sábado, 30 de octubre de 2010

Los Gorriones



Capitulo X

La liebre los invito a seguirlo, y después de recorrer media hora se encontraron en medio de un arbusto de flores multicoloridas.
-En ese sembradío se encuentran las Zanahorias, solo hay que cruzar nada mas ni nada menos que ese pequeño agujero- dijo Paletas con picardía
- Bueno, ¿Qué esperamos?
- Solo hay un pequeño problemita, ese lugar se encuentra repleto de serpientes, y por cierto, bien venenosas. Ciertamente ese Canela es un antojado.
- Si hay algo a que le tengo terror es a las serpientes- dijo Paletas retrocediendo lentamente.
- Si, es una situación muy difícil, pero no hay que desanimarse- comento la Liebre.
- Tiene que haber alguna manera, y si damos una vuelta por ese árbol podemos llegar hasta el sembradío
La vieja Liebre estudio la situación, no muy convencido.
-El árbol esta rodeado de ratas. Viven allí escondidas en un hueco del árbol asechando cualquier animal para devorarlo. Y ahora más que nunca porque tienen mucho tiempo que no han probado bocado. Uno de mis mejores amigos murió justamente allí víctima de esas feroces ratas, sabia de las Zanahorias y quería probarlas a cualquier precio.

Paletas ya se estaba poniendo nervioso. No se esperaba tantos peligros, pero lo que mas lo asustaba era la presencia de las serpientes.
-¿y tus amigos los gorriones? ¿No nos pueden ayudar?   Preguntó Carlos
- No me acordaba. Es una excelente idea- respondió la  Liebre
-¿Dónde viven? Pregunto Carlos
- En ese viejo Árbol
Entonces la liebre ni corta ni perezosa se dirigió al Cedro. Era un árbol de gran tamaño lleno de lianas y muchos arbustos
-Pepe- grito la Liebre
- ¿Quién me llama? Estaba durmiendo una siesta- respondió un gorrión grisáceo.
- Soy yo, Tapitas.
-¿Qué se te ofrece? Tiempo sin verte.
- Necesito un favor tuyo. Necesitamos una de esas zanahorias riquísimas que se encuentran en el sembradío- respondió la Liebre.
- La gula va ser la destrucción de Uds. Si me dices por qué es tan importante te ayudaré- le respondió el Gorrión.
- Es para el viejo Canela, tiene presa a una pequeña hada, y no la piensa soltar hasta que le llevemos un par de zanahorias
- Y ellos, ¿Quienes son? Mirándolos con desconfianza.
- Son unos buenos amigos, él es Carlos y este Castor es Paletas. Han venido de muy lejos para rescatar a la pequeña hada.
- Los ayudaré. Les diré a mis amigos que vengan también y así podrán ir todos, y recoger las zanahorias, pero no las coman, si comen muchas pueden caer en un profundo sueño y después ser devorados por las ratas

Del árbol llegaron volando tres gorriones. Eran de un color canela con unas alas blancas y franjas negras como el azabache.
- Ellos son los más valientes de mi tropa. Hemos volado grandes distancias para comunicarnos con mis otros hermanos que viven del otro lado del río.
- Muchas gracias – respondió Carlos
-Ahora no pierdan tiempo, móntense encima de nuestras alas- respondió el valiente gorrión

Al poco tiempo emprendieron el vuelo. Los gorriones volaban muy rápido, y en un santiamén llegaron al sembradío de Zanahorias.
- Acuérdense de mi consejo- les recordó Pepe. Nosotros los esperaremos debajo de este viejo árbol. Aquí hay unas semillas suculentas.

Carlos y sus amigos se encontraron entre una cantidad inmensa de  zanahorias. Eran inmensas. Solo iban a necesitar dos. La liebre las miraba con sorpresa. Era todo un festín para los de su raza.
-Creo que no hay problema si te llevas también una- le dijo sonriendo.

Los tres amigos se llevaron 3 zanahorias. Volaron de regreso pero con mayor lentitud, apenas podían con su peso, y aterrizaron en una pequeña llanura.
-Acuérdense no se atraganten con ella. Esas Zanahorias son adictivas y tienen unos efectos extraños que no conocemos totalmente

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viernes, 22 de octubre de 2010

El largo trayecto al hogar de las liebres


Capitulo IX
El largo trayecto al hogar de las liebres


Después de varias horas quedaron totalmente exhaustos. Se quedaron totalmente dormidos a primeras horas de la noche. Se despertaron a primeras horas de la mañana ya repuestos del día anterior.
  -Detrás de esa montaña se encuentran las madrigueras de las liebres. Tenemos  que apurarnos- dijo el castor.
- Yo tengo mucha hambre- dijo Carlos protestando.
- Tienes mucha razón. No hemos comido nada. Cerca de ese riachuelo se encuentran unas ramas, y raíces riquísimas. A mi me fascinan
- Eso suena asqueroso.
- Yo no seria tan ofensivo. Te vas a tener que conformar con cualquier alimento tomando en cuenta tu tamaño- le dijo a Carlos con indignación.
- ¿Qué me sugieres entonces? le respondió Carlos ya impaciente.
Debajo de ese árbol hay unas semillas. Son blandas y muy dulces.
Carlos no lo pensó dos veces, busco las semillas y empezó a comérselas poco a poco.
¡Son deliciosas! ¿Qué son?
-En realidad no sé, se encuentran siempre en estos árboles.
Después de comer bebieron agua del riachuelo y decidieron seguir su trayecto. Cuando llegaron a la montaña decidieron pararse para descansar. Después de reposar media hora siguieron andando.
-Este trayecto es más rápido. Vamos a tomarlo- dijo el Castor.
-¿Estás seguro? Hay muchas piedras, y esta muy oscuro.
- Conozco el camino. No te preocupes.
 Carlos caminaba por detrás del Castor. No se sentía muy confiado.
-Móntate en mi lomo, así llegaremos mas rápido.

Después de mucho andar llegaron al otro lado de la montaña, y allí se encontraban las madrigueras de las liebres.
- Espero que sean amigables- comento Carlos.
- En realidad son muy nerviosas y asustadizas
Carlos se bajo del lomo de su amigo, y entonces se encontraron frente a frente con una liebre  gris.
- Me   llamo  Paletas, y estamos buscando a una pequeña hada- dijo el pequeño Castor.
- Si, ya sabemos de Uds. El gorrión nos aviso que venían en camino. Lucecita se encuentra a salvo en aquella madriguera. Pero Canela es un poco  malhumorado, y se encuentra de mal humor porquen no ha encontrado sus zanahorias favoritas.
- Hemos recorrido un largo viaje. ¿Podrías ayudarnos? dijo Carlos.
- No hay problema. Yo los ayudo, pero tenemos que buscar esas Zanahorias ya que de lo contrario no podremos entrar a su hogar en ninguna forma.

Carlos y el Castor decidieron acompañar  a la liebre. Total, a Carlos solo le interesaba sacar a Lucecita de ese sitio y llevársela consigo.
Continuará…





viernes, 15 de octubre de 2010

Carlos y el Castor



Capitulo VIII
Carlos y el Castor

Carlos sabía que el peligro no había pasado, y que las Pirañas podían aparecer en cualquier momento. Sabía que eran animales muy feroces y amenazantes, deseosos de cualquier tipo de carne. Si movía un músculo iba a ser devorado por esas fieras.
Pero, ¿Qué podría hacer? Era tan pequeño, y se encontraba tan indefenso. Esos Orcos se lo pagarían algún día.

Del otro lado de la rama vio un pequeño Castor. Movió ligeramente la rama, y el animal se sobresalto.
-  ¿Me podrías ayudar? Sácame de aquí. Si no nos movemos rápido seremos comida de esas pirañas.
El Castor se le quedo mirando, y sin pensarlo dos le dijo:
-  Móntate en mi lomo. Me será fácil cruzar hasta llegar al otro lado del río
Carlos llego con su nuevo amigo hacia el otro del río, estaba extenuado.
-¡Eres un  humano! ¿Por qué te encuentras de ese tamaño?
- Unos Orcos me hechizaron, y a mi amiga Lucecita también.
-¡Lucecita! Esa no es la hija del Rey Melquíades, la están buscando por todos lados.
- Debe estar muy asustada. Tengo que encontrarla.
-Conozco alguien que puede saber su paradero- le dijo el amigable Castor. Es una lechuza, si le llevamos un ratón de campo estoy seguro que nos ayudara.
- Bueno, no perdamos tiempo vamos a cazar ese animal


Carlos y el Castor se escondieron detrás de unos matorrales, esperaron hasta que saliera de su madriguera un ratón gris.
-  Ahora, dispara con tu arma- le dijo el Castor
    Carlos derribo inmediatamente al ratón. No le hacia gracia, no le gustaba matar animales, pero lo hacia por   lucecita. Tenia que estar en alguna parte.


Esa noche, el Castor y Carlos fueron a visitar a la lechuza.
-Buenas noches Amanda- le dijo el Castor.
- ¿Qué me traes allí?
- Un hermoso ratón. Sé que te gustan mucho. Necesitamos un favor tuyo. Se perdió una pequeña hada, la hechizaron y ahora es del tamaño de un ratón. Necesitamos que nos digas dónde se encuentra.
- Primero el ratón.
-¡No! Te conozco, si te lo doy, no nos dirás nada.
- Me parece que cerca de las madrigueras de las liebres se encuentra una pequeña hada.
-¿Es cierto?- dijo Carlos esperanzado
- Tan cierto como me llamo Amanda, ahora dame el ratón.
La lechuza se engullo el ratón con avidez. Se veía que lo estaba disfrutando.
- Muchas gracias- le dijeron ambos.
- Es una buena amiga, pero es muy golosa, y se desvive por un ratón.
- Ahora, vamos a buscarla. ¿Quieres venir conmigo?- le pregunto Carlos al pequeño Castor.
- ¡Por supuesto! Podría ser una gran aventura.

Continuará