viernes, 11 de febrero de 2011

El duende travieso



Cuenta una antigua leyenda que existió en un cierto tiempo una aldea de duendes y pequeñas hadas. Todo transcurría muy tranquilamente, pero… dentro de la pequeña aldea vivía un duende tan travieso, tan travieso, que se dedicaba a molestar a sus vecinos desapareciendo todos sus materiales de trabajo.

Cansados de las constantes burlas de ese duende, fueron a hablar con el jefe de la aldea. –Ese duende nos tiene cansados, no podemos trabajar en paz. Porque no le impones un castigo para que se le acaben sus travesuras que no nos parecen nada graciosas-exclamaron todos los habitantes de la aldea.
-Yo lo puedo encerrar, pero no puedo controlar sus hechizos, pero de repente mi amigo Lulac los puede ayudar- exclamo el jefe de la aldea. Sinux, el jefe de la aldea ya no sabía que hacer y le relato toda la historia al gran hechicero.
– Lamentablemente yo no tengo ninguna magia para los duendes bromistas y holgazanes, pero mi amiga danzarina tal vez me pueda ayudar.- exclamó el hechicero.

El pequeño duende que había escuchado toda la conversación de Sinux y el gran Hechicero decidió huir de la aldea y después de una gran travesía llego a un bello valle en donde habitaba un unicornio y un caballito volador .

El duende se había encariñado tanto con el caballito volador que decidió mudarse en compañía de su nuevo amigo. El hechicero, quién ya sabía de la huída del duende fue a buscar a su amiga danzarina.
– Hola danzarina, necesito tu ayuda. Hay un duende molestando a toda una población y utiliza una magia que yo desconozco. Tal vez tu puedas ayudarme- exclamó el hechicero a la pequeña hada.
- Ese debe ser el duende que se mudo al valle del unicornio. Ya sé que vamos hacer, vamos a buscarlo- Le respondió Danzarina.

Después de caminar una gran jornada llegaron a un gran valle. Ya casi iba a atardecer.
– Creo, danzarina que nos perdimos y ahora, ¿ qué?-dijo el hechicero con preocupación. Hola amigos, yo me llamo luz plateada y soy el protector de este gran valle, ¿a donde van? Parecen Perdidos
– Vamos en busca del valle del unicornio, pero al parecer perdimos el rumbo- exclamó el mago con preocupación.
–No están muy lejos, el valle del unicornio se encuentra detrás de una gran montaña, pero tengan cuidado, allí habita un fiero dragón- exclamo la pequeña hada.

Menos mal que era nada más que un dragón, es una familia de dragones, y mi varita mágica no tiene ya magia porque se me mojo en el último río que atravesamos- exclamó el hechicero ya muy asustado.
Y, de repente.... Allí estaba cerca de los dragones una extraña llama y además hablaba
– ¿Quienes son Uds.? Y que vienen hacer a mi valle ? -Les preguntó con curiosidad.
–Me llamo candelita y yo vivo con mis amigos los dragones, tenemos algo en común a nosotros nos gusta escupir fuego, así que no nos molesten-
-No seas tan odioso Candelita, no te das cuenta que están perdidos- dijo una pequeña hada que volaba en su mariposa.
–Esta bien, es que no me gusta los visitantes que vienen a este valle, asustan a mis pobres dragones- respondió candelita a regañadientes. Si están perdidos , suban por la montaña y por detrás de la colina vive un pequeño duende con su caballito volador. Y por cierto no quiero saber nada de él, me desapareció uno de mis dragones, solo por que se encontraba cerca del valle del unicornio.

Entonces así fue como danzarina y el Hechicero llegaron al valle del unicornio. Entonces Danzarina le hecho un gran hechizo al pequeño caballito volador y lo desapareció
-¿Dónde esta mi amiguito? ¿Que le han hecho? Apareciendo y desapareciendo
– Eso te pasa por molestar tanto a tus vecinos-exclamó Danzarina. Si quieres volver a ver a tu amigo tienes que disculparte con tus vecinos, y si es que te perdonan!- Le dijo con firmeza danzarina.
- Esta bien – dijo a regañadientes, pensando que era la única manera de recobrar a su amigo.
– Como tu poblado se encuentra muy lejos nos iremos con el unicornio, quién podía desplazarse a grandes velocidades..
–¿Que haces tu por aquí? ¡No eres bienvenido! -exclamaron con disgusto todos los habitantes al pequeño duende.
-Sé que he sido muy desconsiderado y estoy dispuesto a reparar el daño que he hecho
- Afirmo el duendecillo con firmeza.
– Tendrás que trabajar conmigo muy duro en la agricultura y dar toda la cosecha que produzcas a todos tus vecinos si quieres seguir viviendo aquí- Afirmo el más viejo de la aldea
–Me parece justo -afirmo, pensando en su amiguito que había dejado en aquellas lejanas tierras.

Y fue así como el duende travieso no solo se convirtió en el mejor agricultor productor de hortalizas y frutas de toda la comarca sino que disfruto también de la amistad y compañía de su pequeño amiguito.

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