miércoles, 12 de abril de 2017

El mundo magico del Padre Azul




Cuando el creador formo un sinfín de Universos en el infinito también creo la magia. Una magia infinita y maravillosa en la cual todos sus hijos tendrían acceso a ella. Es tan fantástica, y tan increíble que al descubrirla se descubren maravillas. Los seres humanos de este siglo apenas la están descubriendo otra vez a pesar de la trampa existente en la Tecnología de hoy, y las señales las da la  naturaleza ya que la energía presente en ella nos brinda un amor infinito con todas sus bendiciones.

Los Celtas la conocían ya que tenían la capacidad de infinita de conectarse sabiamente con la naturaleza,  escuchaban la música que emitían los árboles en el bosque, el susurro del viento, la  belleza presente en un hermoso arcoíris como la luz y misterio infinito de la luna y las estrellas.
Sin embargo la magia infinita, y esencial provenía de los niños ya que son pequeños sabios que provienen de las estrellas a enseñarnos como practicar la magia del amor, pero a medida que crecemos  nos olvidamos de sentir como ellos.

Todo ello ocurría en la familia de Lucecita. Desde pequeña fue una niña muy precoz, y sentía esa conexión maravillosa con la naturaleza  e incluso hablaba mucho de sus amigos invisibles, situación que desconcertaba mucho a su madre.
-"Esa niña es rarisima". No es como los otros niños. No le interesan los video juegos. De vez en cuando ve Televisión. Me preocupa mucho- decía su madre a su esposo.
-Eso no le hace daño a nadie. Gracias a ella tenemos un jardín precioso en casa. ¿Para qué quejarse?- le replico su esposo.
-Tienes razón. Ya prácticamente estamos en mayo, y todos los niños van hacer su primera comunión, pero ella no quiere- dijo su madre
-¿Por qué?- dijo su padre extrañado.
-El otro día me dijo que “Dios es magia”- dijo su madre alarmada.
-¿De dónde sacara esas ideas? Yo no me preocuparía. No todo el mundo tiene que pensar igual. Déjala tranquila. Ya veremos cómo lo manejamos- dijo su esposo tranquilamente.
La madre de Lucecita se fue malhumorada. No entendía a su hija. Uno de sus recuerdos más bellos de la infancia fue participar en su primera comunión. Se aprendió todas las historias del evangelio, su madre le hizo un vestido blanco como el color de la nieve. Lo recordaba con tanta ilusión. ¿Por qué Lucecita tenía que ser tan diferente?

Mientras tanto Lucecita ignoraba todas las preocupaciones de su madre. Ella solo le interesaba ser feliz, y como se divertía. Nunca les dijo nada a sus padres, pero cuando se encontraba cerca de sus plantas, y acariciaba sus hojas sentía la presencia de sus amigos invisibles. Eran pequeñas formas de colores que aparecían cerca de ella. A veces pasaba horas conversando con ellos mentalmente. Ella pensaba en el fondo de su corazón que eran mágicos, y que solamente ellos conocían su corazón.
Lucecita no tenía interés en ir a la iglesia. Le fastidiaba los sermones del sacerdote. No le gustaba ese cura. A veces asustaba a las personas si no aceptaba los preceptos de la iglesia, pero respetaba mucho la religiosidad de su madre. En cambio su padre la entendía más.  Él era agricultor y también tenía ese amor por las plantas. Tanto era así que siempre tenía una buena cosecha en sus cultivos.

La afinidad que había entre ambos fue ventajoso para la niña ya que este la defendía para que no participase en las creencias de su esposa.
Lucecita siempre creyo desde que era mas chica que “Dios es magia” ¿Por qué no lo entendían los adultos? ¿Por qué no se daban cuenta de las maravillas que existen en otras dimensiones, y en la nuestra? ¿Por qué no entendían que la naturaleza tiene tantos secretos, y  que ella está deseosa de mostrarlo? Es tan fácil de verlo. Ella había conocido a sus amigos mágicos gracias al lenguaje que emitían sus plantas, y sus flores. Ellos no hablaban como nosotros, pero podía escuchar su susurro y su música. Era un deleite poder percibirlo. Sabía que tampoco debía guardárselo para ella estas experiencias. Todos debían descubrirlo. ¿Cómo podría ayudar? Si se los dice abiertamente a sus  amigos del colegio la tildarían de loca, y eso la entristecería mucho. Las última vez que invito a dos niñas del colegio se aburrieron tanto ya que no tenía  Internet ni Video Juegos, y menos esas muñecas tontas tipo Barbie. Entonces se le ocurrió una idea.

En el colegio había  asignado inventar una canción la cual participaría en un concurso organizado por el departamento de Artes y Lenguas del Estado. El ganador ganaría una colección de libros de una de las mejores librerías de la capital así que puso todo su empeño en crear una muy linda. Tal vez tendría una oportunidad. Agarro un lápiz y un papel, y se puso a garabatear. ¿De qué la escribiré? ¿De mis amigos invisibles? ¿De las historias que ellos me narran? ¿De mis queridas plantas?
Lucecita paso días escribiendo la canción hasta que la termino. Sus amigos invisibles la habían inspirado. Tenía magia, fantasía, y gran creatividad, y eso era lo que buscaba su profesora y los miembros del jurado. La niña la leyó varias veces hasta que quedo convencida, y la guardo en un sobre.
Además la niña era muy talentosa, y creativa. Tenía una voz sin igual, y a sus plantas les encantaba.
El día del concurso la competencia fue muy dura. Había muy buenos cantantes, y la letra era excelente, pero eso no desanimo a Lucecita.
Cuando el piano empezó a emitir sus primeros sonidos, el corazón de Lucecita latía rápidamente. Nunca había cantado sus canciones en público, y menos delante de tanta gente. Su voz resonaba por todo el salón. Parecía que la magia la acompañaba. Era tan clara y transmitía tantas emociones. Los jueces estaban impresionados. Nunca había escuchado nada igual, pero la letra era lo que más les inspiraba.
Al terminar, los felicitaron todos con cariño. Todavía sorprendidos del talento de la niña.
Los jueces se le acercaron
-¿De dónde sacaste la letra de la canción? ¿Alguien te ayudo?- pregunto uno de los jueces intrigado
-No. Unos amigos me ayudaron- sin decir toda la verdad
-¿Quiénes? Pregunto por curiosidad pensando que era uno de los niños de la escuela.
-Mis amigas las plantas- sin decir toda la historia.
-Realmente eres muy creativa. Te has ganado una colección de  veinte libros ¿Qué temas te gustarían?-
-Quiero aprender acerca de los Celtas. Tienen tantas leyendas que me apasionan- le dijo en un susurro.
La juez estaba sorprendida. Creía que la niña iba a pedir uno de los clásicos de cuentos de hadas de Andersen como la sirenita, aventuras o de Julio Verne.
-Seguro que encontraremos algo. Te lo enviaremos a tu casa- dijo la señora.
Todo el mundo estaba contenta con el éxito de Lucecita, y la madre de ella se encontraba más orgullosa de ella. No conocía sus talentos ¿Cómo no se había dado cuenta? No la molestaría más. Ella tenía sus creencias. Si ella creía que las bendiciones que recibía eran magia, se lo respetaría.
Lucecita le dio gracias a sus amigos invisibles por su ayuda. Ellos la habían inspirado. Realmente existe un mundo maravilloso que no es percibido por nuestros ojos. Solo por nuestro corazón. Y allí es donde se encuentra la magia de nuestro querido Padre Azul.




sábado, 11 de marzo de 2017

El legado de waki



Waki creía firmemente en la conexión del Universo con cada ser viviente que respiraba cualquier forma de vida incluso en los objetos inanimados como las piedras  ubicados en las mesetas porque escondían animales pequeños. Para él contemplar las estrellas y vislumbrar un amanecer como un  atardecer era un gran deleite. Ni que decir cuando el gran espíritu del rey sol bendecía a la tribu después de una batalla con la lluvia con un impecable Arco Iris. Eran bendiciones de la naturaleza que deleitaban a su corazón.

El muchacho pertenecía a la tribu de los Hopes, y les parecía que Waki era un espíritu muy sabio, pero no entendían como era posible que ocurriese con un niño que contaba con apenas diez años. Ayudaba a su madre en todos los quehaceres del hogar, y conocía cada hierba medicinal para la cura de todas las enfermedades que aquejaban  a los miembros de la comunidad. Sin  embargo el jefe de la aldea lo miraba con recelo. El muchacho desde pequeño había adquirido gran carisma, y tenía temor que cuando creciese se convirtiera  en un guerrero que desplazase su liderazgo. Sabía de todas las leyendas, y profecías de los más viejos de la aldea. “Vendrían cajas rodantes que destruirían gran parte de la comunidad indígena presente en las  mesetas tratando de destruir sus tradiciones, y convertirlos en creencias de otro Dios”

La madre de Waki también tenía la preocupación. Sabía que su hijo poseía un espíritu que irradiaba paz ya que amaba a todos los seres vivos, y esa conexión extraña que tenía con los fenómenos de la naturaleza. No creía que tendría interés en desplazar a Kawi.
Kawi era hijo de una india Apache que se habia establecido en su tribu asi que no estaba familiarizada con sus creencias, y así había criado a su hijo. El joven nunca compartió las creencias de los Hopi, sus tradiciones y profecías. Y cuando murió el viejo líder decidió desplazarlo sin misericordia. La comunidad los acogió  porque llegaron malheridos producto de una persecución de aquellos hombres blancos. Sin embargo nunca visionaron el cambio de dirección que ocurriría en su comunidad.

El joven líder era un guerrero, y un gran cazador. Nunca les faltaba comida, cazaba los mejores ciervos y peces que se encontraban en los riachuelos y grandes ríos.
Sin embargo gran parte de la comunidad veía en Waki como una gran esperanza por sus creencias, y su bello espíritu, pero lamentablemente todo ello trajo una gran pugna en Waki y Kiwi.
Waki ya se había convertido en un hombre, y era amado por toda la comunidad. Su carisma había crecido a medida que pasaban los anos. Los viejos de la aldea lo veían como un líder que podía convertirse en el cambio que necesitaba tanto la comunidad, pero ¿Quién lo ayudaría?
Una noche paso algo extraordinario. Un cometa atravesó el gran firmamento cerca de las mesetas, y Waki se encontraba observando a tan maravilloso fenómeno. Él lo llamaba la visita del caballo luminoso de las estrellas. Lo observo detenidamente y su cara se entristeció. Sin embargo no se había percatado que alguien  se encontraba detrás de él observándolo.
-¿Qué eso eso que se desplaza  por las estrellas? y ¿Por qué esa cara? Preguntó Kawi dubitativo
-Es el caballo de luz que camina por las estrellas, y trae noticias, y no son muy buenas-
-Ahora hablas con el firmamento- se burló Kawi
-Sé que no compartes nuestras creencias. Siempre te hemos respetado ya que desde que nos diriges comida no nos falta gracias a tus guerreros, pero deberías escuchar...-
-¡Habla! No pierdo nada en escucharte- dijo de malos modos.
-Vienen las cajas rodantes, y pronto. Tenemos que hacer algo- dijo preocupado
Kawi recordó como huyeron de niño de esos seres. Si no fuera por los Hopi  hubiesen perecido. Ahora los defendería. Era una comunidad demasiada tranquila, y tendría que prepararlos para pelear.
-Tendremos que prepararnos, y enfrentarnos con ellos- dijo con fuerza
-¡Ellos poseen armas que poseen fuego! Nos aniquilarían rápidamente-
-y, ¿Qué sugieres? Que esperemos tranquilamente a que nos maten-
-Debemos irnos a otras mesetas. Del otro lado de la montaña ningún blanco ha osado pasar. Le temen a los rayos que aparecen en las noches- dijo amablemente.
-Eso es muy lejos. A caballo son más de 30 Lunas. Además hay que defender nuestro territorio. Voy a preparar a los guerreros y a los hombres jóvenes-
Ese fue uno de los altercados más fuertes que hubo entre ambos. En realidad nadie sabía que pasaría cuando llegasen esas carretas.
Waki no quería intervenir pero no querían que masacraran a su pueblo, y mientras Kawi preparaba a los guerreros, el joven se reunía con los viejos de la aldea manifestándole su preocupación.
-Tienes razón Waki. El no conoce nuestras tradiciones, pero es nuestro jefe. Debemos respetarlo-
- A menos que te enfrentes con el- dijo el curandero
-¿Cómo? No voy a pelear- le respondió.
-Él es Apache. Tiene sus ideas e incluso son semejantes a las nuestras- dijo el curandero
-¿Cuáles? Ni siquiera siente ninguna conexión con el universo- dijo indignado
-Aunque no lo creas son partidarios de la conexión entre todos los seres vivientes, especialmente con los animales. No te has dado cuenta de algo. El posee un medallón grabado con el cóndor del desierto-
-¿Qué significa eso?- pregunto curioso
-Significa que es guerrero de corazón destinado a llegar lograr grandes hazañas-
-¿Qué puedo hacer yo?- dijo molesto no percibiendo salida.
-Son también muy supersticiosos- dio sonriendo el más mayor
-Tienen un gran temor a la muerte. No son como nosotros. Creen que su espíritu puede vagar por la comunidad a menos que decida irse rápidamente- dijo el curandero.
Waki no veía salida, y temía lo peor. Vendrían esos hombres blancos y familias en sus casas rodantes. ¿Qué podría hacer?
Él no iba a permitir que las mujeres, niños y viejos muriesen impunemente así que decidió enfrentarse a Kawi.
Esa noche se dirigió al hogar de Kawi, entro y le manifestó su preocupación.
Kawi lo escucho. El no era tan cabeza dura. Solo le gustaba defender a los suyos.
-Tienes razón. Llévate a los más indefensos. Mis guerreros defenderán la tierra cuando lleguen los extranjeros. El gran Cóndor me dio esa tarea-
A pesar de que ambos tenían grandes diferencias en sus tradiciones, Kawi también  poseía una familia y dos niños pequeños.

Waki organizo a los niños, mujeres y jóvenes. Se despidieron con lágrimas en los ojos de sus familias con esperanza de que algunos sobrevivieran.
Al día siguiente se dirigieron a la montaña que se encontraba del otro lado de las  mesetas. Fue una excursión larga, y tenían que establecer paradas ya que la mayoría eran mujeres y niños. Llegaron después de una gran jornada. El paisaje era inolvidable. Detrás de las montañas había un lago que bañaba la planicie. Se quedaron encantados. Comida no les falto ya que los peces abundaban. El Joven sospechaba que no verían otra vez a los jóvenes guerreros al ver un águila volando cerca del lago. No quería que los niños olvidasen sus orígenes, y les enseňo todo lo referente  a la conexión existente en todo aquello que nos rodea desde que aparecía el rey sol en las mañanas hasta que escondía en la tarde como el respeto que debemos tener a toda forma presente existente en la creación que involucra desde las rocas que se encuentran cerca del lago hasta el lenguaje que proviene de las estrellas, ya que si oímos  el fuego interno que poseemos en nuestro corazón podemos escuchar muchos de sus secretos.
Lamentablemente el corazón de Kawi era muy soberbio, y no quiso escuchar al Joven, y se perdieron muchas vidas. Pelearon fieramente contra los soldados del ejército, pero al final perdieron la batalla. Lamentablemente esto es lo que ocurre en las grandes guerras y batallas. La soberbia, y sed de conquista trae grandes desgracias, y actualmente en pleno siglo XXI no hemos aprendido la lección.





domingo, 5 de marzo de 2017

El viaje de Lucesita





Lucecita y su familia vivían cerca del mar, pero ella no era como las otras niñas. Tenía esa extraña conexión con la naturaleza y las estrellas. Sus padres les parecía una niña un poco extraña, pero la aceptaban porque era de muy buen corazón. Siempre estaba dispuesta ayudar en el hogar, y le fascinaba la compañía de los animales como las plantas.

Su madre recordaba que nació escarchada  en una lluvia de estrellas fugaces como pocos niños. Sin embargo, ella consideraba firmemente que era la buena fortuna que había entrado en su familia, y realmente la suerte los acompaño siempre.
Ya Lucecita se había hecho mayor, y se tenía que pensar en un futuro para ella tomando en cuenta sus talentos. Había muy buenas escuelas en  la  ciudad, pero la última palabra la tenía que decidir la muchacha. 

Un buen día se reunieron con Lucecita, y le manifestaron su preocupación ya que en la vida hay que ejercer un trabajo o profesión que por supuesto tenía que decidir alguno que  le brindara alegría a ella así que le ofrecieron alternativas.
-Puedes estudiar botánica. Eres buena con las plantas- dijo su padre
-¿Te gustaría trabajar con animales? Serias una buena veterinaria- dijo su madre
- ¿o Cosmonauta? No te pierdes ni un eclipse, y conoces el nombre de todas las constelaciones.- dijo su hermano con un guiño.
Su padre observo con severidad a Luis. Era una carrera muy dura, y tendría que estudiar mucho, y sobre todo no era un trabajo de mujeres a pesar de que había unas cuantas astronautas, y otras mujeres que trabajaban en investigación espacial.
-¿Cómo se te ocurre? Se tendría que ir muy lejos. Aquí estaría bajo nuestra protección. Además no  ves que la muchacha tiene una personalidad peculiar- dijo enfadado su padre.
Lucecita los escucho a todos, y los miro con tristeza.
-No quiero irme lejos, pero  aspiro ver otra vez a mis amigos de las estrellas- dijo la muchacha con nostalgia.
-¡Otra vez con eso! Creíamos que ya se te había olvidado, suponíamos que  era un juego de niños- recordando como Lucecita de pequeña jugaba en las noches con la luz de la Luna, y le cantaba a las estrellas.
- Las estrellas les gusta mis canciones- dijo la muchacha con tristeza recordando que de niña, le cantaba al firmamento inclusive a toda la galaxia, pero por supuesto eso nunca se lo dijo a sus padres y  tampoco a su hermano Luis que la quería muchísimo, y la apoyaba en todos sus sueños.
-Ahora nos vas a decir que hay vida inteligente allá arriba- dijo su madre un poco despectiva, quien no le interesaba nada que ver con el Universo.
Lucecita decidió callar. Jamás la entenderían. Ella creía firmemente que había mucha vida en el espacio incluso en nuestra propia galaxia. Su corazón le decía que se acercaría un día en el que los conocería, y sería muy pronto.
-Déjenla tranquila. Tal vez quiera quedarse con nosotros. Aquí las noches son muy claras, y puede siempre disfrutar de las noches observando el firmamento. Eso no tiene nada de malo- dijo su hermano defendiéndola.
-Es cierto. Ya pensaremos en algo- dijo su  madre pausadamente.

A escondidas, Lucecita se iba todas las noches a pasear. La claridad de la luna le brindaba una paz que le hacía olvidar del abrumador agite que se vivía en la vida diaria. Un buen día vio algo muy extraño. Escucho voces, pero no le importo, y percibió una roca de color verde esmeralda. La tomo, y se la llevo rápidamente a su casa alejándose rápidamente del sitio en donde la había encontrado. Cuando llego a su casa, subió sigilosamente a su habitación, y la escondió en una caja pequeña.
-Menos mal que se apagó. Brilla demasiado- pensó la muchacha.
Lucecita tenía curiosidad en conocer porque brillaba tanto la roca, pero durante el día no pasaba nada, sin embargo en las noches brillaba más incandescentemente que un faro que ilumina el puerto a los barcos. No quería que la descubrieran, así que se escapaba en las noches para saber más acerca de esa extraña roca.
Una noche salió bien tarde de su casa hasta llegar a la orilla del mar. Todo el mundo dormía, así que no temía ser descubierta. Saco la roca de su caja, y no solo brillaba también emitía distintos sonidos. Se escuchaba desde un susurro hasta el sonido de pequeñas campanas. Le gustaba tanto los sonidos, que en ocasiones inventaba canciones  estableciendo un ritmo con el sonido que emitía la roca. Todo esto le parecía tan divertido como gratificante. Lo que no sabía es que alguien la estaba observando.
-sh..sh…sh..-dijo alguien detrás de un arbusto.
Ahora Lucesita si lo escucho. Ese sonido provenia de los arbustos.
-Klush..sh…sh- dijo la voz otra vez.
La roca brillaba, y Lucesita sintió que brincaba, y se dirigio volando a los arbustos.
Lucesita no espero. Ella habia encontrado la roca, y no se pensaba deshacer tan rápido de ella, y se dirigio rápidamente a los arbustos, y se encontró con una sorpresa que la dejo sin habla. Era un nino aceitunado con franjas anaranjadas y un cabello extremedamente verde.
-¿Quién eres?- le pregunto
El muchacho no le entendia. Indudablemente se encontraba lejos de su tierra. Lucia le extendió la mano para que le entregase la roca.
El se negó, y acaricio suavemente a la roca. Esta emitía un ronroneo como si fuese un gato.
Lucecita comprendió. La piedra era del niño, le daba la impresión que fuese su mascota.
-No te preocupes- le dijo suavemente acariciando suavemente el cabello del niño.
-¿De dónde eres? Yo soy de la Tierra- dijo la muchacha.
El niño tomo un reloj, dándole vuelta a las aguja tres  veces.
-Yo sé que es el Planeta Azul. ¿Por qué te llevaste a Klaus? Es mi mascota- dijo en perfecto castellano.
-Me llamo la atención su color verde esmeralda- dijo la muchacha
- Aunque al parecer le caías muy bien. Me dijo que le cantabas- le dijo el muchacho
-Sí, Le canto a las estrellas. Sé que escuchan mis canciones, y yo siento que me escuchan- dijo la muchacha
-Claro que te escuchan. Si supieras la cantidad de cantos que emiten muchas  galaxias en los más escondidos Universos. Son seres vivos igual que nosotros, y sienten las alegrías y el sufrimiento de todos los planetas, y sobre todo a tu querido planeta que emite tanto dolor a quien tantos humanos hacen daño.
-Generalmente sí, pero muchos de nosotros somos amables, solidarios, y buenos vecinos-
El niño me miro extrañado. Parecía leer los pensamientos
-¡Tú eres diferente!- dijo el niño.
-¿Cómo los sabes? Es cierto. Me gusta conectarme con la Naturaleza y el Universo. Las estrellas son mi gran pasión, pero no creo que pueda algún día verlas más de lejos que de esta playa- dijo Lucecita con tristeza.
-¿Te gustaría dar un paseo para conocer otros universos?- pregunto el niño.
-¿Tienes una nave espacial? Eres un niño pequeño- pregunto la muchacha.
- ¡Nave Espacial! Ya no usamos eso para trasladarnos-
-¿Puertas Estelares?- pregunto lucecita tratando de adivinar.
-Tampoco- dijo sonriéndole
-Y, entonces ¿Cómo?-
-Cierra los ojos. Y piensa en un maravilloso universo que quieras visitar, solo imagínalo-
Todo esto intrigaba mucho a Lucecita. Viajar con los pensamientos y la imaginación. Es increíble.
-Solo tienes que darme la mano, y viajaremos-
Lucia visualizo en su mente un universo, compuestos con tres grandes estrellas  con un sin fin de  planetas.
-¿En cuál de esos planetas quieres ir?- pregunto el niño.
A lucecita le parecía todo tan divertido. Seguiría la corriente. Le encantaba ese juego.
-Me gusta el planeta gigante con franjas anaranjadas-
-¿Preparada? Esto va ser rápido-
Cuando Lucecita abrió los ojos ya no estaba en la Tierra. Era fabuloso. Se encontraban en un planeta que olía al mar.
-¿y, ese olor? Hay mar-
-No como la que tienen en su planeta. Que rico huele verdad. Es la atmòsfera que se encuentra muy limpia. Son las plantas que emiten esos olores- dijo sonriendo al ver la cara de sorpresa de Lucecita
-¿Dónde están las plantas? No las veo-
-Tienes una al lado-
-Pero, es un arbusto- dijo Lucecita
Lucecita se acercó al arbusto, pero sus hojitas estaban tan tristes.
-¿Qué le paso? ¿Se puso triste?-
-La heriste. Ellas también tienen sentimientos. Lamentablemente los humanos no se percatan de ello-
Lucecita se sintió mal, y acaricio la planta, y entonces ella despidió un suave olor a azahares. Eran sus favoritas.
-Te das cuenta. Se contentó. Además adivino que ese era tu perfume favorito. Es un regalo que te está obsequiando-
-Es decir las plantas de este planeta pueden leer mis pensamientos.
-No solo aquí. Todas las plantas. Lo mismo le pasa al aire, la brisa marina, y esos maravillosos animales que tienen en tu planeta-
-Es decir, todo el universo siente como nosotros-
-Por supuesto. Bueno vamos a pasear. A eso vinimos-
Lucecita estaba aprendiendo cosas nuevas. Sabía que tenía una conexión con las estrellas, y a veces les cantaba, pero nunca se hubiese imaginado que todo el universo era un ser vivo que sentía, y amaba. La muchacha se había percatado que el cielo se encontraba estrellada. Tenía horas así. Le parecía todo tan extraño.
-Por cierto, ¿Cómo te llamas? ¿Aquí no hay luz solar que le brinde luz a las plantas? Todo está oscuro, y solo puedo percibir esas estrellas-
- Me llamo Orión. En este planeta no hay una estrella como el sol de ustedes que ilumina todo su planeta. Solo hay esas estrellas, y en ocasiones pasan muchos cometas, y es suficiente para dar energía a estas maravillosas plantas para crecer, y ser felices-
-¡Qué maravilla! Y, ¿Existen otros seres vivientes  inteligentes así como nosotros? –
-¡Estas ciega! Existe tanta vida aquí. Mira esas nubes de un color verde esmeralda, y esas flores. Al tocarlas gentilmente te canten bellas canciones, y adivinan cuales son los tonos de tu preferencia, y vamos acercarnos a ese lago. Recibirás una sorpresa- dijo sonriendo.
Los dos muchachos fueron caminando hasta llegar a un lago de aguas cristalinas con un suave olor a eucalipto.
-Que rico huele- dijo sonriendo.
-Cierra los ojos. Poot es muy tímido. Te lo voy a presentar- dijo el niño.
Luz cerró los ojos, emocionada con seguir esta aventura llena de sorpresas.
-Ahora puedes abrirlos-
El agua se levantó formando una ola cristalina de un metro de altura. Despedía un olor a Eucalipto y Azahares. Se acercó suavemente a Lucecita, y le regalo un lirio haciéndole cosquilla en sus pies.
-¡Gracias!- dijo gentilmente la muchacha tomando la flor.
Lucia se quedó contemplándolo por horas. Era todo un espectáculo. La ola se desplazaba del lado derecho al izquierdo como si estuviera bailando. La muchacha sintió una alegría jamás experimentada.
-¡Que bello planeta! Es una belleza. Ojala nosotros tuviéramos tantas maravillas, y tanto amor como gratitud en cada ser viviente- dijo tristemente Lucecita
-Lo tienen, pero no se han percatado de las maravillas que tienen en su planeta, pero todo cambiará. Muchos de nosotros tenemos fe en ustedes.
- Y ¿Qué puedo hacer yo para cambiarlo?- pregunto la muchacha con duda.
-Eso tienes que descubrirlo.
La ola se fue haciendo más pequeña hasta esconderse en el lago despidiendo mientras se recogía olores de rosas, eucaliptos y azahares.
-¿Te gustaría volar, y ver el planeta desde las alturas? –
-¡Volar! Yo no soy pájaro- dijo indignada
-Usa tu imaginación. Dame la mano-
A lucecita le costó mucho. Nunca había experimentado tanto en un  viaje así que cerró los ojos y se imaginó que volaba con su amigo en las nubes, así como la historia de Peter Pan.
Abrió los ojos. Al principio le dio miedo, pero después fue muy divertido. Volaron y pudieron percibir las montañas, los valles, y unos cuantos lagos. En el firmamento se montaron encima de un cometa. Fue divertido. Parecía un cuento de niños y de hadas. Al final el cometa los aterrizo en tierra. Lucecita se despidió del cometa. Había aprendido que eran seres muy agradables, y gratos.
Lucecita se quedó pensando. Realmente tenía que hacer algo por su lindo planeta. Como le gustaría que el suyo tuviera todas esas bendiciones.
-Ha pasado un tiempo. Tenemos que irnos. Yo tengo que irme al mío. Mis familiares me están esperando- dijo el niño con cariño.
Lucecita cerró los ojos y volvieron a la Tierra. Estaba un poco cansada, pero se había divertido tanto.
-¿No te volveré a ver?- dijo Lucecita con tristeza.
-Puedes ser que sí, pero tal vez pase un tiempo- le respondió el niño.
Lucecita le dio un abrazo, y un beso. Realmente le había agarrado cariño al chiquillo, y así como había aparecido desapareció a la distancia.
La muchacha estaba muy contenta. Qué experiencia. Nunca se hubiese imaginado que existían otros universos, y que cada uno de ellos percibía, y tenían sensaciones y sentimientos.


Con el tiempo, la muchacha decidió dedicarse a la enseñanza de los más pequeños.  Eso les alegro mucho a sus padres, así no se separaría mucho de su lado, pero decidieron respetarle más sus ideas de su pasión por el universo. Sus clases eran muy divertidas. Les relataba historias a los más pequeños de aventuras de viajes espaciales y la vida inimaginable que existía en  el universo. No era como relataban en la televisión. No existían guerras, ni odios, ni competencias, ni miedo ante todo aquello que es diferente. Todos eran buenos amigos que disfrutaban compartiendo unos con otros. Lucecita decidió quedarse en su comunidad, e impulso dentro de ella movimientos ecologistas. Total, las plantas también sienten y nos brindan un gran servicio, y debíamos estar agradecidos por ello. Y esa fue su pequeña huella, y contribuyo a través de los años a que estos chicos desarrollaran una consciencia de amor hacia todos y a su entorno que es lo que actualmente lo que necesitamos.

jueves, 26 de enero de 2017

Los hombres Hoja




Luis pertenecía a una familia de exploradores y excursionistas. Desde pequeño había acompañado a su hermano a expediciones de grandes mesetas. No había retos ni desafíos para él. Su padre era un botánico y siempre había sentido pasión por la diversidad de flora existente en el planeta, y era uno de los hombres más ecologistas que respetaba la biodiversidad.

Cuando el muchacho se enteró de que su padre realizaría una expedición a la gran Sabana con su hermano, él no lo pensó dos veces. No se podía perder esa aventura.
Su padre refunfuño. No era una excursión cualquiera. Iban a ir a los Tepúes Venezolanos, uno de los rincones más sagrados del planeta y con la flora endémica  más rica de la región.
-Ya tienes entrenamiento, pero no esperes grandes emociones. Como botánico estoy interesado en la biodiversidad existente en los Tepúes. ¿Estás preparado para ello? Además hay muchas comunidades indígenas que tienen su recelo contra el extranjero-
-Por supuesto padre- pensando de antemano en lo emocionante que podría ser todo aquello.
En pocos días la familia organizo todo contactando un agente de viajes que lo llevaría a las mesetas venezolanas. Tendría que pasar por Caracas y de allí  agarrar una avioneta que los llevaría a la gran sabana. Al llegar se dirigieron a una pequeña comunidad indígena. Se llamaban los Joti. Eran muy pacíficos, recolectores y cazadores.
Luis estaba muy contento. Se había asesorado todo lo referente a los tepúes. Eran grandes mesetas rocosas, y algunas no habían exploradas. Acerca de ellas había todo un género de leyendas y relatos que valdría la pena escuchar. Sin embargo Luis no se imaginaba todo lo que aprendería acerca de ellas, y como marcaria posteriormente su vida.
Los indígenas los recibieron con calidez y amabilidad. Tenían un traductor ya que ellos no hablaban español. Gracias a él pudieron ponerse en contacto con el guía que los orientaría para ir al Tepuy Roraima. Allí el Padre de Luis estudiaría con más énfasis el descubrimiento de nuevas flores que solo habitaban en las altas cumbres rocosas. Sin embargo fueron muy explícitos en que no se llevaran como muestra en sus morrales. Eran muy supersticiosos, y todo aquello existente en la vida de los Tepuyes debía ser honrado y respetado. El Padre de Luis estuvo de acuerdo así que se llevó su libro de anotaciones y una filmadora para registrar todo.

Sin embargo Luis tenía otros planes. Él quería ir a otras mesetas. Había investigado acerca de ellas. Conformaban el macizo de Chimantá. Era una conformación de mesetas ubicadas en las planicies de la gran sabana. Había leído que era único en su especie. No había sido escalado nunca y contaba con una flora y fauna sin igual.
En la noche se lo comunicó a su padre.
-¿Estás loco? Nunca ha sido escalado, y además se encuentra lejos. Inclusive no puedes ir solo. Si esta gente se entera de tu osadía tendremos problemas-
-Pero padre. Yo tengo experiencia. No sería la primera vez- le respondió molesto
-No es igual. Estos Tepuyes conforman uno de las formaciones rocosas más antiguas del planeta. Además tu hermano viene conmigo. Tendrás que acompañarnos entonces- le respondió severamente su padre.
Luis no le respondió nada, y su padre pensó que lo había convencido completamente y que no lo desobedecería
La excursión saldría a media mañana después de que estuviesen organizados. Luis se levantó temprano y ya estaba dispuesto a marcharse cuando se encontró con Mara.
-¿Te vas tan rápido?- le pregunto la muchacha
-¿Hablas español? Pregunto extrañado
-Aprendí en la escuela. Nos enseñan el idioma- dijo con fastidio
- No le digas a nadie, pero me voy a este Tepuy ensenándole un folleto-
-No puedes ir solo. Te acompañaré- dijo la muchacha
Luis la observo, era una muchacha muy menuda, y tal vez delicada, pero no estaba en la ciudad. Puede ser que la muchacha tuviese habilidades.
-Va ser duro. ¿Has escalado alguna vez? Le pregunto
-He acompañado a mi hermano a esas tierras sagradas. Tengo que decirle a mi madre. No me puedo ir así-
-Esto se puede complicar. ¿Tienes que avisar?- pregunto
-Es una falta de respeto hacia nuestros padres y hermanos. Somos familia. Ven conmigo- dijo ella replicando
La muchacha lo jalo y lo llevo a la casa común de su familia. Era grandísima.
-Madre, voy a llevar al muchacho al Macizo de Chimantá- hablándole en un idioma desconocido para Luis.
El muchacho no sabía de qué hablarían. Hubo un intercambio de tonos de voz y Luis se imaginó que su madre no la dejaría. Al final le dio una pulsera con una gran cantidad de piedras de azabache. Al parecer eran supersticiosos y quería que la suerte la acompañase en el camino.
-Es bastante lejos ¿Llevas algo para comer?- pregunto la muchacha
-Agua y algunos panes-
Se fueron caminando atravesando parte de la selva hasta llegar a un sector habitado.
-Tengo un primo que nos puede llevar en un jeep en las cercanías del Tepuy. El resto lo haremos caminando- dijo la muchacha
-Magnifico- dijo Luis emocionado
Mara se dirigió a una pequeña casa y hablo en su dialecto con un hombre de mediana edad. A Luis le extraño que no objetara ya que ellos solo eran apenas adolescentes.
El hombre se le acercó al muchacho mirándolo con desconfianza.
-¿Estás seguro de lo que estás haciendo? Yo confió en Mara pero no quiero que un turista vaya adentrarse en esas tierras sagradas y además se haga daño, pero estarás bien.  Pondría mi vida en manos de mi prima-
-Por supuesto. He escalado desde que tengo diez años- respondió ofendido.
Después de esperar media hora, el hombre los dirigió a un jeep, y se fueron en el hasta las cercanías del Tepú. Todo era majestuoso. Las diferencias geográficas, vegetación  y aridez en la tierra a medida que se acercaban.
-Yo los dejo aquí. Allí están los Tepuyes. Tengan cuidado. Vendré dentro de dos días- dijo el hombre
-Avísale a mi madre y al padre del muchacho- dijo Mara ante la molestia de Luis.
Luis estuvo callado un buen tiempo a medida que se acercaban a uno de los Tepuyes. Descansaron varias veces para tomar agua y alimentos.
Al llegar Luis estaba impresionado de lo majestuoso que era esa inmensa formación rocosa. Se sentía tan pequeño. Y que energía emanaba del mismo.
-¿Lo sientes, verdad? Es la Energía sagrada del Chimantá- dijo Mara
De repente aparecieron una gran cantidad de guacamayas volando alrededor del Tepuy. Eran muchísimas.
-¿De dónde salen?-pregunto Luis ensimismado
-Esto no es normal. Vamos a ver qué pasa-
Luis no entendía nada. Unas guacamayas eran guacamayas. Aunque había oído decir que habitaban en  la selva no cerca de los Tepuyes.
Al acercarse escucharon un sonido ensordecedor. Por lo menos Luis lo sintió así. Sin embargo Mara tuvo otra reacción. Se arrodillo ante la gran montaña y se puso a llorar.
-¿Qué pasa?-Pregunto alarmado
-Chimanta esta triste, no escuchas. Quiere decirme algo- dijo la muchacha todavía sollozando.
La muchacha toco gentilmente la montaña y ante la sorpresa  y estupefacción de Luis ambos escucharon un susurro

‘ ESCUCHEN MI VOZ QUERIDOS HIJOS, MI DOLOR Y LLANTO.. EL HOMBRE HA HECHO TANTO DAŇO. SU QUERIDO PLANETA SUFRE, LLORA PORQUE SUS HIJOS LOS HAN OLVIDADO. SIN EMBARGO LES HABLARÉ A TODOS LOS RINCONES DEL PLANETA. NO HABRA CIUDAD, NI PUEBLO, NI COMUNIDAD PEQUEŇA QUE NO RECIBIRÁ MI MENSAJE. SERA TAN SIGILOSO COMO EL SONIDO DEL VIENTO EN LAS MONTAŇAS Y TAN FUERTE Y VIBRANTE COMO EL ZUMBIDO DE LAS ABEJAS. ALGUNOS ESCUCHARAN MI LLAMADO, OTROS NO LO ENTENDERÁN. LOS ENVUELVO A USTEDES EN EL PODER MAGICO DE MI AMOR”

Luis estaba  petrificado. Había escuchado perfectamente todo. No tenía lógica para ello. Sería su imaginación. Sin embargo, Mara se arrodillo y le pidió a la montaña que la perdonase. Su familia no había querido hacerle daño.
Se escuchó un silencio profundo y ninguno de los dos hablo.
-No debimos venir- dijo con tristeza Mara con lágrimas en los ojos.
-Hicimos bien.  Ahora estamos más conscientes  del servicio ecologista que debemos brindar- dijo Luis con una sonrisa
-¿Ecologista? ¿De qué hablas? ¿Qué palabras son esas?- le pregunto extrañada.
-Quiero decir que debemos hacer algo. Te digo un secreto. Aparte de las excursiones que me apasionan también me gusta la botánica, es decir las plantas, y esta bella formación rocosa debe tener gran vida. Me gustaría conocerla-dijo el muchacho.
-¿No escuchaste? Puede enfadarse, y si subimos nos envolverá con su manto de niebla, y si es así no hay vuelta atrás- respondió atemorizada.
-Es temprano. Podemos subir, y te prometo que antes de mediodía bajaremos- dijo Luis
Entonces los muchachos fueron escalando la montaña poco a poco. Ayudándose unos a otros. Luis le dio unos guantes de tela para que no se hiciese daño, pero la muchacha era muy diestra. Nunca había visto escalar alguien con tanta agilidad. Llegaron a un piso firme y se adentraron en la espesura del Tepui. Luis estaba impresionado ante la biodiversidad de flora y fauna. Había una gran variedad de ranas, sapos, insectos nunca vistos. Había flores en los rincones del Tepuy. Unas más grandes que otras y bien colorido. Su padre le hubiese gustado.
-Me gustaría llevarme unas flores- dijo Luis
-No puedes. Es tierra sagrada. Todo debe permanecer aquí- dijo la muchacha.
Mientras estaban descansando a Luis le pareció ver algo detrás de unos matorrales, y lo que vio lo dejo sin habla. Eran dos seres cubiertos de hojas. No tenían brazos sino ramas. Eran como unos pequeños arboles andantes. El muchacho casi se desmaya.
La muchacha se levantó rápidamente al oir el ruido.
-Son los hombres hoja. No hables. He oído acerca de ellos. Son seres muy gentiles. Hemos contado con una gran suerte de verlos. Dicen que aquel que lo percibe y los trata con gentileza recibe su bendición- dijo la muchacha
La muchacha y Luis permanecieron callados sin emitir un solo ruido. Los hombres hoja se le acercaron y los rozaron con sus hojas. Los muchachos sintieron un olor húmedo y una sensación de rocío al entrar en contacto con ellos. Estuvieron horas así sin hablar solo disfrutando de su compañía. Uno de los hombres le dio una flor preciosa a la muchacha. Era única en su especie, y a Luis una orquídea. La tomaron gentilmente y la guardaron en sus bolsillos. De repente sintieron un gran estupor y quedaron dormidos profundamente. Los hombres hoja los acariciaron con sus hojas dejándoles un brillo escarchado en su cuerpo, y después se fueron como habían llegado.
Luis y Mara  no sabían cuánto habían dormido, pero lo que si era cierto es que no estaban ya en la montaña.  Era como si nunca hubiesen subido.
-¿Fue todo mi imaginación? – pregunto Luis
-Revisa tu bolsillo. Las flores están allí y además nos regalaron unas piedras de cuarzo- dijo la muchacha
Luis los saco. Estaba impresionado. Que experiencia.
-¿Crees que la montaña nos quiso decir algo?- dijo Luis con dudas
-¿y, lo dudas? Para mí fue suficiente- dijo Mara
Nada se había quedado en la montaña ni siquiera el morral. Indudablemente era tierra sagrada.
El primo de Mara llego a las pocas horas a buscarlos.
-¿Ya pasaron dos días? ¿Tan rápido?- pregunto Luis
-Creo que perdieron la noción del tiempo dijo el hombre.
Tanto Mara como Luis se fueron en silencio. No dijeron nada en el camino hasta llegar a su comunidad.
Sus familiares los estaban esperando. La madre de Mara en cuanto la vio escarchada dijo unas palabras en su dialecto que no entendió Luis.
-¿Cómo les fue?- pregunto el hermano de Luis con picardía guiñándole un ojo.
-Muy bien. No me lo creerás, pero conocimos unos hombres de hoja- dijo el muchacho
-El sol como te hizo daño o mejor dicho  el rocío de la montaña-
-Han sido benditos. No pensábamos que existiesen esos seres. ¿La montaña hablo con Uds.?- pregunto el padre de Mara ante la sorpresa de todos.
Los muchachos asintieron y le relataron todo. Todos le creyeron a diferencia de su padre que le parecía todo tan fantástico, pero tenía que reconocer que esas tierras eran místicas.
Los muchachos se tomaron muy en serio su experiencia y todo aquello que vivieron en el primer tepuy de Chimanta . A través de los años Luis se convirtió en un excelente botánico y María permaneció en su poblado dando clases a los más pequeños relatándoles historias acerca de la  maravillosa vida presente en los enigmáticos Tepuyes, y del respeto como el amor que debían brindarle  a esas hermosas mesetas como en todo aquello que tenga en vida en nuestro entorno.









martes, 24 de enero de 2017

Una gran aventura



Hakon era un niño muy osado, aventurero, gentil y amable con su comunidad Vikinga. Desde muy joven mostro interés en participar en las travesías que realizaba su tío Orn, y soñaba en acompañarlo algún día en esas expediciones de la cual traía grandes tesoros.

A los doce años se escapó en una embarcación con familiares, y amigos de su padre. Los hombres fornudos no se dieron cuenta de su presencia hasta que estuvieron en alta mar.
-¿Qué haces aquí escondido detrás de las armas?- dijo zarandeándolo fuertemente su tío.
-Yo quería venir. Sabía que mi padre no me dejaría así que me escabullí, puedo limpiar el Drakkar y pulir las armas-respondió molesto el muchacho.
-¿Qué pensara tu padre? Por Odín, no sabes en el peligro que te has metido- le dijo con severidad. Ya no podemos hacer nada. Te encargaras de mantener todo limpio y ayudar a Olaf a repartir los alimentos diariamente.  Eres muy chico todavía para realizar trabajo de hombres-
El muchacho no le hizo gracia la idea, pero decidió hacerle caso a su tío.
Hacia buen tiempo, así que el Drakkar se deslizaba por las aguas con agilidad, pero en dos días todo cambio. A medida que se alejaban de la costa vikinga, los vientos del norte asomaban una gran tormenta. Los vikingos estaban acostumbrados al mal tiempo, eran grandes navegantes, y habían diseñado sus naves para afrontar todo tipo de retos climáticos, pero  no se esperaban una tormenta tan fiera. El agua azotaba toda la nave bambaleándola de un lugar a otro.
 -Hakon tendrá que aprender a la fuerza a navegar en el mar- refunfuñando en el camino.
-Toma esta chaqueta, y ven ayudarnos. No quiero quejas. Querías venir. Ahora veras que es enfrentarse a la violencia del mar- le dijo su tío.
Hakon permaneció callado, y lo ayudo en lo que pudo sacando agua de la embarcación, y ubicando sogas en la proa lejos de la nave evitando que se cayeran al mar. El viento arreciera fuertemente, y la lluvia caía fuertemente. Sin embargo, el muchacho no se quejó. Para él era una maravillosa aventura.
La tormenta duro toda la noche. Los marineros estaban agotados. Después de media noche bajo la luz de una luna llena todo volvió a  la calma.
-Has sido de gran ayuda, mañana te encargaras de subir arriba y vigilar la estabilidad de la vela de la nave- le dijo sonriendo su tío
El muchacho le encantó la idea. Ahora si aprendería realmente de navegar con  los marineros, no encerrado en la cocina.

Al día siguiente, Hakon subió hasta arriba y dirigió adecuadamente la embarcación divisando una pequeña playa a finales de la tarde.
-¡Tierra en el horizonte! – dijo el muchacho.
Los vikingos dispusieron a navegar a mayor velocidad hasta que llegaron a la orilla del mar.
-Que no se quede nadie en la nave, y traigan sus escudos como sus espadas-
Los vikingos desembarcaron llegando hasta la orilla, y se dirigieron caminando encontrando una gran maleza. Lo cortaron con las espadas hasta llegar a un sitio en donde se asomada un castillo de marfil.
Los vikingos estaban asombrados. Nunca habían visto nada igual. Era de un color blanco marfil con grandes torres cristalinas a los lados del castillo.
-No perdamos tiempo. Vamos a llevarnos lo que encontremos- dijo  uno de los vikingos
-Deben tener magnificas joyas- dijo otro
Hakon sabía que los vikingos no se detendrían hasta lograr su propósito así que permaneció al lado de su tío pensando en los posibles tesoros que podrían existir en  ese fabuloso castillo.
-Vamos a entrar por el otro lado del castillo por el otro lado del castillo, asi no seremos descubiertos. Los fieros vikingos se dirigieron en donde se encontraban ubicadas las torres, entraron por las puertas y entraron a la mansión.
Los habitantes se percataron de la presencia de los gigantes guerreros, y decidieron pelear con ellos para defender sus pertenencias. No tuvieron mucha oportunidad. Los vikingos eran feroces, y adiestrados en el arte de la guerra.
Hakon puedo percibir la presencia dos niñas pequeñas del otro del salón.
-No nos hagas daño – le suplico una de ellas a Hakon
El muchacho que también era de buen corazón las escondió en un armario en donde se ubicaban las armas de los caballeros que luchaban por su vida en contra de los vikingos.
-No salgan de allí hasta que nos vayamos- dijo Hakkon a las niñas.
-Toma mi dige azul como agradecimiento- dijo la mayor de las niñas.
-Te dará suerte- dijo la más pequeña abrazando a la otra chica.
Hakon cerró la puerta levemente, y se dispuso acompañar a  los otros vikingos.
Muchos estaban ya muy heridos, y los vikingos tenían un gran botín en sus manos. Se llevaron algunas pieles como joyas preciosas.
-¿Alguno de Uds. han visto armas? Me caería bien alguno- dijo uno de los vikingos
-Yo no he visto nada- dijo Hakon pensando en las muchachas
-Vámonos. No tenemos nada que hacer. ¿Y, ese dige? Es una piedra azul preciosa-dijo su tío.
-Se la quite a un hombre que estaba desmayado en el piso- mintiendo a su tío.
-Entones, es tuyo. Recuerda somos vikingos, y guerreros. Siempre nos llevamos lo que necesitamos-
Los vikingos se dirigieron con sus tesoros en su embarcación contentos de todo aquello que se habían llevado, y se dispusieron a navegar hasta su hogar.

Les  tomo semanas llegar a Noruega. Afortunadamente hizo buen tiempo y no hubo muchas eventualidades en el camino. Al llegar al puerto su madre lo esperaba en el muelle. Estaba furiosa.
-Por Odín. ¿Cómo pudiste irte así? Pensamos que Loki te había arrastrado a las tinieblas. Veo que estabas con tu tío. Por los momentos te olvidaras de viajes hasta que cumplas tu mayoría de edad. Mientras tanto podrás aprender con tu padre como construir un Dakkar solido-
-Pero mamá. Es mucho tiempo- le respondió malhumorado.
-Hazle caso a tu madre. Cuando te des cuenta ya estarás manejando tu propia nave- le respondió su tío con cariño.


Con el tiempo Hakon se convirtió en un excelente diseñador y constructor de naves vikingas. Puso tanto esmero en aprender el oficio que contó con la admiración de todos por lo que lo acompañaron muchos en las travesías por el mar. Disfrutaba el contacto con la brisa marina, y el conocer nuevos rumbos. Todavía llevaba el dige en el cuello. Realmente la piedra le había dado mucha suerte. No fue un Vikingo guerrero y agresivo como otros. No le gustaba quitar las pertenencias a otros. Su espíritu era de un marino que disfrutaba de conocer otras tierras navegando en el ancho mar.