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viernes, 13 de enero de 2017

LA NUEVA ATLANTIDA



Mucho se ha escrito acerca de la civilización de la Atlántida. Muchos afirman que fue fundada en conjunto con seres estelares y que lograron grandes avances en el área de la Tecnología y otras Ciencias, pero lo cierto es que la soberbia la hundió. Nadie tiene pruebas, pero lo cierto es que  en este siglo nadie ha descubierto restos de dicha prodiga civilización aunque siguen esperanzados buscando.

Con el correr de los siglos surgió otra vasta civilización. La llamaron la Nueva Atlántida. Floreció después de grandes dificultades en nuestro querido planeta, y de ello se trata esta historia.
Atravesando el estrecho de Berling encontramos una gran civilización fundada hace unos doscientos años. Sus habitantes habían aprendido a convivir y manejar adecuadamente la Ciencia y Ecología como aprendido a respetar a todos los seres vivos conviviendo con sus cualidades, defectos y diferencias.

En esta civilización no existe la Tecnología tal cual como la conocemos hoy en día. No hay computadoras, ni móviles, redes electrónicas y por supuesto no existían vías electrónicas en las comunicaciones. Los ciudadanos son  amistosos y resuelven los problemas como hacíamos nosotros en la década del 60 y 70.

Cuentan los ancianos más antiguos de la Nueva Atlántida  que su civilización fue fundada después del gran cataclismo ocurrido en nuestro Planeta. Nuestro querido Planeta Azul fue muy herido, y pasó factura a muchos al cambiar el movimiento vibratorio. Sin embargo, en ese momento histórico de cambios muchos ayudaron en germinar pequeñas semillas que posteriormente fueron los Ciudadanos que lucharon por el cuidado de nuestro querido planeta. Estos ciudadanos no olvidaron a sus maestros, y todo aquello que le enseñaron, y, en consecuencia  fundaron movimientos ecologistas para rescatar al reino vegetal, animal y sobre todo sembrar consciencia en los seres humanos que se habían perdido tanto en el camino. Fue un trabajo de semillita y de gotas, pero las plantas crecieron y nuestro Planeta pudo ser rescatado con el apoyo de nuestros  amigos estelares.

Fueron tiempos duros para la humanidad. Las luchas de poder se encontraban presente día a día, la rabia, la ira como la violencia era el pan de cada día, y trabajar en pro de la humanidad en esos momentos constituyo un gran mérito de parte de  aquellos sembradores.

Gracias a las continuas guerras, contaminación y Tecnología mal usada. Un buen día nuestro planeta  sucumbió, y los seres  humanos permanecieron en la oscuridad tecnológica. Y fue entonces que el hombre tuvo que aprender a convivir sin ella recordando con apoyo de sus mayores como era la vida en años lejanos ya que la esperanza tiene que permanecer intacta siempre.
Todas las fábricas se arruinaron, y todas aquellas empresas productoras de alimentos se pararon porque desgraciadamente los químicos estaban presentes en todos ellos. Entonces el ser humano se tuvo que ingeniar y fue necesario una limpieza del planeta. Empezaron a surgir movimientos ecologistas que enseñaron en como sembrar, y cosechar frutas y verduras sanas. Fue un trabajo arduo, pero al  no existir más fábricas las fuentes de contaminación fueron desapareciendo y las plagas presentes en la siembra fueron esfumándose. Las enfermedades no hicieron acto de presencia ya el hombre de esos tiempos tuvo que alimentarse sanamente.
Los niños aprendieron a jugar sin un móvil en la mano, los docentes tuvieron que ingeniarse nuevas estrategias de aprendizaje en las escuelas y descubrieron que el aprendizaje es más divertido en el espacio exterior, y que la solidaridad, deseos de aprender situaciones nuevas era más importante que la competencia que había sido adoptado en la antigua sociedades. Fue un proceso de cambio de más de 50 años, pero se logró el objetivo gracias al apoyo de grandes comunicadores, artistas y una nueva religión apareció. El amor hacia el universo y todo aquello que se encuentra en su entorno como a nuestros semejantes. Y fue así como se fundó la Nueva Atlántida que se convirtió en la nueva sociedad que poblaría a nuestro bello planeta azul.

Sin embargo, algunos de los  ciudadanos Atlantes vinieron después como fue el caso de la familia de Estrellita. Llegaron hace aproximadamente hace un mes huyendo de las otras zonas existentes geográficas  que se encontraban en proceso de construir un nuevo planeta habitable, y todavía existían  las pugnas entre sus habitantes.
Estrellita era una niña muy tímida de un color azabache y unos ojos verdes aceitunados. No hablaba mucho con sus compañeros de la escuela ya que había vivido terribles impresiones en su pasado y no confiaba en consecuencia en las personas.
Al llegar a la nueva Atlántida, Suarez expuso con claridad las reglas de convivencia a la nueva familia. Ellos lo aceptaron ya que pensaron que podría ser un cambio de vida para ellos. Le proporcionaron un trabajo y por supuesto Estrellita tuvo que ir a la escuela rápidamente.
Estrellita descubrió que no había espacios cerrados para estudiar, y que la escritura la aprendían en hojas de papiro. Era una lengua extraña, era como aprender un nuevo idioma. Aprendió a contar, sumar y restar con el Abaco. Eso no le costó mucho, pero el lenguaje era difícil porque su escritura era jeroglífica. En ocasiones permanecía lejos del grupo jugando con las flores y distraída con el pasar de los pájaros en el cielo.
Su profesora la observaba diariamente cerca de ella tratando de integrarla al grupo, pero ya las estrategias se le estaban acabando. Era una mujer paciente, y pensaba que algún día se adaptaría a su nuevo hogar.
Esteban la miraba con curiosidad. Ambos tenían la misma edad. Le llamaba la atención esa muchacha tan arisca, así que un decidió acercársele
-Hola Estrellita-
-¿Qué quieres? Seguro que te vienes a burlar de mi porque no se escribir y menos leer- le dijo molesta.
-Me he dado cuenta que eres muy buena en las Matemáticas. Yo soy pésimo. Apenas puedo realizar sumas complejas usando el Abaco. ¿Me podrías ayudar?-
-Tal vez-observando que los otros niños los miraban fijamente con recelo
-No te preocupes por ellos. No te conocen, pero tú tampoco le das ninguna oportunidad- le dijo Esteban con reproche.
Estrellita bajo la cabeza. Sabía que tenía razón. Tenían un mes en Atlántida, y todavía le parecía Todo tan nuevo.
-Yo te puedo ayudar con la lengua si tú me ayudas con las matemáticas, y así nos ayudamos los dos- le propuso Esteban
-Déjame pensarlo- dijo Estrellita desconfiada aunque era una manera buena de ir encajando.
Al día siguiente Estrellita vino de lo más contenta a la escuela. Su madre le había hecho un bocadillo de jamón con tomate, y un jugo de moras.
Esteban se le acerco en el almuerzo
-¿Qué trajiste para almorzar?- pregunto Esteban con curiosidad
-Un bocadillo-
-¿Bocadillo, y ese jugo es morado?- pregunto extrañado.
-Nunca has visto jugo de moras. Lo acabamos de cosechar  en el jardín. Las semillas nos lo dio mi abuelo- respondiendo con tristeza
-¡Que raro! Nunca había visto una bebida de color purpura- dijo Esteban extrañado.
-Tengo bastante, si quieres te doy un poco- le dijo Estrellita sonriendo
-Gracias. ¡Que rico! Es ácido.- dijo Esteban
-Aquí hay buen terreno para sembrar. En mi casa lo aprovechamos en lo máximo-
-Yo vivo del otro lado de la ciudad. No hay muchas áreas verdes como aquí. ¿Qué has pensado lo que propuse ayer?- le preguntó a la niña.
-Me parece buena idea. Tal vez así aprenda más rápido- dijo Estrellita aliviada.
La profesora se alegró mucho de que Estrellita había hecho amistad con Esteban. Eso podría ayudar en su rendimiento escolar así que propuso que las clases de Lengua la hiciesen en equipo.
Esteban y Estrellita se ayudaron mutuamente, y Estrellita en menos de tres meses ya dominaba el idioma y leía bien las lecturas. La profesora estaba muy contenta, y la felicito por sus esfuerzos. También había percibido que Estrellita sabía mucho de las siembras de hortalizas y frutales. No todos los habitantes sabían de ello ya que algunos Vivian en en el centro de la Ciudad y no contaban con un terreno en donde sembrar. Muchos de los alimentos lo adquirían en el mercado. Los padres de Estrellita eran afortunados. Tenían una buena siembra de hortalizas, y algunas gallinas así que nunca les faltaban huevos frescos por lo  que le propuso a Estrellita que explicase a sus compañeros todo lo referente a la siembra y cosecha de hortalizas.
Estrellita estaba muy contenta, y al volver a su casa les relato todo a sus padres.
-Como me alegro hija. Estamos muy contentos por ti, además me encanta que ya escribas el idioma. Sé que no ha sido fácil para ti, pero ya era un peligro vivir en Texas- dijo triste su padre
-Además, aquí han sido muy amables con nosotros. Tu padre tiene un buen trabajo, y la comida nunca nos falta-
-Fue buena idea venirnos. La gente peleaba por todo. Todavía extraño mucho a mi abuelo- dijo con tristeza Estrellita ya conforme
-Él decidió quedarse, y no hubo manera de convencerlo- dijo su padre
-Sin embargo le agradecemos todas las semillas que nos regaló, y los libros de agronomía y botánica. Me ayudó mucho a empezar a trabajar en nuestro nuevo hogar- dijo su madre suspirando.
-La profesora me propuso que conversase con mis compañeros acerca del  proceso de siembra y cosecha ya que muchos de ellos no saben nada de ello ya que viven en el centro, y allí no hay zonas agrícolas- dijo Estrellita
- Y, ¿Los vas ayudar?-pregunto su padre
-Si- dijo Estrellita asintiendo con la cabeza.
-¿Cuándo tienes la exposición? Se me ocurre llevarles unos bocadillos a tus compañeros- propuso su madre
- El Viernes Me encanta la idea. Ellos no conocen las moras, y por lo que veo tampoco las fresas- dijo pensativa Estrellita
-Ahora no es temporada de fresas. Es un  poco caluroso, pero tengo moras guardadas en una caja. Iba a llevarlas mañana a venderlas, pero puedo hacer una torta de moras con crema en el horno-
-Gracias mamá- dijo Estrellita brincando de alegría.
-Tenía tiempo que no la veía tan feliz- dijo la madre a su esposo
-Qué bueno que está haciendo amigos, y tenga entusiasmo por aprender- dijo con alivio el padre  de Estrellita.
Llego el día y Estrellita fue muy animada a la escuela. Sus padres la acompañaron porque llevaba mucho peso. Estrellita tenía en la mano los bocadillos y un jugo de Moras, y su madre llevaba la torta
Sus compañeros la recibieron con gran algarabía imaginándose en como disfrutarían la tarta.
La profesora se acercó a los Padres de Estrellita. No se había imaginado que Estrellita llevaría tan hermoso detalle.
-Al parecer la merienda va ser pronto. No queremos que la torta se dañe. Verdad, chicos- dijo entusiasmada la profesora.
La profesora les dio las gracias a los Padres de Estrellita por el apoyo a la escuela. Todos los padres no hacían esos detalles a la escuela. Ambos se despidieron porque tenían que trabajar.
Estrellita estaba muy contenta así que les explico a sus compañeros todo lo que sabía de la siembra y cosecha de hortalizas como de frutales. Expuso que era importante el tipo de terreno, abono que utilizasen y tomar en cuenta los factores climáticos porque había renglones agrícolas que no se daban a determinadas temperaturas.
La niña percibió que había un espacio en su escuela que se podía implementar un huerto Escolar, y los invito a realizar uno bajo su asesoría. Podrían sembrar fresas, y moras en primavera. Eran temperaturas ideales para ellas.
A sus compañeros les encantó la idea como a su profesora.
-Me parece magnifico Estrellita. Podemos realizar la actividad en el horario de experiencias de exploración del ambiente-
Después de su exposición, los muchachos merendaron. Les encanto la tarta. Nunca habían probado una tarta de moras con cremas.
-Me puedes dar la receta. Me gustaría hacer una cuando  tengamos la cosecha de Moras- dijo María.
-Por supuesto, le preguntaré a mi mamá-
La organización del huerto conto con el entusiasmo de sus compañeros. Limpiaron el terreno abonando después la tierra, y la semana entrante sembraron semillas de fresas y moras.
Estrellita tuvo que asesorarse con su  padre en cómo combatir las plagas ya que las fresas a veces son presas de algunos animalillos, y su padre le dio unas formulas ecológicas muy buenas así que no tuvieron muchos problemas con el desarrollo de la siembra.
Todos los días sus compañeros revisaban el huerto para ver cómo se desarrollaba hasta que llego el día en que salieron las primeras moras y fresas. Ese día no tuvieron clases ya que se dedicaron a cosechar todas las frutillas. Más de uno se atraganto con unas cuantas ya que no hay algo más delicioso que probar las frutillas recién cosechadas.
Realmente fue todo un éxito la implementación del huerto escolar, y Estrellita contó con el respeto, admiración y cariño de todos sus compañeros.
Las noticias volaron por toda Atlántida, y muchas familias estaban deseosos de conocer más acerca de la agricultura ya que sus hijos les llevaban las frutillas cosechadas. La familia de Estrellita fue aceptada con el tiempo y muchos hicieron amistad con ellos ya que tenían curiosidad de conocer en sus adentros como era esa familia que provenía del otro lado del mar, y la calidad humana que brindaban a todos.




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domingo, 19 de febrero de 2012

El Viaje de Karumí





Cuentan los más viejos peregrinos que en el pueblo de Belén nació un niño Dios. La noticia se corrió de boca en boca hasta llegar a los mismos oídos de Alejandro Magno y a multitud de tierras y poblados de nuestro mismo planeta. Los más viejos profetas decían que este niño salvaría a muchos por su inmenso amor y sabiduría.

Sin embargo muchos se preguntaban como podrían llegar hasta él.
-Sigan a esa estrella que ilumina nuestras noches, y si están interesados en seguir su viaje podrán visitar ese lindo niño que nació en Belén- decían los pastorcillos a los viajeros.

De todos modos, no todos tenían la misma fe, curiosidad y devoción. Del otro lado del océano vivía Karumi, princesa de un pueblo indígena que creía en la bondad del viento, en el lenguaje secreto de las flores, y en el alma de los animales que existían en su tierra. A sus oídos llego la noticia de la noticia del nacimiento de un niño que cambiaría la vida de muchos, pero ella pensaba para si misma: ¿Cómo puede un solo ser humano, y menos un niño cambiar la vida de otros? Yo tengo el amor de mi gente, la madre tierra siempre presente conmigo, y con eso me basta.

Un día llego a sus oídos, que muchos pastorcillos le brindaban sus mejores ofrendas solo para conocerlo. Y una noche tuvo una visión: Entre penumbras vio que venían tres reyes montados en sus camellos a visitar a ese singular niño. Así que sin pensarlo dos veces, les dijo a sus súbditos que iban a visitar a un niño que nació en un poblado lejano llamado Belén.

¿Qué vamos a recibir a cambio? Vamos hacer un recorrido largo ya que ese niño se encuentra del otro lado del océano- decían sus súbditos.
- Debe ser importante porque 3 reyes, niños grandes y pequeños vienen a visitarlo. Dicen que hay una estrella que alumbra el camino, y así llegaremos a él, pero no podemos presentarnos con las manos vacías le daremos maíz de de nuestra mejor cosecha, y frutas que hemos cosechado de nuestros últimos sembradíos.

Sus más fieles súbditos decidieron acompañarla, y acompañadas de sus mejores canoas cruzaron el vasto mar. Pasaron muchas semanas sobreviviendo con agua guardada en sus cantimploras, frutas y peces que pescaban de vez en cuando. Al llegar a tierra, emprendieron una gran jornada. Descansaron en varias posadas sufriendo el desprecio de muchos ya que no estaban acostumbrados a ver indios por esas tierras. Cuando se acercaba el atardecer huían para que esas gentes no les hirieran e hicieran daño. Después de seguir una estrella luminosa llegaron a un portal viejo rodeada de pastorcillos, y no muy lejos diviso tres reyes que venían en camino. Recordó su sueño y se acercó con varios niños,  y lo que vio la dejo deslumbrada. Ese niño había nacido en un pesebre, y su madre lo cargaba con mucho amor. Seres de luz alumbraban al niño con una luz celestial, y una bella música de campanillas se sentía en ese pequeño pesebre. Entró sigilosamente y le brindo su maíz y frutas a los padres del niño. Ahora entendía por que ese niño iba a cambiar tanto a muchos. La presencia de esos Ángeles, y la sonrisa y la paz que irradiaba ese niño no necesitaba explicación. Al salir del portal con sus súbditos diviso una gran águila por los cielos. En ese instante se dio cuenta que la nobleza siempre acompañaría a ese niño. Y se alegro humildemente de haber hecho ese trayecto tan largo para conocer ese niño que con el tiempo daría grandes cambios al espíritu humano y llegaría a la bondad del corazón de muchos.

sábado, 19 de junio de 2010

El mundo de los Kullan






Capítulo I
El Inicio

Cuentan una vieja leyenda de Normandía que antes de la época de reyes, y grandes batallas existió un mundo fascinante de criaturas mágicas. Nadie lo conoció o sabía de su existencia, sin embargo nuestros más viejos narradores contaban que este mundo estaba constituido por Unicornios, dragones, hadas, y duendes bromistas que se divertían a costa de los pobres humanos escondiéndoles sus posesiones sin que estos se diesen cuenta.

Todas estas criaturas no se dejaban ver por los humanos y sobre todo los dragones ya que consideraban a los humanos unos seres muy peligrosos con una gran ansiedad de poder y destrucción, así que se escondían en cuevas oscuras con sus otros primos de su especie.

Por su parte, los Unicornios, duendes y hadas habitaban detrás de una montaña enigmática que nadie había osado visitar. Decían que si subías a la cumbre aparecían Águilas y Cóndores de gran fiereza que eran capaces de destrozar a cualquier ser humano, así que nadie se arriesgaba a emprender semejante aventura.

Sin embargo, no todos se dejaban llevar por el miedo y la superstición. Carlos era un joven apuesto que vivía en un pequeño poblado a pocos kilómetros de la montaña. Provenía de una familia de granjeros, y como sus padres y abuelos eran ya mayores, él prácticamente era el sostén de la familia. Menos mal que contaban con Lucía, la vaca de la granja. Gracias a ella tenían leche, mantequilla, y un queso muy rico que hacia la madre de Carlos.

Carlos sentía una gran curiosidad por averiguar que se encontraba detrás de la montaña, y decidió a pesar de la advertencia de sus abuelos ir el fin de semana en una excursión.

-Hijo, no vayas. Es muy peligroso. No sabes que fieras vas a encontrar en el camino- le advirtió su abuelo. Cuentan que los cóndores que habitan en la cumbre destrozan la piel de los humanos, y cruelmente te dejan ciego para que nos pueda orientarte, y de esta manera eres victima de los lobos y otras alimañas que viven en la montaña.

-Esos son supersticiones- replicó Carlos. Estoy seguro de que deben existir animales sorprendentes, y plantas poco usuales, ya que el muchacho sentía gran debilidad por la botánica.

Su familia al darse cuenta de que no había manera de cambiarle la idea a Carlos le entregaron una escopeta en el caso de que la necesitase.

-Toma esta escopeta- Era de un viejo amigo. Nunca hemos necesitado armas, pero es bueno que tengas algo con que defenderte, no sabes con lo que puedas encontrarte en el camino. Solo te pido que seas prudente le dijo su padre.

- y ¿cómo van a sobrevivir tus abuelos? Ellos dependen de la medicina que recoges en el pueblo cuando haces compras. Mis piernas no aguantan la caminata- le replicó su madre buscando una manera de convencerlo.

-María se encargará. Ella siempre ha sido amable y gentil con todos nosotros, y me prometió que se ocuparía de todo en mi ausencia, por lo menos de las necesidades de mis abuelos- le respondió amablemente a su madre

María era una rubia de 15 años, siempre había sido muy amable con la familia de Carlos. Desde pequeños habían sido muy amigos, y ambos cuidaban las necesidades de cada familia. María vivía en la casa de al lado, la familia de María quería mucho a Carlos, lo consideraban un muchacho muy trabajador aunque algo osado y aventurero.

Y fue así que Carlos emprendió su viaje. Al amanecer emprendió su caminata hacia la montaña. Se sentía muy emocionado, y con gran alegría se abrió camino pensando en todas las sorpresas, emociones y anécdotas que tendría que contar cuando terminase su excursión, lo que no sospechaba ni se imaginaba con que le tocaría enfrentarse en esta aventura.

Continuará….

viernes, 2 de abril de 2010

El Juicio




Capitulo VI
El Juicio


Todos los Miércoles se celebraban el juicio de los criminales en la pirámide del Águila blanca. Todos los Atlantes estábamos en la obligación de asistir con la finalidad de no cometer fechorías y no poner en riesgo nuestra ciudadanía. Luna no creía en los encarcelamientos. Él le daba mayor importancia al aprendizaje de las acciones de cada uno de nuestros ciudadanos a diferencia de Centella. Si bien era cierto que en la Pirámide del cóndor dorado existían celdas horrorosas, a nuestro querido sacerdote le parecía que estas debería eliminarse ya que las practicas de tortura y castigo se habían eliminado en viejas generaciones.

La mayoría de los juicios eran en contra de ladronzuelos, y estos eran castigados con el destierro. Luna consideraba que la asistencia a estos juicios era muy positiva, incluso para los más jóvenes para que todos estuviéramos al tanto de lo que sucedía en Atlántida.

Ese día juzgaron a unos cuantos ladronzuelos. Habían robado una gran cantidad de pescado del pueblo. Era una penalidad alta ya que la mayoría de los Atlantes vivía de la pesca, y era el único medio de sobrevivir. Al llegar, todos nos reunimos en la parte inferior de la pirámide. El juicio ya estaba por empezar.

Se inicio el juicio al prenderse la llama incandescente.

- Hoy es Miércoles ¿Qué tenemos para hoy? dijo Luna con tristeza.

- Tenemos unas cuantas novedades. El juicio de estos ladronzuelos y un criminal mayor. Se encuentra en la celda de los castigos- dijo Centella con Crueldad

-¿Que puede ser tan grave?- dijo el pobre sacerdote

- Subió a hurtadillas a media noche en la pirámide del cóndor dorado usando seguramente uno de tus acerca-estrellas- respondió el viejo desagradable.

El público estaba sorprendido. Hay que ser muy osado para cometer semejante felonía. Le costaría muy alto.

_ ¿Quién es? – preguntó el pobre sacerdote con tristeza.

-¡Es un pequeño rapaz! le dijo con crueldad

-¡Un niño! No te parece que ya tu odio por los pequeños se ha vuelto exagerado- le dijo con desagrado.

-¡Te lo traeré para qué sepas quién es! le dijo desagradablemente

Miguel y yo nos encontrábamos bien lejos de allí, pero observamos detenidamente todo lo que ocurría. Esta situación podría desencadenar graves consecuencias ya que Centella era mi maestro de matemáticas.

Centella bajo rápidamente la pirámide y se dirigió a aquella e dónde me encontraba supuestamente apresado. A medida que se acercaba vio con sorpresa que la puerta estaba abierta y medio destruida. Estaba tan enfurecido que tiro todas las llaves al suelo.

-¿Qué ha pasado? ¡Se ha escapado! me las va a pagar- se dijo con violencia. Ahora voy hacer el hazmerreír en el juicio.

Se dirigió rápidamente a la pirámide del Águila blanca, y antes de que siguieran con la ceremonia le dijo suavemente a Luna

-¡se ha escapado ese rapaz!

-¡Esto es el colmo! No concibo que inventes semejante historia. Tu odio por los pequeños ciudadanos de Atlántida te traerá la perdición- le dijo con paciencia.

Centella estaba muy malhumorado, y tuvo que callarse durante toda la ceremonia. Luna no le dio permiso y oportunidad para que participase.

Al final se sentenciaron a los ladronzuelos al exilio. Tendrían que abandonar Atlántida temprano mañana en el amanecer. Todo el mundo estaba sorprendido de lo acontecido. Las familias estaban preocupadas. Centella era un hombre cruel, y no querían que sus hijos fueran victimas de este hombre en la escuela.

Los padres tenían razón por preocuparse. En mi clase de matemática vino con muy mal humor. Tenía al lado de su mesa en viejo bastón de madera. Dos niños de 6 años sufrieron la consecuencia solo por no saberse una pequeña suma simple.

Esto era más de lo que podía aguantar, y decidí defenderlos, aunque estaba muerto de miedo.

¡Al fin das la cara! Me dijo con crueldad

Me agarro del oído y me dio tres golpes en la espalda con el bastón. Yo lloraba del dolor.

No podía ni hablar del dolor

Los demás niños estaban aterrorizados. Todo estaba en silencio.

Desgraciadamente todos los días Centella siempre tenía una excusa para maltratarme, y siempre llegaba todo golpeado a mi casa. Un buen día no pude salir a trabajar ni ayudar a mi padre. Ni siquiera podía a acompañar a Miguel a pescar.

Mi abuelo que sospechaba algo se dirigió a mi habitación

-Hijo, ¿que te pasa?

- Nada abuelo. Hoy estoy muy cansado.

Tenía todavía la túnica puesta de dormir, pero entonces mi abuelo se percató que tenía todas las piernas llenas de magulladuras.

- ¿Qué te ha hecho? Fue Centella, verdad- me respondió mi abuelo.

Mi abuelo me subió la tunica, y vio todos los golpes

_ iEse desgraciado! No voy a permitir que maltraten así a mi nieto.- respondio

-¡No, abuelo! Si hablas con Luna va ser peor- le conteste- Y, por favor no les digas nada a mis padres

- No vas a ir más a esa escuela. De todos modos yo no estudie nunca, y todo lo aprendí en la vida

- Te voy hacer un té que te aliviará el dolor dijo con tristeza.

Después de tomármelo me quedé profundamente dormido. A las horas me desperté bastante aliviado. Busqué a mi abuelo, y no lo encontré. Seguro que fue hablar con el viejo sacerdote. Pedí que el Dios Solaris nos protegiera.

Mi abuelo llegó a la pirámide del cóndor dorado, y pidió entrevista urgente con Luna. Y entonces le relató todo. Luna estaba sorprendido. Sabia del mal carácter de Centella, pero no se imaginó nunca de los límites de su crueldad

-Ahora entiendo porqué hay cada vez menos niños en la escuela- dijo el sacerdote con indignación – pondré manos en el asunto. Gracias por avisarme

Orión significaba mucho para Luna. Veía en él mucho potencial como un futuro líder en Atlántida. Le había tomado mucho afecta al pequeño y a su familia.

Mi abuelo se retiró más tranquilo, y con la esperanza de que Luna ayudara no solo protegiera a su nieto sino también a los otros niños.

Esa tarde Luna se entrevistó con Centella muy enfadado

-He recibido muchas quejas de los padres de los niños. Me dicen que los maltratas mucho.

- ¡Esos niños necesitan disciplina! dijo con severidad -Solo quieren jugar, y no prestan atención

- Por eso son niños. Le estas quitando lo poco que tienen de humanidad- le respondió el sacerdote -No darás más clases en Cronos. Yo seré su nuevo maestro. No te expulso de Atlántida porque te necesito en la pirámide para preparar las infusiones para curar las dolencias de los enfermos. Pero estas a prueba como todos los malhechores.

Centella no le respondió nada y asumió el relevo del cargo. Total, odiaba todos esos niños. Así se evitaba más rabietas.

Centella tenia aspiraciones de ser el sacerdote mayor del templo. Luna todavía no era tan viejo. Ya buscaría con el tiempo qué hacer para ser el nuevo gobernante de Atlántida y así todo cambiaría. Ese exceso de benevolencia hacia el pueblo más débil.

Eso fué el fin de la conversación y no se tocó más el tema. Desgraciadamente la justicia y la vida en Atlántida iba a cambiar con el tiempo.

Continuará………………