domingo, 19 de febrero de 2012

El Viaje de Karumí





Cuentan los más viejos peregrinos que en el pueblo de Belén nació un niño Dios. La noticia se corrió de boca en boca hasta llegar a los mismos oídos de Alejandro Magno y a multitud de tierras y poblados de nuestro mismo planeta. Los más viejos profetas decían que este niño salvaría a muchos por su inmenso amor y sabiduría.

Sin embargo muchos se preguntaban como podrían llegar hasta él.
-Sigan a esa estrella que ilumina nuestras noches, y si están interesados en seguir su viaje podrán visitar ese lindo niño que nació en Belén- decían los pastorcillos a los viajeros.

De todos modos, no todos tenían la misma fe, curiosidad y devoción. Del otro lado del océano vivía Karumi, princesa de un pueblo indígena que creía en la bondad del viento, en el lenguaje secreto de las flores, y en el alma de los animales que existían en su tierra. A sus oídos llego la noticia de la noticia del nacimiento de un niño que cambiaría la vida de muchos, pero ella pensaba para si misma: ¿Cómo puede un solo ser humano, y menos un niño cambiar la vida de otros? Yo tengo el amor de mi gente, la madre tierra siempre presente conmigo, y con eso me basta.

Un día llego a sus oídos, que muchos pastorcillos le brindaban sus mejores ofrendas solo para conocerlo. Y una noche tuvo una visión: Entre penumbras vio que venían tres reyes montados en sus camellos a visitar a ese singular niño. Así que sin pensarlo dos veces, les dijo a sus súbditos que iban a visitar a un niño que nació en un poblado lejano llamado Belén.

¿Qué vamos a recibir a cambio? Vamos hacer un recorrido largo ya que ese niño se encuentra del otro lado del océano- decían sus súbditos.
- Debe ser importante porque 3 reyes, niños grandes y pequeños vienen a visitarlo. Dicen que hay una estrella que alumbra el camino, y así llegaremos a él, pero no podemos presentarnos con las manos vacías le daremos maíz de de nuestra mejor cosecha, y frutas que hemos cosechado de nuestros últimos sembradíos.

Sus más fieles súbditos decidieron acompañarla, y acompañadas de sus mejores canoas cruzaron el vasto mar. Pasaron muchas semanas sobreviviendo con agua guardada en sus cantimploras, frutas y peces que pescaban de vez en cuando. Al llegar a tierra, emprendieron una gran jornada. Descansaron en varias posadas sufriendo el desprecio de muchos ya que no estaban acostumbrados a ver indios por esas tierras. Cuando se acercaba el atardecer huían para que esas gentes no les hirieran e hicieran daño. Después de seguir una estrella luminosa llegaron a un portal viejo rodeada de pastorcillos, y no muy lejos diviso tres reyes que venían en camino. Recordó su sueño y se acercó con varios niños,  y lo que vio la dejo deslumbrada. Ese niño había nacido en un pesebre, y su madre lo cargaba con mucho amor. Seres de luz alumbraban al niño con una luz celestial, y una bella música de campanillas se sentía en ese pequeño pesebre. Entró sigilosamente y le brindo su maíz y frutas a los padres del niño. Ahora entendía por que ese niño iba a cambiar tanto a muchos. La presencia de esos Ángeles, y la sonrisa y la paz que irradiaba ese niño no necesitaba explicación. Al salir del portal con sus súbditos diviso una gran águila por los cielos. En ese instante se dio cuenta que la nobleza siempre acompañaría a ese niño. Y se alegro humildemente de haber hecho ese trayecto tan largo para conocer ese niño que con el tiempo daría grandes cambios al espíritu humano y llegaría a la bondad del corazón de muchos.

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