sábado, 15 de enero de 2011

Pedrito y su amigo interplanetario


Cuentan que más allá de estrellas existen muchos universos, algunos tan imperceptibles, desconocidos e imaginados por la mente del hombre de hoy. Por lo menos así lo creía Pedrito, quién pasaba muchas horas en las noches viendo las estrellas con su querido telescopio. Pero, él tenía la teoría de que no había necesidad de trasladarse en naves espaciales para llegar a otros planetas. Pero, es que Pedrito tenía un secreto que no sabía nadie. Él tenía un amigo interplanetario.

Todo ocurrió inesperadamente. Una noche en que Pedrito realizaba sus observaciones con su telescopio para después anotar en su propia carta estelar sintió de repente una voz que le decía:
-“¡hola………..amigo!”. Pedrito se volteo rápidamente, pero no vio a nadie. La voz se repetía:
-¡Es que estas sordo, y ciego! ¡Estoy aquí………..!
Ya era eso suficiente. Pedrito fue buscando la voz, y allí lo vio. Estaba espantado. Era un niño. Pero de color rojo escarlata, y además tenía un cabello verde esmeralda.
-¡¿Quién eres?!- Le preguntó Pedro con mucho temor. El niño espacial perdiendo la paciencia le contestó: ¡No soy tu hada madrina! Así que deja de balbucear. Pedrito poco a poco recobró la calma. Claro, eso no se veía todos los días. Al rato le pregunto otra vez: ¡¿Quién eres?!
-Me llamo Ónix. Y vengo del planeta Orión. Oye Pedrito, así es como te llamas: “Dime porque los terrícolas creen que uno se traslada para viajar entre planetas con naves espaciales, eso es del siglo pasado, mis ancestros ya habían resuelto ese problema hace tiempo. Ahora nos trasladamos con ondas electromagnéticas.”. A Pedrito le parecía todo increíble, pero al mismo tiempo divertido.
Sabes, que hice un salto cuántico, e iba de paso a otro planeta, y me tope con este. Es muy bonito, pero las personas que me han visto se han asustado tanto que opte por volverme invisible. Pero vi que tenías un gran telescopio en tu casa, así que me imagine que podría acercarme a ti. Oye ¿que tienes allí anotado? A pesar de que Ónix era medio atolondrado, a Pedrito le causo mucha gracia y se hicieron buenos amigos.
Pedrito le explico: “Nadie lo sabe”. Pero a través de esta constelación se llega a otro universo distinto al nuestro.
¡No esta mal! Pero te equivocaste de camino. No es a través de esa constelación, es a través de la constelación Andrómeda que llegas a un pasaje que te lleva al Universo de plagiz.
-¡Sabes! Me caes muy bien. Vamos hacer un trato, tú me enseñas tu planeta y nos vamos al universo de Plagiz. Pero tienes que comerte una goma de mascar electrónica para aguantar las turbulencias que se generan en las ondas espaciales que te llevan a los otros universos. Yo tengo muchas guardadas en mi traje espacial.
Pedrito estaba súper emocionado. Le encanto la idea. Te puedes quedar aquí, pero no hagas mucho ruido porque mi madre no le gusta los extraños. Al día siguiente, Ónix pego un grito súper agudo, y se volvió invisible.
-¿Un monstruo con cuatro patas, y súper peludo? Gritaba Ónix
Pero si es solo un perro, ellos no hacen nada, además son muy amigables. Tócalo para que veas. Ónix decidió volverse visible, y miró al pobre animal de reojo, le acarició las orejas, y este movía la cola con gran alegría.
Esa cosa es muy extraña, y mira como mueve esa parte de su cuerpo. Y tú de que te ríes. Nosotros no tenemos esos seres monstruosos en mi planeta.
Pedrito con mucha paciencia le explicó que esos animales se llamaban perros, y eran muy amigables, algunos incluso rescataban a las personas en incendios y tragedias naturales. Lo he visto por la televisión.
-¡La televisión! Preguntó con extrañeza Ónix. ¡Ah si! La caja parlante.

Ónix estaba tan impaciente por conocer la Tierra como Pedrito por conocer los otros universos. Así que cuando su mamá fue a visitar a su abuela, se llevo a su amigo espacial a la playa. Solo le quedaba en media hora en Bicicleta. El único inconveniente es que Ónix nunca había visto una bicicleta y no sabia como manejarla, así que tuvo que enseñarle.
-¡Esto es muy divertido! Le decía ónix a su nuevo amigo.
Vamos hacer una carrera hasta llegar a la p laya. 0nix pedaleo con dificultad. Cuando se asustaba se desaparecía, Pedrito temía que se cayera. Pero se dio cuenta que su invisibilidad no impedía que manejara la bicicleta.
Cuando llegaron a la Playa, Ónix estaba impresionado. ¡Que cantidad de agua! Ya veo porque a tu planeta le llaman el planeta azul.
Menos mal que es muy de mañana, y nadie nos puede molestar. Vamos a bañarnos.
-¡En esa agua! Le dijo Ónix con desconfianza.
Mira, es divertido. Y podemos jugar con la pelota. Al final de la tarde, Pedrito convidó a Ónix a pescar cerca de un acantilado. Todo esto le pareció increíble para el chico espacial.
-¡Pero pobrecitos, se van a morir! Al parecer no aguantan estar fuera del agua.
Podemos almorzar unos cuantos pescados. Ónix no estaba muy convencido, así que en un descuido, los empujó lanzándole un rayo de color rojo, y sorprendentemente…los peces estaban otra vez en el mar. Pedrito miró de reojo, y pensó total podremos comer otra cosa, así que se comieron una buena ración de ostras con patatas que vendían en un kiosquito cerca de la Playa. Ónix estaba fascinado. En su planeta no había tantos alimentos de seres vivos. Su comida era básicamente vegetariana, cultivada en invernaderos ya que el planeta no disponía de vida animal. Para él era una exquisitez.
Al final de la tarde Pedrito ya estaba muy cansado. Sin embargo Ónix estaba súper…despierto.
Vámonos de paseo. Toma el chicle para que vengas al universo de Plagiz.
-Pero, yo estoy súper…cansado. Necesito dormir un poco. Ónix se dio cuenta que los humanos necesitaban recuperar su energía a través del sueño.

Pedrito no tenemos mucho tiempo. Toma este caramelo, te sentirás como recién despertado en la mañana. Pedrito probó el caramelo azul. Y tenía razón. Ya no tenía sueño. Se sentía con mucha energía.

Ahora comete la goma de mascar contra las turbulencias eléctricas. Pedrito sintió una oscuridad absoluto, luces y centellas iluminaban el camino.
- No te asustes. Es parte del viaje. Le decía su amigo.
Y llegaron a un sitio totalmente frío. No había vegetación. Era totalmente árido.
-Hace mucho frio, decía Pedrito.
Toma esta chaqueta. Yo estoy acostumbrado. Y de repente vio otros seres parecidos a Ónix. Solo que algunos eran como de 3 metros de altura. Los había de todos colores. Rojos, amarillos, violetas.
Bueno, pensó Pedrito, por lo menos tienen brazos y piernas.

Los nativos del planeta de Ónix eran muy amables. Al principio estaban tan extrañados como Pedrito. Sin embargo Ónix les habló en un extraño lenguaje y estos se calmaron. Ellos vivían en unas cuevas, y en el interior de la misma tenían una especie de calefacción que provenía de las rocas. Convidaron a Pedrito a comer algas. Pedrito no le gusto mucho la idea pero lo acepto por educación.
Después de comer Ónix convido a Pedrito a montarse en unos hipocampos. Eran como unos caballos marinos, pero que habitaban en la tierra. Pedrito los vio con mucho temor.No te preocupes son también pacíficos como aquellos seres que Uds. llaman perros.Pedrito se rio de su ocurrencia. Pero era verdad. A veces lo que no se conoce, también se teme.Pedrito nunca se había divertido tanto. Cabalgaron en los hipocampos por todo el valle rocoso. Llegaron a un charco de hielo.¡Que tal si patinamos con los zapatos! Le convido Pedrito a su amigo
¿Qué es eso? Le miro extrañado Ónix.
Entonces Pedrito le enseño. Mira, ¡Que divertido!
Ónix se animo, y aprendió a patinar, y gracias a su amigo impuso un nuevo deporte en su planeta. Los demás los miraban extrañados, no solo por la presencia de Pedrito, sino por lo que hacían. Pero se animaron hacer lo mismo. Y cuando se dieron cuenta tenían un montón de Orionenses patinando en el gran charco de hielo.
Debe haber transcurrido mucho tiempo, mi madre debe estar preocupada. Comento Pedrito.
-¡No te preocupes! El tiempo es muy lento en mi planeta, y además gracias a los viajes estelares, el tiempo varía mucho de tu planeta al mío.
Indudablemente tenía que aprender mucho de su amigo Ónix y su planeta. Sin embargo Ónix se dio cuenta que Pedrito se estaba cansando. Ya la pastilla energizante se le estaba acabando el efecto. Ya era hora devolverlo a su planeta. Pedrito se despidió de sus nuevos amigos. Y Ónix volvió con Pedrito a la tierra.
Al llegar a la tierra Ónix estaba hirviendo. Estaba más rojo que nunca.
-¿Que te pasa amigo?
-No puedo permanecer más tiempo en la tierra. El viaje me agoto. Tengo que devolverme. Me queda nada más una goma de mascar para los viajes estelares. Y si me quedo mucho tiempo aquí me enfermaré.
-¿Te volveré a ver?- Le pregunto Pedrito.
¡Claro! Cuando la luz de Venus se encuentra más cerca de tu planeta podré volver a visitarte- le contesto Onix.
Esto consoló a Pedrito. Se despidieron como dos grandes amigos que se conocían de siempre. Y Ónix le dijo antes despedirse con una gran sonrisa. ¡Hasta la próxima!
Todo esto demuestra que las amistades no tienen fronteras, y se pueden dar en cualquier sitio si nos damos el permiso para abrir nuestro corazón.

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