viernes, 13 de enero de 2017
domingo, 19 de febrero de 2012
El Viaje de Karumí
Sin embargo muchos se preguntaban como podrían llegar hasta él.
De todos modos, no todos tenían la misma fe, curiosidad y devoción. Del otro lado del océano vivía Karumi, princesa de un pueblo indígena que creía en la bondad del viento, en el lenguaje secreto de las flores, y en el alma de los animales que existían en su tierra. A sus oídos llego la noticia de la noticia del nacimiento de un niño que cambiaría la vida de muchos, pero ella pensaba para si misma: ¿Cómo puede un solo ser humano, y menos un niño cambiar la vida de otros? Yo tengo el amor de mi gente, la madre tierra siempre presente conmigo, y con eso me basta.
Un día llego a sus oídos, que muchos pastorcillos le brindaban sus mejores ofrendas solo para conocerlo. Y una noche tuvo una visión: Entre penumbras vio que venían tres reyes montados en sus camellos a visitar a ese singular niño. Así que sin pensarlo dos veces, les dijo a sus súbditos que iban a visitar a un niño que nació en un poblado lejano llamado Belén.
Sus más fieles súbditos decidieron acompañarla, y acompañadas de sus mejores canoas cruzaron el vasto mar. Pasaron muchas semanas sobreviviendo con agua guardada en sus cantimploras, frutas y peces que pescaban de vez en cuando. Al llegar a tierra, emprendieron una gran jornada. Descansaron en varias posadas sufriendo el desprecio de muchos ya que no estaban acostumbrados a ver indios por esas tierras. Cuando se acercaba el atardecer huían para que esas gentes no les hirieran e hicieran daño. Después de seguir una estrella luminosa llegaron a un portal viejo rodeada de pastorcillos, y no muy lejos diviso tres reyes que venían en camino. Recordó su sueño y se acercó con varios niños, y lo que vio la dejo deslumbrada. Ese niño había nacido en un pesebre, y su madre lo cargaba con mucho amor. Seres de luz alumbraban al niño con una luz celestial, y una bella música de campanillas se sentía en ese pequeño pesebre. Entró sigilosamente y le brindo su maíz y frutas a los padres del niño. Ahora entendía por que ese niño iba a cambiar tanto a muchos. La presencia de esos Ángeles, y la sonrisa y la paz que irradiaba ese niño no necesitaba explicación. Al salir del portal con sus súbditos diviso una gran águila por los cielos. En ese instante se dio cuenta que la nobleza siempre acompañaría a ese niño. Y se alegro humildemente de haber hecho ese trayecto tan largo para conocer ese niño que con el tiempo daría grandes cambios al espíritu humano y llegaría a la bondad del corazón de muchos.
sábado, 19 de junio de 2010
El mundo de los Kullan

Cuentan una vieja leyenda de Normandía que antes de la época de reyes, y grandes batallas existió un mundo fascinante de criaturas mágicas. Nadie lo conoció o sabía de su existencia, sin embargo nuestros más viejos narradores contaban que este mundo estaba constituido por Unicornios, dragones, hadas, y duendes bromistas que se divertían a costa de los pobres humanos escondiéndoles sus posesiones sin que estos se diesen cuenta.
Todas estas criaturas no se dejaban ver por los humanos y sobre todo los dragones ya que consideraban a los humanos unos seres muy peligrosos con una gran ansiedad de poder y destrucción, así que se escondían en cuevas oscuras con sus otros primos de su especie.
Por su parte, los Unicornios, duendes y hadas habitaban detrás de una montaña enigmática que nadie había osado visitar. Decían que si subías a la cumbre aparecían Águilas y Cóndores de gran fiereza que eran capaces de destrozar a cualquier ser humano, así que nadie se arriesgaba a emprender semejante aventura.
Sin embargo, no todos se dejaban llevar por el miedo y la superstición. Carlos era un joven apuesto que vivía en un pequeño poblado a pocos kilómetros de la montaña. Provenía de una familia de granjeros, y como sus padres y abuelos eran ya mayores, él prácticamente era el sostén de la familia. Menos mal que contaban con Lucía, la vaca de la granja. Gracias a ella tenían leche, mantequilla, y un queso muy rico que hacia la madre de Carlos.
Carlos sentía una gran curiosidad por averiguar que se encontraba detrás de la montaña, y decidió a pesar de la advertencia de sus abuelos ir el fin de semana en una excursión.
-Hijo, no vayas. Es muy peligroso. No sabes que fieras vas a encontrar en el camino- le advirtió su abuelo. Cuentan que los cóndores que habitan en la cumbre destrozan la piel de los humanos, y cruelmente te dejan ciego para que nos pueda orientarte, y de esta manera eres victima de los lobos y otras alimañas que viven en la montaña.
-Esos son supersticiones- replicó Carlos. Estoy seguro de que deben existir animales sorprendentes, y plantas poco usuales, ya que el muchacho sentía gran debilidad por la botánica.
Su familia al darse cuenta de que no había manera de cambiarle la idea a Carlos le entregaron una escopeta en el caso de que la necesitase.
-Toma esta escopeta- Era de un viejo amigo. Nunca hemos necesitado armas, pero es bueno que tengas algo con que defenderte, no sabes con lo que puedas encontrarte en el camino. Solo te pido que seas prudente le dijo su padre.
- y ¿cómo van a sobrevivir tus abuelos? Ellos dependen de la medicina que recoges en el pueblo cuando haces compras. Mis piernas no aguantan la caminata- le replicó su madre buscando una manera de convencerlo.
-María se encargará. Ella siempre ha sido amable y gentil con todos nosotros, y me prometió que se ocuparía de todo en mi ausencia, por lo menos de las necesidades de mis abuelos- le respondió amablemente a su madre
María era una rubia de 15 años, siempre había sido muy amable con la familia de Carlos. Desde pequeños habían sido muy amigos, y ambos cuidaban las necesidades de cada familia. María vivía en la casa de al lado, la familia de María quería mucho a Carlos, lo consideraban un muchacho muy trabajador aunque algo osado y aventurero.
Y fue así que Carlos emprendió su viaje. Al amanecer emprendió su caminata hacia la montaña. Se sentía muy emocionado, y con gran alegría se abrió camino pensando en todas las sorpresas, emociones y anécdotas que tendría que contar cuando terminase su excursión, lo que no sospechaba ni se imaginaba con que le tocaría enfrentarse en esta aventura.
Continuará….
viernes, 2 de abril de 2010
El Juicio

Todos los Miércoles se celebraban el juicio de los criminales en la pirámide del Águila blanca. Todos los Atlantes estábamos en la obligación de asistir con la finalidad de no cometer fechorías y no poner en riesgo nuestra ciudadanía. Luna no creía en los encarcelamientos. Él le daba mayor importancia al aprendizaje de las acciones de cada uno de nuestros ciudadanos a diferencia de Centella. Si bien era cierto que en la Pirámide del cóndor dorado existían celdas horrorosas, a nuestro querido sacerdote le parecía que estas debería eliminarse ya que las practicas de tortura y castigo se habían eliminado en viejas generaciones.
La mayoría de los juicios eran en contra de ladronzuelos, y estos eran castigados con el destierro. Luna consideraba que la asistencia a estos juicios era muy positiva, incluso para los más jóvenes para que todos estuviéramos al tanto de lo que sucedía en Atlántida.
Ese día juzgaron a unos cuantos ladronzuelos. Habían robado una gran cantidad de pescado del pueblo. Era una penalidad alta ya que la mayoría de los Atlantes vivía de la pesca, y era el único medio de sobrevivir. Al llegar, todos nos reunimos en la parte inferior de la pirámide. El juicio ya estaba por empezar.
Se inicio el juicio al prenderse la llama incandescente.
- Hoy es Miércoles ¿Qué tenemos para hoy? dijo Luna con tristeza.
- Tenemos unas cuantas novedades. El juicio de estos ladronzuelos y un criminal mayor. Se encuentra en la celda de los castigos- dijo Centella con Crueldad
-¿Que puede ser tan grave?- dijo el pobre sacerdote
- Subió a hurtadillas a media noche en la pirámide del cóndor dorado usando seguramente uno de tus acerca-estrellas- respondió el viejo desagradable.
El público estaba sorprendido. Hay que ser muy osado para cometer semejante felonía. Le costaría muy alto.
_ ¿Quién es? – preguntó el pobre sacerdote con tristeza.
-¡Es un pequeño rapaz! le dijo con crueldad
-¡Un niño! No te parece que ya tu odio por los pequeños se ha vuelto exagerado- le dijo con desagrado.
-¡Te lo traeré para qué sepas quién es! le dijo desagradablemente
Miguel y yo nos encontrábamos bien lejos de allí, pero observamos detenidamente todo lo que ocurría. Esta situación podría desencadenar graves consecuencias ya que Centella era mi maestro de matemáticas.
Centella bajo rápidamente la pirámide y se dirigió a aquella e dónde me encontraba supuestamente apresado. A medida que se acercaba vio con sorpresa que la puerta estaba abierta y medio destruida. Estaba tan enfurecido que tiro todas las llaves al suelo.
-¿Qué ha pasado? ¡Se ha escapado! me las va a pagar- se dijo con violencia. Ahora voy hacer el hazmerreír en el juicio.
Se dirigió rápidamente a la pirámide del Águila blanca, y antes de que siguieran con la ceremonia le dijo suavemente a Luna
-¡se ha escapado ese rapaz!
-¡Esto es el colmo! No concibo que inventes semejante historia. Tu odio por los pequeños ciudadanos de Atlántida te traerá la perdición- le dijo con paciencia.
Centella estaba muy malhumorado, y tuvo que callarse durante toda la ceremonia. Luna no le dio permiso y oportunidad para que participase.
Al final se sentenciaron a los ladronzuelos al exilio. Tendrían que abandonar Atlántida temprano mañana en el amanecer. Todo el mundo estaba sorprendido de lo acontecido. Las familias estaban preocupadas. Centella era un hombre cruel, y no querían que sus hijos fueran victimas de este hombre en la escuela.
Los padres tenían razón por preocuparse. En mi clase de matemática vino con muy mal humor. Tenía al lado de su mesa en viejo bastón de madera. Dos niños de 6 años sufrieron la consecuencia solo por no saberse una pequeña suma simple.
Esto era más de lo que podía aguantar, y decidí defenderlos, aunque estaba muerto de miedo.
¡Al fin das la cara! Me dijo con crueldad
Me agarro del oído y me dio tres golpes en la espalda con el bastón. Yo lloraba del dolor.
No podía ni hablar del dolor
Los demás niños estaban aterrorizados. Todo estaba en silencio.
Desgraciadamente todos los días Centella siempre tenía una excusa para maltratarme, y siempre llegaba todo golpeado a mi casa. Un buen día no pude salir a trabajar ni ayudar a mi padre. Ni siquiera podía a acompañar a Miguel a pescar.
Mi abuelo que sospechaba algo se dirigió a mi habitación
-Hijo, ¿que te pasa?
- Nada abuelo. Hoy estoy muy cansado.
Tenía todavía la túnica puesta de dormir, pero entonces mi abuelo se percató que tenía todas las piernas llenas de magulladuras.
- ¿Qué te ha hecho? Fue Centella, verdad- me respondió mi abuelo.
Mi abuelo me subió la tunica, y vio todos los golpes
_ iEse desgraciado! No voy a permitir que maltraten así a mi nieto.- respondio
-¡No, abuelo! Si hablas con Luna va ser peor- le conteste- Y, por favor no les digas nada a mis padres
- No vas a ir más a esa escuela. De todos modos yo no estudie nunca, y todo lo aprendí en la vida
- Te voy hacer un té que te aliviará el dolor dijo con tristeza.
Después de tomármelo me quedé profundamente dormido. A las horas me desperté bastante aliviado. Busqué a mi abuelo, y no lo encontré. Seguro que fue hablar con el viejo sacerdote. Pedí que el Dios Solaris nos protegiera.
Mi abuelo llegó a la pirámide del cóndor dorado, y pidió entrevista urgente con Luna. Y entonces le relató todo. Luna estaba sorprendido. Sabia del mal carácter de Centella, pero no se imaginó nunca de los límites de su crueldad
-Ahora entiendo porqué hay cada vez menos niños en la escuela- dijo el sacerdote con indignación – pondré manos en el asunto. Gracias por avisarme
Orión significaba mucho para Luna. Veía en él mucho potencial como un futuro líder en Atlántida. Le había tomado mucho afecta al pequeño y a su familia.
Mi abuelo se retiró más tranquilo, y con la esperanza de que Luna ayudara no solo protegiera a su nieto sino también a los otros niños.
Esa tarde Luna se entrevistó con Centella muy enfadado
-He recibido muchas quejas de los padres de los niños. Me dicen que los maltratas mucho.
- ¡Esos niños necesitan disciplina! dijo con severidad -Solo quieren jugar, y no prestan atención
- Por eso son niños. Le estas quitando lo poco que tienen de humanidad- le respondió el sacerdote -No darás más clases en Cronos. Yo seré su nuevo maestro. No te expulso de Atlántida porque te necesito en la pirámide para preparar las infusiones para curar las dolencias de los enfermos. Pero estas a prueba como todos los malhechores.
Centella no le respondió nada y asumió el relevo del cargo. Total, odiaba todos esos niños. Así se evitaba más rabietas.
Centella tenia aspiraciones de ser el sacerdote mayor del templo. Luna todavía no era tan viejo. Ya buscaría con el tiempo qué hacer para ser el nuevo gobernante de Atlántida y así todo cambiaría. Ese exceso de benevolencia hacia el pueblo más débil.
Eso fué el fin de la conversación y no se tocó más el tema. Desgraciadamente la justicia y la vida en Atlántida iba a cambiar con el tiempo.
Continuará………………

