sábado, 26 de febrero de 2011

Pablo y el pequeño Cachalote





En los indómitos mares de la Patagonia habitan las bellísimas ballenas. Dicen los más viejos habitantes de Argentina que estos bellísimos seres de la creación comunican sus tristezas a través de los profundos sonidos que emiten al pasar con sus respectivas familias, y se puede percibir su tristeza cuando pasan a distancias visibles de las orillas del mar.

Pablo vivía cerca de Bariloche, y había visto muchas ballenas. Incluso en algunas noches de invierno había tenido la dicha de visualizar la aurora boreal. Le encantaba ver semejante espectáculo. A pesar del frío inminente que hacía en esa época del año, él lo disfrutaba muchísimo. Él, como muchos argentinos de la Patagonia amaba a sus queridas ballenas, y por eso detestaba esos marinos que las cazaban solo por un gramo de aceite. Hasta hace algunos años atrás las Ballenas venían en gran número hacía la orilla de la playa, produciéndose la muerte instantáneamente. Es como si supieran en su interior lo que les esperaba.
Al muchacho le indignaba todo esto. Como era posible que estos bellísimos mamíferos se suicidaran de esa manera. Tenía que hacerlo algo. Aunque no había pensado nada en ese momento.

Sin embargo Pablo tenía sus sueños y sus más altas esperanzas, y si él ponía su granito de arena para salvar a estos gigantes, tal vez él podría marcar la diferencia.

El muchacho era un joven de apenas 16 años, y como todos en esas edades tenía sus propias metas y sueños. Su familia no lo sabía, pero él quería ser un biólogo marino. Pero, él era muy pobre, provenía de una familia de pescadores. Sin embargo él pensaba que nada era imposible, lo importante era proponérselo y luchar por cumplirlo.

Un buen día, al finalizar de ayudar a su padre, en limpiar el pescado, y organizarlo para llevarlo posteriormente al mercado temprano en la madrugada fue a dar su caminata por los bordes del acantilado. Y entonces allí lo vio: Era un pequeño cachalote. Menos mal que no había llegado a la playa, pero se podía distinguir desde los acantilados. Era de un color gris plateado con una singular estrella cerca de la mandíbula. Estaba sorprendido. Nunca había visto nada parecido. Se acercó sigilosamente. El pequeño cachalote pensó en huir y alejarse rápidamente al detectar la presencia de un humano. Pero no lo hizo. Dicen que algunas ballenas detectan el alma de los seres humanos, sobre todo cuando muy jóvenes. El simpático Cachalote lo saludo echándole con sus aletas una buena dosis de agua. Pablo no se molesto para nada. Estaba emocionado de tener esos gigantes tan de cerca.
-Amiguito, ¿dónde esta tu familia?
Este le respondía zambulléndose dentro del agua y volviendo aparecer instantáneamente. Pablo se dio cuenta que podría hacer una linda amistad con el. Sin embargo, a pesar de que había transcurrido algunas horas con él, al poco tiempo se fue desapareciéndose por el mar.
Pablo llego a su casa empapado. Sus padres extrañados le preguntaron.
-¿Dónde estabas metido?
- Por allí. Compartiendo con los muchachos. Uds. saben como son
Sus padres no se preocuparon para nada, así que lo dejaron tranquilo sugiriéndole que se cambiara y cenara, porque pronto era la hora de comer.
Secretamente Pablo iba todos los días al acantilado para ver si veía a su amigo otra vez. Pero no aparecía. Así que pensó. Es lo mejor, así esta con las otras ballenas, y estará seguro de esos despiadados marinos.

Una tarde escuchó unos chillidos. Era su amigo. Unos marineros intentaban atraparlo con una red.
-¡Ya casi lo tenemos!- decían
Pablo al darse cuenta empujó salvajemente a los marineros. Los tumbo al piso, y con un pequeño puñal, rompió gran parte de la red. Como buen pescador, él conocía las bases de la red, y que partes eran las más frágiles.
- ¡Te volviste loco! Ese animal podía ser un buen señuelo para atrapar a las otras ballenas, ahora se va escapar.
- Eso espero-
El Cachalote aprovecho la oportunidad para zafarse e escaparse nadando a grandes velocidades hacia mar adentro.
Los hombres se retiraron refunfuñando profiriendo insultos al pobre Pablo. Pero, este lo ignoro.
Hubo una temporada en que no se conseguían peces por ninguna parte. Era como si hubiesen desaparecido. Los hombres del pueblo decían:
-Tendremos que cazar las ballenas, y así ganarlos algo para comprarnos alimento.
Pablo no le hizo gracia. Les pidió que lo reconsideraran. Daba mala suerte hacer tanto daño a los animales.

Una tarde, Pablo decidió buscar peces, así que se fue en su lancha a alta mar. Trataría de encontrar algunos así los hombres se olvidarían de esa terrible idea de hacer daño a las pobres ballenas

No había visto un miserable pez. Frustrado con rabia, y malhumorado decidió devolverse a su pueblo. Pero en ese momento apareció su amigo. Y no solo estaba él sino también otras ballenas. Que emocionado estaba.

El cachalote le echo agua otra vez con las aletas indicándole en su lenguaje que lo siguiera. Pablo lo comprendió. El cachalote en conjunto con las otras ballenas lo llevaron a un arrecife. Estaba lleno de peces. Grandes y pequeños. Había grandes atunes, sardinas y cantidad de peces para elegir.
Pablo no perdió tiempo. Lanzo la red, y con gran destreza logro pescar una cantidad de peces.
-Gracias amigo. Te lo agradezco. Mi gente no se morirá de hambre.

Entonces Pablo fue testigo de algo increíble. Las ballenas cantaban. Que bella melodía. No era como esos lamentos tristes que había escuchado Pablo en la playa. Y entendió, era una forma de agradecerle lo que había hecho por el pequeño cachalote.
Pablo no volvió a ver a las ballenas en alta mar. Al principio se entristeció mucho, pero entendió que era lo mejor para ellos. Fue de regreso a su aldea y les enseño todo lo que había pescado. Estaban atónitos.
-Muchacho, ¿Donde conseguiste tantos peces? Le preguntaban
-Cerca de un arrecife. Yo los puedo guiar.
Y así fue que un amable cachalote salvo a toda una aldea de un gran azote de hambre. Pero Pablo no lo dijo nunca. Ese era su secreto. El estaba ferviente seguro de que el mar tiene muchos secretos, y tal vez algún día los desvelemos cuando la humanidad vuelva totalmente en cada ser viviente.

Con el tiempo, y con mucho sacrificio, Pablo entró en la universidad y ahora es un excelente Biólogo marino. Y lleva en ocasiones a sus estudiantes, y amigos a que presencien a las ballenas, y algunas veces, no muy frecuentemente se acerca una ballena a la embarcación y le llena a toda la tripulación de agua.

Entonces Pablo lo reconoce. Es su querido amigo. Es una grandísima ballena, y como no distinguirla. Sigue con su pequeña identidad. La estrella al lado de la mandíbula.
Pablo ríe de felicidad. Los estudiantes más jóvenes emocionados también se ríen y disfrutan el momento. Y así fue como un muchacho pudo marcar la diferencia. Hoy en día, en muchas partes de la Patagonia hay más ballenas que hace algunos años. Por eso se dicen que nosotros podemos marcar la diferencia poniendo siempre nuestro granito de arena

sábado, 19 de febrero de 2011

La Ardillita y las lluvias de Mayo


En un gran Apamate vivían un par de pichones y un a pequeña ardillita.
_ ¿Cuando vendrán las lluvias? Si sigue este inclemente sol, todos vamos a desfallecer- decía una pequeña ardilla
Los pobres pichones piaban sin cesar. Tenían mucha hambre. Su madre había volado en busca de comida y no había vuelto.
_ Las chicharras todavía no han empezado a cantar, eso quiere decir que todavía va ser largo este verano decía la ardillita.
La ardillita como era de buen corazón decidió buscar algo de comer para darles a las pobres aves. Bajo rápidamente del gran árbol, y se dispuso a buscar aunque sea unas pequeñas lombrices. Pero lamentablemente el suelo estaba tan árido. De repente en su corto caminar se encontró un par de bachacos.

_ ¿Que haces tú por acá ?le preguntaron los bachacos. Por aquí todo es árido, no hay árboles. Estos no son tus terrenos- le dijo un bachaco rojo como el sol.
– Vamos, no seas tan antipático- dijo el otro
Como los pequeños bachacos no tenían idea de proporciones le dijeron a la vez:
–¿Porque no te vienes a mi hormiguero hasta que empiecen las lluvias?
- No le ves el tamaño. Si es más grande que todos los caramelos que hemos cargado hoy para nuestra casa- dijo uno de ellos
-Yo solo quiero conseguir un par de lombrices, son para unos pichones que habitan en aquel Apamate. Porque no le dices al turpial que habita en esa mata de mango para que te haga el favor- le dijo los bachacos de malos modos.

-Hola amigo turpial y disculpe que interrumpa su trinar. Necesito que me consiga unas lombrices. Son para un par de pichones, y como esta haciendo tanto calor si no comen pueden morir.- le pidió la ardillita
-¿Porque he de ayudarte? No te das cuenta que yo soy el ave nacional dijo el Turpial- dijo la avecilla muy orgullosa
-Es cierto, pero si eres la reina de las aves, si se mueren no tendrás a ningún ave que gobernar ni a quién deleitar con tu música.
– Tienes razón, en el fondo de esta mata, hay bastantes lombrices, puedes cazar algunas le dijo el turpial.
- eres muy gracioso, no te das cuenta que yo soy una ardilla, como se las llevaría. Vamos hacer un trato, tú buscas las lombrices y se la llevas a ese par de pichones y yo busco la manera de que llueva. Al turpial le pareció muy justo.



-No sean tan flojas. ¿Porque no fabrican un poco de lluvia? Ya llega Mayo, y ustedes de las más tranquilas sin ofrecer una gota de agua les dijo la ardilla a las nubes
-¿Porqué nos despiertas? -le dijeron las nubes.
-sabían que si ustedes no dejan caer la lluvia, el sol las va castigar y van desfallecer- les dijo la ardilla.
-¡ Caramba! De verdad nos hemos quedado dormidas. Ya pronto es Mayo, y nosotros muy cómodas aquí descansando.
–vete tranquila ardillita. Pronto llegaran las lluvias- le respondieron a la ardillita.
La ardilla se alegro muchisimo, Y se dirigió al Apamate, allí se encontraban los pichones disfrutando de las lombrices que les había dado el Turpial. Entonces, repentinamente empezó a relampaguear y cayo un palo de agua vistiendo de colores a todos los árboles, y el Apamate se vistió de unas hermosísimas flores de color lila, y desde ese entonces, dicen que en el mes de Mayo se viste de colores pasteles los Apamates gracias al ingenio de una pequeña ardillita.

viernes, 11 de febrero de 2011

El duende travieso



Cuenta una antigua leyenda que existió en un cierto tiempo una aldea de duendes y pequeñas hadas. Todo transcurría muy tranquilamente, pero… dentro de la pequeña aldea vivía un duende tan travieso, tan travieso, que se dedicaba a molestar a sus vecinos desapareciendo todos sus materiales de trabajo.

Cansados de las constantes burlas de ese duende, fueron a hablar con el jefe de la aldea. –Ese duende nos tiene cansados, no podemos trabajar en paz. Porque no le impones un castigo para que se le acaben sus travesuras que no nos parecen nada graciosas-exclamaron todos los habitantes de la aldea.
-Yo lo puedo encerrar, pero no puedo controlar sus hechizos, pero de repente mi amigo Lulac los puede ayudar- exclamo el jefe de la aldea. Sinux, el jefe de la aldea ya no sabía que hacer y le relato toda la historia al gran hechicero.
– Lamentablemente yo no tengo ninguna magia para los duendes bromistas y holgazanes, pero mi amiga danzarina tal vez me pueda ayudar.- exclamó el hechicero.

El pequeño duende que había escuchado toda la conversación de Sinux y el gran Hechicero decidió huir de la aldea y después de una gran travesía llego a un bello valle en donde habitaba un unicornio y un caballito volador .

El duende se había encariñado tanto con el caballito volador que decidió mudarse en compañía de su nuevo amigo. El hechicero, quién ya sabía de la huída del duende fue a buscar a su amiga danzarina.
– Hola danzarina, necesito tu ayuda. Hay un duende molestando a toda una población y utiliza una magia que yo desconozco. Tal vez tu puedas ayudarme- exclamó el hechicero a la pequeña hada.
- Ese debe ser el duende que se mudo al valle del unicornio. Ya sé que vamos hacer, vamos a buscarlo- Le respondió Danzarina.

Después de caminar una gran jornada llegaron a un gran valle. Ya casi iba a atardecer.
– Creo, danzarina que nos perdimos y ahora, ¿ qué?-dijo el hechicero con preocupación. Hola amigos, yo me llamo luz plateada y soy el protector de este gran valle, ¿a donde van? Parecen Perdidos
– Vamos en busca del valle del unicornio, pero al parecer perdimos el rumbo- exclamó el mago con preocupación.
–No están muy lejos, el valle del unicornio se encuentra detrás de una gran montaña, pero tengan cuidado, allí habita un fiero dragón- exclamo la pequeña hada.

Menos mal que era nada más que un dragón, es una familia de dragones, y mi varita mágica no tiene ya magia porque se me mojo en el último río que atravesamos- exclamó el hechicero ya muy asustado.
Y, de repente.... Allí estaba cerca de los dragones una extraña llama y además hablaba
– ¿Quienes son Uds.? Y que vienen hacer a mi valle ? -Les preguntó con curiosidad.
–Me llamo candelita y yo vivo con mis amigos los dragones, tenemos algo en común a nosotros nos gusta escupir fuego, así que no nos molesten-
-No seas tan odioso Candelita, no te das cuenta que están perdidos- dijo una pequeña hada que volaba en su mariposa.
–Esta bien, es que no me gusta los visitantes que vienen a este valle, asustan a mis pobres dragones- respondió candelita a regañadientes. Si están perdidos , suban por la montaña y por detrás de la colina vive un pequeño duende con su caballito volador. Y por cierto no quiero saber nada de él, me desapareció uno de mis dragones, solo por que se encontraba cerca del valle del unicornio.

Entonces así fue como danzarina y el Hechicero llegaron al valle del unicornio. Entonces Danzarina le hecho un gran hechizo al pequeño caballito volador y lo desapareció
-¿Dónde esta mi amiguito? ¿Que le han hecho? Apareciendo y desapareciendo
– Eso te pasa por molestar tanto a tus vecinos-exclamó Danzarina. Si quieres volver a ver a tu amigo tienes que disculparte con tus vecinos, y si es que te perdonan!- Le dijo con firmeza danzarina.
- Esta bien – dijo a regañadientes, pensando que era la única manera de recobrar a su amigo.
– Como tu poblado se encuentra muy lejos nos iremos con el unicornio, quién podía desplazarse a grandes velocidades..
–¿Que haces tu por aquí? ¡No eres bienvenido! -exclamaron con disgusto todos los habitantes al pequeño duende.
-Sé que he sido muy desconsiderado y estoy dispuesto a reparar el daño que he hecho
- Afirmo el duendecillo con firmeza.
– Tendrás que trabajar conmigo muy duro en la agricultura y dar toda la cosecha que produzcas a todos tus vecinos si quieres seguir viviendo aquí- Afirmo el más viejo de la aldea
–Me parece justo -afirmo, pensando en su amiguito que había dejado en aquellas lejanas tierras.

Y fue así como el duende travieso no solo se convirtió en el mejor agricultor productor de hortalizas y frutas de toda la comarca sino que disfruto también de la amistad y compañía de su pequeño amiguito.

sábado, 5 de febrero de 2011

El Avestruz y el Ornitorrinco.




En las mesetas desérticas de Australia habitaban los grandes Avestruces. Se alimentaban de insectos y algún pasto que crecía en el lugar. Generalmente siempre estaban en grupo porque no sabían con que peligro se podían encontrar en el camino. No eran miedosos sino precavidos. Aunque no se atrevían a salir de su territorio siempre existía algún joven avestruz que quería aventurarse a salir del grupo aviar.
Sin embargo los más viejos aconsejaban a los más jóvenes y les decían: - Si quieren sobrevivir manténganse siempre juntos. Aquí lo tenemos todo, pequeñas lombrices y hormigas, y un poco de pasto verde que crece por doquier

Sin embargo el Avestruz más joven del grupo se decía:
- i esas aves si son tontas. Yo me aburro todos los días. No hay nada que les emocione. Cuando todos estén durmiendo la siesta me voy a escapar. Deben existir otras cosas que ver!. Y así fue como ya al final de la tarde, nuestro amigo se aventuro por conocer nuevas veredas y territorios. Por el camino se iba alimentando de pequeños insectos. Aunque de repente le dio una gran sed y no encontró agua por el camino. Empezó a ver borroso, y creía desfallecer.
Entonces oyó una voy lejana. – Oye tu, ave emplumada, ¿qué estas haciendo? ¿Estas durmiendo la siesta? Y se reía a mas no dejar.
El Avestruz se levanto molesto y vio un animal rarísimo. Tenía boca de pato, forma de pastor y cuatro patas parecidas a las aves.
-Creo que ya estoy muerto, debo estar en el paraíso de las aves se dijo a sí mismo.
– iNo, no estas muerto!. Estas vivo y coleando, un poco medio muerto nada mas, ya que dentro de poco si no bebes nada de agua si vas a pasar al paraíso de las aves, si es que existe. Pero me acongojare de ti. Si te arrastras un poco, aunque no se como vas hacer por esas patas tan grandes que tienes. Allí hay un riachuelo. Allí vivo, y te doy permiso para que tomes agua de mi río.

El avestruz que estaba de lo más indignado por el sentimiento de desprecio de ese animal le dijo:
- Si no estuviese tan débil te hubiese herido a picotazos.
Pero decidió resignarse a decirle mas nada. Se doblo sus patas lo mas que pudo y jadeando llego al riachuelo. Tomo agua con avidez y le dijo.
– Oye amigo, ¡Que animal tan extraño eres! Como te llamas? Me llamo Ňu y soy un Ornitorrinco. Yo no soy tu amigo, y solo he sentido de piedad de ti, porque yo nunca he visto una ave como tu., con esas patas grandes y esas plumas, que por cierto no son tan hermosas. Le dijo con desprecio el Ornitorrinco.
-Bueno, tú tampoco eres muy común. Yo nunca he visto una especie como la tuya. Le dijo con desden el Avestruz. A pesar de las diferencias de uno con el otro, estos dos animales empezaron a tener simpatía uno con el otro.
- Suerte que tienes que me caes bien. Le dijo al final el Ornitorrinco. Ven a conocer a mi familia. Vivimos en este riachuelo.

El joven avestruz, que le pareció todo muy emocionante y divertido acepto la invitación. Pero, cuando se acercaron mas al río, los demás Ornitorrincos se asustaron y se fueron a sus madrigueras.
Uno de ellos se atrevió a salir. Y le dijo:
-Ňu, que es esa cosa. No ves que nosotras somos una especie que debemos estar al incógnito. Ahora va traer a todos los de su especie y nos van a descubrir, y quien sabe, con que intenciones.
– No seas odioso, es mi invitado. El joven avestruz se recordó mucho de los viejos del grupo aviar. Y se dijo a si mismo:
- iTodos son iguales!. Lo que es diferente los asusta.
- Ven a mi madriguera, queda en el fondo del agua.
Pero para la sorpresa del Ornitorrinco, este le dijo:
-Yo no se nadar, no soy pez ni pato, es que no te has dado cuenta
.-El ornitorrinco que era además un poco distraído. ¡ tienes razón es verdad.!

Bueno te acompañaré un rato. Pero ten mucho cuidado, por aquí cerca viven unos seres extraños con una cabeza, piernas y brazos que no se parecen a ti ni a mí. Y te pueden hacer daño, y bueno yo tengo la ventaja que puedo meterme en el fondo del río y esconderme en el fondo de mi madriguera. De repente, sintió una picada en una de las plumas.
-Son esos seres, ya vienen otra vez. Bueno paticas que yo te tengo, me voy al fondo del río. Allí no me pueden hacer nada. Pero cuando ya se iba acercando a su madriguera le dio un sentimiento de tristeza, y si al pobre avestruz se lo llevan, seguro que se lo comerán.. Así que decidió ayudarlo. Pero como los demás Ornitorrincos no eran exactamente muy solidarios que digamos se escondieron todos en sus madrigueras. Sin embargo ňu era muy amigo de las culebras de agua, y terrestres.
– Amigas, allí hay un Avestruz en problemas. Esos seres con piernas y brazos se los van a llevar. Ayúdenme y les traeré los animales más exóticos del estanque. Las serpientes se quedaron pensativas. No me atrae mucho la idea, pero la gula las estaba comiendo.
–Ok, la ayudaremos.

Los seres, llamados y que humanos ya pensaban llevarse al pobre animal todo adormecido. Pero de repente se le acercaron un montón de culebras, y el miedo los domino y salieron corriendo porque sabían que algunas de ellas eran muy venenosas. A las dos horas se despertó el Avestruz con un gran bostezo:
-¿Que paso? Yo estaba soňando que me estaban comiendo unos insectos muy exóticos.
A lo cual el Ornitorrinco le respondió:
- Por poco te ponen en la colección de animales exóticos de los humanos- Gracias a mis amigas las serpientes te salvaste
.- No se como agradecértelo le dijo amablemente el Avestruz. No te olvides nunca de nosotros, y no nos juzgues por que seamos de distinta apariencia. Le dijo el Ornitorrinco. Y así fue cómo el Ornitorrinco y el Avestruz aprendieron a aceptarse uno al otro, y darse de cuenta de que a pesar de las diferencias pueden surgir las más bellas amistades.