata, con la misma imagen del logotipo del brazalete que me había regalado mi abuela. Desde pequeño me entrene para participar en las competencias de barcas que se programaban en los desfiles, y como a todos mis amigos les encantaba mi barca los animaba a participar en las competencias.
El entrenamiento era muy duro ya que teníamos que competir con gente más diestros que nosotros, sin embargo la ilusión era muy grande.

El próximo año seria 2012, el año del Dragón, todos decían que eran tiempos de grandes cambios y prosperidad. Nosotros solo queríamos participar en la competencia de barcas en el mes de Mayo, así que nos entrenamos fuertemente, pero la tristeza llego a mi hogar, mi abuela enfermo gravemente, se pronosticaban los peores diagnósticos.

Sin embargo, mi abuela en su lucidez me decía que no podía abandonar el trabajo diario que realizaba con la barca y menos la participación en la competencia de barcas, mi abuela murió en Febrero, y tuve que ir a vivir con mi tío Leotze. El ha sido muy cariñoso conmigo, me hizo sentir que era una parte de su familia desde que llegue a su casa. Mis primas siempre me animaban a seguir entrenando, y así que no las desilusione.

Llego Mayo, y todo el mundo tenía expectativas con respecto a las competencias de barcas, era necesario atravesar parte de los lagos y llegar hasta los estrechos canales.
Realmente la competencia fue muy dura, los otros competidores eran muy diestros, y se habían entrenado muy bien en sus pueblos de origen. Sin embargo, no nos desanimamos, calculamos bien las longitudes de los canales para adelantar las otras barcas, y al final después de mucho esfuerzo pudimos llegar a la delantera

Fue un golpe de gracia, nunca creíamos que ganaríamos, éramos muy jóvenes y era nuestra primera competencia de barcas, estábamos tan felices que lo celebramos con mucha alegría en casa de mis tíos. A difererencia de los demás, yo estaba un poco melancólico por la perdida de mi abuela, a pesar de que mis primas hacían lo imposible para animarme. En un momento, me asome en la ventana huyendo del calor del lugar, y me pareció ver a lo lejos en el firmamento un dragón acompañado de mi abuela, me parecía que estuviese viendo alucinaciones, después de reflexionar por varias noches de la experiencia, llegue a la conclusión que mi abuela estaría muy contenta de la vida que tenia y de lo que había logrado hasta entonces, y que ella como el dragón escarlata me protegería siempre durante toda mi existencia.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La rosa presumida






En un bellísimo jardín vivían Luisa y Margarita. Margarita era un hermoso girasol que disfrutaba del sol de las mañanas y Luisa era un bellísimo lirio de color lila que le daba mucha vida al jardín. Margarita y Luisa eran muy amigas, y disfrutaban la visita de las mariposas bien temprano en la mañana.

Sin embargo, Candelita era totalmente diferente. Candelita era una rosa purpura con pétalos con franjas doradas y muy presumida. No le gustaba compartir su fragancia con nadie, espantaba a las pobres mariposas y algunas abejas que se querían acercar temprano en la mañana.
-Mira Luisa, allí está la presumida y odiosa de Candelita- dijo Margarita con fastidio
-Si, no saluda a ninguna flor del jardín. Debe creerse única solo porque tiene esas franjas doradas- le respondió Margarita
-Ya las oí. Deben morirse de la envidia porque no tienen este bellísimo color purpura les dijo antipáticamente- la Rosa.
-Eso no nos importa. De todos modos a nadie les gusta las flores presumidas como tú- le contestó Margarita levantando sus pétalos y ignorándola
-Te vas a quedar sola en el jardín, y nadie va querer compartir contigo le dijo Luisa.
-No me importa- respondió de malos modos volteando sus pétalos hacia otro lado.
No muy lejos se acercaron a la rosa dos bachacos con no muy buenas intensiones
-Mira, que Rosa tan apetitosa, sus hojas deben ser muy ricas dijo uno de ellas
- Tienes razón Colorado, vamos hacernos un festín. Yo conozco un atajo para evadir esas espinas dijo el otro.
Y en menos de tres segundos los bachacos ya estaban subiendo por el tallo de la flor.
-Auxilio, auxilio me van a maltratar mis hermosas hojas- gritaba Candelita.
-¿y esos gritos? pregunto Margarita.
-Son de la odiosa de Candelita, veo que unos bachacos se van a comer sus hojas. Se lo tiene merecido por presumida y antipática.
-Pobrecita. No va a quedar nada de ella dijo Luisa.
- ¿Y, te da lástima? con lo antipática que ha sido con nosotros
-No seas rencorosa. Vamos a decirle a nuestro amigo, el oso hormiguero que los espante.
Y, entonces, las buenas amigas llamaron al oso hormiguero, y espantó rápidamente a los bachacos, no sin comerse uno de ellos. Y bueno la pobre de Candelita se le cayeron todos los pétalos del susto. Estaba muy triste pero aprendió su lección.
Candelita pidió perdón a las flores y se dio cuenta lo importante que compartir con todos, ser amable y cortés, porque uno nunca sabe cuándo puede necesitar a los demás, y colorín colorado, esta historia ha acabado.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Nuestro Himno Nacional



En tiempos de grandes batallas entre los Patriotas y los españoles en su lucha por la libertad de nuestra naciente Venezuela existieron muchos gritos de guerra y canciones inventadas por nuestros patriotas.
¡Vivan nuestros soldados! decían los patriotas
¡Viva nuestra tierra!

Dos hombres ilustres, llamados Vicente Salías y Juan José Landaeta percatándole de que nuestra tierra no tenia nuestro propio himno nacional, lo compusieron, dejándolo desde esa época en nuestra naciente Venezuela.

Este Himno ha tenido gran significado para todos los venezolanos porque representa todas las luchas que han tenido para obtener su libertad., y colorín colorado esta historia ha terminado.



jueves, 10 de noviembre de 2011

La niña de cabellos verdes



Se decía antiguamente  que en lo más profundo de los mares habitaban tritones, sirenas, dragones de agua e incluso ondinas. Todas estas historias y anécdotas la contaban nuestros abuelos desde el principio de los tiempos, y pasaban de generación en generación hasta hoy en día. Decían que en un tiempo hubo una gran revuelta entre los tritones y los dragones de agua. Las querellas constantes entre ellos hicieron que las especies marinas huyeran a otras zonas geográficas, y las sirenas desaparecieran misteriosamente del mar. Algunos decían que estas huyeron hacia las islas y se convirtieron en hermosas jóvenes desconociendo completamente su origen y procedencia. Finalmente las ondinas  también huyeron, y pocos la veían, en especial los humanos ya que estas no confiaban en ellos.
Luis vivía en una pequeña isla del Pacifico con su familia. Su grupo familiar estaba comprendido por sus padres, abuelos y su extraña hermana Isabel.  Isabel tenía  apenas 7 años mientras que él ya  se encontraba entrando a la adolescencia. Desde pequeño la recordaba con esos cabellos de color verde esmeralda que hacían juego con sus ojos azul celeste. Luis siempre la protegía incluso de los muchachos más grandes ya que se burlaban constantemente de sus lindísimos cabellos verdes.
Sin embargo Isabel desde pequeña fue una niña muy solitaria. Le gustaba pasear en la playa todas las tardes, y disfrutaba sentir el viento al mover sus cabellos. Los pescaderos no se metían mucho con la niña porque al parecer les daba mucha suerte con la pesca. Los más viejos de la aldea la querían tanto que se la llevaban de paseo en sus lanchas en la media tarde, y inexplicablemente en temprana horas de la madrugada obtenían los mejores pescados de la temporada.
Lo cierto es que Isabel se escapaba en las noches para escuchar las olas del mar. Sus padres ya estaban acostumbrados, así que no se preocupaban. Sin embargo todas las noches Luis la vigilaba por si se perdía en el camino.
Desde muy niño sus padres le habían dicho que Isabel era su hermana, y que Dios los había bendecido con su llegada. Pero Luis sabía que había algo diferente en ella. Una noche la siguió al acantilado, y cuál fue su sorpresa, su hermana estaba conversando con un grupo de delfines. Todo era muy curioso. El solo escuchaba el chillido de los delfines mientras que su hermana parecía entender todo lo que decían.
-          Hola Chapotin. Tenía tiempo que no te veía- Le decía dulcemente la niña.
-          Tienes que venir con nosotros- le dijo el otro delfín.
-          No puedo, tengo mi familia y ellos me quieren mucho – le respondió Isabel
-          Tarde o temprano se van a dar cuenta de que tú no eres igual que ellos, y te pueden hacer daño. Tu hermano no te va a proteger siempre- le dijo Chapotin.
-          Por cierto, hablando de humanos, nos tenemos que ir. Es muy sospechoso que nos vean conversando contigo todas las noches. Tienes que tomar una decisión. Te esperaremos por poco tiempo. Tu destino es estar en el mar. _ Le dijo el otro delfín.
Isabel se entristeció, pero sabía que tenían razón. Por los momentos su hermano lo protegía, y contaba con el cariño de los pescadores, pero no siempre seria así. Escucho un ruido detrás de unos matorrales y vio a su hermano.
-          ¿Estabas hablando con esos delfines?- Le pregunto Luis extrañado.
-          No exactamente. A los animales les gusta que le conversen, sobre todo a los delfines- le respondió con tranquilidad Isabel.
-          Isabel ten mucho cuidado. Puedes pasar por loca si sigues escapándote en las noches- le dijo Luis
-          Yo no estoy loca. Simplemente me gusta el mar- dijo molesta Isabel
-          No te molestes, vamos a buscar unos caracoles, y cangrejos para comerlos en la cena. Es una buena excusa para que nuestros padres no se preocupen.- Le dijo Luis.
Isabel le dio la mano a su hermano, y empezaron a buscar cangrejos. Después de las 6 de la tarde se asomaban siempre a la superficie así que pudieron llevarse una gran cantidad. Sus padres se pusieron muy felices cuando los vieron a ambos.
-          Estábamos muy preocupados. Esa Isabel si es traviesa- dijo su padre.
-          Menos mal que Luis no la abandona nunca- dijo con tranquilidad su madre.
-          Bueno, vamos a comer- dijo Isabel
-          Sí, tengo mucha hambre- dijo la abuela.
Esa noche la abuela se acerco a Luis. Estaba muy preocupada.
-Luis, ¿Has visto a Isabel comportarse extrañamente últimamente?- le pregunto su abuela
- No. ¿Porque lo dices?- Le contesto Luis.
- No te hagas el inocente. Tu sabes muy bien que ella no es igual que las otras niñas. Un día va crecer y su destino la va llamar- le dijo la abuela.
- Pero, abuela. ¿Que puede pasar? – Le pregunto Luis
- De verdad no sé hijo, pero me parece que Isabel es uno de esos niños perdidos del mar.- Le dijo su abuela.
- Sabes abuela, hoy la vi hablando con unos delfines. Me pareció todo tan extraño – le comento Luis a su abuela.
- Dentro de poco tiempo nos dejará. Tienes que dejarla partir. Yo sé que la quieres mucho. Pero nadie es propiedad de nadie, incluso de  nuestros hermanos y seres queridos- le dijo cariñosamente su abuela revolviéndole sus cabellos.
- Tal vez tengas razón- le dijo con tristeza su abuela.
El tiempo fue pasando e Isabel se convirtió en una hermosa mujer. Sus cabellos verdes olían a flores frescas temprano en la mañana. Tenía mucho pretendientes, pero ella no estaba interesado en ellos. Luis se casó y formo una familia. Ya tenía dos hijos. Se llamaban Carlos y Enrique. Vivía cerca de sus padres. Siempre estaba pendiente de Isabel.
Pero como el amor llega inesperadamente, Isabel se enamoró perdidamente de un pescador que vivía del otro lado del pueblo. Ella lo esperaba todas las noches y se ponía su mejor vestido para recibirlo. Salían a pasear a orillas de la playa. Isabel sentía que había algo extraño en él.
-Tengo que decirte algo- Le dijo Pedro.
- Te escucho- le respondió Isabel tocándose coquetamente su cabello.
- Yo vine a buscarte. Pero, nunca  me imagine que al conocerte me iba a enamorar de ti.- le confesó Pedro.
- ¿Que quieres decir?- Le pregunto Isabel
- Tú y yo somos unos de los pocos sobrevivientes que quedamos del mar- Le dijo Pedro.
-¿A qué te refieres?- Le pregunto Isabel
- No te parece extraño que los delfines sean tan amables contigo, y que puedas hablar con ellos- le dijo Pedro.
- Eso lo hacían hace tiempo. Ya no los he vuelto a ver- le dijo Isabel.
- Y no te has preguntado porque  los pescadores tienen siempre peces cuando te encuentras en su compañía- le dijo Pedro.
- Bueno, ¿A dónde quieres llegar? Le dijo ya fastidiada Isabel
-Tenemos que volver al mar. Algunas  sirenas nos esperan- le dijo Pedro.
Isabel estaba muy enamorada de Pedro, pero todo eso la asustaba mucho.
-No te asustes. Nada te va pasar- le dijo Pedro.
-Te acompañaré, pero tengo que despedirme de mi familia, especialmente de Luis- le dijo Isabel
-El solo es un humano- le dijo impacientemente Pedro.
- Siempre me ha protegido, y me ha cuidado, incluso cuando los demás no me miraban bien por estos cabellos verdes. Y siempre me respeto mis escapadas en las noches- le conto Isabel
- De verdad es diferente de los demás humanos- le dijo Pedro.
Esa noche Pedro e Isabel fueron a la casa de Luis, y le contaron todo. Luis sabía que ese día llegaría.
-          Entonces no te importa que me vaya- le dijo Isabel a su hermano
-          Hermanita, yo sabía que este día llegaría. No te olvides de nosotros- le dijo su hermano.
-          Eso me tranquiliza, pero te voy a extrañar - dijo Isabel.
-          Yo también. Pero es tu destino. Tu también tienes que formar tu familia- le dijo sonriendo Luis.
-          Trátala y cuídala mucho- le dijo Luis a Pedro.
-          No te preocupes- dijo Pedro abrazando a Isabel.

Después de cenar se fueron Pedro y Isabel agarrados de la mano al mar. Allí los esperaban los delfines. Al adentrarse en el mar Isabel se convirtió en una hermosa sirena y Pedro en un tritón con una larga cola. Isabel miraba hacia atrás, y veía todo lo que dejaba, su hermano, su familia, y su querida isla.
En ocasiones Luis sale de paseo con sus hijos en la orilla de la playa y le parece ver en la distancia una bella sirena de cabellos verdes, chapoteando en alta mar, y se siente feliz porque Isabel volvió a donde pertenecía, y además lo más importante, había encontrado alguien que sinceramente la quería.


sábado, 29 de octubre de 2011

El cumpleaños de Naibu



Naibu vivía en un lugar muy lejano llamado África. Allí viven muchos animales salvajes. Tigres, leones, serpientes y otros animales muy feroces. Es que además Naibu vive en la selva. Allá no viven en casas como nosotros, ellos viven en pequeñas casas y tienen apenas para vivir y alimentarse. Los niños no tienen videojuegos, ni celulares y menos televisión en sus casas.

Sin embargo, Naibu es un niño muy feliz. Se levanta muy temprano, ayudar  a su mamá con la siembra, y está muy emocionado porque su papá le va a enseñar a cazar con una lanza. Pronto seria el cumpleaños de Naibu, y él sabia que en los cumpleaños  se celebraban con una rica torta, pero hace algunos días los tigres habían azotado a la población, y una plaga había azotado el sembrado perdiéndose todas las legumbres, y un león había matado las vacas.

Su mamá le dijo que no podría celebrar su cumpleaños, ni invitar a sus amigos a su casa, es que no tenían dinero para hacerle la torta que tanto anhelaba. El estaba muy triste, porque sería que su familia sería tan pobre, sabía que otros niños podían tener los juguetes que quisiesen.

Sin embargo, un día pasó cerca de su poblado un misionero y venia con unos niños de la ciudad. Ellos si tenían juguetes. Uno de ellos se llamaba Pablito. Naibu se hizo  muy buen amigo de Pablito, él era hijo de los misioneros, este era muy generoso con él, compartía sus juguetes, y Naibu en cambio le enseño como evitar el peligro de encontrar serpientes peligrosas, y otros animales feroces. A Pablito le dio mucha tristeza que Naibu y los otros niños fueran tan pobres, así que  decidió darle una sorpresa a Naibu. Le propuso que trajera a los otros niños en donde vivía. Y cuando llego, cuál fue su sorpresa le hicieron una rica torta de chocolate, nunca se lo hubiese imaginado. Sus otros amigos estaban también muy felices. Por eso es muy importante compartir con todos porque no tenemos la suerte de tener juguetes, y otras cosas importantes para vivir.

sábado, 15 de octubre de 2011

Estrellita y la Hiena




Cuentan que en lo más profundo de la selva vivían una manada de elefantes. El líder de la manada era muy respetado porque se había enfrentado a salvajes leones, y había salido airoso en muchos enfrentamientos. Sin embargo el más chiquitín de todos, a quién llamaban cariñosamente Estrellita era tan distraída, tan distraída que se perdía siempre de la manada. En una ocasión se perdió en un río haciendo amistad con un grupo de hipopótamos, que veían muy extrañados que este no estuviese con su manada.
Sin embargo su madre siempre lo encontraba. Ese día estaba muy enfadada con la pobre de Estrellita y le dio vario trompetazos en su oreja diciéndole:
-Tienes que tener más cuidado. Cerca de los Hipopotamos siempre hay leones.
-¡Ay, eso me dolió!
-¡Vámonos! Le dijo su madre con enfado.

Así que la pobre de Estrellita se fue sin rechistar con su madre, y a pesar de que le dolían sus pobres orejas no se quejaba mucho porque sabía que su malhumorada madre le podría dar otras más si no se comportaba.

Un buen día, Furia convocó a todos los elefantes. 
-Tenemos que irnos de aquí, ya el pasto se esta acabando, además ya el otro día vi unas cuantas hienas cerca. Y esos animales no son confiables. Atraen demasiado a los zamuros.


Así que el día siguiente se marcharon a un río que se encontraba detrás de las colinas.
Sin embargo Estrellita se entretuvo con unos conejitos, y no se dio cuenta de que la manada se había largado hace horas.
Al rato se le acerco una hiena.
-¿Que haces por aquí tan solito? Le preguntó la hiena.
-Me entretuve con estos lindos conejos. Pero veo que mi familia y mis amigos ya no están cerca.
-¿No te da miedo? Le pregunto la Hiena con malicia.
Sin embargo, la hiena ya estaba pensando en que hacer con la elefantita. Pensó que podía llevarla a donde se encontraban unos zamuros, y de repente le daban un poco de carne de las que ellos siempre tenían en sus asquerosos picos.
Por cierto, ¿Cómo te llamas? Le preguntó Estrellita
- Rayitas. Por estas grandes rayas que tengo en el lomo. Las otras hienas son de color marrón, pero yo tengo estas rayas negras horribles.
-¡Que original! Mira, tenemos cosas en común, yo tengo una Estrellita detrás de mi oreja derecha. Enseñándosela a la hiena.
La Hiena estaba tan entretenida conversando con Estrellita que no se percató que un Tigre estaba merodeando por allí cerca.
Sin embargo Estrellita si detectó el peligro.
-¡vamos a escondernos detrás de este árbol, mira ese tigre, y tiene unos colmillos muy afilados!
Rayitas y Estrellita se escondieron rápidamente y pudieron eludir al Tigre, que se veía que tenía un hambre.
Rayitas como todas las hienas son medio traicioneras, y le gusta tender trampas a los animales de la selva, sin embargo simpatizo mucho con Estrellita, e hicieron una linda amistad.
-Gracias Estrellita. Casi que somos bocado de ese tigre.
-Yo soy muy distraída, pero cuando vi ese tigre tan cerca pensé en lo peor. Así tenía que hacer algo para eludir a ese animalote.
- Lo malo es que me perdí. Mi familia y los otros elefantes se desaparecieron. Y no se que hacer dijo tristemente Estrellita.
-Yo vi unos Elefantes caminando hacia aquella colina. Si quieres, yo te puedo indicar le dijo la Hiena.
Y fue así que Rayitas y Estrellita se fueron en la aventura de ir hacia la colina. Descubrieron al poco tiempo las huellas de los Elefantes. Y al final los vieron bañándose muy plácidamente en un río.
Furia al ver a Estrellita emitió un ruido tan fuerte con su trompa que casi tumba a la pobre Hiena y a la pobre elefantita.
-¡Apareciste! Tu madre casi desfallece del dolor porque te perdiste. ¿Y quién es esa Hiena? Le dijo el jefe de la manada.
-Es mi amigo.
-Los Elefantes no son amigos de las hienas.
-Pues él me indico en donde estaban ustedes. Así que si le vas hacer daño, tendrás que enfrentarte conmigo, amenazándolo con su trompa
Furia se quedo mirando a Estrellita. Le gusto mucho el valor que tenía el pequeño animal, y sobre todo le causo mucha gracia. Tan pequeñita, y que agallas tenía. Pero sobretodo lo que más le produjo satisfacción fue la solidaridad que tenía con los otros animales de la selva. Aunque desconfiaba de la hiena un poco.
-Puede quedarse con nosotros mientras no atraiga a las otras Hienas.
Y así fue que Rayitas fue la primera hiena que vivió con una manada de Elefantes. Y bueno Estrellita estaba también muy feliz con la compañía de su nuevo amigo.

domingo, 2 de octubre de 2011

Los gigantes de las Galapagos




En las bellas tierras de las Galápagos habitaban las gigantes tortugas. Pero no solo habitan las tortugas, en esta singular isla del Ecuador  también viven bellísimos y singulares pájaros, iguanas  tan grandes, tan grandes que se asoman en la playa a tomar un rico baño de sol, y en ocasiones cuando llega el atardecer se pueden ver las garzas coloradas caminando cerca de la playa.

Pero no todo es paz para estas magnificas y antiguas tortugas. En ocasiones cuando nadie se da cuenta vienen esos seres en sus grandes barcos para cazarlas o llevarse en el peor de los casos a sus huevos, que serían en el futuro el nacimiento de nuevas tortugas. Pero son tan astutos, que vienen tarde en el anochecer para que nadie los descubra aprovechando la poca vigilancia que hay en las playas, y así hacer de las suyas.

Y así paso mes, y otro mes, y ya la situación de escasez de huevos ya llegaba al aňo. Los cuidadores de las tortugas no se explicaban que realmente estaba pasando.

Sin embargo, Pedrito, el hijo del guardián de la isla sospechaba de algo. El estaba siempre pendiente de sus amadas tortugas. Así que una buena noche sin notificarle a su  padre se escondió detrás de la maleza y espero en la noche.

Cerca de la madrugada los pudo oír. Era sonido de motores de grandes barcos que traían grandes redes. Y vio como se bajaban poco a poco de la playa, y no solo tenían interés de llevarse los huevos, sino también sus amadas tortugas gigantes.

Pero, que podía hacer él. Un niño tan pequeño ante una multitud de adultos. Pero se acordó de la fragata real, así lo llamaba su padre, que era un pájaro singular de esta isla, que cuando se enfadaba en grandes proporciones se hinchaba su pecho de su peculiar color escarlata, y emitía unos sonidos ensordecedores.

Así que salio de su escondió, y se dirigió donde había un nido de estos animales. No quería lastimarlos pero le tiro unas cuantas piedrecillas. Y como era de esperarse el padre de la familia se enfado tanto, porque a nadie le gusta que le perturbe su sueňo, y empezó chillar. El ruido la oyeron las águilas en las montaňas y las focas que estaban en las playas. Y cuando se dieron cuenta había toda una algarabía en la playa.

Los hombres no sabían que hacer pero no le dieron importancia. Total pensaban: “ son solo animales”, pero el detalle fue que los oyeron los guardianes de la isla en la noche, y salieron rápidamente sorprendidos por el ruido alborotado de los animales.  Salieron con sus rifles de sus casas para rescatar a sus grandes tortugas. Los  cazadores no se dieron cuenta que había pasado. Cuando se dieron cuenta estaban todos esposados y acusados de cacería ilegal. Y fue así  como gracias al ingenio de Pedrito y con la ayuda de todos los animales que habitaban en las Galápagos ya ningún cazador osa visitar a esta isla para dañar a estos gigantes animales. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Lucesita y la virgen de Caacupe




Lucesita era como muchos mestizos de Paraguay hija de un guaraní y una blanca. Vivía en la parte alejada de la aldea porque los indígenas eran muy celosos de su raza. Pero a los que más temía eran a esa raza de Mbayíes que eran raza muy agresiva y dominante. Eran tiempos muy difíciles. Las luchas entre las etnías sucedían a casi diario,  le pedía a su queridísima virgen de Caacupé que la protegiera siempre. Le habían relatado que hace años había protegido a un Guaraní de ser muerto por un mbayí en una persecución encadernicida. Desde ese entonces casi todo su pueblo se había vuelto devoto de esa maravillosa dama.
                                                                                                          

Lucecita vivía con su madre en una casa elaborada con troncos de madera con apenas dos hamacas en su interior. Apenas tenían para comer. Los Mbayíes habían azotado la aldea llevándose gran parte de la comida de la aldea.
Eran una tribu muy sanguinaria y pocos tenían la tenían temeridad de enfrentárseles. Así que sobrevivían de la leche de las vacas, los sembradíos de zanahoria, lechuga y otras hortalizas, y alguna pesca. Llego el invierno y con ello muchas enfermedades. Muchos guaraníes sufrieron de diarreas, y gripes virales características de esta época. La madre de Lucecita desde hace tiempo se sentía muy mal. Tenía una gripe mal curada, y en los últimos días tenía una tos que no se le quitaba. Lucecita no sabía que hacer. Le había hecho te de hierbas, y otros remedios que le aconsejaban las viejas de la aldea para que esta se curase. Pero Lucecita no le había visto mejoría. 

                
Un buen día Lucecita le comunico a su madre que iba a ir a la gran ciudad para buscar unos remedios y buscar un médico. Sabía que existía un médico que hacía milagros con muchas enfermedades. Sin embargo su madre le aconsejaba.

 – hija, no vayas. Es peligroso. Los Mbayíes te pueden encontrar-
 Pero el amor de su hija era mucho más grande y ella era muy valiente.
 – No te preocupes mamá, la divina providencia me protege y la virgen de Caacupé me protegerá en el camino- le contesto Lucecita.

 La madre de Lucecita no entendía esa fe tan grande que le tenía a esa dama. Para ella, todo era una conjetura, y si fuera cierto porque no había ayudado a proteger a su aldea de los azotes de los Mbayíes. Sin embargo no la detuvo.
Al día siguiente se fue llevo como comida un poco de leche y un rico cereal hecho por su madre. Tenía mucho miedo porque sabía que los Mbayíes le podían rondar los talones. Camino durante dos horas, y ya los pies lo tenían rojos de cansancio. Pero tenía que llegar a la gran ciudad. Sin percatarse a pocos metros había un grupo de Mbayíes. Estaba aterrorizada. Se acordó de su virgencita de caacupé y le pidió que la protegiera. Los indios la miraron con desprecio, y ese instante le pareció que le iban a hace daño. Muchos relámpagos aparecieron de repente en la claridad del día. Como los indios eran muy supersticiosos la dejaron sola creyendo que algunos de estos podrían caer encima y quemarlos vivos. Lo cual podría ser cierto ya que un relámpago que cae cerca de un árbol puede producir un gran incendio, y quemar y carbonizar a todo aquel que se encuentre cerca.
Después de una gran jornada llego a la gran ciudad. Pregunto incansablemente por el médico pidiendo a Dios encontrarlo y que la atendiera. Los pobladores de la ciudad cayeron en gracia de lucecita, y le aconsejaron que fuera a la medicatura y allí la atendería. Lucecita se moría de hambre y cansancio. Pero no desfalleció. Con mucha paciencia espero que el médico la atendiera. El médico muy amable le pregunto: 

- Que necesitas hija, te ves muy cansada-
Ella le respondió: Mi madre esta muy enferma. Tiene una tos horrible y no la he podido curar con ninguna hierba de la aldea. Le respondió con lagrimas en los ojos. Como el médico era de buen corazón, le entrego unos medicamentos. Dale esto 3 veces al día, y al poco debe curarse. No debe levantarse de la cama ya que a mi juicio creo que tiene una enfermedad llamada bronquitis y si no es cuidada puede ser mortal. Si ves que no hay mejoría tendrás que traerla a la ciudad. Lucecita le pidió a su virgencita que no tuviese necesidad porque era una larga jornada para su madre. Le dio gracias al buen médico. Este no le pidió dinero ya que sabía todas las tribulaciones que estaban pasando los guaraníes. Descanso un rato, y emprendió la jornada de regreso. Había mucha lluvia por la tupida selva, al oír las cascadas sabía que ya estaba cerca. Llego a su humilde hogar, y una de las viejas de la aldea le dijo que su madre estaba más convaleciente. Sin embargo Lucecita tenía mucha fe, y le dio los medicamentos como le indico el médico. A la semana ya su madre estaba restablecida y con más color en las mejillas. Lucecita sabía en el fondo de su corazón que la virgencita de Caacupé la había ayudado con su gran amor, y fue ella la que la había conducido a ese maravilloso médico que con su gran corazón le había proporcionado los adecuados medicamentos para curar a su madre.













miércoles, 7 de septiembre de 2011

Felicidades a todos



He recibido este lindo regalito de mi queridisima amiga Nicole, por lo que lo he querido compartir con todos ustedes, yo soy gran lectora   de sus blogs. Entre los blogs  que siempre me gusta  visitar se encuentra los siguientes. Es un bello detallito por lo que me gustaria compartirlo con uds, y a su vez lo comparton con otros bloggers.


http://danzandoencasasolaydescalza.blogspot.com
http://theclubofcompulsivereaders.blogspot.com
http://laescribientemariposa.blogspot.com
http://deseosderebecca.blogspot.com
http://mujerdiosa.blogspot.com
http://beni-es-argos.blogspot.com
http://eljardinerodelasnubes.blogspot.com
http://quejascontralasociedad.blogspot.com
http://elespaciochiquito.blogspot.com
http://moisesfisher.blogspot.com
http://losmanuscritosdelcaos.blogspot.com
http://recetasparamishijos.blogspot.com


sábado, 3 de septiembre de 2011

Pablo y el pequeño Cachalote



En los indómitos mares de la Patagonia habitan las bellísimas ballenas. Dicen los más viejos habitantes de Argentina que estos bellísimos seres de la creación comunican sus tristezas a través de los profundos sonidos que emiten al pasar con sus respectivas familias, y se puede percibir su tristeza cuando pasan a distancias visibles de las orillas del mar.

Pablo vivía cerca de Bariloche, y había visto muchas ballenas. Incluso en algunas noches de invierno había tenido la dicha de visualizar la aurora boreal. Le encantaba ver semejante espectáculo. A pesar del frío inminente que hacía en esa época del año, él lo disfrutaba muchísimo. Él, como muchos argentinos de la Patagonia amaba a sus queridas ballenas, y por eso detestaba esos marinos que las cazaban solo por un gramo de aceite. Hasta hace algunos años atrás las Ballenas venían en gran número hacía la orilla de la playa, produciéndose la muerte instantáneamente. Es como si supieran en su interior lo que les esperaba.
Al muchacho le indignaba todo esto. Como era posible que estos bellísimos mamíferos se suicidaran de esa manera. Tenía que hacerlo algo. Aunque no había pensado nada en ese momento.

Sin embargo Pablo tenía sus sueños y sus más altas esperanzas, y si él ponía su granito de arena para salvar a estos gigantes, tal vez él podría marcar la diferencia. 

El muchacho era un joven de apenas 16 años, y como todos en esas edades tenía sus propias metas y sueños. Su familia no lo sabía, pero él quería ser un biólogo marino. Pero, él era muy pobre, provenía de una familia de pescadores. Sin embargo él pensaba que nada era imposible, lo importante era proponérselo y luchar por cumplirlo.

Un buen día, al finalizar de ayudar a su padre, en limpiar el pescado, y organizarlo para llevarlo posteriormente al mercado temprano en la madrugada fue a dar su caminata por los bordes del acantilado. Y entonces allí lo vio: Era un pequeño cachalote. Menos mal que no había llegado a la playa, pero se podía distinguir desde los acantilados. Era de un color gris plateado con una singular estrella cerca de la mandíbula. Estaba sorprendido. Nunca había visto nada parecido. Se acercó sigilosamente. El pequeño cachalote pensó en huir y alejarse rápidamente al detectar la presencia de un humano. Pero no lo hizo. Dicen que algunas ballenas detectan el alma de los seres humanos, sobre todo cuando muy jóvenes. El simpático Cachalote lo saludo echándole con sus aletas una buena dosis de agua. Pablo no se molesto para nada. Estaba emocionado de tener esos gigantes tan de cerca.
-Amiguito, ¿dónde esta tu familia?
Este le respondía zambulléndose dentro del agua y volviendo aparecer instantáneamente. Pablo se dio cuenta que podría hacer una linda amistad con el. Sin embargo, a pesar de que había transcurrido algunas horas con él, al poco tiempo se fue desapareciéndose por el mar.
Pablo llego a su casa empapado. Sus padres extrañados le preguntaron.
-¿Dónde estabas metido?
- Por allí. Compartiendo con los muchachos. Uds. saben como son
Sus padres no se preocuparon para nada, así que lo dejaron tranquilo sugiriéndole que se cambiara y cenara, porque pronto era la hora de comer.
Secretamente Pablo iba todos los días al acantilado para ver si veía a su amigo otra vez. Pero no aparecía. Así que pensó. Es lo mejor, así esta con las otras ballenas, y estará seguro de esos despiadados marinos.

Una tarde escuchó unos chillidos. Era su amigo. Unos marineros intentaban atraparlo con una red.
-¡Ya casi lo tenemos!- decían
Pablo al darse cuenta empujó salvajemente a los marineros. Los tumbo al piso, y con un pequeño puñal, rompió gran parte de la red. Como buen pescador, él conocía las bases de la red, y que partes eran las más frágiles.
- ¡Te volviste loco! Ese animal podía ser un buen señuelo para atrapar a las otras ballenas, ahora se va escapar.
- Eso espero-
El Cachalote aprovecho la oportunidad para zafarse e escaparse nadando a grandes velocidades hacia mar adentro.
Los hombres se retiraron refunfuñando profiriendo insultos al pobre Pablo. Pero, este lo ignoro.
Hubo una temporada en que no se conseguían peces por ninguna parte. Era como si hubiesen desaparecido. Los hombres del pueblo decían:
-Tendremos que cazar las ballenas, y así ganarlos algo para comprarnos alimento.
Pablo no le hizo gracia. Les pidió que lo reconsideraran. Daba mala suerte hacer tanto daño a los animales.

Una tarde, Pablo decidió buscar peces, así que se fue en su lancha a alta mar. Trataría de encontrar algunos así los hombres se olvidarían de esa terrible idea de hacer daño a las pobres ballenas

No había visto un miserable pez. Frustrado con rabia, y malhumorado decidió devolverse a su pueblo. Pero en ese momento apareció su amigo. Y no solo estaba él sino también otras ballenas. Que emocionado estaba.

El cachalote le echo agua otra vez con las aletas indicándole en su lenguaje que lo siguiera. Pablo lo comprendió. El cachalote en conjunto con las otras ballenas lo llevaron a un arrecife. Estaba lleno de peces. Grandes y pequeños. Había grandes atunes, sardinas y cantidad de peces para elegir.
Pablo no perdió tiempo. Lanzo la red, y con gran destreza logro pescar una cantidad de peces. 
-Gracias amigo. Te lo agradezco. Mi gente no se morirá de hambre.

Entonces Pablo fue testigo de algo increíble. Las ballenas cantaban. Que bella melodía. No era como esos lamentos tristes que había escuchado Pablo en la playa. Y entendió, era una forma de agradecerle lo que había hecho por el pequeño cachalote. 
Pablo no volvió a ver a las ballenas en alta mar. Al principio se entristeció mucho, pero entendió que era lo mejor para ellos. Fue de regreso a su aldea y les enseño todo lo que había pescado. Estaban atónitos.
-Muchacho, ¿Donde conseguiste tantos peces? Le preguntaban
-Cerca de un arrecife. Yo los puedo guiar.
Y así fue que un amable cachalote salvo a toda una aldea de un gran azote de hambre. Pero Pablo no lo dijo nunca. Ese era su secreto. El estaba ferviente seguro de que el mar tiene muchos secretos, y tal vez algún día los desvelemos cuando la humanidad vuelva totalmente en cada ser viviente.

Con el tiempo, y con mucho sacrificio, Pablo entró en la universidad y ahora es un excelente Biólogo marino. Y lleva en ocasiones a sus estudiantes, y amigos a que presencien a las ballenas, y algunas veces, no muy frecuentemente se acerca una ballena a la embarcación y le llena a toda la tripulación de agua.

Entonces Pablo lo reconoce. Es su querido amigo. Es una grandísima ballena, y como no distinguirla. Sigue con su pequeña identidad. La estrella al lado de la mandíbula.
Pablo ríe de felicidad. Los estudiantes más jóvenes emocionados también se ríen y disfrutan el momento. Y así fue como un muchacho pudo marcar la diferencia. Hoy en día, en muchas partes de la Patagonia hay más ballenas que hace algunos años. Por eso se dicen que nosotros podemos marcar la diferencia poniendo siempre nuestro granito de arena


jueves, 1 de septiembre de 2011

El sueño de Carlitos




Carlitos era un niño común como todos los de su edad. Le gusta jugar con sus videos juegos, jugar con pelota con sus amigos e ir al cine a ver las películas mas recientes. Pero lo que más le emocionaba y más lo satisfacía era ver las estrellas de noche. Pasaba horas observándolas con el fin de descubrir una estrella fugaz. Soñaba hace tiempo con ese telescopio que vendían en esa tienda tan cara. Pero su mamá le decía:
No sueñes tanto Carlitos, no podemos costear un Telescopio, apena sobrevivimos para comer

Sin embargo Carlitos no se desanimaba. Un buen día sus amigos lo invitaron a participar en un juego de metras. Pedrito, quién era su mejor amigo le animo:
-Oye, Carlitos, vamos a retar a esos niños a un partido, pero eso sí vamos a apostar a ganar- le  dijo su amigo.
A Carlitos no le pareció mala la idea, pensando en ese telescopio que tanto deseaba. Llegó el día, y entonces decidieron jugar por pareja. La apuesta era por cien mil bolívares. Carlitos se preguntaba de donde sacaría esos niños tanta plata, pero no le importo. Pedrito y Carlitos iban a jugar por parejas. Ya habían dado una vuelta y no habían ganado ni una metra. Pero Carlitos tenía mucha confianza en sí mismo. Cuando visitaba a sus abuelos, en el pueblo se le consideraba el mejor jugador de metras. Ya en la segunda vuelta Pedrito había ganado la mitad de las metras y Carlitos la otra mitad. Solo faltaba una vuelta. Ya eran las cinco de la tarde. Carlitos estaba sudando de la emoción y ansiedad. Le quedaba una última metra. Era una metra de color azul celeste. La soplo con ansiedad y derrumbo las metras que faltaban. Había ganado. Los niños del otro bando estaban decepcionados. No imaginaban como un niño de apenas 8 años hubiera ganado un partido. Al principio no le quisieron dar la plata, pero realmente se lo había ganado limpiamente. --Felicitaciones pequeñín, te lo has ganado, pero cuéntanos, ¿Qué vas hacer con ese dinero? le preguntaron.
- Me voy a comprar un telescopio-Le contesto Carlitos.
_-Pero, con eso no vas a llegar a Roma, es muy poquito, un buen telescopio cuesta quinientos mil bolívares- Le dijeron los muchachos.
 – Tienes razón -le respondió.
-   ¿Sabes qué? mi abuelo necesita ayuda en la tienda de helados, y de repente si lo ayudas te puedes ganar un poco para completar lo que necesitas- le dijo su amigo.
Pedrito le presentó su abuelo a su amigo, y este acepto inmediatamente. Realmente fueron 6 meses de arduo trabajo. Salía de la escuela, hacía rápidamente sus tareas, y ayudaba al abuelo de su amigo. Su mamá no sabía nada, pero se sospechaba algo. Un buen día Carlitos llegó con el Telescopio a su casa.
-¿De dónde lo sacaste? ¿Se lo quitaste a alguno de tus amigos?- le preguntó preocupada.
-No. Mamá lo compré con los reales que me gané trabajando en la heladería del señor González. La mamá de Carlitos respiró profundo, y le dijo que se sentía muy orgullosa porque había aprendido que no basta soñar hay que luchar por ello, y la mejor es por el valor del trabajo.

Esa noche Carlitos y Pedrito estrenaron el telescopio en la ventana de su casa. No se habían percatado lo linda que podía ser las estrellas y la cantidad que había en el firmamento. Una noche Carlitos pudo ver con el telescopio una bellísima estrella fugaz. Quedo impresionado de la belleza de este astro. Con el tiempo Carlitos fue creciendo y se hizo hombre. Estudio muchísimo para conocer más de las estrellas y del universo. Se ganó una beca para estudiar en la NASA, y ahora es uno de los astrónomos más reconocidos de este centro de estudios espaciales. Pero nunca olvidó la adquisición de su primer telescopio, y cómo le costo conseguirlo. Indudablemente el telescopio y su amor al universo marcaron su vida y trabajo. Y todavía sueña con volar en el espacio, pero esa es otra historia.

sábado, 4 de junio de 2011

Los dragones y las princesas


Como educadora pienso que es de gran importancia fomentar en los niños y niñas el desarrollo de la creatividad e imaginación a través del mundo de la escritura y de la literatura infantil.

Tomando esto como referencia he desarrollado un proyecto de creación de cuentos de parte de los mismos niños para proyectar después en una dramatización del mismo como finalización del mismo.

El proyecto surge por el interés de parte de los niños en la creación de sus propios cuentos mediante dibujos, y relatos sencillos del mismo de acuerdo a la edad de los niños.

Fases del Proyecto
1. Elección de la temática del cuento
2. Construcción colectiva de un cuento de duendes y princesas.
3. Coloreado de los personajes principales de la historia
4. Diseño del vestuario de parte de los niños: Caballeros, princesas y dragones.
5. Elaboración de cuentos individuales
6. Dramatización del cuento colectivo: Los dragones y las princesas

Como educadora, realmente puedo decir que ha sido muy gratificante como los niños de 3 a 6 años han participado con gran entusiasmo la creación de sus propios cuentos, y colectivos fomentando de esta manera el desarrollo del lenguaje oral y escrito, creatividad y respeto a las ideas e individualidades de cada uno de sus compañeros.

sábado, 14 de mayo de 2011

Escarchita y las Ánguilas



En lo profundo del mar atlántico vivía un pequeño pez de aleta plateadas con franjas doradas. Decían las sirenas que el animalito era así porque sus padres habían vivido cerca de un buque viejo de piratas en donde se encontraba un gran tesoro. Dentro del viejo buque se encontraba grandes lingotes de oro y otras joyas preciosas. Pero posteriormente, se mudaron a un coral fuego habitado por multitudes de peces de todas las especies y variedades, ya que ese tesoro era muy buscado por los humanos. Y además el coral fuego tiene la particularidad de que si es tocado por manos humanas quema en alto grado, así que allí no los molestarían para nada. Al pequeño pez lo llamaron Escarchita porque cuando nadaba a grandes profundidades iluminaba con sus franjas luminosas los territorios más oscuros.

Todos lo querían mucho, incluso las odiosas anguilas eléctricas que se dedicaban a molestar a los más pequeñines porque el amable pez era muy amistoso con todos los habitantes del mar incluso los más feos y espeluznantes que se pueden imaginar.
Sin embargo a los antipáticos tiburones no les hacía mucha gracia que se hiciese amigos de los peces feroces del mar. Estos les encantaban aterrorizaban a todos. Les encantaba perseguir y acosar desde el pobre pez globo hasta el delfín más juguetón que se paseaba por el mar.
A pesar de que los tiburones habitaban en aguas más frías y lejos del coral fuego no le hacía ninguna gracia que las anguilas eléctricas se la pasasen con Escarchita. Ellos desde siempre tenían una buena sociedad con las anguilas. Estas atontaban a los peces más pequeños, y estos ya por supuesto tenían su almuerzo ya listo.
Para ellos todo cambio. Tenían que buscar su almuerzo de otra manera. Los peces que vivían en el coral fuego sabían cuando venían los tiburones. El tiburón Martillo siempre venía a la cabecera, pero todos ellos tenían sus escondites, y ahora las anguilas montaban la guardia, y si se acercaban mucho recibían unos cuantos corrientazos de éstas.
Toda esta situación tenía muy enfurecido al Tiburón Martillo, y entonces decidió tenderle una trampa a Escarchita para tener a las Anguilas como aliadas. Sabían que Escarchita le gustaba explorar y conocer las profundidades del mar así que el Tiburón Blanco, quién era el más astuto busco a un Erizo malhumorado que vivía cerca de su territorio.
-Oye tú. Le dijo el tiburón
- ¿Que quieres? No ves que estoy durmiendo mi siesta. Le dijo gruñendo el erizo
- Por cierto, ¿porque no vives en el coral fuego con los otros erizos? Le preguntó el Tiburón
-Es que ese escarchita me cae de un pesado. Desde que se ha vuelto tan popular todo los demás me ignoran. Así que decidí alejarme de ese vecindario.
- Quieres vengarte. Nosotros los tiburones también lo detestamos.
- ¡y eso!
-Las anguilas son ahora amigas de él, y nos gustaría proponerte algo para que los dos nos beneficiemos.
-¿Que quieres? Le preguntó el Erizo.
- Que tal si lo invitas a las cuatro corrientes, y como es de un curioso seguro que aceptará.
-Eso suena macabro, allí solo hay oscuridad le respondió el Erizo
-Esa es la idea. Le contestó el Tiburón.

A pesar de que la idea no era muy bonita, el pobre Erizo estaba de lo más resentido así que decidió unirse al plan. El Tiburón Blanco ya se imaginaba comiendo peces más grandes, así que se fue nadando hasta llegar donde estaban sus otros amigos.
Así que deslizándose por la arena llego al coral fuego. Y se acercó al ingenuo pez.
-Hola Escarchita
-¡Hola! Que gusto verte otra vez. Sin pensar en los planes del Erizo.
-Sabes, como yo se que te gusta incursionar, mañana salgo a las cuatro corrientes, ¿Quieres ir conmigo?
- ¿Y que tal es el sitio?
-Es un poco oscuro, pero dicen que allí viven unos peces muy amigables
-¡fantástico! Debe ser buenísimo el sitio. Voy a invitar a mis amigos los caballitos del Mar.
-¡No! No puedes decirle a nadie. Es un secreto entre tú y yo.
- Bueno si lo pones de esa manera le respondió Escarchita.
Al día siguiente Escarchita salió muy emocionado con el Erizo. Le pareció un poco extraño que fuese tan lejos, pero como él tenía un espíritu de aventura sin igual no le importo.
Ese día nadie noto la ausencia de Escarchita a diferencia de los delfines y los pulpos.
-¿Dónde esta Escarchita? Pregunto Motitas.
-No lo he visto respondió el otro delfín
-Yo si. Lo vi acompañado de un erizo de púas rojas dijo el Pulpo
-Ese es gruñón contestó. No debe estar en nada bueno entre manos respondió
-El otro día lo vi con unos Tiburones. Me pareció tan extraño comento un calamar.
-Puede que Escarchita se encuentre en Peligro. Dime por donde lo viste.
-Se dirigían a las 4 corrientes.
Mientras tanto Gruñón y Escarchita ya casi llegaban a las 4 corrientes. Entonces le dijo con malicia al pobre Escarchita.
-Mira, si sigues nadando hacia las profundidades en la parte más oscura, allí viven unos peces luminosos. Son muy amigables. Seguro que estarán felices de hacer amistad contigo.
- ¿No me vas acompañar? Le preguntó ingenuamente Escarchita
-Yo estoy muy cansado. Voy a reposar debajo de ese coral.
- Gracias amigo. Eres muy amable. Lo tendré siempre en cuenta.

Así que Escarchita fue nadando a las profundidades pero no vio ningún pez. Todo era muy oscuro. Le parecía todo tan extraño. Quiso volver, pero estaba un poco oscuro y ya sus aletas ya no brillaban tanto porque estaba cansado del viaje. Se escondió detrás de una roca, y le entro un susto.
Escarchita empezó a pensar que el Erizo lo había engañado. Pero ya no se podía hacer nada.
Mientras tanto los Tiburones se dirigían al coral fuego. Y vieron a las anguilas un poco tristes.
-¿Qué les pasa? Será que Escarchita los abandono.
- Eso les pase por hacer amistad con ese pez tan extraño comento el tiburón Martillo.
-¡Déjenos en paz! Le contestaron
-Bueno Uds. ya saben donde encontrarnos. Le dijo el Tiburón Blanco.
Las anguilas que estaban un poco resentidas ya porque además no eran muy pacientes decidieron esperar una semana, si Escarchita no aparecía se irían otra vez con los tiburones.

Mientras tanto los Delfines buscaban a Escarchita. Y no lo veían por ninguna parte.
Antes de llegar a las cuatro corrientes se encontraron con un pez de gran tamaño. Tenía la particularidad que era de zonas oscuras pero no le gustaba para nada las 4 corrientes porque eran muy frías. Así que ni se acercaba.
-¿Has visto a un pez con aletas plateadas con franjas doradas?
-Déjame ver. Ah si. Esta mañana. Me parece una locura que un pequeño pececito se aventure a ir por esos lados.
-El es nuestro amigo. ¿Será que nos ayudas a buscarlo? Le pregunto Motitas
- Uy, me da miedo, esas corrientes son muy frías y es muy oscuro.
-Pero, tú tienes luz propia. Nosotros no podemos ver en las profundidades. Le dijo Motitas.
- Como yo sé que tú has sido siempre muy servicial conmigo. Lo buscaré. Pero no me gusta ir solito.
- Yo te acompaño dijo el pulpo
Así que fueron descendiendo llamando a gritos a Escarchita.
Escarchita le pareció oír voces y entonces se percató que no estaba solo.
-Venimos de parte de los delfines. Están preocupados por ti. ¿Que haces tan lejos de tu casa?
-Un erizo me invito a pasear por estos lados diciéndome que había otros peces, pero por lo que veo aquí no veo nada.
-¡Tu si eres tonto! Te han tendido una trampa. En las cuatro corrientes nunca ha habido ni un alma. Acompáñame, vámonos de aquí.
El pobre Escarchita decidió seguirlo, y al llegar más arriba vio a sus amigos los delfines.
-¡Menos mal que te encontramos! Pudiste haber muerto en esos territorios. Le dijeron los delfines.
Cuando llegaron al Coral fuego no vieron a las Anguilas. A Escarchita le pareció todo tan extraño. ¿Dónde están mis amigas las corta corrientes? así las llamaba Escarchita con cariño.
-Se fueron con unos tiburones, estaban un poco decepcionadas porque no aparecías. Tú sabes como son. Le dijo un calamar
- Las voy a buscar dijo Escarchita.
-¿Cómo se te ocurre? Están con los tiburones. Te pueden comer. Le dijeron los delfines.
-Sin embargo tengo una idea, mañana vamos para allá en las aguas de los tiburones, claro a cierta distancia dijo el más valiente de los delfines
- Vamos a ver, sin son realmente tus amigas. Dijo Motitas.
Al día siguiente, salieron los delfines y Escarchita. Allí estaban las anguilas con los tiburones y con el traidor del erizo.
-¡Mira quién viene por allí! Dijo el Tiburón Blanco relamiéndose los dientes.
-Pero, viene acompañado de esos delfines. Yo no me meto con ellos. Son muy ágiles e ingeniosos. Y no quiero una pelea con esos. Dijo el Tiburón martillo, quién era un poco cobarde.
-Hola amigas le dijo Escarchita.
- ¿Que haces por estos lados? Le respondieron las anguilas con frialdad.
-Vine a saludarlas. Es que me perdí. Ese Erizo me llevo a las cuatro corrientes, y si no fuera por mis amigos los delfines y otros peces hubiera sucumbido.
-¡Con que esa tenemos! y entonces sin pensarlo le dieron unos corrientazos a los tiburones.
-¡Perdónanos Escarchita! Es que creía que ya no querías ser nuestro amigo.
-Tienen que tener un poco más de fe y ser menos impacientes. Les reclamó Escarchita.
- ¡Vámonos de aquí! Todos ustedes unos traidores. Nos quedaremos por siempre en el coral fuego.
- Caramba Gruñón. Sé que te sientes muy solo. Siempre serás bienvenido en el coral fuego. Aunque esa fue una jugada muy fea le dijo uno de los delfines
- Lo siento. Le dijo gruñon.
-Te perdonamos le dijeron los delfines.
-Ven Gruñón. Conozco un sitio en donde hay otros erizos. Te los presentare. Le dijo amigablemente Escarchita
Y así fue que las anguilas volvieron al Coral fuego, y Gruñón dejo de ser un erizo solitario y resentido. Hizo amistades con otros erizos e incluso formo una familia.
Por otro lado las anguilas están muy felices en su nuevo hogar. Ya no molestan ni a los peces más chiquiticos. Y los tiburones dejaron en paz a todos los peces que vivían en el hermoso coral.
Y bueno en cuanto a Escarchita, sigue haciendo nuevos amigos, pero aprendió ser más prudente y no alejarse tanto de su hogar y menos solo. Y Colorín colorado este cuento ha terminado.

sábado, 7 de mayo de 2011

Pedro y el ave Fénix


Cuenta nuestra historia que la carretera a Ocumare no se construyó en un día. Fue construida por los presos de la dictadura de Pérez Jiménez en Venezuela. Y gracias a ellos y a su posterior asfaltado podemos los venezolanos disfrutar de una de las más bellísimas bahías del estado Aragua, la bahía de Cata. Pero anteriormente esos terrenos eran pura maleza, y solamente los animales y plantas convivían en el. Eran los tiempos de Alejandro Humboldt, quién impresionado por nuestras bellezas naturales se atrevió a escribir varios libros de botánica, los cuales han sido conocidos hasta nuestros días. Sin embargo, a pesar de lo desconocido de esta región, muchos viajeros se habían atrevido a echarse la aventura a atravesar esta gran selva porque sabían que después de 3 días de camino les esperaba algo maravilloso. Solo eran rumores de pueblo, que salían de boca en boca y sin embargo, todos aquellos que habían osado iniciar esta excursión habían fallado desapareciendo entre la maleza. Muchos decían que fueron picados por grandes mapanares, o caídos en las fauces de un gran felino, que había hecho su agosto saciando así su hambre.

Pedro no era cualquier aventurero, había estado en la selva de Amazonas, y había sobrevivido a ella. Dicen las lenguas de los indígenas de estos territorios que tenia el don de hablar con los animales, y que era amable, y respetuoso con las plantas, y por ello no había sido consumido por la selva. Pero claro, eran puras habladurías. Pedro había escuchado que en la zona central de Venezuela existía una gran bahía, y que esta era un paraíso terrenal ya que nadie la conocía. Muerto por la curiosidad decidió encontrarla.

Después de varias leguas de camino, y salir del pueblo de Maracay decidió adentrarse a la montaña. No había por donde empezar. La selva era muy tupida, pero también era muy hermosa. Temprano en la mañana se escuchaba el trinar de los pájaros, el colibrí hacia acto de presencia y se sentía el sonido de las ranas cerca de los riachuelos. Al iniciar la escalata a la montaña, sintió la presencia de los mosquitos y los jejenes, pero el era muy precavido. Un curandero le había preparado una loción para untarse en el cuerpo para ahuyentar estas alimañas. Con machete en mano fue saliendo de toda la maleza impresionado al mismo de la belleza de la flora y la fauna. La montaña contaba con la presencias de árboles de gran estatura, y en muchas de ellos habitaban una gran cantidad de perezas. Se había llevado también unas cuantas arepas para bajar el hambre que se le podía presentar en el camino.

Sin embargo a final del día ya empezó a sentir el cansancio, así que decidió descansar. Se detuvo a descansar debajo de una gran mata de helechos haciendo caso de los sonidos que emitían los animales. De todos modos dejo un fuego prendido por si se acercaba un animal que quisiese devorarlo. Al día siguiente emprendió el camino. Ya su brazo le dolía bastante de tanto cortar maleza. Pero se había propuesto encontrar ese maravilloso paraíso. A pocas horas sintió un gran rugido. Lo sentía a la distancia. Su corazón palpitaba fuertemente, y el sudor salía a cantaros por su piel. De solo imaginarse que se encontraría con un jaguar, no sabría que hacer. Sabía que podría morir en un enfrentamiento de ese tipo. Cerca de un gran árbol de grandes lianas se encontraba una Pereza. La pobre se encontraba mal herida.

Se acercó con mucha gentileza, y la curó con unos remedios naturales que tenía en su mochila. A las pocas horas la Pereza despertó, muy contenta, y se subió inmediatamente al árbol donde le esperaba su familia. De repente escuchó una cantidad de sonidos de animales. Parecían sonidos de orangutanes salvajes, y cunaguaros. Pero los ignoró. De repente vio en el cielo un bello Ave Fénix. Decidió seguirla aunque volaba rápidamente. El ave sabia que él estaba allí, y pareciera en el fondo que esta le estuviese indicando el camino. Después de horas de caminar luchando contra la maleza y los mosquitos quedo impresionado lo que vio. Se encontraba en la presencia de una gran bahía.

Esta parte de la montaña era más seca. Se encontraba llena de cactus naturales. Pedro nunca había visto tanta agua, y una playa tan hermosa. Bajo inmediatamente de la montaña hasta acercarse al mar. i Que delicia! Esto si es un paraíso. En la playa vivían un grupo de pescadores, que sorprendidos del extraño fueron muy recelosos. Sin embargo, no vieron peligro en él. Así que lo recibieron con gran amabilidad, y le enseñaron a pescar desde temprano en la madrugada en sus peñeros. Pedro no cabía de sorpresa. Que cantidad de peces. Carites, Meros, Sardinas, y Ostras escondidas entre las piedras. Después de contarles Pedro a los pobladores de Ocumare lo del ave Fénix se miraron unos a los otros. Ese es Corrobó, el espíritu guardián de los animales del bosque. El solo guía y ayuda a cumplir nuestros deseos a todos aquellos que son de buen corazón. Por algo te ganaste su confianza le comentaron a Pedro. Y con el tiempo se corrió la voz por el pueblo de Ocumare como un extraño aventurero llego a la bahía de Cata gracias a la ayuda de Corrobó, el guardián de los animales de la selva.

sábado, 30 de abril de 2011

La Leyenda de Kukenan



Cuenta una Antigua leyenda de los indios Pémones de la gran Sabana, que cerca del Kukenan residia la antigua población de los Makunaima Este majestuoso Tepui se le designaba también Malawi-Tepuy, que significa “si lo subes mueres”, así que nadie osaba subirlo y ni siquiera acercársele. En el camino a Kukeman existen una gran cantidad de árboles petrificados y afirmaban los más viejos de la aldea que este bosque estaba poblado de animales fantásticos que emitían ruidos terroríficos en el anochecer. Los indios de la aldea creían firmemente que la cima de la montaña estaba habitado por criaturas invisibles que custodiaban esta gran formación rocosa. Sin embargo, Meriwarek, el más viejo de todos los Makunaima aseguraba también que la montaña estaba rodeada de piedras transparentes que podían realizar fuertes curaciones frente a grandes enfermedades endémicas

Un buen día, Makunaima-piá, el más joven de los Makunaima enfermó gravemente. Su madre creía firmemente que había adquirido esta peste gracias a esas extrañas excursiones que realizaba cerca del Kukeman. Los más viejos de la aldea se lo habían advertido que los dioses se iban a enfadar por su osadía. Pero, Makunaima-Piá era un niño muy temerario y aventurero. Le encantaba hacer largas excursiones y ya a los diez años había traído a su aldea una colección de guacamayas de bellísimos colores que se encontraban cerca del bosque petrificado.

Makunaima-Piá había cumplido ya sus doce años de vida y decidió trepar al Gran Tepui esa mañana. Sus abuelos le advirtieron:
-No subas, que mochimá te puede raptar en su vuelo y llevarte a la cumbre de Kukeman, donde tiene su nido y serás comidilla de sus pichones que están siempre hambrientos.
Pero, Makunaima-Piá no hizo caso, y se fue temprano en la mañana. Durante el transcurso del día cayo un gran tormenta, y estuvo lloviendo por cantaros. Y esa noche le dio una fiebre altísima, en su delirio febril le pareció ver bajar de la gran montaña unos seres parcialmente visibles que le dieron un brebaje en base a hierbas aromáticas.

Al día siguiente Makunaima-Piá sintió que le había bajado la fiebre. Pero lo más extraño de todo es que se encontraba en otro sitio, cerca de su aldea. Estaba minado de picaduras de puri-puri. Esos pequeños zancudos le había erupcionado toda la piel. Sabía por experiencia que era alérgico a sus picaduras y que sufriría las consecuencias. Cerró los ojos y decidió descansar un rato.

Mientras tanto, el mayor de la aldea, se encontraba realizando su caminata diaria y fue entonces, cuando vio a Makinuaima-Piá tendido en unos arbustos. Inmediatamente fue a pedir ayuda a los hombres de la tribu, Iwaká, el jefe de los Makunauma lo vio con preocupación;
-Llévenlo rápidamente al hogar común, y lo tendieron con delicadeza en su hamaca- dijo con preocupación
-Es esa enfermedad que le da Makinauma-Pia cuando le pican los Piru-Piru-Lloraba su madre con desesperación.
-Tranquila mujer, ya encontraremos una solución- dijo su esposo tratando de calmar a su mujer.
Merivarek, el mayor de la tribu, afirmo:
-No existe manera de curar el mal de Makinauma-Pia, con mis hierbas medicinales pero se que cerca de la cima del Kukenan existen unos cristales transparentes que pueden curar grandes enfermedades-

Ese dia, Merivarek se reunió con los hombres de su tribu.
-La única manera que salvemos a Makinauma-Pia es que subamos a Kukenan
afirmo Merivarek.
-Mochimá nos puede devorar, y he oído decir que sus pichones comen con gran ferocidad la carne humana- dijeron todos los hombres de la aldea.

Merok se mantenía en silencio, este era muy ágil con su arco y flecha y dicen los mas viejos de la tribu que en una ocasión trajo a su familia tal cantidad de lapas que salvo a su familia de una gran hambruna, y había matado a un fiero tigre que acosaba la aldea, y por esta razón ningún cunaguaro osaba acercarse a la aldea por temor a las flechas de Merok.

Merok, a pesar del gran temor que le inspiraba el gran Tepui, decidió aventurarse a subirlo.
-Yo subiré al gran Kukenan y buscare los cristales- exclamo Merok con firmeza.
-Tendras que irte solo, llévate las provisiones necesarias y ojala tengas suerte- le respondió Iwaká

A las pocas horas salio Merok hacia el gran Kukenan, atravesó el bosque petrificado y empezó a subir el inmenso Tepui. Su corazón latía con mucha fuerza ya que se encontraba a gran altura. Decidió descansar unas horas y se recostó debajo de un majestuoso árbol. Y fue allí donde vio cerca de una gran cueva unos bellos cristales. Estos deben ser los cristales milagrosos de los cuales habla tanto Meriwarek Pensó para si mismo. Los tomo con mucha delicadeza y los metió en su morral, y en ocasiones a medida que bajaba el gran Tepuy sentía la sensación que alguien lo observaba, pero no se detuvo a pensar en ello. Corriendo con gran agilidad y apuro se dirigió a su aldea, se los entrego a Meriwarek y con sus hierbas milagrosas y el uso del cristal curó al muchacho. Y fue así como Merok fue conocido en la gran sabana como el único hombre que se atrevió a desafiar al kukenan convirtiéndose con el tiempo en el guerrero más noble y valiente de todo su pueblo.