sábado, 14 de mayo de 2011
Escarchita y las Ánguilas
En lo profundo del mar atlántico vivía un pequeño pez de aleta plateadas con franjas doradas. Decían las sirenas que el animalito era así porque sus padres habían vivido cerca de un buque viejo de piratas en donde se encontraba un gran tesoro. Dentro del viejo buque se encontraba grandes lingotes de oro y otras joyas preciosas. Pero posteriormente, se mudaron a un coral fuego habitado por multitudes de peces de todas las especies y variedades, ya que ese tesoro era muy buscado por los humanos. Y además el coral fuego tiene la particularidad de que si es tocado por manos humanas quema en alto grado, así que allí no los molestarían para nada. Al pequeño pez lo llamaron Escarchita porque cuando nadaba a grandes profundidades iluminaba con sus franjas luminosas los territorios más oscuros.
Todos lo querían mucho, incluso las odiosas anguilas eléctricas que se dedicaban a molestar a los más pequeñines porque el amable pez era muy amistoso con todos los habitantes del mar incluso los más feos y espeluznantes que se pueden imaginar.
Sin embargo a los antipáticos tiburones no les hacía mucha gracia que se hiciese amigos de los peces feroces del mar. Estos les encantaban aterrorizaban a todos. Les encantaba perseguir y acosar desde el pobre pez globo hasta el delfín más juguetón que se paseaba por el mar.
A pesar de que los tiburones habitaban en aguas más frías y lejos del coral fuego no le hacía ninguna gracia que las anguilas eléctricas se la pasasen con Escarchita. Ellos desde siempre tenían una buena sociedad con las anguilas. Estas atontaban a los peces más pequeños, y estos ya por supuesto tenían su almuerzo ya listo.
Para ellos todo cambio. Tenían que buscar su almuerzo de otra manera. Los peces que vivían en el coral fuego sabían cuando venían los tiburones. El tiburón Martillo siempre venía a la cabecera, pero todos ellos tenían sus escondites, y ahora las anguilas montaban la guardia, y si se acercaban mucho recibían unos cuantos corrientazos de éstas.
Toda esta situación tenía muy enfurecido al Tiburón Martillo, y entonces decidió tenderle una trampa a Escarchita para tener a las Anguilas como aliadas. Sabían que Escarchita le gustaba explorar y conocer las profundidades del mar así que el Tiburón Blanco, quién era el más astuto busco a un Erizo malhumorado que vivía cerca de su territorio.
-Oye tú. Le dijo el tiburón
- ¿Que quieres? No ves que estoy durmiendo mi siesta. Le dijo gruñendo el erizo
- Por cierto, ¿porque no vives en el coral fuego con los otros erizos? Le preguntó el Tiburón
-Es que ese escarchita me cae de un pesado. Desde que se ha vuelto tan popular todo los demás me ignoran. Así que decidí alejarme de ese vecindario.
- Quieres vengarte. Nosotros los tiburones también lo detestamos.
- ¡y eso!
-Las anguilas son ahora amigas de él, y nos gustaría proponerte algo para que los dos nos beneficiemos.
-¿Que quieres? Le preguntó el Erizo.
- Que tal si lo invitas a las cuatro corrientes, y como es de un curioso seguro que aceptará.
-Eso suena macabro, allí solo hay oscuridad le respondió el Erizo
-Esa es la idea. Le contestó el Tiburón.
A pesar de que la idea no era muy bonita, el pobre Erizo estaba de lo más resentido así que decidió unirse al plan. El Tiburón Blanco ya se imaginaba comiendo peces más grandes, así que se fue nadando hasta llegar donde estaban sus otros amigos.
Así que deslizándose por la arena llego al coral fuego. Y se acercó al ingenuo pez.
-Hola Escarchita
-¡Hola! Que gusto verte otra vez. Sin pensar en los planes del Erizo.
-Sabes, como yo se que te gusta incursionar, mañana salgo a las cuatro corrientes, ¿Quieres ir conmigo?
- ¿Y que tal es el sitio?
-Es un poco oscuro, pero dicen que allí viven unos peces muy amigables
-¡fantástico! Debe ser buenísimo el sitio. Voy a invitar a mis amigos los caballitos del Mar.
-¡No! No puedes decirle a nadie. Es un secreto entre tú y yo.
- Bueno si lo pones de esa manera le respondió Escarchita.
Al día siguiente Escarchita salió muy emocionado con el Erizo. Le pareció un poco extraño que fuese tan lejos, pero como él tenía un espíritu de aventura sin igual no le importo.
Ese día nadie noto la ausencia de Escarchita a diferencia de los delfines y los pulpos.
-¿Dónde esta Escarchita? Pregunto Motitas.
-No lo he visto respondió el otro delfín
-Yo si. Lo vi acompañado de un erizo de púas rojas dijo el Pulpo
-Ese es gruñón contestó. No debe estar en nada bueno entre manos respondió
-El otro día lo vi con unos Tiburones. Me pareció tan extraño comento un calamar.
-Puede que Escarchita se encuentre en Peligro. Dime por donde lo viste.
-Se dirigían a las 4 corrientes.
Mientras tanto Gruñón y Escarchita ya casi llegaban a las 4 corrientes. Entonces le dijo con malicia al pobre Escarchita.
-Mira, si sigues nadando hacia las profundidades en la parte más oscura, allí viven unos peces luminosos. Son muy amigables. Seguro que estarán felices de hacer amistad contigo.
- ¿No me vas acompañar? Le preguntó ingenuamente Escarchita
-Yo estoy muy cansado. Voy a reposar debajo de ese coral.
- Gracias amigo. Eres muy amable. Lo tendré siempre en cuenta.
Así que Escarchita fue nadando a las profundidades pero no vio ningún pez. Todo era muy oscuro. Le parecía todo tan extraño. Quiso volver, pero estaba un poco oscuro y ya sus aletas ya no brillaban tanto porque estaba cansado del viaje. Se escondió detrás de una roca, y le entro un susto.
Escarchita empezó a pensar que el Erizo lo había engañado. Pero ya no se podía hacer nada.
Mientras tanto los Tiburones se dirigían al coral fuego. Y vieron a las anguilas un poco tristes.
-¿Qué les pasa? Será que Escarchita los abandono.
- Eso les pase por hacer amistad con ese pez tan extraño comento el tiburón Martillo.
-¡Déjenos en paz! Le contestaron
-Bueno Uds. ya saben donde encontrarnos. Le dijo el Tiburón Blanco.
Las anguilas que estaban un poco resentidas ya porque además no eran muy pacientes decidieron esperar una semana, si Escarchita no aparecía se irían otra vez con los tiburones.
Mientras tanto los Delfines buscaban a Escarchita. Y no lo veían por ninguna parte.
Antes de llegar a las cuatro corrientes se encontraron con un pez de gran tamaño. Tenía la particularidad que era de zonas oscuras pero no le gustaba para nada las 4 corrientes porque eran muy frías. Así que ni se acercaba.
-¿Has visto a un pez con aletas plateadas con franjas doradas?
-Déjame ver. Ah si. Esta mañana. Me parece una locura que un pequeño pececito se aventure a ir por esos lados.
-El es nuestro amigo. ¿Será que nos ayudas a buscarlo? Le pregunto Motitas
- Uy, me da miedo, esas corrientes son muy frías y es muy oscuro.
-Pero, tú tienes luz propia. Nosotros no podemos ver en las profundidades. Le dijo Motitas.
- Como yo sé que tú has sido siempre muy servicial conmigo. Lo buscaré. Pero no me gusta ir solito.
- Yo te acompaño dijo el pulpo
Así que fueron descendiendo llamando a gritos a Escarchita.
Escarchita le pareció oír voces y entonces se percató que no estaba solo.
-Venimos de parte de los delfines. Están preocupados por ti. ¿Que haces tan lejos de tu casa?
-Un erizo me invito a pasear por estos lados diciéndome que había otros peces, pero por lo que veo aquí no veo nada.
-¡Tu si eres tonto! Te han tendido una trampa. En las cuatro corrientes nunca ha habido ni un alma. Acompáñame, vámonos de aquí.
El pobre Escarchita decidió seguirlo, y al llegar más arriba vio a sus amigos los delfines.
-¡Menos mal que te encontramos! Pudiste haber muerto en esos territorios. Le dijeron los delfines.
Cuando llegaron al Coral fuego no vieron a las Anguilas. A Escarchita le pareció todo tan extraño. ¿Dónde están mis amigas las corta corrientes? así las llamaba Escarchita con cariño.
-Se fueron con unos tiburones, estaban un poco decepcionadas porque no aparecías. Tú sabes como son. Le dijo un calamar
- Las voy a buscar dijo Escarchita.
-¿Cómo se te ocurre? Están con los tiburones. Te pueden comer. Le dijeron los delfines.
-Sin embargo tengo una idea, mañana vamos para allá en las aguas de los tiburones, claro a cierta distancia dijo el más valiente de los delfines
- Vamos a ver, sin son realmente tus amigas. Dijo Motitas.
Al día siguiente, salieron los delfines y Escarchita. Allí estaban las anguilas con los tiburones y con el traidor del erizo.
-¡Mira quién viene por allí! Dijo el Tiburón Blanco relamiéndose los dientes.
-Pero, viene acompañado de esos delfines. Yo no me meto con ellos. Son muy ágiles e ingeniosos. Y no quiero una pelea con esos. Dijo el Tiburón martillo, quién era un poco cobarde.
-Hola amigas le dijo Escarchita.
- ¿Que haces por estos lados? Le respondieron las anguilas con frialdad.
-Vine a saludarlas. Es que me perdí. Ese Erizo me llevo a las cuatro corrientes, y si no fuera por mis amigos los delfines y otros peces hubiera sucumbido.
-¡Con que esa tenemos! y entonces sin pensarlo le dieron unos corrientazos a los tiburones.
-¡Perdónanos Escarchita! Es que creía que ya no querías ser nuestro amigo.
-Tienen que tener un poco más de fe y ser menos impacientes. Les reclamó Escarchita.
- ¡Vámonos de aquí! Todos ustedes unos traidores. Nos quedaremos por siempre en el coral fuego.
- Caramba Gruñón. Sé que te sientes muy solo. Siempre serás bienvenido en el coral fuego. Aunque esa fue una jugada muy fea le dijo uno de los delfines
- Lo siento. Le dijo gruñon.
-Te perdonamos le dijeron los delfines.
-Ven Gruñón. Conozco un sitio en donde hay otros erizos. Te los presentare. Le dijo amigablemente Escarchita
Y así fue que las anguilas volvieron al Coral fuego, y Gruñón dejo de ser un erizo solitario y resentido. Hizo amistades con otros erizos e incluso formo una familia.
Por otro lado las anguilas están muy felices en su nuevo hogar. Ya no molestan ni a los peces más chiquiticos. Y los tiburones dejaron en paz a todos los peces que vivían en el hermoso coral.
Y bueno en cuanto a Escarchita, sigue haciendo nuevos amigos, pero aprendió ser más prudente y no alejarse tanto de su hogar y menos solo. Y Colorín colorado este cuento ha terminado.
sábado, 7 de mayo de 2011
Pedro y el ave Fénix
Cuenta nuestra historia que la carretera a Ocumare no se construyó en un día. Fue construida por los presos de la dictadura de Pérez Jiménez en Venezuela. Y gracias a ellos y a su posterior asfaltado podemos los venezolanos disfrutar de una de las más bellísimas bahías del estado Aragua, la bahía de Cata. Pero anteriormente esos terrenos eran pura maleza, y solamente los animales y plantas convivían en el. Eran los tiempos de Alejandro Humboldt, quién impresionado por nuestras bellezas naturales se atrevió a escribir varios libros de botánica, los cuales han sido conocidos hasta nuestros días. Sin embargo, a pesar de lo desconocido de esta región, muchos viajeros se habían atrevido a echarse la aventura a atravesar esta gran selva porque sabían que después de 3 días de camino les esperaba algo maravilloso. Solo eran rumores de pueblo, que salían de boca en boca y sin embargo, todos aquellos que habían osado iniciar esta excursión habían fallado desapareciendo entre la maleza. Muchos decían que fueron picados por grandes mapanares, o caídos en las fauces de un gran felino, que había hecho su agosto saciando así su hambre.
Pedro no era cualquier aventurero, había estado en la selva de Amazonas, y había sobrevivido a ella. Dicen las lenguas de los indígenas de estos territorios que tenia el don de hablar con los animales, y que era amable, y respetuoso con las plantas, y por ello no había sido consumido por la selva. Pero claro, eran puras habladurías. Pedro había escuchado que en la zona central de Venezuela existía una gran bahía, y que esta era un paraíso terrenal ya que nadie la conocía. Muerto por la curiosidad decidió encontrarla.
Después de varias leguas de camino, y salir del pueblo de Maracay decidió adentrarse a la montaña. No había por donde empezar. La selva era muy tupida, pero también era muy hermosa. Temprano en la mañana se escuchaba el trinar de los pájaros, el colibrí hacia acto de presencia y se sentía el sonido de las ranas cerca de los riachuelos. Al iniciar la escalata a la montaña, sintió la presencia de los mosquitos y los jejenes, pero el era muy precavido. Un curandero le había preparado una loción para untarse en el cuerpo para ahuyentar estas alimañas. Con machete en mano fue saliendo de toda la maleza impresionado al mismo de la belleza de la flora y la fauna. La montaña contaba con la presencias de árboles de gran estatura, y en muchas de ellos habitaban una gran cantidad de perezas. Se había llevado también unas cuantas arepas para bajar el hambre que se le podía presentar en el camino.
Sin embargo a final del día ya empezó a sentir el cansancio, así que decidió descansar. Se detuvo a descansar debajo de una gran mata de helechos haciendo caso de los sonidos que emitían los animales. De todos modos dejo un fuego prendido por si se acercaba un animal que quisiese devorarlo. Al día siguiente emprendió el camino. Ya su brazo le dolía bastante de tanto cortar maleza. Pero se había propuesto encontrar ese maravilloso paraíso. A pocas horas sintió un gran rugido. Lo sentía a la distancia. Su corazón palpitaba fuertemente, y el sudor salía a cantaros por su piel. De solo imaginarse que se encontraría con un jaguar, no sabría que hacer. Sabía que podría morir en un enfrentamiento de ese tipo. Cerca de un gran árbol de grandes lianas se encontraba una Pereza. La pobre se encontraba mal herida.
Se acercó con mucha gentileza, y la curó con unos remedios naturales que tenía en su mochila. A las pocas horas la Pereza despertó, muy contenta, y se subió inmediatamente al árbol donde le esperaba su familia. De repente escuchó una cantidad de sonidos de animales. Parecían sonidos de orangutanes salvajes, y cunaguaros. Pero los ignoró. De repente vio en el cielo un bello Ave Fénix. Decidió seguirla aunque volaba rápidamente. El ave sabia que él estaba allí, y pareciera en el fondo que esta le estuviese indicando el camino. Después de horas de caminar luchando contra la maleza y los mosquitos quedo impresionado lo que vio. Se encontraba en la presencia de una gran bahía.
Esta parte de la montaña era más seca. Se encontraba llena de cactus naturales. Pedro nunca había visto tanta agua, y una playa tan hermosa. Bajo inmediatamente de la montaña hasta acercarse al mar. i Que delicia! Esto si es un paraíso. En la playa vivían un grupo de pescadores, que sorprendidos del extraño fueron muy recelosos. Sin embargo, no vieron peligro en él. Así que lo recibieron con gran amabilidad, y le enseñaron a pescar desde temprano en la madrugada en sus peñeros. Pedro no cabía de sorpresa. Que cantidad de peces. Carites, Meros, Sardinas, y Ostras escondidas entre las piedras. Después de contarles Pedro a los pobladores de Ocumare lo del ave Fénix se miraron unos a los otros. Ese es Corrobó, el espíritu guardián de los animales del bosque. El solo guía y ayuda a cumplir nuestros deseos a todos aquellos que son de buen corazón. Por algo te ganaste su confianza le comentaron a Pedro. Y con el tiempo se corrió la voz por el pueblo de Ocumare como un extraño aventurero llego a la bahía de Cata gracias a la ayuda de Corrobó, el guardián de los animales de la selva.
sábado, 30 de abril de 2011
La Leyenda de Kukenan
Cuenta una Antigua leyenda de los indios Pémones de la gran Sabana, que cerca del Kukenan residia la antigua población de los Makunaima Este majestuoso Tepui se le designaba también Malawi-Tepuy, que significa “si lo subes mueres”, así que nadie osaba subirlo y ni siquiera acercársele. En el camino a Kukeman existen una gran cantidad de árboles petrificados y afirmaban los más viejos de la aldea que este bosque estaba poblado de animales fantásticos que emitían ruidos terroríficos en el anochecer. Los indios de la aldea creían firmemente que la cima de la montaña estaba habitado por criaturas invisibles que custodiaban esta gran formación rocosa. Sin embargo, Meriwarek, el más viejo de todos los Makunaima aseguraba también que la montaña estaba rodeada de piedras transparentes que podían realizar fuertes curaciones frente a grandes enfermedades endémicas
Un buen día, Makunaima-piá, el más joven de los Makunaima enfermó gravemente. Su madre creía firmemente que había adquirido esta peste gracias a esas extrañas excursiones que realizaba cerca del Kukeman. Los más viejos de la aldea se lo habían advertido que los dioses se iban a enfadar por su osadía. Pero, Makunaima-Piá era un niño muy temerario y aventurero. Le encantaba hacer largas excursiones y ya a los diez años había traído a su aldea una colección de guacamayas de bellísimos colores que se encontraban cerca del bosque petrificado.
Makunaima-Piá había cumplido ya sus doce años de vida y decidió trepar al Gran Tepui esa mañana. Sus abuelos le advirtieron:
-No subas, que mochimá te puede raptar en su vuelo y llevarte a la cumbre de Kukeman, donde tiene su nido y serás comidilla de sus pichones que están siempre hambrientos.
Pero, Makunaima-Piá no hizo caso, y se fue temprano en la mañana. Durante el transcurso del día cayo un gran tormenta, y estuvo lloviendo por cantaros. Y esa noche le dio una fiebre altísima, en su delirio febril le pareció ver bajar de la gran montaña unos seres parcialmente visibles que le dieron un brebaje en base a hierbas aromáticas.
Al día siguiente Makunaima-Piá sintió que le había bajado la fiebre. Pero lo más extraño de todo es que se encontraba en otro sitio, cerca de su aldea. Estaba minado de picaduras de puri-puri. Esos pequeños zancudos le había erupcionado toda la piel. Sabía por experiencia que era alérgico a sus picaduras y que sufriría las consecuencias. Cerró los ojos y decidió descansar un rato.
Mientras tanto, el mayor de la aldea, se encontraba realizando su caminata diaria y fue entonces, cuando vio a Makinuaima-Piá tendido en unos arbustos. Inmediatamente fue a pedir ayuda a los hombres de la tribu, Iwaká, el jefe de los Makunauma lo vio con preocupación;
-Llévenlo rápidamente al hogar común, y lo tendieron con delicadeza en su hamaca- dijo con preocupación
-Es esa enfermedad que le da Makinauma-Pia cuando le pican los Piru-Piru-Lloraba su madre con desesperación.
-Tranquila mujer, ya encontraremos una solución- dijo su esposo tratando de calmar a su mujer.
Merivarek, el mayor de la tribu, afirmo:
-No existe manera de curar el mal de Makinauma-Pia, con mis hierbas medicinales pero se que cerca de la cima del Kukenan existen unos cristales transparentes que pueden curar grandes enfermedades-
Ese dia, Merivarek se reunió con los hombres de su tribu.
-La única manera que salvemos a Makinauma-Pia es que subamos a Kukenan
afirmo Merivarek.
-Mochimá nos puede devorar, y he oído decir que sus pichones comen con gran ferocidad la carne humana- dijeron todos los hombres de la aldea.
Merok se mantenía en silencio, este era muy ágil con su arco y flecha y dicen los mas viejos de la tribu que en una ocasión trajo a su familia tal cantidad de lapas que salvo a su familia de una gran hambruna, y había matado a un fiero tigre que acosaba la aldea, y por esta razón ningún cunaguaro osaba acercarse a la aldea por temor a las flechas de Merok.
Merok, a pesar del gran temor que le inspiraba el gran Tepui, decidió aventurarse a subirlo.
-Yo subiré al gran Kukenan y buscare los cristales- exclamo Merok con firmeza.
-Tendras que irte solo, llévate las provisiones necesarias y ojala tengas suerte- le respondió Iwaká
A las pocas horas salio Merok hacia el gran Kukenan, atravesó el bosque petrificado y empezó a subir el inmenso Tepui. Su corazón latía con mucha fuerza ya que se encontraba a gran altura. Decidió descansar unas horas y se recostó debajo de un majestuoso árbol. Y fue allí donde vio cerca de una gran cueva unos bellos cristales. Estos deben ser los cristales milagrosos de los cuales habla tanto Meriwarek Pensó para si mismo. Los tomo con mucha delicadeza y los metió en su morral, y en ocasiones a medida que bajaba el gran Tepuy sentía la sensación que alguien lo observaba, pero no se detuvo a pensar en ello. Corriendo con gran agilidad y apuro se dirigió a su aldea, se los entrego a Meriwarek y con sus hierbas milagrosas y el uso del cristal curó al muchacho. Y fue así como Merok fue conocido en la gran sabana como el único hombre que se atrevió a desafiar al kukenan convirtiéndose con el tiempo en el guerrero más noble y valiente de todo su pueblo.
sábado, 23 de abril de 2011
La Paradura de los Nevados
Cuentan que en los Nevados del Estado Mérida se realizaban las más bellas paraduras del niño. Todo el mundo lo sabía. Desde los pobladores de Muchuchíes hasta la ciudad de Mérida.
Sin embargo a pesar de que muchos se morían de ganas por asistir a algunas de sus celebraciones, el acceso a los Nevados era totalmente imposible. Los Nevados se encontraban en lo más alto de una Montaña sin ningún tipo de comunicación con la capital. Para llegar allá se necesitaba ir por lo menos 4 horas en burro guiado por alguien de la localidad hasta llegar a algunas de sus pequeñas casas que además no contaban con luz eléctrica. Los pobladores usaban una planta eléctrica para alumbrarse, y el único medio informativo era un radio de gran alcance. Y sin mencionar el tremendo frío que hacia en los tiempos decembrinos. Así era la vida de los Nevados, lenta pero muy acogedora.
Luis pertenecía al centro de excursionismo de la Universidad de los Andes, y su familia vivía en Ejido, y sabía de esas encantadores fiestas. Así que decidió ir con un grupo de amigos después de las fiestas navideñas a estas fiestas del mes de Febrero.
Sus padres estaban preocupados por esa aventura, pero confiaban en su hijo ya que además él en sus tiempos libres guiaba a los turistas a conocer los páramos de la localidad.
Así que de lo más emocionado se puso en contacto con Javier y Carlos, quienes eran sus más fieles amigos en todas las excursiones. Nunca lo había dejado defraudado. Fueron a la capital, y compraron todo lo que necesitaron.
Javier estaba muy contento y le comentó a Luis:
-Después de pasar el año nuevo con mi hermana, esta es la mejor noticia que he recibido.
-No te arrepentirás le respondió Luis
.
Así que al día siguiente salieron muy temprano hacia los Nevados. Podían tomar un jeep desde el Pico Bolívar, pero ellos querían disfrutar de las bellezas naturales. El frailejón era muy bello en esta época, y era todo un espectáculo.
Después de una jornada de 3 días de caminata, ya cansados decidieron acampar y descansar media tarde. Era pasado el mediodía y el sol empezaba a ocultarse.
-Me parece que va a lloviznar. Mejor montamos la Carpa dijo Carlos.
-Y parece que viene también mucha brisa. Les aconsejo que se pongan sus abrigos dijo Luis
Así que se abrigaron bien y decidieron descansar hasta el día siguiente. Y entonces empezó a llover. Las gotas de agua chocaban contra la carpa, y en varias ocasiones pensaron que se iba a derribar por la fuerza del viento.
-Mejor nos salimos de aquí
Y menos mal que lo hicieron ya que la carpa voló por los aires.
- Por lo menos conservamos nuestro abrigo, y las mantas comentó Luis
Sus otros amigos estaban preocupados, apenas habían llegado al Pico Bolívar, y todavía había que caminar.
-Mira, ha dejado de llover.
-Menos mal. Tremendo susto nos llevamos.
Pero no era el fin de sus problemas. La Montaña estaba resbalosa así que tuvieron que hacer malabarismos para llegar a la cúspide de la colina.
-Mira Carlos, una llama dijo Luis
-A lo mejor estamos cerca.
-Si es así estamos salvados.
Siguieron a la llama, y se encontraron con dos jóvenes y un viejo de aproximadamente de 75 Años
-Tienen cara de estar perdidos dijo uno de los muchachos.
-Porque no lo llevas al pueblo. Pobrecitos, y además así disfrutan de nuestras fiestas comentó el viejo
-Solo hay dos burros, a menos que se aventuré a montar a Hermelinda.
-Pobrecita. Ese pobre animal no es de carga comentó Carlos, quien sentía una especial sensibilidad por los animales.
- No te preocupes. Carlos y yo nos turnaremos dijo Luis
Y así pasaron 8 horas. A todos ellos les pareció eterno hasta que llegaron al encantador pueblo de los Nevados.
Era un pueblito que apenas pasaba de 20 casas. La vía todavía tenía muchas piedras en el camino por las últimas lluvias.
-Esta noche montamos la Paradura dijo uno los muchachos.
- Y me han dicho que son deslumbrantes dijo Luis
- Después de que encuentran al niño siempre hacemos una pequeña parrandita
- Por cierto, ¿cómo te llamas? Preguntó Luis
-Pedro.
- Estamos compartiendo con ustedes y ni siquiera sabemos tu nombre.
- No se preocupen. Generalmente los que vienen de la Capital no quieren ni siquiera saber de nosotros.
-A mi me parece muy triste.
- Bueno animo. Dentro de poco empieza la paradura.
Y entonces Luis quedo sorprendido. Nunca había visto algo así. Después de las seis de la tarde un grupo de familias iban en busca del niño con faroles construidas con botellas de refresco y una vela para alumbrar. Que original. Nada que ver con las paraduras de los otros pueblos de Mérida. Tocaban de puerta en puerta y siempre les tenían algo a los visitantes. Al final apareció el niño en la última casa.
- Pero no se queden allí. Vamos a la parranda. dijo Pedro.
Y los tres muchachos fueron de lo más entusiasmados también a disfrutar de la parrandita. Todo el mundo tenía algo que festejar. El cuatro no paraba de sonar, y estuvieron brindando hasta la madrugada.
Y así fue que Luis y sus amigos no solo conocieron la paradura del encantador pueblo de los Nevados, sino también se llevaron la experiencia de sus vidas.
jueves, 21 de abril de 2011
El Corocoro de las alas doradas
En las tierras lejanas del estado falcón habitan los bellísimos Corocoro vestidos con sus grandes galas de color rojo escarlata. Estas aves habitan en grandes ciénagas de nuestro querido país. Conviven en grandes grupos cuidándose unos a los otros ante los grandes peligros de la Ciénaga. Pero existía un Corocoro en particular. Tenía alas rosadas de color pastel con franjas doradas. Era el más solitario de la ciénaga. Los demás Corocoro le decían:
-No te alejes tanto de nosotros, las babas al atardecer te pueden comer, pero él ignoraba totalmente sus consejos.
Estos singulares animales se alimentaban de los crustáceos de la ciénaga. Y en la época de lluvia nunca les faltaba comida. Y nuestro amigo, el Corocoro dorado nunca le faltaba comida a pesar de que se mantenía cerca de los manglares. Sus compañeros nunca lo abandonaban. Sentían pesar y preocupación por el, porque en momentos de peligro tendrían que emigrar en grandes bandadas hacia otros territorios.
En una época hubo una gran sequía, y las aguas habían bajado notoriamente de su cauce. Ya no había cangrejos y pequeños insectos de que alimentarse. Las babas, y grandes caimanes empezaron a tener mucha hambre, y cuando llegaba la noche se disponían a cazar para saciar su necesidad de alimento. Un buen día la más grande de las babas le comento a su manada:
-Ese Corocoro de alas doradas sería un buen alimento,siempre esta solo durante la noche bajo la sombra de los manglares dijo relamiendose.
-Tenemos que irnos antes del atardecer. Cerca de la costa de Chichiriviche hay una bellísisima Ciénaga. No nos faltara alimento. Uno de Uds. tiene que convencer a nuestro amigo para emigrar con nosotros. Su terquedad será su propio destrucción- dijo el Corocoro mas viejo de la ciénaga.
-No te preocupes, yo me quedaré hasta que vuele el último de Uds_dijo el más joven de ellos.
La garza le dijo al Corocoro dorado que iban a emigrar ese día, y que lo acompañaría.
-Yo, quiero quedarme en estos manglares. Ya estoy un poco viejo para volar- respondió.
Casi al final de la tarde, la bandada de Corocoro empezó a extender su vuelo.
-Vente con nosotros, si te quedas vas a buscar la muerte- le dijo la joven ave.
Ya las babas empezaron a impacientarse, y estaban dispuestos a tener un buen banquete con las dos aves. Cuando el Corocoro dorado vio que el ultima ave emprendió el vuelo se dijo a si mismo. No puedo dejar que la imprudencia acabe con mi vida. Así que, emprendió con grandes esfuerzos escoltado por su amigo. Atravesaron grandes montañas hasta llegar cerca de la costa de Chichiriviche, y allí lo vieron. Una bella ciénaga rodeada de grandes manglares.
En la distancia venía el Corocoro dorado con la solidaria ave que se empeño en esperarlo. Al llegar a la Ciénaga con un cansancio sin límites se comió dos grandes cangrejos que compartió con su joven amigo. Fue en ese momento que se dio cuenta que es importante compartir en grupo porque de esta manera funcionan las mejores sociedades. Y, así fue que dejo de ser una Corocoro solitario ya que habia aprendido de su joven amigo que el espiritu solidario ayuda a combatir grandes dificultades.
Luis y Peluso
Cuentan en los llanos centrales de Venezuela existen muchos poblados , que viven aterrorizados por la presencia de babas y fieros caimanes, y cuando ya llegaba el atardecer se daban sus banquetes con animales que ingenuamente pasaban por sus territorios. Se decía que cuando se oían a lo lejos a las guacharacas era porque estos se habían comido a un rabipelado u otro pequeño animal. Y por ello, muy pocos de los pobladores que vivían cerca de allí osaban acercarse a estos ríos.
Luis vivía en un pequeño poblado no muy lejos de Barinas. Se levantaba muy de madrugada a ordeñar a su vaca cantándole tonadas porque de esta manera, Margarita, cómo la llamaba cariñosamente le brindaba su mejor leche. Después se lo llevaba a su mamá, quién hacía una rica mantequilla con la leche recién ordeñada, y en ocasiones su abuela lo consentía elaborándole una rica cuajada para que se la comiera con sus arepas recién hechas en el budare.
La familia de Luís eran muy humilde y el poblado donde vivían no tenían siempre energía eléctrica, así que contaban con un transformador que le brindaba la electricidad para sobrevivir con lo necesario. Luís no sabía lo que era una computadora, y video juegos, se había criado con la cultura de la radio, y le gustaba escuchar siempre todas las tardes su programa favorito “Martín Valiente”, y soñaba que cabalgaba con Martín Valiente y Frijolito en sus aventuras por el llano y el resto de Venezuela. Sin embargo, a pesar de su mundo de fantasía siempre estaba atento a los peligros del llano, sobre todo aquellos que provenían de los ríos, en donde habitaban las mapanares, caimanes y babas.
Un día después de salir de la escuela, Luis se encuentro un pequeño gato montés, apenas era un cachorro todavía, y lo vió desvalido, hambriento y abandonado, que decidió llevárselo a casa. Sus padres y abuelos cuando lo vieron le dijeron:
-Luís, ese animal va a crecer, y se va volver salvaje y peligroso-
Luís le respondió:- No te preocupes papá, yo le voy a construir una casita y lo alimentaré, y si el pide irse otra vez por los llanos, yo mismo lo llevare-
Sus padres no estaban muy convencidos porque esos animales al crecer podían ser tan fieros como los juagares. Y sin embargo, le dieron la oportunidad a Luis de que se ocupara del pequeño gato Montés.
Así que el pequeño Gato Montés fue creciendo recibiendo los cuidados y el cariño de Luis. Le enseño a no acercarse mucho a las vacas, sobre todo a su querida Margarita, a quién quería mucho. Cuando ordeñaba a Margarita, peluso , así lo llamaba estaba durmiendo hasta que llegaban los primeros rayos del sol. Pero ya Luis había ordeñado y su mamá estaba ya preparando el desayuno
Peluso fue creciendo y ya era un fiero gato montés , pero era un gatito muy dócil cuando Luis estaba cerca y jugaba con el . Un buen día , al salir de la escuela, Luis fue a buscar a Peluso y no estaba. No estaba en su casita, ni debajo de los árboles. Luis temió lo peor. Se había ido al río. Y allí corría peligro. Arriesgándose sin avisar nada a sus padres, fue a buscar a Peluso. Luis no se había percatado que ya era del tamaño de un jaguar, un pequeño extraño para un gato montés, quienes son más pequeños.
– Peluso, Peluso- lo llamaba a grandes gritos. Se lo van a comer esos caimanes si se acerca mucho al río. Pero Luis no se percató de que el que estaba en peligro era él, y de repente cerca de unos matorrales salió el caimán más grande que había visto en su vida. Me va despedazar, pensaba Luis. Sin embargo, todo ocurrió muy rápido, Peluso salio de unos matorrales y dio un gran rugido tan fuerte sacando al mismo tiempo las garras en sus patas delanteras y traseras. El caimán sorprendido, porque nunca había oído un rugido tan alto, decidió deslizarse otra vez al río. Fue un gran milagro, y fue entonces cuando Luis se dio cuenta de que Peluso no era un gato Montés era un gran Jaguar.
Entonces se dio cuenta de su gran error, si no fuera por Peluso estaría muerto. Ahora comprendía las grandes escapadas de Peluso en las noches, y porque faltaban a veces gallinas en los poblados cercanos. Y porque las guacharacas apenas se sentían, era que Peluso se había hecho dueño de los ríos y los llanos. Y fue entonces que Luis decidió llevar a Peluso a los llanos y soltarlo para que el viviera libremente, porque los jaguares no pueden vivir con los humanos. Fue muy triste la despedida, pero Luis sabía que era lo mejor. Con el tiempo, se oía a veces rugido de una familia de jaguares, y entonces Luis ya sabía que su querido peluso había formado una familia, y estaba felizmente con los suyos. Y colorin colorado este cuento ha terminado.
domingo, 17 de abril de 2011
Motitas
Pero lo que no sabían era que Motitas era un Unicornio mágico. Se podía poner invisible a su voluntad y desplazarse a grandes distancias sin que nadie lo notara. Cuando los duendes empezaban a fastidiarlo, este se desaparecía y se aventuraba a conocer los lugares más emocionantes y desconocidos. Siempre volvía al anochecer a su hogar. Sus padres siempre le preguntaban: ¿Dónde estabas Motitas? Te estábamos buscando. El siempre les respondía: me fui a dar una vueltita y tenía un hambre increíble y encontré una fruta tan rica, tan rica que no pude perder la tentación de comérmela. Además no se encuentra por estos lares. Estaba dulcita, después me hice amigo de una ardillita y jugué con ella hasta el atardecer. Los padres de Motitas creían que este inventaba todo por que veían que en el valle era muy solitario y no compartía con los otros Unicornios así que no le recriminaron más sus salidas misteriosas de las tardes.
Con el tiempo Motitas se hizo mayor y se convirtió en un Unicornio de un bellísimo color canela con sus peculiares manchas rojas, que a pesar de la edad seguían con él. En el Valle había una linda Unicornio color crema, y este se había prendado de ella. Cada vez que la veía suspiraba por el gran amor que le tenía y extrañamente en las noches aparecían una multitud de estrellas fugaces.
Los duendes que eran unos seres muy envidiosos empezaron a sospechar de Motitas. Sabían que Motitas no era igual a los demás, y decidieron vigilarlo más de cerca. Un buen día Motitas se aventuro acercarse a la linda Unicornio, y le trajo una rica manzana. Ante su sorpresa la Unicornio le encanto y no lo desprecio. Y cómo estaba tan emocionado apareció en el cielo un bello arco iris. La Unicornio estaba también muy ilusionada con Motitas porque no solo le gustaba su compañía sino lo pasaba requete bien por todas las situaciones peculiares que ocurrían cuando estaban juntos.
Pero para la mala suerte de Motitas los duendes descubrieron sus poderes mágicos. Y lo acusaron de que él les había robado su magia ya que para la comunidad los únicos que tenían derecho a usarla eran los duendes. Y cómo los otros Unicornios no le tenían simpatía desterraron al pobre Motitas de la comunidad.
La linda Unicornio entristeció hasta morir. Había perdido un amigo, y no solo eso tenía que aguanter a los aburridos de los otros Unicornios. Pero Motitas era un Unicornio muy valiente y no se dio por vencido. Claro que se fue del valle, pero no iba a volver con las manos vacías. En el trayecto conoció a un centauro. Se hizo muy amigo del Centauro, y este le enseñaba a Motitas los secretos del bosque, y le mostró cómo ocultarse en el bosque de las criaturas oscuras que salían en las noches y en gratitud nuestro amigo el Unicornio le regalaba siempre unas manzanas riquísimas, que eran la pasión del centauro y sus amigos. Lo que más les extrañaba a los centauros era de donde provenían las manzanas porque no sabían a estas frutas sino a parchita con una mezcla de sabor a mango. Pero no preguntaban ni trataron de indagar mucho porque en el fondo sabían que existían algunos Unicornios que eran de naturaleza mágica y no querían perder la amistad con Motitas. Y Motitas tampoco les dijo nada acerca de su naturaleza mágica porque eso es un secreto de los Unicornios, sobre todo aquellos que son de una naturaleza bondadosa como la de Motitas. Los Centauros en gratitud le dieron una mascota. Pero no era cualquier mascota, era un pequeño dragón. Era un ser muy amigable. Y a Motitas se le ocurrió la genial idea de volver al valle. Con el tiempo el dragón fue creciendo poco a poco. Y cuando llegaron al valle el dragón ya era del tamaño de los árboles.
Motitas entro de lo más campante al valle como si no hubiese ocurrido nada. Estaba feliz como una lombriz, y se sentía respaldado con su nuevo amigo. Los duendes al ver el dragón se quedaron boquiabiertos No solo tenían que luchar con la magia de Motitas sino con ese temible dragón. Pero como eran unos cobardes, ni siquiera se acercaron porque sabían que si lo retaban lo podían carbonizar.
La amiga de Motitas se puso muy contenta cuando lo vio. Pero observo el dragón con recelo. Motitas le enseño que era de confiar. Y poco a poco los otros Unicornios fueron agarrando confianza y se arrepintieron de lo injustos que habían sido con Motitas. Pero a Motitas no le importaba. Se sentía muy contento, no solo porque volvía a reunirse otra vez con su amiga sino también porque tenía un nuevo amigo que era el aprecio de todos. Y si un visitante ve a la distancia un gran arco iris en el cielo sin rastro de lluvia es porque ese es el valle en dónde vive Motitas con su amigo el dragón.
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