lunes, 29 de mayo de 2017

La magia de los dragones



Entre mis memorias recuerdo las lecturas, y las narraciones de la Edad Media con  las cruzadas religiosas de los caballeros en busca del famoso Santo Grial, los relatos de los Templarios,  las leyendas del Rey Arturo, la aparición de la Magia con las historias de Merlín y la aparición de las enigmáticas ondinas como la lucha sangrienta en contra de los dragones.

Realmente en aquel tiempo la magia era castigada por el reino, y percibían a los magos como un maldición divina. Tal vez porque no concebían lo hermoso que podía ser la magia con sus bendiciones en pro de la vida. Sin embargo la persecución, miedo, y odio a los dragones era la más funesta, ¿Eran los dragones realmente peligro para la humanidad en esos tiempos? o ¿Eran producto del temor del hombre medieval hacia esas singulares bestias no comprendidas? Realmente era un gran misterio para el típico habitante de los poblados en esta singular época ya que el temor a lo desconocido se hacía presente diariamente en sus vidas.

Los dragones tenían un secreto oculto para la gran parte de la humanidad poseían magia, pero no podía ser rebelada a ellos ya que el temor a ellos los cegaba. Antes del reinado del Rey Arturo, y la aparición de Merlín surgieron muchos mitos y pruebas a los caballeros para ser meritorios de emprender proezas y cruzadas, y entre ellas era cazar un dragón, y ubicarlo en los fondos calabozos del castillo.

William siempre había soñado emprender aquellas cruzadas. Realmente no creía mucho en esas historias de las búsquedas del Santo Grial. No le interesaba en absoluto, y menos participar en esas cruzadas sanguinarias en nombre de un Dios que poco  creía. No visionaba a un Padre Castigador destruyendo a sus hijos, pero ese era el discurso de los caballeros como sus reyes, y él los respetaba. Sin embargo, el poseía un espíritu aventurero sin igual. Desde pequeño incursionaba con su padre todos los poblados del reino, quién  era un comerciante muy próspero. Su padre tenía la esperanza que en un futuro su hijo  heredara sus actividades comerciales, pero tenía realmente muchas dudas. Veía que era un muchacho muy soñador, y aventurero así que puso sus esperanzas en su hija Helena, pero lamentablemente no era bien visto en aquella época que las mujeres acompañaran a sus padres en los eventos comerciales, así que la fue adiestrando gradualmente en el hogar.

-Hijo, Deja de soñar. Participar en la caballería se encuentra fuera de nuestro contexto social- le decía su padre varias veces.
-Padre, yo me aburro mucho aquí. Quiero conocer otras lugares- le respondía siempre
-Estás consciente que para entrar en la caballería tienes que cumplir proezas peligrosas como cazar dragones- pensando en quitarle esas ideas a su hijo.
-Es cierto. Da cierto temor, pero también debe ser muy emocionante descubrir otros reinos- le respondía  el muchacho sin darse por vencido.
A medida que crecía William sus convicciones eran más fuertes, y su padre se dio cuenta que no abandonaría sus aspiraciones llenas de aventuras así que pensó en ayudarlo adiestrándolo en el manejo de la espada.
-En mis años mozos mi padre me mostro en cómo manejar la espada. Estoy consciente que tienes un espíritu guerrero, y aventurero así que te ayudaré- le dijo su padre.
Todos los días su padre lo entrenaba a usar tanto el escudo como la espada. Al principio era muy torpe, pero a los pocos meses llego a ser muy diestro con las armas.
-Has mejorado mucho hijo. Tal vez tengas posibilidades de entrar como caballero en el reino de Charles, pero recuerda que las batallas para lograrlo son grandes. Te deseo suerte- dándole un abrazo a su hijo.

Llego el día en el cual el muchacho iniciaría la jornada hasta el castillo, y William emprendo su viaje caminando para presentarse como posible candidato a la caballería. Lo único que recibió fue burlas, pero eso no quebranto su corazón. Todos los candidatos tenían bastante experiencia, y provenían de familias pudientes que les habían apoyado tanto económicamente como afectivamente  desde su niñez. La competencia sería fuerte.
-¿Qué oportunidades tienes? Ni siquiera tienes un caballo. Yo me olvidaría de ello, y me iría a tu poblado a labrar los campos- dijo uno con desprecio.
-¡Que vestimenta! El rey no te va recibir así con esas ropas- dijo otro hombre con una armadura brillante como la plata
-La armadura no hace el Caballero sino el valor de su espíritu, y corazón- le contesto.
-Con esos refranes no vas a vencer muchas batallas- dijo otro mofándose.
Sin embargo, el rey era justo, y quería conocer a todos los posibles candidatos sin objeción ya fuesen ricos o pobres. Cuando vio el muchacho, y percibió sus ganas de emprender la caballería una sonrisa asomo a sus labios. Le recordaba como era de joven.
-¿Por qué quieres emprenderte en esta aventura? Estás consciente de que las proezas son duras, sobre todo para un muchacho de tu edad-
-Quiero recorrer otros reinos, pero no para  conquistarlos sino para ofrecer mi corazón de caballero en cada hombre, mujer y reino que conozca en la creación de Dios.
La respuesta fue de gran satisfacción para el rey. Pocos muchachos tenían tantas convicciones en sus sueños.
-Antes de convertirte en caballero, tendrás que cazar un dragón. Es nuestra tradición-dijo el rey
William no entendía por qué esa fiera tenía que ser involucrado en el reto. Había otra manera de ganar batallas, pero lo acepto sin protestar.
-Acepto la propuesta. Seré uno de sus mejores caballeros- dijo inclinándose al rey.
Al día siguiente salieron todos en busca del dragón. Todos soñaban con pertenecer al linaje de caballeros del reinado.
-Dicen que detrás del bosque oscuro habita un dragón- dijo el muchacho.
-¿Tienes miedo?- dijo uno riéndose.
-Para nada- le respondió disgustado.
Los hombres llegaron al bosque oscuro. Escuchaban todo tipo de sonidos de animales. Algunos empezaron a asustarse. Decidieron descansar en la noche hasta que escucharon un rugido desgarrador.
-¿Qué es eso? Debe ser el dragón- dijo uno de ellos
-Vamos, ¡levántense!- dijo un hombre de 40 años.
Todos se incorporaron rápidamente, y encontraron una cueva. A la distancia percibieron como emergía una gran bestia de tono azul Violeta.
El dragón los percibió, y se dirigió directamente a ellos a atacarlos.
William se escondió detrás de un arbusto donde podía visionar bien la enorme bestia. Nunca había visto un dragón tan de cerca.
El dragón quemó varios árboles. Estaba enfurecido.
Uno de ellos trato de atacarlo con su lanza, pero el dragón se la destruyo rápidamente con su fuego. Los hombres estaban temerosos. No querían enfrentarse a esa horrible bestia, y tampoco querían morir calcinados.
-William, vámonos. Es muy peligroso- dijo el mayor de todos.
-¿Por qué? Es mi oportunidad de vida que pertenecer a la caballería-
-¡No seas tonto! ¿Prefieres morir quemado? ¡Vámonos!- dijo el líder de la excursión ya muy asustado.
-¿Qué le vamos a decir al rey? – pregunto uno de los más jóvenes.
-Sera su perdición. El ya decidió-
William salió de su escondite, y se adentró a la cueva. Era una cueva oscura con olor a azufre. Seguramente la pobre bestia había sido perseguida continuamente, y fue cuando percibió algo más. Era nada más ni nada menos que un pequeño dragoncito. Se encontraba herido. Al parecer había sido herido por un humano. Tomo un pequeño vendaje, lo lavo, y decidió curar al pobre animal. La reacción del pequeño fue increíble. Despedía una aureola dorada. Se sentía muy feliz, y dejo que el muchacho lo acariciase.
La bestia no tardo tiempo en entrar, y se encontró con la presencia del muchacho en su cueva. William pensó que sería su fin.
-Has salvado a mi hija- dijo la dragona.
-¿Hablas?- dijo William retrocediendo hasta el fondo de la cueva.
-No con todos. Veo que eres un hombre gentil y de buen corazón- dijo la dragona.
-¿Por qué viniste? ¿También viniste a cazarme? – dijo la dragona fuertemente
-Originalmente, pero ya no. Quiero ser caballero. Es la única manera que tengo de poder viajar y conocer otros reinos-
-¡Que extraños son los humanos! No veo la necesidad de andar siempre en grupos a merced de un líder-respondió al muchacho.
-Es lo que  siempre he soñado- respondió acongojado
-¿Qué vas hacer? Matarme. Dejarías a mi hija sin madre- dijo fuertemente.
William no sabía que pensar. Estaba conversando con un dragón. Esto parecía acto de magia. Sabía que la magia existía. No era muy buena. Muchos habían sufrido por ella.
-“Eso no es verdad”
-¿Oíste mis pensamientos?- preguntó más sorprendido.
Los dragones podemos escucharlos. La magia existe. Somos producto de la magia, y hemos ayudado a grandes hechiceros, y sobre todo a los celtas. Ellos respetan mucha la naturaleza y los respetamos por ello.
-¿Los Celtas? Sabía que existían, pero no estaba seguro-
-Viven también escondidos en el bosque. No comparten muchas de las ideas del reino, y sus cruzadas salvajes- dijeron la dragona.
Realmente la dragona tenía razón. Él tampoco compartía esas guerras sanguinarias. Su afán era otro. No tenía interés en adquirir riquezas, y ningún tipo de fama. Solo quería viajar, y conocer otras latitudes.
La bestia lo observó. No parecía un hombre tan fiero. Había curado a su hija así que decidió dejarlo libre.
-Puedes irte mañana, pero no debes contar nada acerca de nuestra presencia. Mi hija y yo volaremos a la tierra de los celtas.
El muchacho estaba confundido. Nunca se había imaginado que estos seres míticos tenían un espíritu tan bello. Que equivocados estábamos los humanos.
El día siguiente William salió de la cueva para emprender de regreso el viaje de vuelta. Un poco cabizbajo porque no había logrado  nada. Sin embargo a la salida se encontró con una grata sorpresa. Un corcel más blanco que la nieve lo estaba esperando. Se acercó gentilmente hacia él, y lo acaricio. Se imaginó que fue idea de la dragona, y así expresaba su gratitud.
-Muchas gracias. Siempre me acordaré de este encuentro.- le dijo William inclinándose, y acariciando a la pequeña dragoncita
William monto rápidamente en el corcel, y resulto ser más veloz que todos ellos que había cabalgado. Decidió no volver al reino. No estaba interesado en la caballería. ¿Para qué buscar honores en nombre de un Dios feroz? No creía en esas cruzadas. Así que decidió cabalgar hasta donde el viento, y su corazón lo siguiera. Con el transcurso del tiempo conoció varios reinos, y escucho las auténticas leyendas de la magia de los Celtas. Y recordó que tal vez allí estaría su amiga Dragona volando por los aires con su pequeña hija. Descubrió con el tiempo que la magia existía:

“Se encuentra presente en los hombres sencillos que disfrutan de un momento de paz en los bosques, en la presencia de los enigmáticos dragones, en la aparición de un bello amanecer, y cuando las noches claras se visten de estrellas”

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