jueves, 1 de septiembre de 2011

El sueño de Carlitos




Carlitos era un niño común como todos los de su edad. Le gusta jugar con sus videos juegos, jugar con pelota con sus amigos e ir al cine a ver las películas mas recientes. Pero lo que más le emocionaba y más lo satisfacía era ver las estrellas de noche. Pasaba horas observándolas con el fin de descubrir una estrella fugaz. Soñaba hace tiempo con ese telescopio que vendían en esa tienda tan cara. Pero su mamá le decía:
No sueñes tanto Carlitos, no podemos costear un Telescopio, apena sobrevivimos para comer

Sin embargo Carlitos no se desanimaba. Un buen día sus amigos lo invitaron a participar en un juego de metras. Pedrito, quién era su mejor amigo le animo:
-Oye, Carlitos, vamos a retar a esos niños a un partido, pero eso sí vamos a apostar a ganar- le  dijo su amigo.
A Carlitos no le pareció mala la idea, pensando en ese telescopio que tanto deseaba. Llegó el día, y entonces decidieron jugar por pareja. La apuesta era por cien mil bolívares. Carlitos se preguntaba de donde sacaría esos niños tanta plata, pero no le importo. Pedrito y Carlitos iban a jugar por parejas. Ya habían dado una vuelta y no habían ganado ni una metra. Pero Carlitos tenía mucha confianza en sí mismo. Cuando visitaba a sus abuelos, en el pueblo se le consideraba el mejor jugador de metras. Ya en la segunda vuelta Pedrito había ganado la mitad de las metras y Carlitos la otra mitad. Solo faltaba una vuelta. Ya eran las cinco de la tarde. Carlitos estaba sudando de la emoción y ansiedad. Le quedaba una última metra. Era una metra de color azul celeste. La soplo con ansiedad y derrumbo las metras que faltaban. Había ganado. Los niños del otro bando estaban decepcionados. No imaginaban como un niño de apenas 8 años hubiera ganado un partido. Al principio no le quisieron dar la plata, pero realmente se lo había ganado limpiamente. --Felicitaciones pequeñín, te lo has ganado, pero cuéntanos, ¿Qué vas hacer con ese dinero? le preguntaron.
- Me voy a comprar un telescopio-Le contesto Carlitos.
_-Pero, con eso no vas a llegar a Roma, es muy poquito, un buen telescopio cuesta quinientos mil bolívares- Le dijeron los muchachos.
 – Tienes razón -le respondió.
-   ¿Sabes qué? mi abuelo necesita ayuda en la tienda de helados, y de repente si lo ayudas te puedes ganar un poco para completar lo que necesitas- le dijo su amigo.
Pedrito le presentó su abuelo a su amigo, y este acepto inmediatamente. Realmente fueron 6 meses de arduo trabajo. Salía de la escuela, hacía rápidamente sus tareas, y ayudaba al abuelo de su amigo. Su mamá no sabía nada, pero se sospechaba algo. Un buen día Carlitos llegó con el Telescopio a su casa.
-¿De dónde lo sacaste? ¿Se lo quitaste a alguno de tus amigos?- le preguntó preocupada.
-No. Mamá lo compré con los reales que me gané trabajando en la heladería del señor González. La mamá de Carlitos respiró profundo, y le dijo que se sentía muy orgullosa porque había aprendido que no basta soñar hay que luchar por ello, y la mejor es por el valor del trabajo.

Esa noche Carlitos y Pedrito estrenaron el telescopio en la ventana de su casa. No se habían percatado lo linda que podía ser las estrellas y la cantidad que había en el firmamento. Una noche Carlitos pudo ver con el telescopio una bellísima estrella fugaz. Quedo impresionado de la belleza de este astro. Con el tiempo Carlitos fue creciendo y se hizo hombre. Estudio muchísimo para conocer más de las estrellas y del universo. Se ganó una beca para estudiar en la NASA, y ahora es uno de los astrónomos más reconocidos de este centro de estudios espaciales. Pero nunca olvidó la adquisición de su primer telescopio, y cómo le costo conseguirlo. Indudablemente el telescopio y su amor al universo marcaron su vida y trabajo. Y todavía sueña con volar en el espacio, pero esa es otra historia.

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